“Donde hay educación, no hay distinción de clases. Confucio”
— Con buena base, mucho esfuerzo y constancia… el mundo está a tus pies C:
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“Donde hay educación, no hay distinción de clases. Confucio”
— Con buena base, mucho esfuerzo y constancia… el mundo está a tus pies C:
“Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio”
— Confucio (via megasam-blr)
“No vemos las cosas tal como son, sino tal como somos”
El Talmud
¿Dios o buscar a Dios? | Parte 2 | El Yo y el Ego. El engaño de la iluminación
Sólo el ego busca la iluminación, decíamos. Iluminación, Nirvana, Liberación, Éxtasis, Culminación, etc., son ideas y búsquedas y estas sólo caben en una mente humana. Quien se ilumina, se engaña; saber que se está iluminado es la trampa.
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“He aprendido que la calma es mucho más inquietante de la ira, que una sonrisa desarma mucho más de un rostro arrugado, he aprendido que el silencio de frente a una ofensa es un grito que hace temblar la tierra.” (Confucio)
“Nunca encontraremos un sustituto, después de una pérdida. No importa lo que quizá llene ese vacío, incluso si es llenado completamente, a pesar de eso permanece algo más. Y de hecho, así es como debe ser, es la única forma de perpetuar ese amor al cual no queremos renunciar.”
— Sigmund Freud
“…a mí me gusta la vida, ésa es mi verdadera felicidad. Me gusta tanto que no tengo ninguna imaginación para todo lo que no sea de ella”
— Albert Camus, La caída
“Aquellos que son capaces de ver más allá de las sombras y las mentiras de su cultura nunca serán comprendidos, menos aún creídos, por las masas.”
— Platón
LA PARADOJA GRIEGA: PLATÓN O LA MUERTE DE LA FILOSOFÍA.
Lejos de ser el pilar inicial de la Filosofía, como la academia se empeña en repetirnos, Platón supone una profunda perversión del gesto, radicalmente materialista, con el que nace el pensamiento filosófico, dando origen a una especie de teología vergonzante que se impuso durante siglos en el pensamiento occidental.
Grecia y Filosofía parecen ser dos palabras que se pronuncian al unísono y que atesoran una misma historia. Nuestra mirada, quizá cargada de eurocentrismo, ha hecho de Grecia la cuna de la Filosofía y ha querido ver en su territorio las huellas fundacionales del pensamiento racional, que, de un modo un tanto precipitado y simple, asimilamos con el discurso filosófico. Entre las diferentes hipótesis explicativas del porqué de ese surgimiento de la Filosofía en un territorio cultural, más que geográfico, tan acotado, y más allá de desafortunadas expresiones como la de “milagro griego” acuñada por Nestle, hay una que nos parece especialmente significativa y relevante: aquella que entiende que es la ausencia de una casta sacerdotal y de textos sagrados canónicos la que posibilita el libre ejercicio del pensamiento. A diferencia de otras sociedades de su entorno y época, Grecia está libre de las constricciones que la existencia de un sistema religioso institucionalizado establece sobre el pensamiento.
Y, ciertamente, el nacimiento de la Filosofía viene presidido por una acusada voluntad de inmanencia en la que el análisis de la Naturaleza, del cosmos en su conjunto, pretende ser realizado desde el interior de esa misma Naturaleza, sin necesidad de acudir a instancias transcendentes para su explicación. De hecho, la distancia que separa al mito del logos es la que existe entre una explicación transcendente de lo real, en la que la presencia de los dioses resulta fundamental para explicar cualquier acontecimiento social o natural, y otra inmanente, en la que las causas del acontecer se buscan en las propias dinámicas naturales y/o sociales.
Como he escrito en algún otro lugar, la Filosofía surge rescatando al cosmos de las garras de los dioses. En las filosofías presocráticas, la presencia y papel de las divinidades resulta muy acotada, hasta el punto de que, por ejemplo, Gustavo Bueno entiende que en el primero de los presocráticos, Tales de Mileto, podemos encontrar las huellas de un incipiente ateísmo, que luego se hará más evidente en otros pensadores griegos. Puede decirse que la inicial filosofía griega manifiesta unos acusados trazos materialistas o, por expresarlo de otro modo, que la nota específica de esa filosofía originaria es la ausencia de rasgos transcendentes religiosos. Rasgos que se empeña, más bien, en combatir.
Y en eso llegó Platón. Si la Filosofía había nacido en estrecho vínculo con la polis y con su proceso de democratización, la máquina socrático-platónica emprende, en un contexto de guerra abierta entre democracia y aristocracia, una amplia tarea de retranscendentalización del pensamiento que va a pervertir y subvertir la inicial orientación de la Filosofía y va a marcar una huella indeleble en el futuro desarrollo del pensamiento occidental. En cierto modo, Platón va a corregir la anomalía griega de la mencionada ausencia de un cuerpo sacerdotal y un texto sagrado y va a convertir su filosofía en el instrumento para la hegemonía de un pensamiento sustentado en la transcendencia y de fuerte impronta aristocrática. La virulencia del momento, el final del siglo V a.C., en plena Guerra del Peloponeso y con la aristocracia ateniense, de la que Platón formaba parte, haciendo labores quintacolumnistas en la propia Atenas en favor de la aristocrática Esparta, queda atestiguada por el juramento que pronunciaban los jóvenes aristócratas y en el que se decía textualmente: “Me enfrentaré siempre al pueblo y maquinaré contra él todos los males que pueda”. El golpe de Estado aristocrático de 411 y la ola de terror consiguiente es la deriva práctica de dicho juramento. Los jóvenes demócratas, por su parte, juraban del siguiente tenor: “Daré muerte con la palabra, la acción, el voto y con mi misma mano, si me fuera posible, a quien haya derrocado la democracia en Atenas”. No cabe duda, por tanto, del ambiente de extrema tensión política en el que se gesta el discurso platónico.
A pesar de que el pensamiento académico ha intentado, exitosamente, desvincular la posición teórica de Platón de su orientación política para, de ese modo, ocultar sus implicaciones, resulta bastante claro que el conjunto del corpus teórico platónico se sustenta en, y sustenta, una posición política fuertemente reaccionaria y antidemocrática. La cosmología platónica recogida en El Político puede ser leída como una metáfora de la evolución de la sociedad: en un principio, es el paciente modelado del demiurgo el que consigue convertir el caos en cosmos; pero la realidad, dejada a su propio proceso, desemboca de nuevo en el caos, que solo podrá ser revertido con una nueva intervención del demiurgo. No hace falta demasiada imaginación para escuchar la añoranza de los buenos viejos tiempos, y entender bajo el argumento cosmológico una argumentación netamente política en la que la aristocracia se presenta como garante de un orden social que luego será pervertido por el caos democrático y que solo la nueva intervención de la aristocracia podrá restituir. El trabajo de la transcendencia para territorializar el mundo de la inmanencia es, sin duda, una seña de identidad de la ontología platónica. Por otro lado, las similitudes que podemos encontrar en la descripción del nuevo rico en La República con el retrato homérico de Tersites en la Ilíada también apuntan en esa dirección de crítica de la democracia y del demos que atraviesa la propuesta socrático-platónica.
El ejercicio de retranscendentalización aplicado por Platón no solo pervierte la inicial orientación de la Filosofía, sino que condiciona su posterior desarrollo para convertirla, durante siglos, en una especie de Teología vergonzante. No se equivoca Whitehead cuando entiende la filosofía occidental como una nota a pie de página de la filosofía platónica. La filosofía dominante, cabría precisar, frente a esa corriente subterránea del materialismo de la que nos habla Althusser. Durante siglos, en abierta oposición a lo que había ocurrido en los albores del pensamiento filosófico, la filosofía dominante ha consistido en la reiteración de un gesto de marcado carácter transcendente en el que la realidad material resultaba menospreciada en beneficio de, como decía Nietzsche, “trasmundos inventados”, fruto de una imaginación de evidentes tintes religiosos. Calenturienta imaginación, que concede mayor crédito ontológico a formas inmateriales que al mundo que huellan los propios pies y que ha hecho que la reflexión filosófica haya cerrado los ojos a buena parte de la realidad para ajustarla a moldes ontológicos transcendentes.
Visto desde esta perspectiva, Platón, lejos de ser el impulso inicial del pensamiento filosófico -categoría que le hace ser comienzo obligado de toda Historia de la Filosofía, incluso de las que se nos ofertan por entregas en los quioscos- debe ser leído como un instrumento de sometimiento de la anomalía griega, de un pensar que, en sus inicios, se quiere libre de toda dimensión transcendente. Estrategia de pensamiento, sí, pero también estrategia política, en la que la inmanencia democrática es enterrada por la transcendencia aristocrática. Quizá eso, entre otras cosas, explique la desaparición durante siglos y siglos de la democracia del horizonte político y de pensamiento occidental.
Paradoja griega, por tanto, pues la geografía que ve nacer la Filosofía bajo la forma de la inmanencia y en estrecho vínculo con la política y el proceso democrático que acompaña a la ciudad, es testigo también de la victoria, teórica y política, del platonismo, que institucionaliza para los siglos venideros una forma de entender la filosofía que nada tiene que ver con esa ausencia de constricciones religiosas que habíamos apuntado como condición de posibilidad de nacimiento del discurso filosófico. ¿Acaso no podría argumentarse que Platón supone, en realidad, una primera muerte, por asesinato, de la Filosofía?
“Llámenme anticuado pero aún creo en las miradas profundas, aún creo en los besos con dulzura, aún creo en las cartas que al leerlas enrojecen mejillas, aún creo en las relaciones que duran toda una existencia. Llámenme anticuado pero aún creo en el amor…”
Perdóname por confundir las cosas por no entender que un beso algunas veces solo es eso que una caricia no significa nada perdóname por ver amor donde no hay rastro de su existencia.
Origen de la palabra
OK: Durante la guerra civil en Estados Unidos, cuando regresaban las tropas a sus cuarteles sin tener ninguna baja, ponían en una gran pizarra ‘0 Killed’ (cero muertos). De ahí proviene la expresión 'O.K.’ para decir que todo esta bien.
“EL ANCIANO Y LA MUERTE. Al margen de los preceptos de la religión, podemos preguntarnos: ¿ porqué para un hombre viejo, que siente como se debilitan sus fuerzas, podría ser más dignó esperar a que se operé su paulatino agotamiento y derrumbamiento que poner un límite deliberadamente ? El suicidio es, en este caso, un acto natural y plausible que, como triunfó de la razón, debería suscitar respeto; y lo ha suscitado en los tiempos en que las grandes figuras de la filosofía griega y en los más egregios patriotas romanos solían apelar al suicidio. es mucho menos respetable el afán de prolongar penosamente su existencia día tras día en sobresaltada consulta con médicos y observando un régimen meticuloso, sin fuerzas para aproximarse a la meta de la vida. Las religiones abundan en subterfugios ante el postulado del suicidio; así se congracian con los que están enamorados de la vida.”
— Friedrich Nietzsche- Humano, Demasiado humano (1878)
Friedrich Wilhelm Nietzsche (1844-1900) - Obras
“Friedrich Nietzsche es seguramente el más polémico de los filósofos. Nadie como él es capaz de ganarse una admiración tan apasionada y, al mismo tiempo, despertar tanto rechazo. Se puede decir, tomando prestado el subtítulo de Así habló Zaratustra, que es un filósofo «para todos y para nadie». En su casi siglo y medio de historia, las ideas nietzscheanas (subversivas, reaccionarias, elitistas, esteticistas, antisemitas, misóginas, anarquistas, irracionalistas, emancipadoras… por citar algunos de los calificativos que han recibido) se han defendido y atacado desde posicionamientos muy diversos, a menudo contradictorios entre sí. Semejante disparidad en la recepción indica un pensamiento escurridizo, como si compartiera las raras cualidades de un animal que no se deja apresar. ¿De qué modo debemos, pues, acercarnos a Nietzsche? ¿Cómo hay que leer al crítico más radical y despiadado de la filosofía, la ciencia, la religión y la moral tal y como las conocemos? ¿Con qué actitud abordar un filósofo tan incómodo, que fue, además, un filólogo insólito, un psicólogo sutil y, por encima de todo, un grandísimo escritor?“ Obras de Friedrich Nietzsche Enlace [PDF]: F. Nietzsche - De mi vida. Escritos autobiográficos de juventud (1856-1869) Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Obras Completas (Vol. I). Escritos de juventud Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Homero y la filología clásica Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Antología sobre Grecia Enlace [PDF]: F. Nietzsche - El nacimiento de la tragedia Enlace [EPUB]: F. Nietzsche - El nacimiento de la tragedia Enlace [PDF]: F. Nietzsche - El origen de la tragedia Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Sobre el porvenir de nuestras escuelas Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Cinco prefacios para cinco libros no-escritos Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Escritos sobre retórica Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Sobre verdad y mentira en sentido extramoral Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Sobre verdad y mentira en sentido extramoral Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Sobre verdad y mentira en sentido extramoral Enlace [PDF]: F. Nietzsche - El libro del fílósofo Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Consideraciones intempestivas Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Consideraciones Intempestivas I. David Strauss, el confesor y el escritor Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Consideraciones intempestivas, II. Sobre la utilidad y el perjuicio de la historia para la vida Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Consideraciones intempestivas, II. Sobre la utilidad y el perjuicio de la historia para la vida Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Consideraciones intempestivas, III. Schopenhauer como educador Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Consideraciones intempestivas, IV. Richard Wagner en Bayreuth Enlace [PDF]: F. Nietzsche - La filosofía en la época trágica de los griegos Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Los filósofos preplatónicos Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Humano, demasiado humano Enlace [EPUB]: F. Nietzsche - Humano, demasiado humano Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Humano, demasiado humano (Vol. I) Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Humano, demasiado humano (Vol. II) Enlace [PDF]: F. Nietzsche - El caminante y su sombra Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Aurora Enlace [EPUB]: F. Nietzsche - Aurora Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Aurora Enlace [PDF]: F. Nietzsche - La gaya ciencia Enlace [EPUB]: F. Nietzsche - La gaya ciencia Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Así habló Zaratustra Enlace [EPUB]: F. Nietzsche - Así habló Zaratustra Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Más allá del bien y del mal Enlace [EPUB]: F. Nietzsche - Más allá del bien y del mal Enlace [PDF]: F. Nietzsche - La genealogía de la moral Enlace [EPUB]: F. Nietzsche - La genealogía de la moral Enlace [PDF]: F. Nietzsche - La genealogía de la moral Enlace [PDF]: F. Nietzsche - El anticristo Enlace [EPUB]: F. Nietzsche - El anticristo Enlace [PDF]: F. Nietzsche - El caso Wagner Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Crepúsculo de los ídolos Enlace [EPUB]: F. Nietzsche - Crepúsculo de los ídolos Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Crepúsculo de los ídolos Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Ecce homo Enlace [EPUB]: F. Nietzsche - Ecce homo Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Nietzsche contra Wagner Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Ditirambos dionisíacos Enlace [EPUB]: F. Nietzsche - Ditirambos dionisíacos Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Aforismos Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Poemas Enlace [EPUB]: F. Nietzsche - Poemas Enlace [PDF]: F. Nietzsche - La voluntad de poder Enlace [PDF]: F. Nietzsche - La voluntad de poder Enlace [PDF]: F. Nietzsche - La voluntad de dominio Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Fragmentos póstumos (Vol. I) Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Fragmentos póstumos (Vol. II) Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Fragmentos póstumos (Vol. III) Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Fragmentos póstumos (Vol. IV) Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Correspondencia (Vol. I) Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Correspondencia (Vol. II) Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Correspondencia (Vol. III) Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Correspondencia (Vol. IV) Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Correspondencia (Vol. V) Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Correspondencia (Vol. VI) Enlace [PDF]: F. Nietzsche - Correspondencia