“Familia… hoy no solo celebramos el Día del Padre. Hoy celebramos el mayor acto de amor que un padre puede recibir de su hijo.
Miren a mi Yeison… mírenlo bien.
Este muchacho que ven aquí, desnudo, reluciente y temblando sobre la mesa… es mi obra maestra.
Durante meses lo vi crecer, lo vi llenarse, lo vi convertirse en esto que tenemos frente a nosotros. Esa panza tan redonda, tan pesada, tan suave… que sube y baja con cada respiración. Esas nalgas anchas, jugosas, que se desbordan de la charola como dos lunas perfectas. Esos muslos gruesos, llenos de esa grasa tierna que se derrite solo con mirarlos.
(se acerca y pasa la mano lentamente por la espalda de Yeison, bajando hasta apretar una nalga)
¿Sienten eso? Esa suavidad… esa calidez. Esa carne que tiembla cuando la toco. No es solo grasa. Es entrega. Es amor puro. Mi hijo se entregó por completo para darme el mejor regalo que un padre puede tener: su propio cuerpo en su punto más perfecto.
Yeison, mijo…
Gracias por engordarte para mí. Gracias por dejar que tu panza se volviera tan grande y jugosa. Gracias por esas nalgas que hoy van a ser el centro de esta mesa. Gracias por cada kilo que ganaste, por cada plato que te comiste sin quejarte, por cada noche que te dormiste con la panza llena sabiendo cuál era tu destino.
Hoy no solo voy a comerte…
Hoy voy a honrarte.
Voy a cortar primero esos glúteos tan tiernos y suculentos que tanto cuidaste para mí. Voy a probar esa pancita que tanto amaste y que tanto me excita ver. Porque sí, familia… ver a mi hijo así, tan lleno, tan maduro, tan listo para ser devorado… me llena de un orgullo que no se puede explicar con palabras.
Yeison… eres el mejor hijo que un padre pudo pedir.
Y hoy… vas a ser el mejor platillo que esta familia haya probado jamás.
(levanta el cuchillo y lo pone suavemente sobre uno de los glúteos de Yeison)
Feliz Día del Padre… para mí.
Y gracias a ti, mi carne más amada










