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Halcón y halcona en la ciudad #falcon #urban #dead
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Intentó de cerebro #1
Rintrah roars and shake his fires in the burdend air; Hungry clouds swang on the deep. W. B.
Ej. 2 b)
Los domingos en Tlalpan han reemplazado a los días de campo da la infancia. En cierta forma lo son. Para mí ir a donde no llega el metro es el equivalente de viajar por carretera rumbo al campo, y Tlalpan tiene ese ambiente de suburbio campestre con el que nunca he podido encajar.
Al llegar cierro mi libro y me dirijo a la cadena de restaurantes que odio pero donde el café tiene refill ilimitado. Pido un americano. Mientras mezclo las dos cucharadas de azúcar habituales observo por la ventanilla el café a contra esquina donde ofrecen una rosquilla gratis en la compra de un americano mediano, y pienso en que algún día haré válida la promoción.
Llega, tarde como acostumbra, y pide un menú de tres tiempos. Yo solo café. Nuestros poderes adquisitivos se han alejado tremendamente desde que salíamos en preparatoria, pero eso no me importa mientras pueda seguir pagando mi americano. En aquel entonces ella se perfilaba para ser una exitosa estudiante de letras y yo un músico en una ciudad sin mucho futuro. Alguna vez estuvimos juntos en medicina. Alguna vez ella estudió fotografía. Ahora, esas similitudes a la vez se han vuelto distancia, más nos ayudan a poder conversar comprendiendo el tema del otro sin llegar a la monotonía que se tiene con los colegas.
Esta semana ha sido horrible. -Comienza a contarme ella, aunque yo de antemano se que todas sus semanas son horribles. -Estoy de jefa de barra, y el lunes tuve 72 ingresos. ¡72! para empezar la semana. Estoy muy cansada. Jamás creí que mi sueño, ser residenta de medicina interna en el Zubirán, el mejor hospital del país, fuera tan pesado.
-Tu sueño desde que dejaste de odiar a los que nos interesaba estudiar medicina.
-Ja. Cállate, a ti no te interesaba medicina, solo te sentías atraído por los cadaveres y los huesos. Siempre te gustó abrir cosas vivas. Pobres animales.
-De cualquier forma iban a morir, y alguien los iba a abrir, yo solo tomaba la iniciativa.
-Como te decía, ha sido una semana difícil. ¿Seguro que no quieres pedir nada más? Y para colmo, mis internos han dejado empeorar a Don Napoleón. Llevaba más de un mes tratando de sacarlo de piso, y cuando regreso tras el fin de semana ya estaba en terapia intensiva, prácticamente en coma. No creo que sobreviva. Es muy triste ¿sabes? ¿ya puedes sentir empatía por alguien?
-Me temo que no.
-Nunca lo harás. ¿Verdad? ¿qué dice la psicología sobre esto? Aun así me caes bien. Al menos siempre eres sincero. Odio a los tipos que solo están esperando a que te termines la tercer cerveza para tratar de llevarte a la cama. Ayer conocí a alguien interesante, se llama Toby. Fuimos a Xochimilco, nunca había ido. Rentamos una trajinera por $500, pero éramos 20 y los de cirugía pagaron, así que salió barato. - Me sonrió mientras terminaba su crema de cebolla. - Nunca me había subido a una pero es divertido. Hay mariachis, y si quieres una quesadilla o cerveza solo la pides y te la llevan. El agua no huele muy bien, pero después de un rato te acostumbras. En fin, salir con los de cirugía es más divertido que salir con los de medicina interna. No los conoces y eres la novedad, todo mundo quiere hablar contigo e invitarte una cerveza. Al terminar nos fuimos al departamento de uno de ellos en Polanco, y ahí conocí a Toby. Toby es un Golden Terrier que jugaba conmigo. Si le pedía un beso me lamía el cachete, y le aventaba su pelota una y otra vez y la recogía y me la traía. Después le di premios, le di 7. En algún momento me di cuenta de que podían ser demasiados, así que pregunté cuantos se les podían dar, y me dijeron que máximo dos por día. Jaja, no dije nada y fingí demencia. Creo que necesito una mascota.
Me contó de una cirugía. Era una simple safenectomía, pero ella ya se había desacostumbrado a ella. -Le abren un pequeño orificio en el tobillo y otro en el muslo, después localizan la safena. Una vez localizada y diseccionada meten por ella un alambrito, y al salir por el otro lado le ponen una punta como de trompo. Después jalan por el otro lado hasta extraer toda la vena. Es horrible, pero se terminan las várices.
-Lo sé, yo también estudié medicina, ¿recuerdas? Incluso tengo una foto de una cirugía de cirugía de ese tipo en mi sala.
-Estas loco. Pero hace mucho que yo no veía algo así. Solamente procedimientos en terapia intensiva. ¿Recuerdas terapia intensiva? ¿Recuerdas a Perla? Era muy bella... recuerdo que se gustaban, pero claro ella era toda una R3 y tu un simple estudiante de medicina, pero eso no te impidió ir a solas con ella en domingo para acompañarla en su guardia y llevarle chocolates en nochebuena ¿verdad?
-Siempre he tenido debilidad por las tapatías, y en navidad me vuelvo generoso, pero también te llevaba un chocolate a ti, solo que no estabas.
-Terapia era lo mejor del mundo, pero a mi no me dieron un radio como a ti. Aun así me gustaba mucho. Las gasometrías cada tres horas, los hemocultivos, los cateterismos. Recuerdo que me contaste que alguna vez pusiste un Swan-Ganz, con Perla por supuesto. A mi nunca me tocó hasta el Nutri.Yo no sé como tienes tanta suerte. Pero también sé que te esforzabas. También recuerdo que te quedabas tras tus prácticas conmigo para aprender a poner y quitar suturas, vendajes, tomar gasometrías, lo que tuviera que ver con cortar cuerpos o sangre, siempre estabas ahí para ayudarme, y al salir nos ibamos por un café, poníamos a Zoe a todo volumen en el auto y nos dirigíamos hacia donde termina la ciudad. Entonces veíamos las estrellas y platicabamos sobre la bella relación que teníamos y que nunca más volvería a existir. ¿Alguna vez me extrañas?
Ej. 2 a)
Esa noche llegaba tarde de mi revisión. La lluvia intensa sumada a los movimientos estudiantiles habían hecho insoportable el transporte en el metro. Con la sombrilla protegía mi último cigarro mientras caminaba por Bucareli en busca del bar. En una esquina oscura, iluminadas con luz neon azul, vi a un par de mujeres que tenían aspecto de escritoras o aspirantes a ello. Me terminé el cigarro y entré en un salón oscuro tras ellas. En el fondo una pequeña luz iluminaba 3 sillas que componían el foro donde se llevaría a cabo la presentación del libro. Sacudí el paraguas mientras buscaba su silueta en medio de la audiencia compuesta por sombras, gafas de pasta, barbas españolas y jeans ajustados. Junto a la barra una mano se movía y me recordaba a los árboles azotados por el viento durante la tormenta. Examiné su sonrisa y me acerqué a ella. Guardaba para mi un lugar en el sofá.
-Ha sido un día horrible. Creí que el taller tendría mejor nivel, pero en lugar de eso empemos desde la definición y clasificación de ensayo. Como si hoy en día importaran los géneros. Me preparé muy bien para venir, elegí con cuidado el vestido rojo, las medias negras, y las zapatillas de gamuza del mismo color. Una pastilla de LT, un té de menta, Channel No. 5 y unos delicados 14 con encendedor rojo. Mis compañeros poco entendieron, creían que los relatos eran verdaderos, incluso defendían esa postura. - De pronto estábamos en la calle frente al metrobus, ella se apollaba sobre su hombro derecho en la pared del bar, y sostenía con la mano izquierda un cigarrillo. Tenía esa cara de frustración que suele tener cuando caminamos por las noches rumbo al departamento o a la central. En ninguno de los talleres que hemos compartido, o de los que la he esperado al terminar se ha llevado bien con sus compañeros, sin embargo algo dentro de ella la impulsa a ser una buena persona, a intentar una vez más en otro taller, otro diplomado, otros compañeros. -La verdad estoy muy decepcionada. No debí haberme metido a este taller. Ni siquiera estoy segura de que me agrade el profesor, y para colmo la presentación del libro ha sido de lo más aburrida...
-Y no dieron vino de honor - la interrumpí.
- ¡Y no dieron vino de honor! Vamos, compremos una botella y vayamos a la cama.
-Aún no tengo cama...
-No importa, en la alfombra. Algún día aprenderé a no seguir en esto... en la clase de escritura nadie comenta mis textos, solo yo participo y doy sugerencias, prácticamente doy la clase.
-Quizá deberías dejar de hacerlo...
-Lo sé. -Apenas salíamos del metro y ya estaba metiendo sus manos en el abrigo para buscar otro cigarro. -Nunca puedo, siempre tengo que participar y ser quien ayuda a la gente. Hoy me levanté temprano, me lave la cara, bajé y preparé dos tazas de café negro, uno solo y otro endulzado con miel para mi mamá. Planché su bata de trabajo, y cuando bajó ya tenía listo su café, fruta, y la bata. ¿Sabes lo que me dijo?
-¿En dónde esta mi pan tostado?
-No, me dijo: "Hija, deberías de hacer tus cosas".
-Tiene razón.
-Lo sé, pero me gusta ayudar. No quiero convertirme en una de esas personas que incomodan de tanto que ayudan.
-Como la madre Teresa
-No, lo digo de verdad.
-Menos mal, este mundo no necesita más mentiras.
-Ash, nunca me entiendes.
-Yo no me molestaría de que me tuvieras listo café y pan tostado al despertar si eso te ayuda. Pero ni pienses en ponerme un plato de fruta.
-Quizá esto de escribir no sea para mí. Quizá lo mío sea algo más serio. Investigación, la academia, o algo editorial.
-¿Estas diciendo que los creadores no somos serios?
-No lo digo por ti. Ya dejaste claro con lo del pan tostado que eres bastante serio. Es solo que no se, mis compañeros me desaniman. Una compañera escribe tonterías sobre su novio. Mi mejor amigo usa frases que no tienen ningún sentido, van en contra del actuar del personaje y del ambiente que hasta entonces llevaba construido en el relato. Y el otro tipo cree que sabe escribir, y cuando lees un cuento crees que tiene razón, pero al leer el segundo te das cuenta lo malo que es. Siempre pasa lo mismo, todos esperan el jueves, llego a tiempo para esperar 15 minutos al primero y 30 para iniciar con la sesión. Ponen galletas y esperamos el café mientras comienzan a leer sus relatos. Todos esperan ese momento en el que los demás los escuchan. Después, la única que hace comentarios soy yo, y cuando me toca leer a mi mi relato nadie me comenta. Parece que ni me escucharan.
-Creo que tus compañeros definitivamente necesitan salir más. Esas frases no las usa nadie. Y tú debes dejar de facilitarles el trabajo, deberías dejar de comentar.
- Lo se, ya no lo haré.
-Si lo harás, y la próxima semana estaremos discutiendo sobre lo mismo. Por cierto, me dijeron que debería escribir una novela...
-Mmm.
Ej. 1
Necesitar café para escribir siempre es una pérdida de tiempo, sin embargo de no hacerlo no logro concentrarme. Solo puedo pensar en que necesito un café para escribir, quizá una dona o una rebanada de pastel aunque de antemano sé que no podré escribir mientras como.
Esta semana tuve una cita con mi tutora, una escritora con trayectoria quien prepara su novela sobre un tema con el que no puedo evitar empatizar, la melancolía, la nostalgia, la saudade, la depresión. Mi última maestra escribe su libro sobre fantasmas y la desaparición del texto. Parece que estamos condenados a encontrar personas con gustos afines o a dejar pasar a quien no los tenga.
Llegué y pedí un café americano como siempre, y le enseñe mis nuevos textos y fotografías. Hay demasiado dolor aquí, un dolor arrastrado por generaciones. Se ve en la mirada del cerdo desangrándose por un corte en el cuello mientras mira directamente a la cámara, en los brazos aferrándose al soporte del metro y luchando por cada centímetro cúbico de aire y espacio, en la fruta destinada a la pasión que ahora se pudre lentamente por dentro, sola, abandonada a pleno sol, lejos del árbol que la vio nacer, despidiendo un color de sangre coagulada desde la herida que la deshidratación le ha abierto.
¿Qué has pensado? No lo sé. Me dicen que el texto es demasiado fuerte para las imágenes… Quizá tengan razón, pero no lo creo. Yo veo imágenes bastante fuertes aquí, y otras que podrías mejorarse. Lo cierto es que el texto es fuerte. ¿Pero crees que las imágenes tienen algún sentido? ¿Una coherencia entre ellas? me preocupa que sean demasiado dispersas. La idea era que el proyecto fuera tan esquizofrénico como yo, muchas personalidades, diferentes voces, distintos fotógrafos; pero aun así debe de entenderse, debe de poder leerse... Para mí si tienen una coherencia y una lectura conjunta, creo que a tus compañeros les falta un poco de tiempo de lectura. Me refiero a dos cosas: esto no es un proyecto para verlo rápidamente y entenderlo, hay que tomarse su tiempo. Yo lo entiendo porque lo hemos revisado ya varias veces. Y la segunda, es que son jóvenes, y les falta aprender a leer más, conocer más referencias, más historia, los cristeros por ejemplo. No se… El texto me fascina, tengo algunas sugerencias de corrección, pero me gustan mucho las imagenes mentales que has creado, el cómo construyes la historia, y creo que tienes algunas frases bastante acertadas. Tienes aquí un millón de dolares, y no deberías depositarlo en el banco, deberías gastarlo ahora… deberías escribir una novela. Comencemos con el texto…
28/07/12
Ya debería de haber hecho algo importante.
Me recuesto sobre el piso. Quisiera dormir, terminar el día. A lo lejos se escucha el ruido cíclico de un tren. Su maquinaria funcionando una y otra vez, las ruedas sobre los rieles, la graba saltando atrapada entre los cilindros de metal. Una y otra vez el mismo sonido, como las olas del mar tratando de llegar cada vez a la superficie y chocando unas con otras. Como las turbinas de un avión, girando continuamente, sin sentido, sin posibilidad de hacer algo más.
A lo lejos se escucha el sonido del tren, una y otra vez su avance, pero por aquí no pasa ningún tren. Quizá sea el sonido de las olas del mar, como el que se encuentra atrapado en un caracol. Pero por aquí tampoco hay mar. El sonido se acerca cada vez más, empuja el aire hacia las ventanas como un émbolo en una jeringa. Ahora solo espero un trueno, como quien ha visto un relámpago que ilumina toda la ciudad y ahora solo espera un majestuoso sonido. El trueno ha llegado, pero se ha anticipado al relámpago. Ahí este el relámpago. El edificio comienza a temblar, siento subir la temperatura, una llamarada quemando un gran árbol, la sangre colándose en la tierra para nutrir la futura vegetación, el sur de los Estados Unidos, los caballos fantasmas montados por encapuchados, la gente de color gritando. Esta vez es la gente del edificio de enfrente quien grita, quien arde, quien salta como un último gesto desesperado. Aquí las ventanas no dejan de vibrar, un vidrio se ha desprendido del marco y se ha hecho pedazos frente a mí, frente a mi café, mientras contemplábamos la estrella fugaz que se acercaba rápidamente, mientras esperábamos que el apocalipsis llegara para unas cuantas personas. Yo, frente a la ventana sintiendo como la temperatura subía. Ella en el suelo sintiendo como su calor se esfumaba. La sangre nutriendo a criaturas subterráneas.
No se puede decir que el escritor sea un privilegiado.