“Tengo gaseosas y pizza” comentó la pelinegra mientras caminaba con la comida hacía la mesa más cercana, dejando las cosas con cuidado porque torpe se nacía y ella era experta en derramar, romper, tirar cosas. Por lo mismo sus hombros se relajaron cuando todo estaba en su lugar y sin ningún problema. “Espero que esto ayude, y es que bueno, la pizza siempre lo hace ¿o no?” consultó mientras daba vuelta la silla, dejando el respaldo por delante, sentándose y posando su mentón en esa parte del asiento, aún con una sonrisa. “Aunque si no quieres, no tengo problema en comer sola” terminó por decir, y es que el hambre le ganaba a momentos.
















