No creyó sus palabras, no creyó el falso elogio que solo lo hizo fruncir el entrecejo, porque no se creía brillante, porque no lo era, no podía serlo, si había tardado tanto en deducir lo obvio, lo que había estado frente a él, había tardado tanto y ahora lo lamentaba, así que lejos estaba de ser brillante, era un adjetivo que no iba con él, no que no aceptaría…
En silencio, en un silencio casi sepulcral por parte del músico distando del caos audible, de las voces, del caos representación del pánico ajeno, observó al contrario, observó sus acciones frías, sus movimientos calculados, su mensaje, notó el guante de látex, guante que tampoco era una buena señal, que hizo que el músico quisiera dar un paso hacía atrás, pero se contuvo, a pesar de no desear respuesta, aunque la respuesta la tenía ante sus ojos y ante sus oídos.
Había querido moverse, había querido huir, buscar a su pareja, buscarla a ella y a su bebé, pero esos segundos de duda, esos segundos que tardó en realizar la acción, fueron suficientes para que los sonidos, para que escuchar las puertas cerrándose, atrancándose le anunciaran que estaba, que estaban siendo acorralado, por lo tanto, no podría de momento realizar lo que deseaba. Sentía como el pulso se le iba acelerando, mientras las deducciones, mientras las hechos iban ocurriendo ante sus ojos, no dejándole dudas de que aquello era una trampa y para su desgracia, había acertado en la deducción.
La respuesta a su duda, a la pregunta realizada lo hizo posar sus ojos en el ajeno, que se mantenía tranquilo, que no había sobresalto de su parte, no pánico, al parecer tampoco remordimiento a pesar de participar en aquello, en algo que ante los ojos del músico era una aberración, y el otro también lo era, en ese momento lamentó el haber mantenido ese encuentro, encuentro que ilusamente el músico pensó que era con alguien de confiar, alguien que claramente había leído mal, demasiado mal…
–¿Cómo puedes ser parte de esto?-preguntó escupiendo la pregunta, aunque no quería respuesta, no deseaba oírla en realidad –¿Piensas que voy a tener miedo a tus amenazas?-preguntó frunciendo el entrecejo mientras un bufido escapaba de sus labios, porque no le importaba lo que le pasara a él, le importaban los suyos, le importaban ellas, un movimiento de cabeza del músico rechazando la amenaza y su respuesta brotó de sus labios –Sé defenderme- aunque había pasado tiempo desde su último entrenamiento, y hacía poco que se había recuperado de la herida, pero si pensaba que se iba a rendir sin luchar, estaba muy equivocado –Me has leído mal si piensas que voy a hacerte las cosas fáciles-agregó.
–¿Entonces cuál es tu estilo?-preguntó, aunque la realidad era que le daba igual el estilo, solo necesitaba tiempo, algunos momentos para pensar qué hacer, buscar a Ishara en conexión, buscar su templanza y después ejecutar… Por algunos segundos el silencio reinó, escuchando el anuncio, casi meditándolo como una opción, porque habíauna persona ahí que le importaba, porque se trataba de Anthony, del padre de Tracy, porque también estaba la amiga de Cosette y una niña… pero luego recordó la trampa, recordó que no había tregua, su clan nunca la había tenido… –¿Crees que me voy a tragar eso?-preguntó –Yo no soy de su interés, mi clan está casiextinto, yo no lo guiaré a nadie…- porque eso lo que ante sus ojos Whispers podría ver en interés en los que eran como él, aunque luego estaba Maddie… –Me temo que voy a rechazar tu oferta que tanamablementeme has hecho- no habría intercambio de su parte, ni cooperación, así que dio pasos hacía atrás, esperando respuesta…
¿Una recriminación? Ah, no servirá. Si MinHo no mal recuerda; cree que le comentó fugazmente al músico (o implícitamente) como muchos familiares de sus pacientes lo señalan día a día, lo amenazan, le gritan, lo llaman inútil en su trabajo desde la rabia, desde la exigencia de que su papel en esta humanidad fuera intachable, lidia con el juicio ajeno día a día. ¿De verdad cree que un discurso de moral lo haría sucumbir? ¿Remover sus creencias? Si el asiático se tomara personal el escrutinio ajeno; hace mucho tiempo hubiera acabado con honor y gusto su existencia, pero; su curiosidad es superior y ferviente creencia de que su papel en esta historia aún es requerida, le da un sentido a la vacía humanidad, extraña y compleja.
“No miedo. Sabia precaución.” Ladea el rostro, no había imaginado al occidental como una especie de héroe o con el complejo de este. Pero ¿cómo saberlo? Si conocerle fue un aticismo de un segundo y ahora las mascaradas recién caían. Suspira pesado, no se sorprende de su hermetismo y defensiva, supone que la simplicidad de los momentos hoy en día son sólo una ilusión, a las personas les gusta complicar las cosas y ensuciarse las manos parecía ser un inevitable por más que intentara hacerse a un lado. “No fáciles, no para mi, pero... entiendo.” Alza sus ante brazos en señal de ‘perdonarle’ su actitud. Era lógico que el instinto de supervivencia floreciera, aunque este fuera realmente irracional muchas veces el actuar, pero lo sigue justificando desde la biología misma.
Deja que el otro hable, hasta cierto punto es sólo menguar el encuentro y quizás le está dando tiempo a que el otro piense y se prepare. ¿No ve que estaba en desventaja? Mejor que no, Kang prefiere que la otra persona crea que tiene el control. Por eso arrebatárselo es sorpresivo y eficaz, el coreano no peca de ciega supremacía. “Una lástima, pero entiendo.” ¿Esperaba un discurso villanesco? ¿El convencerle? ¿Como caricaturas? No, este es el mundo real. Es menos emocionante y más crudo. “Sólo espero que puedas cargar con el peso de tus decisiones, Victor.” Es un buen deseo pese a todo, se lo debe.
Pero no así su compasión. Le hizo una oferta y fue rechaza. Bota aire por su boca, baja la mirada pensativo y da un paso hacia adelante, colocando un brazo atrás y otro adelante en ‘L’ ladead; una postura de pelea. Él otro dijo que sabía defenderse, no lo dudaba; ya sea porque tiene entrenamiento o porque otro sensate puede prestarle su habilidad en estos momentos, es algo que las puertas selladas no pueden separar y/o evitar.
El detalle en esta escena; es que Minho mencionó que no ensuciará sus manos. Por eso que cuando avanza dispuesto a atacar y obliga al otro por inercia a moverse para la defensa antes de poder atacarle de vuelta, su intención nunca fue realmente golpearlo, incluso expone su torso teniendo que soportar cualquier arremetida, pero debía ser más rápido; lo suficientemente veloz como para su mano en la espalda buscara en el interior de su oscura gabardina una jeringa. Un inhibidor de movimiento, sedante en su justa medida, preparada la dosis por un medico; el mismo.
El movimiento es de un parpadeo, alzar y pincharle a un costado de su muslo, sabe que punto no es mortal y que la aguja no se quebrara en el impulso, debía ser una zona blanda, muscular y con la precisión que sólo alguien con experiencia podía de trazar. Inyecta la anestesia, se separa antes que otro golpe le llegue, aguantando el dolor de la maniobra pero había cumplido con su cometido.
“No te preocupes, sólo te dejará inconsciente en un par de minutos más, te dejarás caer en el sueño”. Le anuncia dando pasos hacia atrás, debería en lentecer sus funciones mecánicas, volverlo torpe, caer al piso. Sólo bastará chasquear sus dedos para que los profesionales entren y se lo lleven.
Minho sólo se queda a contemplar su obra a medida que avanza hacia atrás y eleva el mentón. Se sentía satisfecho; su cuadro escénico en medio de todas las pinturas del salón de ese museo.