palabras fluyen, y kangse lo puede ver de nuevo: esta vez hay fotones parecidos al verde limón en medio de todo el azul vibrante (un poquito más claro esta vez, por cierto), y es inevitable que una risita –medio burlona medio divertida– escape de sus labios rojizos. “ estás mintiendo~ ” le pica, y su mirada se fija en la impropia por unos segundos. “ o bien, de seguro le dices cosas parecidas a otras personas. lo puedo ver, ” comenta, sintiéndose repentinamente orgulloso por un segundo, un brío tal que le hace olvidar (tal como en otras ocasiones) que debe ser prudente respecto al tema de su condición. “ pero está bien. voy a hacer como que es verdad, porque, por supuesto, me esforcé mucho para verme más lindo que cualquier princesa. ” y es más sencillo echarse flores y engañar un poco su mente, porque hundir las inseguridades al final se ha vuelto el ritual de cada día –no es como si no tuviera su propio escapismo para lidiar con eso. ahora, con la mano estrechada, termina sintiéndose menos seguro apenas el contrario deja de mirarlo de frente para abordar su oído, el recorrido concluyendo finalmente en su hombro. “ huh, qué príncipe más cómodo, ” comenta al aire, sin saber si la inquietud que carcome su corazón se debe a tenerlo así de cerca cuando no acostumbra a tal proximidad con otros, o a la noción de que aquella postura no le permitirá ver los tonos de las palabras ajenas y, por tanto, le haría más difícil la tarea de distinguir lo falso de lo real. “ mmm… ¿y como debería llamarte? solo puedo pensar en cosas como pesadilla, ladilla, pegote… ¿limpiador de caballos? ” enumera, recordando como lo vio un par de días cumpliendo sanción.
¿Mintiendo? Tch. Iseul frunció su nariz y dio un respinguito, juzgándole duro y berrinchudo con la mirada. Su labia excelente no la sacaba del aire; necesitaba material para trabajar. “¿Si te digo que ‘estás feo’ entonces me creerías de verdad? Qué complicado te pones. Por eso no se me antoja ser amable con los demás. Tch. Tch.” Pasó por alto el énfasis particular en su comentario, ensañándose con su supuesto fastidio que de severo tenía poco. De ahí en más, se quedó sumido en su hombro, tranquilito como cachorro bien portado mientras danzaba al son de la música. ¿Cómodo? En efecto, tomarse esas confianzas era una cosa muy suya, y más con quién le inspiraba cierta ternura. Cierta calma. Incluso si parecía querer meterse bajo su pellejo, y viceversa. No se movería a menos que se lo pidiera. “No quieres molestarme cuando estoy tan cerca de tus pies, eh. Compórtate.” Le dio palmaditas bondadosas en la curva de su cintura, ahogando una risa en medio de su garganta. No se había movido de su costado, su boquita aún circundando las proximidades de su oreja. “Porque mira que no me arrepiento de nada, eh. Un castigo más, un castigo menos, qué más da.” Chasqueó su lengua y restregó la nariz en la curva de su cuello. “Por cierto, hay chicas muy lindas en el club de equitación.”