Frío, un año de sucesos y cálidos momentos, pero sigo sintiéndome frío, tal vez siempre estoy esperando que algo increíble me pase, pero no hago nada, no lo busco, sólo espero.
Ese es mi error y yo mismo me he puesto en esa situación.
Invierno, es viernes y voy a ir este fin a acampar con un grupo de amigos. Llega la noche y tomamos el rumbo, nos encontramos en una vieja camioneta, todos platican, mientras yo sólo intento dejar de pensar en mis locuras, pero no puedo, un accidente nos retrasa y provoca que por cuestiones climatológicas no lleguemos esta noche a nuestro destino, tenemos que hospedarnos en un pequeño hostal apartado, en el km 57.
Pedimos dos habitaciones, me recuesto en una cama, que molesto es este olor y el polvo entra en mis fosas nasales cada vez que inhalo aire, aun así intento dormir, de pronto escucho demasiados ruidos y me doy cuenta que mis amigos compraron un par de botellas, yo estoy malhumorado y salgo a la carretera a caminar, llego a una desviación, a lo lejos se ven varias luces, me acerco y me encuentro con un pequeño pueblo, yo sólo pienso en un café. Que vacío se encuentra todo, entro a una vieja cafetería y lo pido sin azúcar. Estoy un poco deprimido sin razón alguna, navegando en mis pensamientos más crueles. Escucho abrirse la puerta, percibo pequeños pasos acercándose, una mujer sin decir nada se sienta frente a mí, ya la había visto en algún momento pero no recuerdo donde, prende un cigarrillo y me mira fijamente, no sé qué hacer, así que sólo sigo tomando mi café, puedo observar su persona desaliñada, su maquillaje disparejo, su cabello maltratado, botas largas color café, chaqueta de mezclilla y un vestido negro, ciertamente es muy hermosa. No puedo evitar observar cada detalle, mientras ella enciende otro cigarrillo y me sigue mirando fijamente. Me incomodo un poco, así que pido la cuenta y me marcho, camino de regreso, ya es de madrugada, acelero el paso, pero me llevo una gran sorpresa, paso el km 57 y no hay nada, parecía como si aquel hostal hubiera desaparecido, recorro mis bolsillos y me doy cuenta que no traigo mi móvil. Empiezo a sentir desesperación así que corro en dirección al pequeño pueblo, corro durante una hora pero no hay nada. Llego a una zona boscosa, siento que mi mente va explotar en cualquier instante, me adentro en el bosque y encuentro una cabaña, toco puertas y ventanas pero parece que no vive nadie ahí desde hace mucho tiempo, doy la vuelta y de pronto escucho una vieja puerta rechinar, volteo poco a poco y una persona sale lentamente de la cabaña. No tardo en percatarme que se trata de la misma mujer que había visto hace horas en la cafetería. Me invita a pasar, tengo miedo, pero sé que no sobreviviría una noche solo en él bosque.
Casi no tiene pertenencias, un par de muebles viejos y un colchón con sábanas blancas en frente de una hipnotizante fogata. Tímidamente me acerco a la fogata, ella también lo hace y sin darme cuenta ya no tengo ropa, volteo la mirada y ella tampoco tiene, su cuerpo se me hace familiar, recorro su piel con mis manos y reconozco cada rincón, un par de lunares en su espalda baja confirman que ya había estado con esta mujer, pero no recuerdo donde. Durante horas calentamos aun más la fogata, siento como nuestras mentes se hacen una, la conexión de nuestras almas parece ser eterna, después del increíble suceso terminamos abrazados el resto de la noche. Dormí como hace mucho no lo había hecho. Al abrir los ojos, veo una lámpara vieja y otra vez percibo un olor desagradable, me llevo una gran desilusión, ya no me encuentro en la cabaña, estoy de vuelta en el hostal. Escucho las voces de mis amigos, apresurándome, ya es hora de ir a acampar. Me cuesta un par de minutos resignarme a que todo fue un sueño. Nos subimos a la camioneta y retomamos el viaje, todo el camino estoy pensando en la mujer de mis sueños, mis amigos siguen platicando de cosas banales, se despeja el cielo y el Sol comienza a brillar como nunca antes. En una pronunciada curva aparece un ciervo, justo a la mitad de la carretera, mi amigo intenta esquivarlo y lo logra, pero fue la peor decisión ya que pierde el control y la camioneta se dirige hacia un precipicio del cual ya no hay regreso. Escucho gritos, mientras yo siento una tranquilidad extraña y una sonrisa se forma en mi rostro. Me preparo para el final mientras cierro los ojos e inhalo profundamente. Siento un dolor agudo en mi cabeza, por un par de segundos todo es oscuridad, pero mi mente sigue intacta.
Abro los ojos y me encuentro en una habitación, acostado en una cama, sobre unas suaves sábanas blancas, al voltear mi cabeza, ahí está ella, la mujer de mis sueños, me mira fijamente, con una hermosa sonrisa pintada en su rostro. De repente a mi mente viene la visión del accidente en la camioneta, cómo mi vida había acabado. ¿Estoy en un sueño profundo o donde me encuentro? Me lleno de consternación por varios minutos, de pronto la delicada mano de esta hermosa mujer recorre mi rostro y toda la confusión se va. Me doy cuenta que mi vida no había llegado a su fin, sino que nunca tuvo un inicio, nunca fue mi vida, nunca me había pertenecido. Me pongo de pie y me acerco a la ventana, un gran Sol color violeta ilumina un campo rojo, con un enorme lago azul en el centro. En mi ser solo hay paz y siento la mano de ella ajustándose perfectamente a la mía. Volteo la mirada, ella sigue sonriendo, exhalo y una gran sonrisa se dibuja en mi, mientras veo su hermoso rostro, sé que por fin estoy en el lugar que siempre anhelé, me encuentro en mi propia realidad, este invierno que durará para siempre, una realidad eterna.
-Josué Cabrera