jayejn:
Había reconocido a la figura comelona hace bastante, cuando se sentó en una silla de playa con un algodón de azúcar muy cerca de ahí. No obstante, no había reunido la valentía para dirigirle la palabra—¿debía hacerlo? ¿seria sabio? ¿lo enviaría a freír bananas al áfrica? preguntas importantes—no hasta que escuchó la brutal respuesta que le entregó a un niño pequeño. Jaye sintió como su estómago se revolvió y, pese a su mal presentimiento y sus inexistentes ganas de bañarse, se acercó a Jasper y tomó asiento a su lado. “¿No crees… Que fuiste un poco duro?” preguntó, chapoteando perezosamente sus pies.
No fue solo sorprendido por la presencia de alguien más, sino por quien era y el hecho de que le estuviera dirigiendo la palabra. ¿Hace cuanto que no hablaban? El rubio había perdido ya la cuenta. Al escuchar su pregunta se giró hacia el, dirigiéndole una mirada de ‘¿hablas en serio?’ porque para el joven Signorét no había nada de malo en su respuesta. Ellos tenían la culpa por meterse en los asuntos de un Jasper hambriento. “¿Porque dices eso?” preguntó en su lugar, “No es como si le hubiese mentido o algo. Además, si le hubiera dicho que tengo dos papás probablemente hubiera salido corriendo más rápido.” comentó lo ultimo con cierta diversión, tratando de que la situación no fuese tan incomoda.














