Nobody sent me a Christmas card today. I almost wish there weren’t a holiday season. I know nobody likes me. Why do we have to have a holiday season to emphasize it?
A Charlie Brown Christmas (1965) dir. Bill Melendez
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@joaguimar
Nobody sent me a Christmas card today. I almost wish there weren’t a holiday season. I know nobody likes me. Why do we have to have a holiday season to emphasize it?
A Charlie Brown Christmas (1965) dir. Bill Melendez
Veo a Messi fallar el penal, como lo he visto antes, y no me sorprendo. Un penal es una manera sencilla de decidir quién gana, quizá el que tenga más temple, fortuna o estabilidad. Ganar así no es injusto, pero contradice la idea del genio, del autor, del artista que minuto a minuto lleva el balón que avanza, retrocede, da un rodeo y llega siempre. Hay aspectos de Messi que no me gustan, pero el futbol no es uno de ellos. En su forma de jugar hay algo de nostalgia, de superación personal y abstracción: el mejor Messi es la expresión más pura de la genialidad. Por eso, aun si Messi no hubiera fallado su penal y Argentina hubiera ganado la Copa América 2016, algo habría quedado a deber. Por esa sensación quizá Messi eligió retirarse de la selección nacional, lo siento como algo caprichoso e infantil, pero, de nuevo, así son los genios. La historia del futbol está llena de esos momentos de los que todos hablarán, acaso esta vez no será por el 0-0, por la revancha de la final del 2015, por las tarjetas rojas, por el bicampeonato de Chile, sino porque Messi, la figura promesa de Argentina, se fija como un jugador al que no se le da su selección. Ganar, creo, nunca ha sido lo importante, pero, de nuevo, así son los genios: berrinchudos, impredecibles y capaces de reconocer cuando se equivocan. Quizá, como dice Pessoa, la historia no recordará ni a uno de ellos. Elijo creer lo contrario.
Consola virtual
Lo que va de la semana se resume en mucho trabajo pero, también, en mucho Pokémon Azul. El juego tiene unos tres meses de estrenarse en la consola virtual de Nintendo, aunque yo no lo había podido bajar hasta ahora. La historia de por qué esperé tanto es algo triste: hace casi un año robaron mi casa y, entre mis cosas, se llevaron mis consolas. Recién, con ayuda de P*, hemos recuperado la mayoría de nuestros objetos materiales (como la tele, el blu-ray y el nintendo), pero hay otras cosas que simplemente no podré recobrar, como esa sensación de paz al llegar a casa. Lo más parecido a ese alivio que he probado los últimos meses es jugar Pokémon.
No es la primera vez que me pasa. Prendo la consola virtual y me compro algún juego que bien podría correr en cualquier emulador (a veces creo que ese es mi síntoma más claro de ser adulto: comprar cosas que hace diez años habría bajado en torrents — tampoco es que haya dejado de bajar torrents, no soy rico). Me pongo a videojugar y parece que apretar una botón no es una decisión consciente, sino una física. ¿De qué otra forma podría pasar Super Mario Bros 3? Tenía casi veinte años que no había pasado ni el primer mundo entero y uno pensaría que un error es de lo más normal, pero no. Mis manos reaccionan a las claves audiovisuales antes de lo que yo sé en esos momentos. O, más bien, conforme muevo a mi personaje, la acción física y mi memoria se van reconstruyendo: espera más de un segundo ahí, salta más alto acá, agáchate aquí. Ese proceso tiene mucho de parecido a la escritura y yo, que sufro muchos bloqueos por cualquier excusa que me ponga en ese momento, lo agradezco.
Y aquí estoy, jugando Poke como hago desde hace casi veinte años. Pero esta vez se sintió diferente. Prendo el 3DS como prendía el Game Boy Color, elijo a Squirtle y le pongo el mismo nickname (Mono, porque para mí entonces todos los pokémones eran eso: monos), sigo caminos que ya había recorrido hace tiempo y del que a veces siento que podría escribir mucho (las desventajas de ser hijo de clase media-baja y del divorcio: nunca salía de vacaciones), pienso en mis hermanos — el más chico tiene ahora 11 años y también juegaPokémon, es improbable pensar que yo era más chico que él, a quien cargué el primer día que nació, cuando inicié mi juego. Recuerdo a todos los amigos que he hecho gracias a los videojuegos (los únicos con los que he logrado entenderme en verdad porque mi vida no es más que un remake de ciertos libros, películas, televisión y videojuegos). Quizá por eso sentí una suerte de escalofríos cuando compré el sábado Pokémon Azul y el profesor Oak, de la nada, dice palabras que hoy me resultan simbólicas: «your very own Pokemon legend is about to unfold!». Dudo que la gente de Game Freak o Nintendo se dieran cuenta de que hay momentos que determinan la personalidad de una persona y que eso, my very own Pokemon legend, era, en esencia, verdad.
Juego el 3DS como jugaba mi Game Boy Color: acostado, boca abajo, en la cama. En mi nuevo cuarto, donde ahora vivo con P*, lejos de la alfombra azul de mi infancia o las paredes amarillas que siempre odié de casa de mi mamá; lejos, también, de mis hermanos. Y no: ahí están cada recuerdo, cada cosa robada, cada perdida, cada navidad, cada día de regreso a la escuela. Juego Pokémon Azul como lo jugué hace casi veinte años: en casa.
awesome people hanging out together
Salman Rushdie + Carlos Fuentes
awesome people hanging out together
Neil Gaiman + Junot Díaz
La vida y los columpios.
#ofrenda
it’s the great pumpkin
#EarthBound Beginnings :)
EarthBound is a game that is peculiar and fun and kind that you can't put down and that stays in your memory, so that even after twenty years have passed, fans still come together and talk about it. This is a very personal emotion for me, but I have done a lot of different types of work in my life and creating Mother, and creating the work that is EarthBound, is somehow, for me personally, less about me making something that impacted the lives of others, and more about those that played the thing I made impacting me. I feel that my life has changed by all of you who have played EarthBound. When I think that, perhaps, even after I have left this world, someone may still be playing the Mother series, I feel a little uneasy, but also very kind of happy.
—Shigesato Itoi.
#andamovie
Es difícil escribir sobre Community sin pensar en todo lo que la serie significa. Pienso no sólo en lo que veo en la tele, sino en mis años en la universidad, en mis amistades de entonces, en los cuatro años del 2009, año en que inició la serie, al 2013, ya cuando Dan Harmon no estaba y una quinta temporada de Community parecía imposible. Quizá toda Community sea imposible y lo entiendo. Nunca pensaría que esa serie de unos automarginados en los primeros capítulos de la primera temporada de repente hiciera episodios fuera de serie, inesperados, conceptuales, temáticos, emocionales. “Emotional Consequences of Broadcast Television” es, después del final deHow I Met Your Mother, el final de serie más real del que tengo memoria. Eventualmente, dejamos atrás a las personas que nos acompañaron. Los amigos inseparables de las escuelas toman un papel menos protagonista con el paso de los años y eso no los hace menos amigos, pero sí personajes irregulares, partipaciones estelares que sacarán sonrisas pero que no son esas primeras temporadas. Y el cambio no está mal, al menos no siempre. Hay una diferencia notabe entre evolucionar o adaptarse y empeorar.Community no es el mismo desde la cuarta temporada. Y la quinta y sexta me parecieron también fantasmas que se aferran al ego de una persona. Eso tampoco es malo, pero ver Community a veces me parecía como ver a un amigo al que le tienes cariño pero cuya te resulta tan desconocida que ya no puedes crear nuevas memorias y empiezas a hablar de lo mismo, te emocionas con los recuerdos y repites las glorias pasadas y estás ahí en espera de que algo nuevo y memorable sucede. Y suceden, a veces, como cuando te quedas hasta tarde en la fiesta de algunos amigos de la universidad y su conversación gira alrededor de cómo ha cambiado su vida, de sus deseos de ser los de antes, de por qué lo hicieron. Es dejar ir series de televisión, así como es difícil dejar de ver a los amigos. A veces la televisión es la única forma en la que tuve, y tengo, de hacer relaciones. Ya lo dijo DFW: la televisión atrae a las personas solas que no pueden aguantar las relaciones sociales por la dificultad que estas conllevan. Es mejor la comunicación lineal, pensar que todos somos historias, que las decisiones de las personas que quieres tienen sentido. También es la razón por la que mis amistades casi siempre están ligadas a los videojuegos, a la literatura o a la televisión: me resulta más fácil hablar de mis sentimientos cuando lo hago a través de la ficción. Y por lo mismo, aunque Community no sea la misma que conocí, no significa que sea mala o que sea una carga. Sigo viendo Community, y lo seguiré haciendo, porque le tengo cariño, porque más allá de sus decisiones, nos encontramos en un punto de nuestras vidas en la que ambos nos necesitábamos. Sigo viendo Community porque, en fin, la televisión tiene consecuencias emocionales en cada uno de nosotros. La televisión se trata sobre crecer y avanzar y recordar. Lo importante es reconocer el final y revisitarla de vez en cuando. Sonreír y esperar que algo nuevo pase. Quizá sea hora, como dice Abed, de dejar de vivir con la esperanza de un six seasons and a movie porque es mucha presión, porque las amistades tienen etapas y aferrarse para que el fin no suceda no sólo es egoísta, es también una mala decisión creativa. Si este es el final deCommunity, no puedo pedir algo mejor. Y si no, esperaré el reencuentro con ansias. Así son los amigos.
“Loose seal! Watch out for loose seal!”