¿Cómo debería empezar?
Bueno, primero. Noté que te distanciabas y eso dolía. Recuerdo que la vez que más me dolió fue cuando te aseguré que éramos almas gemelas y tú simplemente me ignoraste. Ese día estaba viendo una de mis películas favoritas que expone el amor y la ciencia ficción como algo que puede ir de la mano para formar algo fantástico; y me di cuenta de que en una vida pasada estuvimos juntos lo que dura una vida porque es muy improbable que con una persona te sientas así, como yo me sentía contigo. No soy buena expresando lo bien que me la pasaba contigo, que no importaba nada más que estar juntos ante todo. Y cuando te confesé con esas tres palabras, de profundo significado, lo que tu existencia significaba para mí, tú simplemente lo ignoraste. Me ignoraste y no te lo repetí.
Pasaron los días, me enfermé. Pasaba los días sola, sin nada que pudiera hacer, sin nadie con quien hablar, nadie que me abrazara y mimara para creerme que todo estaría bien. No tienes idea de cómo sufrí tanto física como emocionalmente, porque claro, no apareciste ni siquiera 5 minutos. Mi salud se había derrumbado y mis emociones indicaban tristeza pura y profunda por el hecho de que no estabas y ponías excusas para evitarme. Y evitarme era justamente lo que estabas haciendo desde semanas antes pero en menor grado.
Sola, fiebre, cansancio, tristeza, enojo, llanto, más llanto, dolor de pecho y debilitación. Síntomas que sentí durante ese tiempo por muchas horas, con mucho sentimiento.
Enoja y muy triste, con llanto a gemidos, te dije que se había acabado. Que lo nuestro llegó a su fin. Eso te dije, pero lo que realmente quise decir era que se había acabado mi alegría y la fe en que insperadamente me visitaras. La esperaza es lo único que muere, y bueno, murió.
Los días siguientes a ese horrible viernes, mi cuerpo manifestó mi estado emocional: estaba vacía. Cada día mi estómago vacío, vomitaba cada dos por tres y la sensación de hambre y no poder comer fue horrible. Adelgacé y sé que no sólo fue por la enfermedad, fue por ti.
Siendo honesta, fue peor estar sin ti (por mensaje por que era tu única manifestación) que estar contigo y peleados. Pasadas las horas me invadió el arrepentimiento. Yo sólo quería que estuvieses conmigo. Pero era tarde porque ya habías dado por terminado todo, así de fácil, sin siquiera mostrar culpa o intención de arreglarlo. Eso me terminó de matar y mi razón sabía que había sido lo correcto pero mi corazón no.
De mi cama a la cocina o baño y de ahí a la cama, todos los días.
Pero mi sentido de supervivencia y mi cuerpo me forzaron a recuperarme poco a poco y regresé a clases pero con la novedad de que no estabas para mí aún. Todos me preguntaron si estaba bien y decía que sí, porque físicamente me había recuperado, pero sabía que “en el centro de mi corazón, donde guardo mis mayores sueños”, ya no estabas, te habías marchado.
Esa semana intenté conversar contigo, pero me evitaste. Y en otro horrible viernes supe lo que habías estado haciendo. Deseabas que te vieran y deseabas ver. Sentimientos carnales y, para mí considerando nuestra situación, algo que aborrecer. En ese momento me cuestioné todo, incluso si de verdad me lo estaban afirmando y yo estaba ahí. Un sueño no era, mucho menos una mala broma. Es realidad. Vi las pruebas y no sabía si llorar o vomitar. Vomitar porque todo ese tiempo, incluso desde antes, tú me acariciabas, me besabas; y no sé si lo hacías pensando en alguien más. Eso está de la mierda.
Vi tu transformación, de el Antonio que conocí en aquella camioneta a uno que no era mi Antonio. Estaba en negación. Siempre fuiste esa persona pero lo tenías bien oculto.
Y ahora ya no sé qué fue real o qué fue mentira. Porque de tu boca salen muchas mentiras y distorsionas la historia a tu conveniencia. No te conozco y seguramente nunca lo hice. Jugaste conmigo. Lo irónico es que desde un principio me advirtieron sobre ti pero no lo quise creer, estaba enamorada de ti antes de ser novios y eso me cegó.
Un año, joder. Un año estuvimos juntos pero en ese año mi vida cambió radicalmente y, sin ser falsa, te amaba más cada día que pasaba. Amar y querer son dos cosas muy distintas. Yo te amaba, carajo.
Poco a poco me voy desintoxicando de tu veneno, de todas las mentiras que aún siguen surgiendo pero que no sabes que sé.
¿y cómo termina la historia?
Las personas más cercanas a mí saben qué tipo de persona eres, yo sólo conté los hechos y cada quién saca su conclusión. Las personas que te conocen pero a mí no, me ven como la dramática que hechó todo a la basura por un berrinche. Algunos de tus amigos ya sabían lo que estabas haciendo pero nadie dijo nada. Fui la tonta que le afectaba pero se enteró al último. No sé qué pienses o sientas. Yo, estoy aquí, afirmándome cada día que lo que hiciste es real porque mi corazón y mi cabeza no siempre lo quieren creer.
A veces extraño a Tony, a veces detesto a Antonio. Pero en general, ya te estoy dejando. Sorprendéntemente me hice muy fuerte y segura desde la última decepción amorosa y tóxica. Por algo pasan las cosas, porque si me hubiese enterado en su momento, estaría destrozada. Sin embargo, estoy recontruyéndome rápido y los momento así, como ahora que estoy escribiendo, son cada vez menos.
Tú ya me superaste, yo te superaré pronto y será para siempre.
Me quedo con lo bueno y desecho lo malo.

















