( * // kurt. )
—Sí, claro, lo esperaré —respondió moviendo la mano para quitarle importancia. No se preocupaba por lo que fuera a hacer Juniper porque lo que hizo no fue tan terrible. Una pequeña nalgada, ni siquiera debió doler. Frunció el ceño—. ¿Tienes perro? —Sabía tan poco de la castaña que algunas veces le parecía impresionante lo malo que era para hablar con las personas. Es decir, la primera vez que salieron juntos, que fue un encuentro por demás de casual, pasaron toda la noche en el bar que poseía Kurt… Pero, claro, el alcohol había bloqueado su cabeza totalmente esa noche. La mesera irrumpió en la escena; una chica conocida, alta y con un frente bastante exuberante que al millonario no le pasó desapercibido, y que lo hizo sonreír—. ¿Cómo estás, Sabrina? Hace tiempo que no te veía. —Y ahora, quizás sin notarlo o quizás con toda la intención, dejó a su acompañante en segundo plano.
—Ajá, es un puddle que recogí de... —no bien comenzó a contarle con mucho entusiasmo sobre los detalles de su mundana vida, Juniper tuvo que poner un alto a su oración y contemplar como, de un instante a otro, su acompañante parecía olvidarse de lleno sobre su existencia. Y para una hija única que pasó sus años de secundaria en la cúspide de la pirámide, no ser el foco de atención podía ser, en sus clásicos y burdos términos, una verdadera patada en el culo. Sin embargo, y luego de esperar a que la supuesta ‘Sabrina’ respondiera como era debido, se entrometió sin previo aviso en la conversación y tomó su mano con delicadeza, marcando así el inicio de su presentación. —Me temo que no nos conocemos: Soy Juniper Griffin, amiga de Kurt. Un placer —le sonrió coqueta y artificialmente a la atractiva mujer.














