– ¡Genial! –exclamó con una amplia sonrisa, y después se quedó unos instantes intentando procesar aquello que había dicho Billy. La verdad era que la idea de que alguien la comparara con una princesa hacía que se pusiera más feliz que de costumbre–. ¡Eso es lo más bonito que me ha dicho hoy, ahora te voy a acompañar todavía con más ganas porque además vamos a ir al puerto! –dijo, recordando la primera vez que pisó aquel sitio (teniendo en cuenta que Bloomington estaba en el interior de los Estados Unidos y que nunca había podido ver el mar), y después notó como un nudo en la garganta al oír aquello de ir a misa–. B-Bueno… Es que hace unos días dijeron que pintaron la fachada de varias iglesias y pusieron mensajes feos, y mi hermano dice que es mejor no… –titubeó, bastante dudosa e intentando con todas sus fuerzas no decirle al hombre que ella era la responsable de aquello–. Que es mejor no acercarse por si acaso.
Se echó a reír ante la actitud de la chica y asintió varias veces con la cabeza antes de emprender la marcha hacia el puerto—. ¡Pues allá que vamos! A mí me encanta pasear por allí, aunque a veces es un poco peligroso. —dijo, haciendo alusión al mal ambiente que solía generarse en el puerto sobre todo al anochecer. Alzó las cejas ante lo siguiente que decía la chica—. ¿En serio? Vaya… sé que últimamente hay algunas movidas con eso, pero yo la verdad es que no ando demasiado informado. En fin, hay que estar un poco loco para prenderle fuego a un edificio, ¿no? —encoge los hombros, mirando a la chica con algo de curiosidad al notar el tono en el que hablaba. Sin embargo, optó por no hacer preguntas y simplemente seguir caminando.














