
oozey mess
No title available
hello vonnie
Xuebing Du

Product Placement
wallacepolsom

@theartofmadeline
h
styofa doing anything
occasionally subtle
DEAR READER
Keni

izzy's playlists!
he wasn't even looking at me and he found me

Kaledo Art

blake kathryn
Show & Tell
macklin celebrini has autism

JVL
2025 on Tumblr: Trends That Defined the Year
seen from Iraq

seen from Australia

seen from United States
seen from Germany

seen from Malaysia
seen from Sweden
seen from United States
seen from Norway
seen from Singapore

seen from Malaysia
seen from Brazil
seen from Ecuador

seen from India
seen from Russia

seen from United States
seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from Jamaica
@j-blaked
God help us...
Entonces, en mi desesperación, fijé los ojos en aquel hombre ciego que, aunque privado de la vista, parecía percibir todo lo que yo no podía comprender. Con el corazón hecho pedazos, le supliqué a Dios que la salvara, aunque eso significara perderla para siempre. Mi alma estaba dividida, luchando entre el egoísmo de querer retenerla y el amor puro que me obligaba a renunciar, porque sabía que yo era el peso que la mantenía atrapada.
El viento soplaba a mi alrededor, llevando mis palabras como un eco al infinito, y en ese susurro entendí lo inevitable: la única manera de salvarla era que me olvidara. Sentí el frío del suelo bajo mis rodillas mientras mi cuerpo se desplomaba bajo el peso de esa verdad. Cada lágrima que caía de mis ojos parecía arrancar una parte de mi ser. Con la voz rota, le pedí a Dios que cumpliera su promesa, aunque esa promesa significara el fin de todo lo que éramos.
El cielo se oscureció y la lluvia comenzó a caer, como si el universo mismo compartiera mi dolor. Cada gota helada que tocaba mi piel era como un recordatorio de que el tiempo se acababa. La miré, desesperado, tratando de memorizar cada línea de su rostro, cada matiz de su sonrisa, cada reflejo en sus ojos, como si al hacerlo pudiera aferrarme a lo que pronto dejaría de existir.
Sabía que me quedaban solo unos segundos antes de que el olvido se la llevara. Sentí el nudo en mi garganta crecer, ahogándome, pero reuní todas mis fuerzas para pronunciar esas palabras que llevaban el peso de toda mi alma: 'Te amaré por siempre'.
Ella me miró, y por un instante creí que podría haberme escuchado, que en algún rincón de su corazón todavía quedaba un vestigio de nosotros. Pero vi cómo su mirada se vaciaba, cómo sus ojos, que alguna vez fueron un espejo de nuestro amor, dejaban de reconocerme. Fue como ver morir algo que amas sin poder hacer nada para salvarlo, como si la misma esencia de mi vida se esfumara ante mí.
Su último destello de reconocimiento se desvaneció, y entonces una lágrima rodó por su mejilla, mezclándose con la lluvia. Esa lágrima, aunque silenciosa, me habló más que cualquier palabra: era su despedida. No necesitaba decir nada porque en ese momento entendí que había aceptado lo inevitable.
La lluvia seguía cayendo, lavando el mundo, mientras yo me quedaba ahí, inmóvil, congelado en el tiempo. Sentí el frío penetrar mis huesos, pero el verdadero frío estaba dentro de mí, en ese vacío que había dejado su ausencia. La amaba más de lo que jamás podría expresar, y sin embargo, todo lo que era de nosotros desapareció con ella.
Me quedé mirando al cielo, preguntándome si algún día podría volver a ser entero, si el dolor algún día dejaría de arder como un fuego que consume todo. Pero también supe, en lo más profundo de mi ser, que no importaba cuánto doliera, la amaría hasta el final de mis días. Porque amar de verdad no siempre significa quedarse; a veces, amar es dejar ir.
Y allí, bajo aquella tormenta, mientras la vida me arrancaba lo más preciado que tenía, comprendí que mi amor sería eterno, aunque ella nunca pudiera recordarlo. Porque el verdadero amor no desaparece, simplemente cambia de forma. Y en mi pecho, aún destrozado, quedó el eco de su risa, el calor de sus abrazos y el recuerdo de todo lo que fuimos, aunque ya no lo fuéramos más.
Las lágrimas son como un río que nace en el alma y busca salir a través de los ojos. Se acumulan poco a poco, llevando consigo el peso de la tristeza, los recuerdos y las emociones no expresadas. Es en la mirada donde primero se percibe esa carga, como si los ojos hablaran un idioma propio, mostrando aquello que las palabras no pueden expresar. Dejar que las lágrimas fluyan no es solo una forma de alivio, sino también un acto de valentía, un recordatorio de que incluso en la tristeza hay humanidad y belleza.
¿Cómo no te iba a amar, si en tus ojos descubro el cielo y en tu cuerpo la más dulce condena? Tus labios son pecado puro, un abismo al que me lanzo sin dudar. El roce de tu piel enciende cada rincón de mi deseo, y tus gemidos son la melodía que guía mis instintos más oscuros. En cada encuentro contigo, me convierto en esclavo de tu placer, recorriendo cada centímetro de tu cuerpo como si fuera un mapa hacia el paraíso. Eres la combinación perfecta de lo celestial y lo prohibido, y yo, un devoto rendido a tu lujuria divina.
Mi pequeño, mira hasta dónde has llegado. Solo veo el cansancio en tu mirada, ese peso invisible que aplasta tu espíritu. Puedo sentir cómo tu fuego se apaga, cómo esa chispa que una vez brilló con tanta fuerza se desvanece en el frío de la noche. Tus ojeras no arden bajo la lluvia; tus pasos son pesados, arrastrados. Nada de esto es tu culpa. Lo sé, siempre lo supe. Eres libre de cualquier peso sobre tus hombros... o al menos deberías serlo.
Ven, abrázame fuerte. Déjame sentir, aunque sea por un instante, que el tiempo no existe, que este vacío puede llenarse. Pero en tu abrazo también siento algo más: la tristeza de un niño que solo quería ser feliz. Porque eso es lo que eras, ¿no? Un niño tratando de sobrevivir en un mundo que nunca te entendió, que siempre te exigió más de lo que podías dar.
Lo siento. Tengo que hacerlo. Tengo que matarte. Necesito deshacerme de ti, arrancarte de raíz, para que no quede rastro, para que el dolor se desvanezca contigo. Sé que suena cruel, lo sé... pero no hay otra salida. La oscuridad me ha envuelto con su cálido manto, como un abrazo que no puedo rechazar. Estoy a merced de mi propio caos, de este infierno que yo mismo he creado.
No tengo nada que perder. ¿Cómo podría tener algo que perder cuando todo ya está roto? Cuando lo único que queda son las cenizas de lo que fui. Pero aún te escucho, pequeño. Te escucho en el eco de mis pensamientos, como un susurro que no quiere callar. Te veo en cada reflejo, en cada sombra que se cruza en mi camino.
No entiendes mi decisión, ¿verdad? Pero no es odio lo que siento, nunca lo fue. Es la necesidad de seguir adelante, de romper con este ciclo interminable. Soy el caos que nació de tu inocencia, de tus sueños frustrados, de tus preguntas sin respuesta.
Recuerdo tus ojos, llenos de curiosidad y esperanza. Recuerdo cómo buscabas las estrellas, incluso cuando el cielo estaba cubierto de nubes. Pero esas estrellas se apagaron hace tiempo, y ya no queda nada por salvar. Solo la oscuridad... y yo.
Perdóname. Perdóname por no protegerte, por dejar que el mundo te rompiera. Perdóname por no ser lo que necesitabas. Ahora solo queda el silencio, el abismo en el que te despido. Y tal vez, algún día, encuentre un nuevo comienzo en este final.
caress me✅
Lo sexy que eres, lo rico que es comerte, lo adictivo que eres a hacer él amor contigo. Eres el hombre más seductor e increíble ❤️🔥🥵
Come here
Ducha pos gym, me acompañas ?