Nos paramos delante de un árbol gigante que emite un sonido penetrante. Un bisbiseo prolongado. El detective señala un punto del tronco y dice: mírelo. Luego se acerca y hace un movimiento ligeramente brusco, como intentando atrapar algo que yo no veo. Regresa a mí con algo entre las manos. Cuando abre las palmas veo un insecto pequeñito parecido a una polilla. Este animalito, dice, puede poner las alas del color y la textura de este árbol y solo de este árbol. Hay épocas del año en que se juntan millones, trillones encima de un árbol. Lo cubren casi entero. Se camuflan tan bien y se quedan tan quietas y son tantas que uno apenas se da cuenta de que están allí. Cuando sopla el viento es como si el árbol estuviera respirando. Es algo muy bonito de ver.
Juan Cárdenas
Los estratos

















