Claro que lo que dijo su amigo tenía sentido pero sólo por llevarle la contraria decidió defenderse. “cómo si los diseñadores gráficos sobraran…” señala distendido, no tomándose en serio lo que él decía. “pero consideraré defenderte, sólo espero que tengas el dinero para pagarme” eran amigos claro, pero una cosa no tapaba la otra, además no sabía si después de que ambos se graduaran seguirían en contacto. Muchas veces las amistades en colegios o universidades se daban por el simple echo de verse constantemente, luego morían y quedaban en los recuerdo. “¿me estás amenazando?” los ojos se achican y la risa se tienta a escaparse de sus labios. No podía tomar en serio sus palabras, menos verlo como alguien a quien debería tenerle miedo porque, a pesar de no hacer demasiada actividad física, podía defenderse. Toma asiento en la silla enfrente de él, tomando sus libros para engancharlos debajo de su brazo. Quizás les dé una ojeada después de hablar con él, por ahora estaba seguro de que todo le había quedado en su cabeza. Esperaba que eso siguiera así. “¿eso fue una declaración de amor?” la mano libre tapa con cuidado sus labios, generando un gesto de sorpresa que muere tras un par de carcajadas. Guiado por el señalador, abre el libro en la última página que había quedado y tras oír su declaración niega con la cabeza. No era fanático de ventilar su vida privada y tampoco era bueno expresándolo, siempre buscaba una excusa. “no te lo tomes personal” aclara, porque tampoco era porque no confiaba en él, ni tampoco porque no se sentía cómodo, simplemente no nacía de sí. “chismes…no puedo destacar mucho, el idiota de Ryot no fue y creo que…mad tuvo algo de diversión pero seguro debes saber, ¿no hacían fútbol americano juntos?” estaba seguro de que así era, tantas actividades (incluyendo las propias) se mezclaban y peor aún era cuando no dormía mucho. “anotado” responde a su cháchara, sin mucho más que acotar porque ya tenía más que marcado que no se volvería a equivocar. “¿tú? ¿por qué no debería confiar en ti?…¿planeas asesinarme?” no lo dice en serio pero aquél comentario si lo consideraría, después de todo dicen que te puedes cruzar o conocer psicópatas sin saberlo.
“Claro que lo tendré, porque precisamente, los diseñadores gráficos no sobran” Lo hacían en la nube, eso sabía admitirlo, pero aquellos que salían de buenas universidades y tenían talento eran pocos: él no se consideraba uno de ellos, pero le gustaba jugar a que le sucedía lo opuesto, así era más sencillo soportar los trabajos tan pesados. La broma, no obstante, no fue extranjera en su lengua. “Sí, Damiano, fui muy explicito en mi amenaza” Afirmó consecuentemente volteando durante un segundo sólo para enfrentar la mirada masculina, encontrando en sus orbes azabaches la diversión que acompañó tanto sus habladurías como la ajena. “Algo así... ¿qué?, ¿te dio miedo y por eso te alejas? No seas idiota, no voy a intentar besarte” Prosiguió divirtiéndose con la acción montada por parte de su amigo, la sorna y el humor exorbitante fueron evocados de manera consecuente. Se unió a hilaridad antagónica, por supuesto, mas pronto fue conquistado por la seriedad que le proporcionaba su estado de concentración. “No, descuida... lo entiendo, pero tampoco quiero que te guardes las cosas y luego explotes” Quería cuidarlo, de alguna manera, eso intentaba hacer con aquellas palabras algo rebuscadas pero sinceras; no le molestaba encontrarse algo distante a la vida privada de Damiano, sabía que así era su carácter. Sin embargo, a causa de ello, se imaginaba que el guardarse opiniones, reprimir emociones, no compartir sucesos importantes podría llevar a su amigo a tornarse más estrés que persona... y él, al contrario de Alexandre, no corría por las mañanas o perseguía como loco una pelota todas las tardes. “No, él hace americano y yo soccer” Aclaró con una sonrisa afable, algo entretenido ante la confusión. “Y sí, bueno, no me dijo la gran cosa... pero tengo entendido que quedó con una resaca fatal --- es raro que Ryot no haya ido, él parece...” ¿Demasiado extrovertido? “bueno, disfrutar de fiestas más que yo” Finalizó con su vista ya extraviada sobre la pantalla que fue adornada con lineas, garabatos y colores hasta que la nueva cuestión por parte de su amigo lo envolvió, sintió como sus bellos se erizaban, como una brisa besaba delicadamente su columna vertebral. Sonrió sin embargo, aunque no fue una curva honesta, pese a la gracia sobre incógnita ofrecida su respuesta pecó de incierta... de confusa y poco fiable ante el juicio de portugués: “Claro que puedes confiar en mi” No estaba seguro de ello porque tampoco sabía él si podía poner sus manos en el fuego por el contrario, por más que así lo quisiera. Era a causa de aquel recelo que había quedado grabado en psique después de daños, de incisiones en corazón y sentimientos idealizados. Y añadió, ya burlón: “prometo darte una muerte muy tranquila”