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@kaiaklng
—A ver, intenta imitarme, vamos, te reto.— Con unos movimientos divertidos se deslizaba con sus patines de reversa mientras hacía poses fantoches. —Seguro no lo log…— Su sentencia fue interrumpida al sentir un cuerpo chocar contra el provocandole azotar en el piso de manera sonora. —Ayuda.— Se quejó con un tono perezoso mientras esperaba que su amigo/a viniera para poder socorrerle.
Una sonora carcajada salió de por entre sus labios sin aviso alguno, agradeciéndole internamente a la persona que había hecho que Eirken perdiese el equilibrio y azotase así en el piso—. Te lo mereces por fanfarrón —se encogió de hombros, acercándose a él torpemente, pues aún no dominaba aquello de los patines—. ¿Y qué si no quiero ayudarte? —arqueó una de sus cejas, bajando su mirada para poder mirarlo mejor.
— ¿Sabes que sería de gran ayuda? Que me hicieras un sandwich. Así no te aburres, yo me alimento, termino con el entrenamiento, y todos somos felices— propuso con una media sonrisa hacia la silueta que se encontraba observándolo hace ya un buen par de minutos. Aclaró la voz, y antes de dejar la raqueta de tenis en el suelo, añadió: — Juro que te compensaré después.
—¿Quieres morir intoxicado? Entonces con mucho gusto lo haré —asintió con su cabeza, levantándose de una vez por todas de la banca en la que había estado sentada por un buen rato—. Te puedo traer uno de las máquinas expendedoras, es lo único que puedo hacer —había visto una en la entrada del centro deportivo en el que estaban, por lo que no tenía problema alguno en ir y buscarle algo de tomar, y quizá algo de tomar para ella—. Sólo una pregunta, ¿en serio tenías que usar esos shorts anaranjados? Son ridículos —bromeó sonriente.
heartache; kaia & shane
smikaels0n:
Su mirada sostuvo la ajena mientras pudo y escuchó con atención las débiles palabras que iban saliendo de la boca de su amada. Sus labios se separaron ligeramente, entreabriéndose con sorpresa. La soltó lentamente y se quedó observándola. Vio como se cubría el rostro, pero no sabía que decir. Sabía perfectamente de lo que hablaba. Nunca se lo informó directamente, pero el muchacho se había dado cuenta por su parte. Sabía que algo pasaba con ella. Estaba enterado del famoso retraso al que todas las chicas de ese rango de edad solían temerle. Había notado el repentino y excesivo cansancio que se apoderaba de su cuerpo, los dolores de cabeza, las náuseas, todos esos síntomas que no se podían referir a algo más que a un embarazo. A pesar de que apenas iba a alcanzar los veintidós años y que Kaia era un año menor aún, no pudo evitar que esas sospechas lo llenaran de alegría y regocijo. Eran muy jóvenes, claro que si. Pero el hecho de que una parte de él fuera a ser concebida por la mujer de sus sueños hacía que cualquier problema u obstáculo se volviese increíblemente pequeño comparado con su felicidad. ¿Quién no estaría feliz de formar una familia con esa persona que amaba con locura? Pero claro, la felicidad no forma parte de éste cuento, pues aquellas palabras destruyeron la única ilusión que quedaba en él. Sintió como los pedazos de su corazón dolían. Todos y cada uno.— ¿Por qué nunca me dijiste, Kaia? —Preguntó, dolido y con los ojos aguados.— Mírame —Le pidió, tomando su mentón con suavidad para que lo mirara a los ojos. Se quedó en silencio, tratando de hundirse en aquél azul y así descifrar lo que la menor pensaba, pero no lo lograba por más que lo intentaba. Negó suavemente con la cabeza. Era demasiado, tantas emociones mezcladas estaban lastimando demasiado a ambos.— ¿Por qué me lo ocultaste? Tenía derecho a saberlo. No sabes lo feliz que me hubiera hecho escucharte decir… —Se detuvo, y bajó la mirada un momento. En ese momento no se atrevería a mencionar aquellas palabras. No con todo lo que estaba sucediendo. Simplemente se acercó a ella y la rodeó con sus brazos sin importarle nada más. Sabía que lo que ella necesitaba más que nunca era apoyo. Y él no había estado para brindárselo. Le dolía y le daba rabia la situación que se había presentado y cómo lo había hecho. Había perdido al amor de su vida y al ser que se había comenzado a formar gracias al amor y deseo que se tenían, y bueno, a algún pequeño descuido del que sin duda no se hubiera arrepentido después.— Lo siento tanto, mi vida. Perdóname. —Murmuró a la altura de su oído, con la voz rota.— No es culpa tuya. Debí estar ahí, debí estar contigo —Continuó con sumo arrepentimiento en su voz, y antes de incomodar a la joven se apartó lentamente para mirarla a los ojos. No estaba listo para decirle adiós, nunca iba a estarlo. Respiró profundamente, tratando de parar su desesperación y se permitió perderse nuevamente en los ojos de la contraria. Cuánto iba a extrañar despertar y ver aquella cara de ángel bajo los primeros rayos del sol colándose por la ventana. Cuánto iba a extrañar verla pasearse por la casa con tan solo una de sus enormes playeras que incluso le sentaban mejor a ella que a él mismo. Cuánto iba a extrañar su aroma impregnado en sus prendas, en los muebles, en la cama, en su hogar. Cómo iban a hacerle falta sus besos, sus abrazos, sus caricias, su amor. Pensar que tenía que despedirse de todo eso le provocaba un vacío interno que ya no podía soportar.— Estoy aquí para ti, preciosa. Sé que ya no quieres nada de mi pero… —Se relamió los labios antes de continuar con voz firme.— Siento esa pérdida tanto como tú. Siento no haber estado ahí. Siento todo ésto, porque te amo. Y si pudiera regresar el tiempo y hacer las cosas bien, claro que lo haría —
No podía mirarlo a los ojos sin sentirse profundamente culpable, porque por más que hubiese tratado de convencerse a sí misma toda la noche que no era responsable de lo sucedido y sólo se le había ido de las manos, él tenía razón. Shane estaba en todo su derecho de saber que iba a convertirse en padre, sin embargo, sus inseguridades y temores jugaron en su contra, planteándole mil y un interrogantes en su cabeza acerca de qué le sucedería después de tener al bebé. Su carrera se estancaría por un tiempo y justo en ese momento se sentía en el clímax de ésta, fue por ello por lo que tardó en decidir en si decirle o no al respecto. Pero ahora ya no había porqué preocuparse, no debía de tomar decisión alguna acerca del tema, porque simplemente aquel que había llamado problema semanas atrás se había esfumado—. ¿Escucharme decir que estaba embarazada? —remarcó la penúltima palabra, haciendo énfasis, por más que le doliera terminar la frase del rubio—. Bueno, ahora ya no importa —logró decir antes de que él la envolviera con sus brazos, y lo dejó hacerlo, aunque sin corresponder el agarre. Sólo se permitió posar su barbilla sobre el hombro ajeno, y el estar tan cerca hizo que la típica colonia de Shane penetrara sus fosas nasales, probablemente, por última vez. En ese instante se dio cuenta de todo lo que estaba a punto de perder: el futuro que tanto había esperado a lado de quien ella juraba que era su alma gemela. Seguramente se mudaría del apartamento, pues le sería imposible seguir viviendo en tal lugar con los constantes recordatorios de los buenos ratos que ambos pasaron en éste. Estaba la pared que Shane había pintado sólo porque Kaia lo había retado a hacerlo, aunque había terminado por arrepentirse, ya que resultó que a su prometido no le iba bien la pintura. También estaba el cuarto de huéspedes, que solían adaptar como el cuarto principal en verano porque les parecía más fresco que el otro. Sin mencionar que ya no iba a ser capaz de salir al balcón, pues recordaría de inmediato las veces que ella y él se levantaban en la madrugada sólo para apreciar lo bello que podía ser el amanecer. Quedarse a vivir ahí iba a resultar un martirio constante que no estaba dispuesta a soportar—. Te perdono —murmuró tallando sus hinchados ojos rojos por tanto llorar—. No quiero que vivas amargado el resto de tu vida —a Kaia le habían enseñado desde pequeña a perdonar, lo cual jamás se le había hecho complicado hasta ahora. De verdad le costó decir esas palabras, tenía un duelo dentro de su cabeza, pero al final su amor a todos los buenos momentos que él le brindó fue mucho más grande que el resentimiento que tenía—. No hay nada que puedas hacer para cambiar el pasado, es ridículo que siquiera pienses en eso, ahora sólo queda vivir con ello —bajó su mirada hasta su mano izquierda, notando de inmediato la ausencia de la argolla que alguna vez significó el mundo entero para ella y ese día lo había lanzado como si jamás le hubiese importado—. Lo mejor es tomar caminos separados, por el bien de ambos.
Broken-Hearted Girl — Beyoncé
Asintió satisfecho a la respuesta de la rubia y mordió su labio inferior guardándolo completamente en su boca, lo soltó de manera rápida para hablar y sonrió con una ceja arqueada. —Oh-oh, yo creo que así yo podría enseñarte algo, más bien.— Mencionó con un tono algo burlón, presionando más su cuerpo con el delgado torso contrario.
Aquel último movimiento por parte de él sin duda causó una sensación eléctrica en ella, y si no hubiera sido porque sintió las miradas de las personas a su alrededor, quizá hasta le hubiese seguido el juego—. No lo creo, se supone que ésta noche soy yo la maestra —sus manos se posaron en el pecho del muchacho, separándolo un poco de ella—. Así que más vale que me obedezcas o tendré que pedirle a uno de los guardias que te patee el trasero de mi parte.
w.d.y.w.f.m.? | the foxz
—Mi agenda esta siempre abierta cuando se trata de ti.— Arremetió con el mismo tono de la rubia. Sonrió divertido por la situación cuando la chica se plantó detrás y sus brazos trataron de rodearle, dándose la vuelta para tenerle frente a frente la miró a los ojos. —¿Qué tal de esta manera? ¿Más cómodo, eh?— Tomando los brazos contrarios los guió hasta su nuca y después bajo los suyos hasta la delicada cintura de la chica.
Trató de ignorar el primer comentario que hizo para no sonrojarse, sin embargo, cuando él se dio la vuelta y lo tuvo tan cerca, le fue imposible tener el control de sus encendidas mejillas—. Mhm, lo es —logró decir tras aclarar su garganta y acomodarse a la nueva posición que el muchacho demandó—. Aunque dudo que así pueda enseñarte algo.
Le sonrío travieso mientras la rubia le hacía tal propuesta, remojando sus labios alzó sus brazos poniéndolos en su cabeza. —Pues adelante, entonces.— Sonrió coqueto. —Aunque debo decirte que esto puede tardar toda la noche, quien sabe, tal vez incluso tengamos que tomar clases en casa.— Se encogió de hombros fingiendo inocencia mientras musitaba sus palabras.
— Creo que puedo hace un espacio en mi apretada agenda para nuestras prácticas exhaustivas —asintió con su cabeza, frunciendo ligeramente el ceño como si de verdad estuviera planteándose la idea en su cabeza—. Para empezar, sostienes mal el taco —le dijo posicionándose detrás de él, tratando de tener control de los brazos ajenos, lo cual fue en vano, ya que era mucho más baja que él—. Demonios, ¿quién te manda ser tan alto?
—Espera un momento. No cantes victoria aún.— Mofándose y tomando un taco de billar se aproximó a la mesa y calculando por unos momentos hizo su tiró, el cigarillo estaba por terminarse y la colilla amenazaba con tocar sus labios que temblaban invisiblemente para el acompañante. —Bien, de acuerdo. Odio este juego desde hoy en adelante.— Evidentemente había fallado su tiro, lo cual le hizo arrojar el taco al suelo con irritante fuerza.
Kaia retuvo las risas que demandaban salir de por entre sus labios, sin embargo no quería hacerlo sentir peor, con las malas miradas de los demás hombres que había en el bar era suficiente—. ¿Quieres que me ponga detrás de ti para enseñarte a jugar? Algo así como en la película de Ghost —le sonrió tras guiñarle un ojo, sin poder evitar que una carcajada se escapara desde lo más profundo de su garganta.
Abrió sus brazos, sacudiendo su mano de las gotas de cerveza. Ni siquiera le respondió a lo que la chica decía. Se quedó viéndola como se alejaba. Dejó de mirar el camino recorrido y volvió su vista a la mujer en sus brazos. Frunció el entrecejo con desagrado y la soltó de repente.— ¡Puedes darme tu número luego, si quieres!— exclamó, mientras se abría paso entre la gente. Ni siquiera sabía con exactitud si luego la buscaría para tener su número. Lo único que tenía en la cabeza en aquel momento era encontrar a Kaia y hacerle pasar ese enojo que tenía. Caminó hacia una de las salidas del club y salió por ella, dando a un callejón. Miró hacia ambos lados, logrando verla caminando con pereza hasta el final que daba a la calle. Se apresuró y le tocó el hombro cuando estuvo cerca de ella.— Oye.— la llamó para que se diera vuelta.— No te enojes conmigo, fue una broma. Eres mi amiga, nunca tendría sexo contigo.— trató de excusarse. Aunque sabía que esa no era la mejor excusa ya que ellos se habían conocido en una cena de lo más romántica. Y aunque las cosas no siguieron según lo esperado… por esa razón es por la que terminaron como simples amigos. Él queriendo corromperla y ella una santa de aquellas. Se rió por sus propias palabras y por consecuencia, la risa se le fue apagando poco a poco.
Podía jurar que se le había impregnado el olor a sudor y alcohol tras haber pasado entre la multitud de personas ebrias que también la habían tratado de toquetear y unirla al baile. Estaba tan molesta al salir, que cuando sintió que alguien la tocó en el hombro por poco le lanzaba una bofetada, la cual tuvo que resistirse de darla al ver que sólo se trataba de Wyatt. Al oír su disculpa no se rió como él lo hizo, en su defecto, lanzó una clase de gruñido para alzar las manos al aire y después llevar ambas a su sien—. ¿Por qué los hombres tienen que ser tan imbéciles? —inquirió, sintiéndose sumamente frustrada por todo lo que estaba viviendo. Y aunque él no tenía la culpa de todo, tuvo la mala suerte de ocasionar la última gota que derramó el vaso—. Puedes irte con Luciana o quien sea que quieras, yo no volveré allá adentro.
heartache; kaia & shane
Se quedó atónito ante la acusación de la rubia y movió la boca para hablar, pero nada salió. No podía articular palabra. Si pensaba eso ¿Cómo iba a convencerla de lo contrario? En ese momento, sus palabras, todo lo que tuviera que decir no valían. Nada sería creíble después de haberla cagado así. Notó cómo la joven iba descendiendo hasta quedar en el suelo y dudó si acercarse o no. Escuchó sus palabras y al verla comenzar a llorar no aguantó más. Si había algo que no soportaba, era verla de aquél modo. Se había jurado a sí mismo jamás lastimarla, y encargarse de cualquiera que se atreviera a herirla de algún modo, porque era su prioridad, porque ella merecía lo mejor del mundo. Si algo quería, él se lo daba, si no existía lo inventaba y si alguien intentaba quitárselo, él se encargaba de que no pasara por nada del mundo. Sintió como si hubieran tomado su corazón y lo hubieran estrujado y pisoteado con fuerza. Esta vez las lágrimas llenaron sus ojos y ya no pudo hacer nada al respecto. Intentó contenerlas nuevamente. Le dolía en lo más profundo del alma verla así, tan rota. Y era su maldita culpa.— ¡Maldición! —Se quejó, dando un golpe a la pared con todas sus fuerzas, haciendo que sus nudillos quedaran bastante lastimados. Rojos, y podría ser que adoloridos pero en ese instante no era ese dolor el que percibía.— ¿Que si no eras suficiente? —Repitió aquella pregunta.— ¡Claro que lo eres! Eres más que eso, amor. Eres todo lo que es bueno en este maldito mundo de mierda. Yo soy el que no era suficiente para ti, pero no sabes como me he esforzado —Comenzó a hablar, llevándose las manos a la nuca e intentando conseguir una respiración normal. Había explotado. Sin rodeos, se acercó y se agachó frente a ella.— ¡Eres más de lo que yo alguna vez voy a merecer! Eres perfecta, princesa. No quiero que vuelvas a plantearte una pregunta así— Continuó, y aunque seguramente iba a recibir un manotazo, un empujón o cualquier otra cosa, se atrevió a tomar su rostro entre sus manos y limpió las lágrimas que corrían por sus mejillas.— Solo quiero que sepas que ésto no cambia nada por mi parte. Te sigo amando como lo hice desde el primer día, Kaia, eres- —Pero no pudo terminar su frase, porque escuchó lo que comenzaba a decir la menor y la observó, abriendo más los ojos con preocupación. Observó como se encogía y se veía derrotada, vacía.— ¿Q-Qué? ¿De qué hablas? —Cuestionó con un leve temblor en su voz, y se inclinó, buscando su mirada.
En ese momento sus palabras no eran más que eso para ella, simple palabrería y media que el viento podía borrar en un abrir y cerrar de ojos. Dudaba el que pudiese recobrar la confianza en él, y no había ni una pizca de remordimiento en ella por haberle lanzado el anillo, que tanto había deseado, sin siquiera pensarlo dos veces. Ya no tenía la suficiente fuerza, ni los ánimos como para alejarlo de ella cuando se acercó a limpiarle las lágrimas, por lo que simplemente se quedó ahí ligeramente temblando por el sollozar que no cesaba ni por un segundo—. Lo perdí, Shane —logró decirle, mirándolo directamente a los ojos—. Lo perdimos —añadió después de un par de segundos, para después volver a ocultar su rostro entre sus manos. Él merecía saber todo lo que ella había vivido por su propia cuenta durante las últimas tres semanas, a pesar del inmenso dolor que éste estaba provocando en ella por sus acciones anteriores. No estaba en sus planes tener un bebé tan pronto, mucho menos antes de la próxima boda, pero eso no significaba que no le lastimaba hasta las entrañas haber perdido a la pequeña creación que se había empezado a formar dentro de ella—. Es mi culpa, debí decírtelo antes —sentía que en cierta parte merecía todo lo que le estaba pasando por no haberle contado a su en ese entonces prometido que esperaba a un bebé. Pero cuando se enteró se bloqueó por completo pues no se sentía preparada para ello y ahora que aquel diminuto rayo de sol se había apagado por completo, se sentía vacía y desorientada.
No tuvo tiempo de responderle antes de que una mujer se le acercara. Muy bonita, a próposito. Ella comenzó a hablarle y él no dudó en seguirle la corriente, olvidando por un momento, la compañía de la rubia a su lado. La chica se dio vuelta al escuchar a Kaia hablar y puso una cara rara al no entender de lo que ella hablaba. Wyatt entendía perfectamente y no escatimó en largarse a reír luego.— Ah, vamos, Kaia. ¡No creo que a ella le importe un trío! ¿O no…?— miró a la chica tratando de encontrarle algún nombre al rostro. Ni siquiera sabía su nombre.— ¿Lucinda? ¿Eres Lucinda, cierto?— preguntó y la mujer se cruzó de brazos, obviamente enfadada. Sin embargo, a los segundos se le volvió a lanzar. Parece que el enojo no dura mucho en las mujeres.
Su boca se entreabrió hasta formar una pequeña "o", no podía terminar de creer lo que había escuchado. Y sólo necesitó eso para afirmar que todos los hombres que conocía eran igual de idiotas—. ¿Por qué no te vas a la mierda, Wyatt? —rodó los ojos sumamente molesta, volviendo a colocar la botella de cerveza que anteriormente le había quitado sobre la barra con la suficiente fuerza como para que gotas de la bebida salieran de ésta y salpicaran al muchacho—. Quizá Lucinda te acompañe —añadió con notorio sarcasmo en el tono de su voz, para después darse la media vuelta y empezar a tratar de salir del lugar por entre la masa de gente que se amontonaba por la pista de baile.
heartache; kaia & shane
—¡No hay excusa! No iba a ponerte excusas— Respondió, quedándose estático en el lugar al que llegó cuando ella se levantó del sofá. Su expresión era indescriptible, era una mezcla entre desesperación, tristeza y sorpresa. Pero ¿Qué era lo que le sorprendía? Era obvio que eso pasaría, que escucharía esas palabras y que vería esas reacciones. Juntó las cejas y se quedó boquiabierto, no sabía que responder a aquello. Claro que estaba ebrio en aquél momento, no supo controlarse, estaba confundido, tuvo un estúpido impulso ¿Qué podía decir a su defensa? Absolutamente nada. —Espera, no— Dio otro paso, sin borrar esa expresión mezclada en su cara. Verla con lágrimas en los ojos lo estaba destruyendo lentamente. —Amor, yo no quería humillarte, yo… ¡Yo no quiero estar con nadie más! Te quiero a ti. Te… Te amo, eso lo sabes perfectamente— Explicó con suma torpeza a la hora de hablar. Los nervios le estaban haciendo una mala jugada. Pasó una mano por su cabello, tirando suavemente de él. Sus ojos se abrieron como platos al ver como la menor comenzaba a sacarse el anillo de compromiso que portaba en su dedo. Lo que fue peor, su mundo definitivamente se vino abajo cuando lo vio venir hacia él con fuerza. Después de eso supo que ya no había marcha atrás. Fue entonces cuando sus ojos comenzaron a humedecerse. ¿Hacía cuanto que no se sentía de ese modo? ¿Hacía cuanto que no se sentía tan vulnerable? Nunca, en realidad. Nunca se había sentido tan roto y vacío como se estaba sintiendo en ese momento. No quiero nada de ti. Esas palabras retumbaron en su mente un millón de veces en tan solo un par de segundos. Observó como la muchacha explotaba y lanzaba los cojines al suelo con una fuerza que no había visto antes. Bajó la mirada. —Kaia…— Murmuró con suavidad exagerada, viendo el anillo que yacía en el suelo, casi a la altura de sus zapatos. Lo observó por un rato. Ahí se iba todo. En ese reluciente aro se estaban yendo sus sueños, sus metas, su futuro, la vida que quería tener. La vida que estaba soñando tener desde que había visto a aquella rubia. Todo estaba arruinado. La había herido de la peor manera y no tenía reparo. Ahora ni siquiera el infinito amor que le tenía era suficiente. Tomo aire, tratando de calmar su desesperación y esas enormes ganas de romper en llano, y se acercó con suma lentitud a la joven. —Mi vida, por favor, escúchame— Le pidió nuevamente, con un intento de tranquilidad en su tono y por fin la miró. —No vamos a dejar las cosas así. Dame al menos la oportunidad de hablarlo. Por favor— Insistió con la misma expresión que la de un niño pequeño cuando acaba de perder una ilusión.
Negó con su cabeza con rapidez, señalándolo con su dedo índice—. ¡Tú no me amas! Eso no se le hace a alguien de quien verdaderamente estás enamorado —no podía compartir el resto de sus días con alguien al que ya no le tenía confianza alguna porque simplemente la había destrozado y era muy tarde para él recoger y reparar cada una de las piezas de su corazón roto. Fue descendiendo lentamente, hasta el punto de sentarse en el suelo y recargar su espalda contra el sofá, estaba volviendo a sentirse mareada, lo cual los doctores le habían dicho que era totalmente normal después de lo sucedido anoche—. Sólo... sólo quiero saber porqué, ¿es que no era suficiente para ti? —alzó su mirada hasta él, permitiéndose por primera vez después de mucho tiempo el romperse en lágrimas. Se había jurado a sí misma que jamás iba a dejar que alguien la mirara en sus momentos débiles y frágiles, pues se había hartado que su familia siempre la percibiera de tal manera, pero ahora... ahora era diferente. Por más que tratara de hacerse la fuerte, no le resultaba por el simple hecho de que ella sí estaba enamorada de él y todos los momentos que compartieron en un pasado se quedarían ahí y no volverían jamás. Horas, semanas, meses y años perdidos en lo que ella pensó que sería amor eterno pero ahora no era más que una gigantesca aflicción que no se desvanecería tan fácilmente—. Lo que más me duele es que ni si quiera estuviste aquí cuando, cuando... —no pudo finalizar la frase, ya que el nudo en su garganta cobró lugar como sollozos por la memoria de la madrugada en la que su visita a urgencias terminó siendo una de las peores noches de su vida y no haberlo tenido ahí lo hacía aún peor. Se abrazó a su estómago, encogiéndose en su lugar, deseando poder eliminar por completo todo lo ocurrido la noche anterior.
—No te estoy mintiendo —debatió cual niño de cinco años y por primera vez en ese día soltó una risita—. Tienes un gran poder de persuasión, señorita, porque ya me has convencido — accedió sonriendo con naturalidad ahora, contento de que iba a distraerse de todo lo que rondaba en su mente. Quizás era muy cierto eso de que no era bueno quedarse solo, porque se perdía en su mente y ese día era un caos, así que agradeció internamente la presencia de la rubia—. Claro que vas a llegar más rápido porque yo no me acuerdo de donde era —dijo con un ápice de diversión—. Hey, pero antes; Soy Bart —se presentó, estirando su mano para que ella la estrechara.
— Bart —repitió para ella misma, tomando su mano y estrechándola con suavidad—. Iba a hacer una referencia a una caricatura, pero seguramente te lo dicen mucho —soltó la mano del chico, mordiéndose los labios para no dejar escapar una risa que demandaba salir de su boca—. Soy Kaia, y digo que... ¡deberías de apresurarte, Bart Simpson! —lo último lo dijo una vez que ya estaba corriendo hacia el local con toda la rapidez que le era posible, lo cual resultaba más torpe que enérgico, pues aunque no iba admitirlo, se sentía algo cansada por el buceo previo—.