Let loss reveal it | Eris
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Let loss reveal it | Eris
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Let loss reveal it | Eris
No iba a pararla. Desde luego que no, dado que sus intentos con Emil aquella misma tarde no habían ido como Edna hubiera deseado. Por no hablar de Siobhan, la cuál la estaba empezando a dar por un caso perdido. La frustración sexual que sentía la profesora, acostumbrada siempre a una mayor actividad en aquel ámbito, podría ser casi insana. Se dejó caer en la cama y comenzó a quitarse varias prendas, con evidente impaciencia. —No sabía que me tenías tantas ganas. De lo contrario, te hubiera hecho el favor de visitar tu habitación mucho antes — le comentó, siguiendo el beso agitado que le estaba dando y tratando de tomar ella las riendas de la situación.
“Y te hubiese recibido encantada.” musitó dejando escapar una leve risa sin permitirle llevar el control de la situación. Una vez ambas quedaron completamente desnudas, no dudó en besar con violencia los labios contrarios al mismo tiempo que tomaba la mano de Eris y la dirigía hacía el interior de sus piernas.
Let loss reveal it | Edna
Justo en ese mismo momento fue en el que se dio cuenta de lo que estaba sonando; ópera. Pese a que era algo que le gustaba y apreciaba, le resultaba más que extraño que fuera aquel tipo de música con el que la profesora estaba montando una fiesta. Pero no. Parecía estar sola. No entendió nada de lo que le dijo, y menos todo aquel papeleo lleno de garabatos. Definitivamente, la mujer debía de estar muy fumada o borracha. O ambas. Eso o que tuviera algún tipo de problema, no era la primera vez que actuaba de una manera poco común. Aún así, no le dio tiempo de replicar nada cuando ya la tenía encima besándola. No se iba a quejar. — ¿Qué has tomado?— insistió aunque con una pequeña sonrisa, por el cambio inesperado de la situación.
“Nada, pero si quieres puedo darte unas pastillas que te harán reír mucho.” repuso entre risas, besándola de forma más húmeda al mismo tiempo que sus manos ya habían empezado a desabrochar la blusa de la profesora. Estaba en su máximo estado de manía y no era consciente de que aquello podía terminar realmente mal. Sin esperar la respuesta de Eris, se puso en pie y la levantó para después empujarla a la cama. “Llevas demasiada ropa.” dijo con un quejido. Ella ya se encontraba solo con una camiseta de tirantes y la ropa interior, pero Eris todavía llevaba el cuerpo cubierto. Tomando la posición dominante, se agachó para besarla una vez más; mordiendo en esta ocasión su labio con fuerza, y empezó a desnudarla.
Let loss reveal it | Edna
¿Qué cojones era ese ruido? No podía leer si la imbécil que estuviera en la habitación de al lado estaba montando una especie de rave. Se suponía que eran las habitaciones de los profesores, responsables y maduros como para no montar tal escándalo a esas horas de la noche. Salió enfurecida de su propio cuarto y entró al de al lado tras tocar un par de veces la puerta. — ¿Qué mierda te has fumado como para pensar que es buen momento para hacer todo este ruido? — le preguntó, claramente irritada. Ni siquiera recordaba que era Hlíf la que ocupaba aquella habitación hasta que la vió en un estado que no sabría cómo catalogarlo, pero que le resultaba familiar.
“¡Lo he conseguido!” exclamó volteándose al reconocer a Eris.”¡Estaba en lo cierto y por fin he podido demostrarlo!” dijo lanzándole una carpeta a la francesa. Allí en teoría se encontraba su traducción y transcripción recién terminada, pero en realidad todas las páginas estaban llenas de una letra imposible de leer y garabatos que parecían hechos por un niño de tres años.”Debería preparar mi maleta, seguro que quieren que vuelva a Islamabad.” se quedó quieta durante unos segundos y finalmente decidió dirigirse hasta la profesora, cerrando la puerta para después abalanzarse sobre sus labios y caer con ella al suelo, quedándose justo encima de ella.”O mejor, lo celebramos.”
el chichi de qué color lo tienes?¿?¿?¿?
Azul
Let loss reveal it | Edna
¿Quién necesitaba la medicación? Su nuevo jefe tenía razón, tomar las pastillas tan solo le hacían estar más espesa y trabajar peor, cosa que ponía en peligro la nueva misión que la CIA había decidido encargarle después de un tiempo de baja. Con la música a todo volumen, papeles (en blanco en realidad) y libros tirados y pegados por la pared, suelo y cama, bailaba con botella en mano después de haber podido traducir unas viejas escrituras. “Adelante.” exclamó al escuchar que alguien tocaba a su puerta, viendo su realidad totalmente distorsionada.
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En un abrir y cerrar de ojos, su camisa había sido desabotonada y tirada en algún lugar de la habitación, por unos breves segundos se sintió insegura, no recordaba cuándo había sido la última vez que alguien la había visto de una manera tan íntima, apenas y se acordaba de cómo se sentía un cuerpo contactando el suyo, y sí, sentía sus piernas temblar y sus mejillas estaban cubiertas de un rojo carmesí, pero al momento en el que la pelirroja comenzó a acariciarle, sus preocupaciones salieron por la ventana, sus dedos trazaban patrones y la hacían sentir en las nubes, como si su toque fuese mágico. Ambas continuaron besándose, y cayeron a la cama de la profesora, risillas resonando por el pasillo.
Los labios de Katherine comenzaron a bajar, un beso en la barbilla, uno en la yugular, uno en la clavícula, y ahí se detuvo unos segundos para lamer y morder, no con la intención de lastimar, pero sí con la intención de marcar la nívea piel, ¿razones de posesión o simplemente autoreflejos? No lo sabía, y no le interesaba. Se posicionó sobre la mayor, sus cinturas conectadas y siendo apenas separadas por sus ropas, que ahora parecían un estorbo, comenzó a moverse, un giro lento de caderas, que hizo que a su espina dorsal le recorriese un escalofrío, sus ojos buscaron los de la pelirroja, y su respiración errática colisionó sobre los labios de ésta. Le espantaba lo mucho que la deseaba, lo mucho que la quería. Pero a la vez, nunca se había sentido tan bien, nunca había anhelado que alguien la poseyera de la manera en la que lo suplicaba ahora.
Se giró al escuchar la voz de la profesora a su lado. Sopesó su respuesta y continuó contemplando la majestuosidad de aquella arquitectura. — No es cuestión de tradición. Hablo de la hipocresía de las religiones. No sólo ésta. El Vaticano es un nirvana de la belleza, pero sigue siendo una curiosa representación de los valores del cristianismo. — prosiguió en un murmuro.
— Supongo que tiene que ver con que todo termina degenerándose. —musitó entrecerrando los ojos, quedándose quieta frente a una escritura. La leyó un par de veces más y finalmente sacó una pequeña libreta en la que copió lo escrito.— Ninguna religión mantiene sus valores iniciales, si supieses todo lo que hoy pensamos que es "típicamente" musulmán y en no lo es, te sorprenderíaas.
En el preciso momento en el que Hlíf correspondió, sintió sus rodillas doblarse, no tenía la fuerza suficiente para mantenerse en pie, y sabía que cuanto más decidiera besar la profesora, menos capaz sería de mantener una buena postura. El beso duró poco, no lo suficiente, pero al abrirse el elevador, se vio obligada a seguir a la pelirroja como si estuviese idiotizada, no había nada más en su mente que el perfume de la mayor, la suavidad de sus manos o la manera en que sabían sus labios, quería memorizar ése sabor, toda la noche, probarlo a como diese lugar. La puerta de la habitación de la profesora fue abierta, y entró tentativamente, apenas fijándose en los pequeños detalles, en vez de eso, sus ojos se enfocaron en los de la mayor y se mordió el labio, en algo parecido a ansiedad y excitación. ¿Qué debería hacer? ¿Tomar el control como acostumbraba o esperar a que la mujer hiciese un movimiento? Quería pensarlo, en serio que sí, pero su auto control había sido dejado atrás hacía minutos. —Maldita sea. —Dijo a la vez que jalaba a la profesora por la cintura, atrayéndola a su cuerpo, acariciándola con suavidad, un suspiro dejando su boca cuando sintió cómo sus pechos rozaban juntos. No quería dejar esa habitación, no quería dejarla aunque el mundo se acabase.
Una sonrisa casi imborrable empezó a acompañar todos y cada uno de los besos que compartía con Katherine. ¿Cuándo había sido la última vez que se sintió tan bien? Ya no podía recordarlo y ahora quería asegurarse de que ese momento fuese invorrable.Sentir la cercanía del cuerpo de la contraria contra el propio tan solo le hizo ansiar más hasta el punto que sus manos fueron directamente al borde de la camiseta contraria y se deshicieron de esta, dejándola así en sostén y pantalones. Sin retrasarse ni un solo instante, acarició con las yemas de los dedos cada centímetro de la piel, intentando dejar grabada cada textura y sensación que esto despertaba en ella. Ahora solo quería dejarse llevar.
Movida por el ansia, pasó ambos brazos por la nunca de la castaña y tiró de ella hasta que ambas cayeron en la cama, dejando salir a modo de respuesta una leve risa que pronto volvió a perderse entre besos y jadeos que deseaban más.
—O…Okay. —Sus manos estaban temblando, esperaba que esto no se notase al momento que ambas decidieron entrar al hotel. No había nadie mirándolas, pero aún así Katherine se sentía con la presión de que debían ser cuidadosas, si mal no lo recordaba, no había alguna regla que prohibiese el acostarse con profesores, pero sabía que si los decanos o directivos se enteraban, no estarían contentos y sería un gran problema. Al llegar a las puertas del elevador, presionó el botón de ascenso, su corazón palpitando fuertemente en su pecho, cuando éste se abrió frente a sus narices, fue entonces cuando decidió tomar la guía y jaló a la pelirroja dentro, cerrando la puerta rápidamente y presionando el tercer piso, ahí estaban hospedados todos los profesores si mal no lo recordaba. Sus ojos se enfocaron en la mayor, y mordió su lengua, debía tener autocontrol, después de todo. Debía. —Al carajo. —Susurró, empujando con suavidad a la profesora hacia la pared contraria del ascensor, sus labios por fin contactándose con los de ésta.
Por unos momentos tuvo la sensación de que el ascensor nunca llegaría y se moriría ahí mismo de las ganas que tenía. Una vez ambas estuvieron dentro, agradeció haber dejado la medicación, estaba totalmente segura de que si estuviese bajo el efecto de esta, ahora no podría encontrarse de dicha forma con Katherine, deseando besar cada centímetro de su piel, sintiéndola en sitios que casi había olvidado. El beso le pilló ciertamente por sorpresa pero no tardó en reaccionar, primero con cierta torpeza y después con algo más de desesperación. Sus manos se enredaron en los cabellos castaños de la norteamericana para luego bajar hasta su nunca y espalda. Al escuchar un pitido, se separó unos centímetros. Ya estaban en la planta. Su respiración se aceleró y volvió a unir sus labios con los de ella, cogiéndola una vez más de la mano para poder guiarla hasta su habitación. En esta reinaba un caos meticulosamente ordenado, casi obsesivo.
—Eh, sí.— aclaró asintiendo, dejando de lado su orgullo, aunque tampoco le importaba tanto. Realmente no le gustaban los camellos, prefería a un caballo, o cualquier otro tipo de animal. —No lo sé, simplemente no me gustan.— explicó frunciendo el entrecejo.
— ¿Y por qué tal rechazo? Eso demuestra que eres bastante prejuiciosa. —comentó sin importancia.— Estoy segura de que es la primera vez que ves a un animal así, no deberías temerle porque no tienes ni idea de como es.
Sus ojos se encontraron y sintió cómo una corriente eléctrica la recorría de pies a cabeza, ¿eso era normal? ¿Cuándo había sido la última vez que había compartido un momento así? Probablemente ya hacía tiempo, tanto que apenas y lo recordaba. Las palabras de la pelirroja la sorprendieron, fue el turno de sus mejillas para tornarse rojas y ni mencionar cómo el nudo de su garganta la detenía de hablar, sabía que debía decir que no, que debía volver a su habitación y declinar la oferta, no era lo correcto… Pero la sonrisa de la mayor era demasiado hermosa para negarse y su mente había comenzado a divagar sobre cómo se sentiría su piel contra de la propia. —Sí… —Dijo prácticamente en un susurro, sorprendiéndose en la manera en que su voz sonaba tan determinada pero a la vez suave. —Digo que sí, hay… Que tener sexo, si es que estás hablando en serio.
La respuesta afirmativa de la estadounidense consiguió que su sonrisa se ampliase, hacía más de un año que no sentía ganas de acostarse con nadie y ahora que había conseguido a alguien, iba a aprovecharlo. — Nunca bromearía con nada referente al sexo. —hizo una ligera pausa.— Más que nada porque las bromas no son lo mismo. —añadió empezando a divagar un poco con la mirada. Quería besarla en ese momento, pero sabía que si les veían ahí se meterían en un buen problema. Arrugó ligeramente la nariz y se puso en pie sin soltarla de la mano para acto seguido regresar al interior del hotel, volviendo su mirada a ella de vez en cuando para asegurarse de que se encontraba de acuerdo con lo que iban a hacer.
Es la emoción, yo creo que muchos de nosotros nos encontramos de esa forma porque es la primera vez que tenemos una experiencia como esta ¿no se siente así? será divertido. —sonreía mientras explicaba algunas de las razones por las cuales lo demás estarían de esa forma pues el estaba igual—. ¿Qué tal lo está pasando? —se atrevió a preguntar mientras ahora su mirada se dirigía hacia un joven que trataba de subirse a uno de los camellos—.
— No, claro que no. He hecho esto cientos de veces, ¿por qué debería emocionarme? —preguntó alzando una ceja mientras le miraba de reojo.— Bien, me hubiese gustado más venir sin vosotros pero no me puedo quejar.
Su mirada volvió a dirigirse a la pelirroja, una pequeña sonrisa en labios, era ridículo que encontrase la manera en que la mayor tartamudeaba tan adorable o que cuando sus mejillas se coloreaban de rojo se viese inclusive más atractiva, era ridículo y al mismo tiempo tan incorrecto. Katherine sabía cuando algo le gustaba, cuando quería algo, pero éste caso era completamente diferente, no por mencionar complicado. Era una maestra, una maestra que probablemente tenía problemas consigo misma como todo ser humano, problemas que la aspirante a psicóloga no estaba segura de querer escuchar, o siquiera poder entender. Pero, al mismo tiempo era algo que la hacía atraerse aún más, algo que no comprendía. Quizá el perfume, quizá la manera en la que sus labios se entre cortaban, la forma en que su cabello se ondulaba bajando por sus hombros… O quizá el hecho de que era demasiado bonita. —Me encantaría tener clases contigo, estoy segura que eres una maestra excelente. —Se desvió nuevamente hacia el horizonte, viendo que las mujeres a quienes habían estado observando se levantaban de su lugar y comenzaban a caminar hacia el lado contrario. —No, no quiero moverme aún. —Dijo a la vez que su mano tocaba de lleno la de la maestra, sus dedos entrelazándose con los suyos y su cuerpo dando un saltito para quedar lo más cerca posible de ella, sin duda invadiendo espacio personal. —Quedémonos así un momento, ve el atardecer conmigo. —Sus orbes volvieron a enfocarse en los de la contraria, y se perdió en ellos.
— En realidad sí, de hecho creo que soy la mejor maestra que tienen en la academia. —dijo encogiendo un poco los hombros, la humildad era otro tema que no terminaba de dominar y eso solía incomodar a la mayoría de personas que le rodeaban. Una vez la cercanía en ambas hubo aumentado, sintió su nuca arder y de forma casi inconsciente, se mordió el labio inferior con fuerza, de forma casi obsesiva. Apretó con indecisión la mano de la contraria y miró por unos segundos los ojos de esta, expulsando con lentitud el aire de los pulmones.— Creo que deberíamos tener sexo. ¿Te apetece venir a mi habitación? —añadió formando una sonrisa sobre los labios, esperando cualquier tipo de respuesta. Quizá acababa de arruinar el momento pero el corazón le iba tan rápido que se olvidó de pulir sus palabras antes de pronunciarlas.
—Se aseguro de que tenía todo lo necesario en su mochila para poder comenzar el nuevo viaje a camello del cual tanto había oído hablar. Le parecía totalmente emocionante pues nunca había echo tal cosa y ahora tenía la oportunidad de tener una experiencia única que no se presentaba a diario—. Woah… es genial. No debe ser tan difícil. —comentaba a la persona que tenia a su lado mientras esperaba su turno para poder montar a uno de aquellos majestuosos animales del desierto—.
— En realidad no lo es, el problema lo tienen tus compañeros. Ellos se ponen nerviosos y estropean la situación. —explicó con cierta tranquilidad, observando atentamente a los animales mientras "cuidaba" de los alumnos.