01. Mi Cruz; Noviembre, 2025
Te dejé ir y te encontré de nuevo en el charco de sangre que quedó en el suelo cuando te desprendí de mí. En las cicatrices que juré que no me dolían más. Me has dejado hecho una biblia de todas las verdades a medias del amor que algún día dijiste sentir por mí. Una parábola de lo que amar le hace uno en el cuerpo. Un verso que respira y sangra.
Cuánto llanto te llevaste de mí que ya no me quedan lágrimas para llorar, ni siquiera cuando estoy feliz. Busco una sonrisa en cada puchito, en cada trago, en cada canción que me tiro cuando estoy en una nota. En una nota como la que me escribiste la primera vez con tu puño y letra. No sé si te busco a ti o la busco a ella. O a ella. O a ella. O a mí.
Sí te fui de mí, me fui de ti. Pero no dejé nada aquí más que la vulnerable desnudez de mi alma. De lo poco que me quedó.
A veces la siento aquí, hecha un polvo, una ceniza desmedida. Una angustia ahogada y enmudecida. A veces, la siento en cada parte de mi cuerpo, desgarrándome por dentro, me abre como si quisiera escapar rompiéndome el pecho y los huesos. Cómo decirte que me duele cada pedacito de todo lo que es mío. Cómo decirte que soy un farsante, que finge que no lo mata por dentro todas las decisiones que lo han llevado aquí, que te tengo con la boca en mi boca y con los dedos rompiéndome el pecho. Cómo decirte que te prefiero con un cuchillo en mi cuello a tener tu boca de lejos. Que prefiero serte poca cosa a serte un recuerdo.
Quisiera poder decirte que no me mata de los celos que otros ojos te miren, que otras manos te toquen, que otro fuego te queme. Me he astillado hasta los dientes callando esta rabia de no tenerte. De tenerte a medias.
Pero la verdad es, mi cruz, que te me has clavado en las muñecas y los tobillos. Que te he sangrado en cada rezo donde te pido que te quedes. Una noche más, un beso más, una llamaita más. Dame más. Quiero más. Te me has metido hasta en las penas, donde yo más sufro, ahí te siento que me pegas. Que andan diciendo que se me montó Anaisa porque veintiún veces dije tu nombre y veintiún más te bese los pies, y en todas ellas fue tu voz que se escuchó.
Mi cruz, mi cruz, mi cruz. Yo te mentí, porque no te puedo dejar ir, porque yo no me tengo, me tienes tú. Yo no me vivo, me vives tú. Yo no me amo, si no me amas tú.


















