Querido Mario S;
Por un momento creí haber encontrado, no todo pero si mucho. Encontré en ti mis fantasías, mis sueños y mis locuras. Conocí de frente la felicidad de gritar en el estadio, y en los partidos de basket, de morir de sed y brindar “CHIN- CHIN” en el nombre del amor, del juego y por nosotros.
Conocí de cerca tus ronquidos que desaparecieron al tercer día justo después de haberte confesado por llamada que no podía dormir con ellos de fondo, pero tus besos reconfortan todo eso.
Tus abrazos por la noche, sentir tu piel sudando y tú aferrándote a mi. Conocí a la perfección tu aroma; tu perfume. Tu perfume combinado con tu sudor.
Tu perfume fusionado con el mío.
Tu perfume después de haber hecho el amor por la ncohe.
Tu perfume después de haber hecho el amor por la mañana, seguido de una café que me trajiste con un beso en la frente.
Te agradezco las cenas, las copas de vino, los menús que leímos una y otra vez para que al final me dejarás escoger las entradas y los postres, porque confiabas en mi más de lo que imaginabas. Por esperar a que terminara mi postre que se volvió mi favorito. Por detener el carro cuando necesitaba un abrazo.
Y también por nunca decirme te quiero, por no permanecer más tiempo a mi lado, por no hacer los viajes que teníamos planeados entre cada cena, por no irme a salvar a Tula, ya que jurabas entre besos que te echaría de menos si un fin de semana no estaba contigo.













