Litargoel.
Desanudó el vestido que le cubría, con el que se había disfrazado ante nosotros, y se nos reveló en verdad como era él. Nos postramos en tierra y lo adoramos nosotros los once apóstoles. Extendió su mano. Nos hizo levantar y hablamos con él humildemente. Mientras nuestras cabezas estaban inclinadas hacia el suelo con respeto, le dijimos:
-¿Qué quieres que hagamos? Mas otórganos la fuerza para que cumplamos tu voluntad en todo momento.
Él (Jesús) les entregó el ungüento de nardo curativo y la cajita que estaba en las manos del discípulo, y les impartió la orden siguiente:
- Volved a la ciudad de la que habéis salido que es llamada «Inhabitación».







