“¿Y por qué estás aquí si no puedes hacer ni una receta?” Tajante fue su tono, en su faz existió dolor, la molestia sobre su costilla iba en aumento pese al hielo que pretendió ser antiflamatorio y sedante. Fue capaz de reconocer que Katherine era tan sólo una estudiante, que probablemente sólo estaba haciendo sus practicas y por eso su gran limitación a la hora de brindar socorro, él lo dedujo con rapidez, sin embargo, el dolor y las emociones revueltas ante el inesperado encuentro incitaron respuestas de tal calibre; llenas de rencor y fastidio. “¿Qué?” Soltó tras una pausa dónde asimiló las palabras contrarias, ¿costillas rotas? La simple idea provocó que su estomago diese un vuelco. No estaba preparado para algo cómo eso, mucho menos ahora. “Katherine… por favor, no me jodas” Pidió, porque si la muchacha estaba haciendo una especie de broma, sin dudas era de las peores para el oriundo de las vastas tierras del Sudamérica. “De verdad. Te juro que no estoy de humor para tus idioteces” Añadió, porque no estaba de humor para lidiar con ella en todo sentido, suficiente había tenido esa mañana con aquél botín dándole un buen golpe y lo que ella significaba entonces no era más que un recordatorio de dudas entremezcladas con humillación, todos sentimientos que prefería mantenerlos enterrados. Respiró hondo y le dolió, no se había percatado de ello hasta ese momento, qué le dolía respirar un poco (más bien resultaba una especie de molestia, pero Alexandre todo lo exageraba cuando no se encontraba capaz de pensar con claridad). “Hoy me tocó remplazar al arquero, ataje un gol pero me gané una patada. Eso pasó… no es para tanto, sucede todo el tiempo” En aquél punto contaba con la verdad, todas las lastimaduras, dolores padecidos y moretones que hacían de su dermis un plano empapado de colores no las tenía precisamente porque el Fútbol fuese un deporte delicado. “¿A qué hora llega esa mujer? Sólo necesito tomar un analgésico o algo y listo” Insistió, porque el escenario planteado por la esbelta joven era imposible de considerar para la mente de Alexandre.
La mirada se torna de color marfil, ¿era en serio? La voluntad que tenía en poder tratar al joven de buena manera se deshicieron en un sólo comentario que, al parecer, iba acumulando hasta que encontró el momento exacto para atacar. Justo en una de sus mayores frustraciones, como si leyera sus pensamientos. “Porque es ilegal hacerlo si no tienes título” el tono de burla se impregna en sus palabras, porque su explicación estaba clara en los términos de que estaba allí para prácticas y no en un hospital lidiando con escenarios peores. La reacción contraria no le sorprende, porque en su lugar tendría el mismo pánico o peor, pero, a su vez creía que él ya estaba al tanto de las consecuencias del deporte que llevaba jugando. Suspira para liberar tensiones y exhala para juntar paciencia porque no tiene tiempo para lidiar con berrinches de niño, porque cualquiera con dos dedos de frente hubiera considerado quedarse a esperar la doctora pero él no parecía tener intenciones de cooperar con ella. “Yo tampoco estoy de humor para lidiar con tus rabietas, sino te quieres quedar puedes irte y morirte desangrado” ademán apunta contra la salida de la enfermería, porque pese a sus preocupaciones Kath no era insistente, mucho menos a alguien que estaba ciego y recio. Escucho con atención su historia y sólo concluyó en que seguro es una inflamación pero no confiaba en su corazonada, quería escuchar también la de la doctora para quedar conforme y él también. “Qué suceda todo el tiempo no significa que no sea grave, eh” refunfuño y soltó un suspiro. No tenía ganas de seguir peleando pero no se iba a retractar. “Sólo ten paciencia o vete, ya te lo dije” y dudaba que se fuera a su habitación con la conciencia tranquila, tal vez en una hora vuelva a aparecer, con mucha más voluntad de la que le mostró.