En circunstancias tan graves, un bootcamp de programación, como remanente de un breve período de tecnooptimismo en Afganistán, puede parecer fuera de lugar. Pero para sus participantes, ofrece la esperanza de un futuro mejor, aunque aún está por verse si es posible ese futuro en Afganistán.
Un 'bootcamp' incentiva la formación entre las mujeres, que tienen vetado el acceso a la educación superior presencial.














