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@jamespreaker-blog
sxrahdepp:
“Tienes toda la razón. En ese caso, me equivoqué, aún sigo en busca de mi héroe, pero mientras tanto me conformo con el enfermero sexy.” bromeó con ese aire que emanaba diversión y carisma, tan característico en ella cuando no había necesidad de ponerse a la defensiva por algún comentario contradictorio a sus propias ideologías. Asintió levemente con la cabeza para autorizarle dar continuación a sus métodos de primeros auxilios, soltando un pequeño quejido y esbozando una mueca de dolor debido a la temperatura de aquel trapo contra su frente. “¿Tendré una paleta si me porto bien y no me quejo mucho durante el proceso, doctor?” preguntó juguetona, interrumpiendo sus risas con leves gruñidos provocados por el frío hielo sobre su piel y el dolor que se creaba al hacer contacto con el golpe. “Mientras no pienses verterlo sobre mi cara, un trago es justo lo que necesito ahora mismo.” Cedió a la propuesta, sosteniendo el trapo por sí misma para acomodarse un poco más sobre el sofá, sentándose y así dejando un espacio para cuando el rubio volviese.
Si lo que la morena pretendía era ruborizar al ex policía, lo estaba consiguiendo. Y con una naturalidad aterradora. Hacía mucho que no se cruzaba a alguien con semejante encanto, por lo que estaba claramente desentrenado en el arte de responder con el mismo toque distintivo. Una lástima. Le habría encantado testar esas dotes de seducción que sí tuvo en el pasado en la mujer. “Una paleta no, que no me quedan. Ya pensaremos el premio después.” Con un par de copas encima las ocurrencias acudían a su persona. También ayudaría el perder la vergüenza de una vez por todas. Regresó con dos vasos de cristal en la diestra y la botella en la que le quedaba libre. Con ella fue benevolente y no le sirvió demasiado, pero solo porque él bebía muy despacio. De esta forma no le adelantaría. “¿Cómo te llamas? No puedo decir que nos hemos conocido antes porque... me acordaría.” Tomó asiento a su lado, en el hueco que había dejado. “No tienes pinta de ser alguien a quien uno olvida fácilmente.” Escondió la sonrisa tras el cristal y empinó el codo. El whiskey hizo que se aflojara el nudo que oprimía su garganta de los nervios. “Yo soy James. Escribo.” Titubeó. “Novelas, claro. No trabajo para revistas del corazón ni tonterías de esas. A ver si vas a pensar que estoy aquí para sacarte información embarazosa o algo.”
sxrahdepp:
Fruncia el ceño con una clara mueca de dolor plasmada sobre su rostro cuando de pronto aquel joven apareció frente a ella, aceptando su agarre para ponerse de pie, quedando un poco encantada con el atractivo de aquel muchacho que corría a auxiliarla. No dijo mucho al principio, simplemente se limitó a prestar atención a cada palabra y acción del contrario, asintiendo un par de veces y recostándose sobre el sofá para permitir que el rubio hiciera su trabajo. De pronto, una repentina sonrisa se dibujó en sus labios, porque además de esa leve molestia en su cabeza, existía el embelesamiento que sentía por su nuevo salvador. “Por supuesto que he tenido suerte.” Admitió con una risilla. “No se consiguen héroes así de maravillosos en cualquier lado.” Agregó sonriente, dejando una breve pausa antes de finalizar. “E-en verdad no tienes que hacer esto, pero gracias, eh.”
“¿Héroe? Si lo fuera... no habrías alcanzado el piso.” Negó con la cabeza suavemente mientras una sonrisa asilvestrada se dibujaba en sus labios. Alcanzó a la chica en cuestión de segundos. En un primer momento creyó que preferiría ser ella misma la que se sujetara el gélido pañuelo contra la pequeña herida, pero descartó la idea y se propuso ahorrarle el esfuerzo. “No me des las gracias, eh. ¿Puedo?” Se inclina frente a ella para, acto seguido, apoyar los hielos en su frente. “Está muy frío, soy consciente, pero te viene bien.” Encogió los hombros en un gesto de despreocupación. Claro, para él era fácil insistir pues solo los dedos se le estaban congelando, no el rostro. “¿Necesitas algo más? Una manta o... ” Recordó con cierta melancolía el whiskey que dejó en la sala contigua. “Dicen que el alcohol es un buen anestésico.”
sxrahdepp:
“¿De qué estás hablando, Mack? Es imposible que estés de camino a Houston si te vi esta mañana. E-escucha, si esto es una broma, es de muy mal gus—¿aló?” Interrumpió sus propias palabras en cuanto la llamada con su amiga se cortó de pronto, girando sobre sus tacones a medio pasillo un tanto desconcertada, sin ver a su paso el borde de una alfombra que le hizo tropezar y caer tendida sobre el piso. “Ouch.” Se quejó con una mueca, escuchando las palabras de cierto chico provenir de la habitación frente a ella. “¡Estoy aquí!” Vociferó, esperando que se acercara para ayudarle. “Tuve un pequeño accidente, ¿Me darías una mano?” Pidió al aire, sin saber a quién se estaba dirigiendo.
“Joder...” James se alteró ante la voz desconocida que provenía de la habitación contigua. Pensó por un momento que alguien estaba en serios apuros; no se le pasó por la cabeza que había sido un simple tropiezo por culpa de una alfombra mal puesta. “¿Estás bien?” Le increpó mientras se agachaba y le tendía la mano en señal clara de ayuda. “Me has asustado, mujer.” Por fin pudo respirar tranquilo tras comprobar que no había sangre por ningún lado. “Te está saliendo un chichón en la frente.” Le guió sin soltar su mano hasta el asiento más cercano. “No te muevas, voy a por hielo.” Si no bajaba la hinchazón pronto la morena se convertiría en un unicornio del que cualquiera podría hacer mofa. “Has tenido suerte, eh.” Exclamó desde la lejanía mientras envolvía un par de hielos en una servilleta de tela. “Soy un maestro en primeros auxilios.”
misskxrs:
La castaña se encontraba revisando las cajas que esa misma mañana había sacado de la bodega. Buscaba de forma desordenada su objetivo, pero fallaba en cada intento. Trataba de alcanzar una bolsa que se encontraba sobre el resto de decoraciones navideñas, pero su estatura era lo suficientemente pequeña como para ser incapaz de lograrlo. Un simple salto le dio la posibilidad de golpear el plástico, trayendo accidentalmente hacia el piso unas decoraciones que derrumbaron la torre de cajas, causando así un fuerte ruido en la habitación cercana a la sala. Una voz masculina llamó su atención, por lo que Adelaide simplemente asomó la cabeza y sonrió un tanto apenada. “Hey, lo siento, estaba buscando las luces para el árbol navideño, pero soy muy Hobbit para este trabajo. ¿Te importaría ayudarme?”
Le sorprendió encontrarse con una muchacha que estaba perfectamente despierta y no en “estado zombie”. No tuvo más remedio que acceder a su petición bajo la premisa de decorar un poco más el lúgubre y gigantesco lugar donde convivían. Le parecía una idea brillante. “De algo tenía que servirme el ser tan alto.” Ni corto ni perezoso saltó fuera del sofá, y dejó atrás esa sala y su demoledora soledad para ponerse manos a la obra. “¿Ahí están las luces?” Se estiró una pizca y agarró la bolsa de plástico agujereada. "Listo. ¿Quieres que busque más cosas?” Abrió uno de los armarios cercanos, pero solo encontró polvo acumulado y alguna que otra estatuilla horrenda. “Mejor voy a ir vistiendo ese árbol... Ten, agarra este extremo.” Se lo tendió con una sonrisa de ilusión iluminándole las facciones. “Oye, ¿y cómo decías que te llamabas?”
quexntelle:
La castaña había divisado a un joven apuesto desde la distancia. Su curiosidad la invitó a seguirle por el interior de la mansión hasta llegar a la sala, caminando con cautela y de manera silenciosa para no ser atrapada. No tenía idea de quién era aquel muchacho, más al ser descubierta por el mismo, no tuvo más opción que abandonar su escondite y mostrarse con una sonrisa. “Hey.” Murmuró entre nerviosa y coqueta. “¿Suficiente alcohol para todos, dices? Eso es como una llamada a mi línea directa. Me apunto, pero que seamos solo nosotros dos.”
“Hey.” Le imitó con cierto tono divertido, como si leyera en el saludo más intenciones de las que ella quería mostrar. “Acepto. No soy yo muy dado a compartir, así que tres serían multitud.” Se pone en pie para llenarle a la castaña un vaso también a la mitad con el whiskey del que llevaba media hora abasteciéndose. “¿Con o sin hielo?” No aguardó a su respuesta; optó por ponerle uno y tenderle el brebaje. “¿Por qué no estás durmiendo?” Regresó al cómo mueble y se dejó caer. “¿O acaso asustar a insomnes es un hobbie tuyo? Me lo puedes confesar, que no se lo diré a nadie.”
James dejó escapar un breve suspiro de cansancio tras caer en el sofá, en una de las múltiples salas inhóspitas de la mansión. Era de madrugada y, sin embargo, no lograba conciliar el sueño. En la diestra sujetaba un vaso de cristal lleno hasta la mitad con whiskey. Esta vez ni siquiera se había dignado en ponerle un par de piedras de hielo. “Pero ¿qué demonios...?” Un estruendo llamó la atención del muchacho. “¿Quién anda ahí?” No se incorporó porque la intriga y curiosidad no vencían al agotamiento -todavía-. “Manifiéstate. Hay suficiente alcohol para todos.”
“¿Qué?” miró a la persona que al parecer, estaba juzgándola con la mirada mientras se llevaba una rebanada de pizza a la boca. “¿Nunca habías visto a alguien comiendo pizza?”
“No.” Dijo James, irónico a más no poder. “Eres todo un espectáculo andante.” Tan solo pretendía picarle, ya que parecía no gustarle tener los ocelos celestes del chico clavados en su persona. “En realidad solo me estaba cuestionando por qué no me ofreces un trozo.” Como si tuviera la obligación de compartir su comida con todo el que se cruzara en su camino. “Es discriminación. Opresora.” Apretó los labios para contener las ganas de reír a carcajada limpia.
“¿Tendrás idea de dónde está la cocina en esta enorme mansión?” Preguntó a la primera persona que se encontró al salir de su habitación luego de haberse instalado. “Hace mucho que no como completos y tengo ganas de prepararme un par. Si me ayudas, puedo hacerte a ti y, en caso de que no los conozcas, entonces prepárate porque son una delicia”.
“No, no estoy familiarizado con esa palabreja.” Replicó el rubio, frunciendo el ceño ante la inesperada invitación. “Pero te acompañaré. El estómago lleva rugiéndome dos horas cuanto menos.” No rechazaría la oportunidad de comer algo elaborado sin tener que mover un dedo. A perezoso, a veces, no le ganaba nadie. “Hey, me temo que no nos han presentado.” Y sí, la mayoría de los presentes se conocían aunque fuese por pasar al lado en los típicos eventos aburridos estilo hollywoodiense, pero el hombre prefería ser cortés y presentarse a dar por hecho que sabía quién era. “Mi nombre es James Preaker. Escritor de novelas y demás. ¿Y tú eres...?”