Fuiste. ¿Se entiende?
Fuiste una carta mal escrita que aún sigue guardada en la misma bolsita donde la enviaste, el regalo que mis manos nunca desenvolvieron, fuiste plegaria y desvelo, risas espontáneas que no sabían del futuro, mucho menos del pasado; fuiste tú, mujer, la mujer que hizo de la realidad un sueño que nunca tuvo noción del tiempo como tampoco de la verdad. Fuiste la arrogancia con la que miré la miseria de otros, mi talón de Aquiles. Fuiste mi odisea poco épica que de valiente solo tuvo palabras, el punto débil de mi imperio letrado. Eras mi persona predilecta, mi diosa, mi amiga, mi confidente y mi cómplice, compañera de batallas que solo podían importarnos a nosotros; eras lo más si te amaba como un loco, mi cable a cielo. Eras la debilidad de estos dedos, y mira que con ellos escribí nuestra historia para que la borrases como si nada. Fuiste el atlas sosteniendo mi mundo, la atmósfera que cubría la burbuja donde me recluía, mi sol de medianoche, mi luna en un portarretrato de 10 x 15. Fuiste el cielo en la cueva de este ermitaño que te escribía versos arañando las paredes. Y si las paredes hablaran, sabrías por qué ya no puedo reírme contigo, sabiendo que el chiste siempre fui yo.
Bitácora de lo absurdo.























