
shark vs the universe
Keni

oozey mess
Stranger Things
YOU ARE THE REASON
PUT YOUR BEARD IN MY MOUTH

izzy's playlists!
Sweet Seals For You, Always

❣ Chile in a Photography ❣

#extradirty

No title available
Xuebing Du
🪼

PR's Tumblrdome

Origami Around

Discoholic 🪩
DEAR READER
he wasn't even looking at me and he found me

@theartofmadeline
Misplaced Lens Cap

seen from France

seen from Türkiye
seen from Japan

seen from Malaysia

seen from Türkiye
seen from China
seen from Singapore
seen from United States

seen from Türkiye

seen from Brazil

seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from Malaysia
seen from United States
seen from United States

seen from United States

seen from United States
@kpopartinvasion
I saw this today and... I loved it
https://www.youtube.com/watch?v=ez8sQuCxef4
I couldn’t celebrate the 1000 days since today... but here I am.
I have many words to this guys. The fact that now is the only band that I’m really following. They make me smile and laugh. I enjoy their music so much, every song feels special. I still dreaming to see them in person someday...
I’m thankful because their always do their best. I feel proud everytime they show us a great song and good performance. I don’t care about awards... to me, they are too much good even for them. Of course I am being biased and not objective but who cares... I love them. I really love them so much. I feel like they are my young brothers and I want to take care of them because I hate when they are having a hard or bad time.
It’s incredible how they has grown. The changes since the debut (and before it) and now... they have built a name and now are one of the most important bands in kpop industry.
There are many things I would love to tell them... and I can’t never find the words that I need.
<3
Happy Halloween!!!
Seok Jin acaricia tu cuello con la punta de un dedo, despacio, bajando hasta el hueco de la clavícula y ahí, acerca la boca y deposita un suave, casto y cariñoso beso. Su otra mano roza tu hombro y mientras disfrutas del contacto de sus carnosos y blandos labios, baja tu camiseta. No te importa el aire frío acariciando tu piel desnuda. Se separa de ti para observarte bien, y a pocos centímetros del rostro, te sonríe de esa manera que solo él sabe hacer. Dulce y tierno, atrayente.
-No voy a hacer nada que no quieras hacer.-te susurra. Y antes de que puedas responder, te abraza con cuidado, como si fueras de cristal, el ser más delicado y preciado del mundo, y apoya su cabeza en tu barbilla.
Ahora, la decisión es tuya.
Yoon Gi alarga su brazo hacia tu rostro, y roza tu mejilla, llevándose a los labios un poco de helado con el que te habías ensuciado. Se lame los dedos de manera desinteresada, a pesar de lo nervios que te invaden a ti ante ello. Sigue dedicándose a su propio postre, sin apartar los ojos de ti. Él es así: parece no importarle nada, y a la vez, no pierde atención de todo lo relacionado contigo. Intentas centrarte en tu helado antes de que se derrita, pero notas cómo sus rodillas tocan las tuyas bajo la mesa. Él te sonríe de esa manera gatuna y suspicaz, casi haciendo desaparecer los ojos.
-¿Te das cuenta de lo adorable que eres cuanto estás nervioso/a?
Ho Seok, cómo no, está riendo mientras baila. Tú permaneces en el suelo, observándolo disfrutar, hasta que se detiene. La música sigue sonando, así que te confunde su reacción. Se acerca a ti y te tiende una mano. Al ver que no reaccionas, la sacude en el aire. La tomas y estira hasta ponerte de pie. Te pasa un brazo por la cintura y acerca vuestros cuerpos. Ahora, la melodía cambia. Comienza a moverse sobre la pista, sin soltarte, tú le sigues, ensimismada en su rostro. Tus ojos se pasean por éste, desde el nacimiento del cabello, hasta sus pómulos y su boca. Él se da cuenta hacia dónde miras, y antes de que te percates, junta vuestros rostros.
Dejáis que la música siga sonando, porque el tiempo se ha detenido en vuestro mundo.
Nam Joon te está dando la espalda. Te ha arrastrado hasta el estudio, sin decir nada, se ha sentado frente al ordenador y no ha abierto la boca desde que habéis llegado. Cruzas las piernas y te apoyas atrás en el sofá, impaciente. Cierras los ojos.
Entonces, unas notas comienzan a sonar y a los segundos, su voz llega a tus oídos. Te enderezas, observándolo con sorpresa. Ahora, sí te mira. Fijamente. Rapeando. Su canción para ti. Su creación, hablando de lo que le haces sentir. Sus manos se acercan a ti y agarran las tuyas con suavidad, sin apretar pero con la intención de no dejarte ir jamás. Acaba la canción, y los hoyuelos que tan bien te conoces, se dibujan en la comisura de sus labios cuando sonríe.
-¿Te crees que mi mejor creación, sea una canción de amor por ti?
Ji Min pasea cogido de tu mano y te mueve de aquí para allá viendo tiendas. No te importa, porque verle así de feliz es suficiente para ti. De repente, te arrastra al interior de una de zapatos y te pide que esperes en uno de los asientos de madera. Supones que no quiere seguir mareándote mientras se prueba cosas, porque él es así. A ti no te importa, pero antes de que puedas decírselo, él ya se ha marchado, así que obedeces. El chico desaparece entre las estanterías, así que te dedicas a mirar los objetos y paredes, la gente, todo a tu alrededor. De repente, lo ves acercándose, sonriente y orgulloso, con unos zapatos en la mano. Frunces el ceño. No son su estilo, ni su talla. Abres la boca, pero ninguna palabra sale de tu boca cuando él se agacha frente a ti y te quita el calzado con sumo cuidado, probándote los zapatos que llevaba en la mano. Levanta el rostro y te sonríe. Dos rendijas por ojos, mejillas rellenas y la representación de la inocencia es lo que ves ahora.
-Debo agradecerle a tus pies que te llevaran hasta mí.
Tae Hyung suspira a tu lado. Le observas en silencio, recorriendo con los ojos la forma de su rostro y grabándolo en tu memoria por enésima vez. Duerme con tanta tranquilidad, que te da miedo moverte y sobre saltarlo, sin embargo, no puedes evitar tocar sus mejillas y sus orejas . Sonríes ante la visión que te ofrece de buena mañana. De repente, notas que sujetan tu muñeca y ves que ha abierto los ojos. Su sonrisa te ilumina.
-Buenos días.-musita, con su voz ronca y masculina.
-Buenos días.-le responder. Te suelta y te besa la frente, para acercar vuestros cuerpos y pasarte un brazo por encima. Tu rostro está a la altura de su cuello y notas contra ti, los latidos acelerados de su corazón.
-Déjame abrazarte un... largo... rato... más.-te pide. Y, por supuesto, no vas a decirle que no.
Jung Kook se coloca detrás de ti, apoyando las manos en tu cadera y obligándote a enderezarte. Pegando su pecho a tu espalda, te ayuda a colocar bien los brazos, sin que dejes caer el balón. Acerca su boca a tu oreja, para susurrarte cómo debes lanzarlo. Se supone que debes flexionar tus rodillas, pero te sientes incapaz de moverte mientras él te toca y te habla tan cerca. Tragas saliva, y Jung Kook llega hasta tus dedos con los suyos. De repente, la pelota cae de tus manos y empieza a alejarse. Te da igual, porque el chico está cruzando los brazos sobre tu cuerpo, abrazándote y depositando un suave beso en tu cuello.
-Ya que esto no te divierte, ¿mejor jugamos a otra cosa?-te pregunta. No te sientes capaz ni siquiera de responder.
Do you remember the classic dress up? Cutting the doll and clothes... You can do it in computer or print it and do like we did before... wathever, if you do I'm going to be happy to know it!! Do you want the other members too? hehehe
http://jeannelok.deviantart.com/art/Dress-up-V-541197511
Jimin and Suga, and Suga and Jimin... and BTS IS BACK!
Sleepy Suga Cat...
Let's try not think about Jimin having fun with Suga's bear... :p
Based on this photo (© cha CHA, |)
Las caricias del Cielo (YongGukxOC)
Yong Guk era un estudiante modelo en la carrera. Se tomaba en serio las asignaturas, presentaba los trabajos a tiempo y sacaba notas excelentes. Pero también se mantenía apartado del resto, y era difícil acceder a él dado las miradas que dirigía y asustaban. Sin embargo, parecía sentirse cómodo así y todo el mundo se había acostumbrado a esa actitud.
A mediados del primer semestre, llegó una nueva estudiante transferida de otra universidad, Kim Ha Neul. Era una chica del montón, con el cabello oscuro corto recogido en dos pequeñas coletas, de estatura media y gafas redondas. A pesar de todo, pronto se hizo notar porque parecía vivir en su propio mundo: a veces se quedaba mirando el infinito, o hacía preguntas que a los demás le parecían extrañas, con la máxima naturalidad. Por los pasillos, de vez en cuando leía libros y reía o se emocionaba sola. Yong Guk no se interesó demasiado por ella durante los meses siguientes, y ella tampoco pareció mostrarle demasiada atención. Hasta aquel día, en pleno Julio y cuando estaban por acabar los últimos exámenes antes de las vacaciones.
Yong Guk salía de la biblioteca tras estudiar, cuando la muchacha se le cruzó en el camino. Tenía la misma pinta despistada de siempre, pero cuando el chico fue a esquivarle, ella le habló:
—Bang Yong Guk, ¿verdad?
—Sí…
—Me llamo Kim Ha Neul, ¿podemos hablar?—fue estúpido que se presentase así ya que llevaban bastante tiempo en clase para saber su nombre, pero de todos modos no dijo nada. Antes de dejarle responder, la chica se dio media vuelta y se puso a caminar. Yong Guk la siguió, ya que no tenía otra opción. Llegaron hasta el exterior del edificio, a las escaleras, hasta que la chica le volvió a hablar— ¿Podemos ser amigos?
Cuando Yong Guk volvió a casa, saludó a su familia y se fue a su cuarto. Hacía mucho tiempo que no se sentía tan confundido. Desde que era joven, la gente le había rehuido por su aspecto feroz y él se había acostumbrado a tener sólo algunos amigos. Por eso, lo último que se había esperado que pasaría era que una compañera le propusiera aquello.
No sabía qué otra cosa hacer, así que había aceptado.
Así fue como se empezó a ver a los dos juntos. Sus compañeros no podían evitar comentarlo, dado que casi todos evitaban hablar al chico, y ella era alguien… especial. Al principio, él mismo no sabía cómo iban a ser amigos. Durante uno de los descansos entre clases, se sentaron juntos en el patio. Mientras él leía, ella se limitó a estar, sin decir nada. Por eso, pudo acostumbrarse a su compañía, y al final, agradecerla. Aunque no hablasen demasiado, siempre era agradable tener a alguien al lado. A veces, repetían esa rutina. Pero cuando el frío comenzó, decidieron pasar sus momentos de silencio y tranquilidad en el aula donde se guardaban las mesas y sillas que sobraban, por si algún día tenían que utilizarse o cambiarse.
—¿Por qué quisiste hacerte mi amiga?—le preguntó un día. Fue durante las vacaciones, mientras paseaban después de haber estado buscando libros para un trabajo en una librería. No lo hacían juntos, pero ella se lo había propuesto.
—Cuando te vi la primera vez, me diste miedo—dijo ella, sin tapujos. Caminaba mirando al frente, como recordando lo que decía—. Intenté no dejarme llevar por la primera impresión. Pero la primera vez que te escuché, todavía me diste más miedo. Pero entonces…—se detuvo, y él también, expectante… si tanto miedo le tenía, ¿por qué había querido ser su amiga?— Entonces, me obligué a verte de verdad. Porque sé mejor que nadie, que las apariencias engañan… porque no soy rara, ni estoy loca, ni tengo la cabeza llena de pájaros, ¿sabes? Sólo miro el mundo de manera diferente. Y al verte de verdad, me di cuenta de que no das miedo. Eres tímido. De que te gusta estudiar, y te esfuerzas en ello. De que no soportas las injusticias, y por eso defendiste a un chico de nuestra clase cuando unos de tercero se burlaban de él. Y aunque él, después de eso, siguió ignorándote, no le diste importancia. Das miedo, Yong Guk, pero eres un gran tipo.
Ha Neul le dijo todo eso del tirón, mirándolo a los ojos. El chico se sintió hipnotizado por cada una de las palabras, y su corazón dejó de latir.
A partir de aquel día, él también comenzó a ver a la chica de manera diferente.
Yong Guk le había explicado a Ha Neul que le costaba acercarse a los demás, porque se había acostumbrado a que no quisieran estar demasiado cerca de él. Era la primera persona en años que de verdad se acercaba a él de manera desinteresada. Y se dio cuenta, de que era la primera vez que se sentía interesado por una chica.
Estaban a mediados de noviembre, el día en que Yong Guk descubrió qué sentía por ella, y se dio cuenta de que no podría verla nunca más como una amiga. Había llegado antes de tiempo a clase, y se encontraba mirando por la ventana un par de pájaros que habían hecho su nido en la rama que había justo en frente. Quizá, si alargaba el brazo, podría tocar a uno de ellos, aunque sabía que lo único que conseguiría así sería asustarlo.
De repente, notó algo contra su brazo y al principio no reaccionó. Pero al mirar qué era, se encontró con Ha Neul apoyándose en él para poder asomarse y ver qué estaba mirando. Su cuerpo reaccionó de manera automática, apartándose sonrojado. No estaba acostumbrado al contacto con otros, y mucho menos si el otro era una chica.
Ella le miró, sorprendida y sin comprender.
—Lo siento.—dijo él, marchándose de allí sin darle ninguna explicación.
Yong Guk se dedicó a esquivarla durante todo el día, aunque sabía que estaba mal. Pero a pesar de la ropa, le ardía el lugar donde habían estado en contacto.
—Yong Guk…—estaba recogiendo sus cosas tras la última clase a toda velocidad, pero ella le salió al paso—Me estás esquivando.— usó su mirada, su tono, su expresión de siempre. Y a pesar de todo, él pudo notar que estaba dolida por eso, y se sintió mal.
—No… no te estoy evitando, es sólo que…— ¿cómo iba a explicarle que se sentía extraño cuando le tocaban, porque no estaba acostumbrado?— Lo siento, ¿vale? Me sorprendiste.
—Pero no te apartaste cuando me apoyé, fue al verme…—como si intentase demostrar lo que decía, alargó la mano y le tocó el brazo de nuevo. Él hizo un movimiento brusco para apartarse antes de darse cuenta de haberlo hecho ni siquiera.
—¡Ha Neul, yo…!—la chica alternaba la mirada entre su mano y el chico. Suspiró, desarmándolo sin decir nada porque en realidad, no tenía cómo disculparse.
—Me voy.—dijo de repente, recogiendo sus cosas y dándole la espalda a Yong Guk. Él la vio marchar, sintiéndose la peor mierda del mundo.
Ha Neul se dirigía a su siguiente asignatura, cuando Yong Guk apareció ante ella. No le había visto en todo el día. En realidad, desde que hacía dos días no había dejado que le tocase el brazo, había desaparecido, y ella no se había visto con el valor de escribirle ningún mensaje, dolida por lo sucedido.
—Sígueme.— le dijo, imitando lo que ella había hecho la primera vez que hablaron, dándole la espalda sin darle tiempo a responder. Y la llevó hasta el aula donde tomaban sus descansos. Cuando entraron, cerró la puerta con el pestillo interior. Nadie podría verlos, porque las ventanas estaban cerradas también.
—¿Yong Guk?—preguntó, confundida. Entonces, notó las manos del chico sujetándola por los hombros y empujándola contra la pared. Estaba sonrojado, y sudaba, nervioso.
—Lo siento, Ha Neul. Es que… no estoy acostumbrado a que me toquen, ¿vale? Y me cuesta adaptarme a ello, pero… le he estado dando vueltas, y quiero que tú lo hagas. Quiero que me toques.—y, de repente, se desabrochó la chaqueta y se sacó el jersey, dejándose el delgado pero trabajado torso al desnudo. Un tatuaje cruzaba todo su pecho, y Ha Neul frunció el ceño al verlo.
—No me gusta. Pero… sí me gusta tu piel…—dijo, con los ojos clavados en el pecho de Yong Guk, antes de alzar la vista hacia él— ¿De verdad puedo tocarte?—él asintió con la cabeza. Ha Neul no titubeó, posando la mano sobre el abdomen de Yong Guk. Notó el estremecimiento del chico, y sonrió con dulzura— Está duro, pero tu piel es suave—dijo, acariciándole. Decidió usar las dos manos, pasando la yema de los dedos por cada una de las partes de la piel desnuda del chico—. Me gusta tu cuello… es fuerte, grande y masculino…—mientras hablaba, no se daba cuenta de lo mal que lo estaba pasando el chico. Parecía absorta, como si estuviera contemplando una bella obra de arte que en cualquier momento, desaparecería ante sus ojos. Su dedo caminó por el ombligo del chico y su costado, la uña rascó con suavidad el centro de su pecho e incluso dio una vuelta alrededor de uno de los pezones. Paseó por su clavícula y rozó sus músculos, llegando al antebrazo y tocando con los suyos, los dedos de Yong Guk. Cuando sus manos decidieron acabar con el tour, pegó su cuerpo al del chico, sorprendiéndolo.
—Ha… Neul…
—Te late el corazón muy rápido, ¿es porque me has dejado tocarte?
—Sí… pero creo que… es sobre todo porque me has tocado tú…—su voz sonó entrecortada. Ha Neul se separó de él, lo observó unos instantes y le sonrió con cariño.
—Tú también me gustas, Yong Guk—y de repente, saltó a sus brazos, haciendo que el chico perdiera el equilibrio y cayendo ambos al suelo. Por suerte, no se dieron con ninguna de las sillas o mesas. El chico había protegido con sus brazos a la muchacha, y cuando la miró, ella todavía sonreía—. Me encantas, Yong Guk.—estaba feliz, y sin importarle la posición comprometida en la que se encontraban, se lanzó a su boca, besándolo.
De todos los contactos, ése fue el que más le asustó, por lo placentero que le resultó, pero esta vez su cuerpo reaccionó de manera del todo distinta: quiso más. Y no le gustó nada cuando se separaron. Por suerte para él, no parecía que ella quisiera dejar de besarlo, porque al instante siguiente volvían a estar pegando sus bocas. La inexperiencia de los dos hizo que avanzaran a un ritmo semejante, desde el desconocimiento. Sin necesidad de explicaciones o palabras, porque entre ellos siempre sobraban. Sus lenguas decidieron por sí mismas qué hacer cuando se les abrió el camino, y de algún modo, besar dejó de ser una pantalla bloqueada para ellos, porque se convirtieron en expertos de saborearse el uno al otro.
Más tarde, se habían acomodado contra la pared. Yong Guk seguía sin su camiseta, pero no tenía frío. Las gafas de Ha Neul descansaban en el mismo lugar donde habían caído cuando ellos también se precipitaron al suelo. Pero no las necesitaba para ver lo único que le interesaba en aquellos momentos, mientras sentada sobre el regazo del chico, dibujaba círculos sobre su pecho. A veces, también le besaba donde antes había estado su dedo y Yong Guk sólo le dejaba hacer, porque esa manera dulce que tenía la chica de quererle era placentera. No supo cuánto tiempo estuvieron así, pero agradeció el día en que Ha Neul decidió cambiarse de universidad, y a sus pies por seguirla cuando ella le preguntó si podían hablar.
Ha Neul volvió a rodearle el cuello con los brazos, y hundió los labios en el hueco de su clavícula.
—Me encantas. —volvió a decir, antes de soltar una risilla de felicidad que vino acompañada por un gran abrazo de Yong Guk y un profundo y pasional beso. Llegados a este punto, el chico no pudo aguantar más lo que estaba sufriendo en silencio y que era ya, un dolor placentero pero incómodo.
—Ha Neul, tendrás que salir de encima, porque necesito ir al baño…—dijo, y ella le observó sin comprender. Pero no hicieron falta más explicaciones, porque entendió qué era lo que notaba bajo su cuerpo y besó la mejilla sonrojada de Yong Guk.
—Me alegra que te pase algo así conmigo. Tranquilo, yo te cubro hasta el baño.—se puso en pie, ayudando al chico a hacer lo mismo e instándolo a vestirse. Para ocultar su problema, le hizo rodearla con los brazos y así salieron al pasillo. Aunque al principio el chico había alucinado, entendió que, al fin y al cabo, se trataba de Ha Neul, y esa reacción era del todo normal en ella. Con el cabello desordenado y aquella extraña postura, se dirigieron al baño de hombres más cercano, y como ignoraron como siempre las miradas y comentarios de los de su alrededor, sobre desde cuándo esos dos habían pasado de amigos a pareja, y Yong Guk sabía sonreír de esa manera.
DaeHyunxOC
El amor del rey dragón (Kris-Luhan)
Prólogo
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6+epílogo
Capítulo 6:
Los lobos se meten donde no les llaman
Luhan ya se había acostumbrado a volar sobre Kris, y habían creado con magia, un artilugio semejante al que usaban algunos humanos para cabalgar y que así no acabase herido. Se encontraba dando piruetas por el aire mientras el chico ciervo gritaba de júbilo. Atrás quedaban esos días en los que temía el cielo y el aire golpeando su rostro. Ahora disfrutaba de las caricias de las gotas de lluvia cuando pasaban entre las nubes, del movimiento de sus cabellos cuando aceleraba la velocidad y de los movimientos bruscos que los ponían a los dos boca abajo. Kris disfrutaba las risas cantarinas de Luhan y lanzaba bocanadas de fuego pequeñas para demostrar que también estaba contento. Aquella había sido una de las cosas que al principio había chocado a Luhan, porque nunca le había visto manifestar su otro poder a parte del de volar. Kris le explicó que en realidad, quien dominaba muy bien el fuego era Chanyeol, pues aunque a ambos le salía con naturalidad, el fuego era en cierto modo su vida y destrucción. Luhan admitió que nunca lo había considerado de aquella manera, pero que tenía sentido.
Cuando descendieron de nuevo y antes de que se convirtiera en humano, Luhan se colocó delante de él y sintió cómo se movía toda su ropa cada vez que el enorme dragón verde respiraba. Acercó una mano al cuerno que sobresalía de su frente y lo acarició. Era áspero y le hizo cosquillas, pero le gustó la sensación. Paseó los dedos por las escamas de su cuello. Las heridas que el cuerpo humano de Kris tenía, también estaban en su cuerpo dragón. Luhan tendía a besarlas cuando las veía como si así fuera a curarlas. En realidad, Kris podría preguntar por algún tipo de magia que lo hiciera, pero no quería. Eran parte de él, de su ser, su esencia. No se desharía nunca de ellas. Cuando se lo dijo, Luhan había sonreído con dulzura “Justo por eso las beso. Porque son parte de ti.”. Y en aquellos momentos, a pesar de las escamas y del olor a azufre que desprendía su cuerpo y que haría arrugar la nariz de cualquier otro al darse cuenta, besó una que tenía en el cuello. Siguió paseando por todo el cuerpo del dragón, mientras éste se tumbaba para facilitarle el camino. Cuando regresó al punto de partida se convirtió en Kris y a Luhan le faltó tiempo para saltar a sus brazos y besarlo. El rey Dragón le ayudó a saltar y rodearle la cintura con las piernas.
Los besos que se daban eran cada vez más intensos. Un nuevo mundo que ambos estaban experimentando juntos, haciendo que sus cuerpos humanos cada vez tuvieran más atractivo para ambos. Antes, Kris se pasaba la mayor parte del tiempo en su forma de Dragón, pues era la que más seguridad le otorgaba. Sin embargo, menos cuando volaba sobre él, para estar juntos adquirían su cuerpo humano. Y ahora Kris pasaba mucho, mucho tiempo con Luhan. A veces le pedía al chico que se convirtiera en ciervo, porque desde que lo conocía, los veía más allá de mera comida, acaso Luhan fuera un caso extremadamente hermoso incluso en su versión ciervo. Su pelo corto, suave, brillante de color tierra con manchas blancas. Sus enormes ojos negros y profundos con largas y espesas pestañas. Sus poderosos cuernos, que le otorgaban un aspecto más severo y duro del que tenía en su versión humana. Cuerpo esbelto, patas largas y fuertes. Nunca se había fijado de verdad en ellos, pero Kris tenía buena memoria y desde luego nunca había visto un ejemplar como ése.
Ah… por culpa de Luhan no los vería más, porque había dejado de cazar y comer ciervos.
Cuando terminaron de besarse, se tumbaron sobre el césped como tantas otras veces y Kris volvió a poseer a Luhan. Sin embargo cuando acabaron, Luhan se sentó sobre su estómago y lo observó desde arriba, sonriendo muy pagado de sí mismo.
—¿Me dejas que esta vez sea yo el que te haga disfrutar a ti?—le preguntó con una voz que Kris no conocía. Incapaz de negarse ante tal proposición, dejó que Luhan le sujetase los brazos por encima del cuerpo y disfrutó de su boca recorriéndole el cuerpo. Kris disfrutaba cada una de las veces que su piel tocaba la del otro chico, pero de repente estaba descubriendo qué debía hacerle sentir él. No estaba haciendo nada, sólo se dejaba tocar y acariciar, sin embargo todo su cuerpo ardía más de lo que ya era de por sí normal. La excitación iba en aumento con demasiada velocidad, pero aguantó porque le había hecho esa silenciosa promesa. Luhan fue rápido, y con su boca ayudó a contener la explosión que estaba a punto de tener lugar en un punto de su cuerpo en ese momento, doloroso.
Desde luego, se le hizo muy extraño cuando poco después, Luhan ponía sus piernas alrededor de él. Le dolió, diablos, le dolió mucho cuando lo sintió dentro de él. Fue un dolor placentero que deseó que no terminase jamás (Kris nunca había temido al dolor y en cierto modo hasta lo disfrutaba). Aún fue mejor cuando Luhan empezó a golpearse contra su cuerpo.
Kris se escuchó a sí mismo gemir, y se sonrojó. Maldita sea, ¿de verdad esa había sido su voz? Cuando escuchaba esos sonidos provenir de Luhan eran muy sensuales, atractivos, maravillosos, pero en él…
—Kris… suenas genial.—dijo, sin embargo, el otro chico. Y el aludido perdió la vergüenza, y siguió disfrutando de lo que Luhan estaba haciendo y deseó que sólo se detuviera si era para alcanzar su rostro y besarlo con esos labios hechos perfección.
Mientras paseaban más tarde, Kris maldijo a su yo que en algún momento había creído disfrutar del dolor. Sentía tal dolor en el culo, que durante los primeros minutos le había costado caminar. Por suerte ahora era una molestia que se iba relajando a medida que pasaban el tiempo. Bah, teniendo en cuenta el placer que había sentido (y esperaba repetir), esa incomodidad eran una minucia.
Ninguno de ellos decía nada mientras caminaban, pero tenían sus dedos entrelazados y jugaban el uno con los del otro. Las manos de Luhan eran pequeñas y delicadas, pero tenían fuerza y cuando se aferraban a las suyas podía sentir cómo le clavaba los dedos. Quizá se pensaba que iba a soltarlo, pero desde luego Kris no estaba dispuesto a hacerlo.
De algún modo, siempre regresaban al lugar donde Kris lo había visto por primera vez. Se recostaban contra el mismo árbol, Luhan apoyado sobre su pecho desnudo y dibujando círculos sobre él. Por su parte se dedicaba a oler el cabello del chico ciervo. Hierba húmeda, frutas, flores, aire, tierra, sudor… parecía contener en su pelo todos los olores del bosque y la naturaleza. Y Kris lo disfrutaba como nunca antes había hecho. Luhan le hacía reparar en todas esas minucias que antes, simplemente estaban allí. Existían porque debían hacerlo, pero no reclamaban su atención. Ahora, encontraba bonitas cosas pequeñas, insignificantes para cualquier otro rey Dragón.
Kris estaba cambiando, y no sabía si para bien o para mal, pero desde luego lo disfrutaba. Se preguntó si alguno de sus antecesores se habría sentido así alguna vez, pero lo dudó. Los dragones, de por sí, se sentían poderosos y únicos. Qué decir de los reyes dragón.
Besó la coronilla de Luhan y dejó los labios enterrados allí durante unos instantes. Cerró los ojos, y de repente lo notó. Su corazón comenzó a latir con prisa, se puso en alerta. Vigilando no hacer daño a Luhan, se enderezó.
—Maldita sea, mierda.—dijo. Pero era tarde. De todos modos le gritó a Luhan que le esperase allí y corrió hacia el pequeño lago, saltando y convirtiéndose en dragón en ese punto, alzando el vuelo por encima de la copa de los árboles. A pesar de todo, el espacio era pequeño y las ramas se clavaron entre sus escamas. No le hicieron daño, a diferencia de una que se instaló entre las membranas de sus alas, uno de sus puntos débiles. La ignoró y buscó desde las alturas a esos traicioneros animales que los habían espiado. Estúpidos, porque se habían acercado demasiado y él los había sentido, pero veloces. Tenían que ser como Luhan y él. Unos lobos normales les habrían atacado al ver que eran humanos. Pero ellos lo sabían. Sabían que eran un dragón y un ciervo, y Kris no tenía ni idea de lo que iba a hacer si los cazaba, porque no podía matarlos, pero tampoco dejarlos.
Daba igual. Hiciera lo que hiciera, los pondrían en peligro. Pondrían en peligro a Luhan. Rugió enfadado y al fin los localizó, lanzándose sobre ellos. Sin embargo, había demasiados árboles y ellos sabían usarlos de protección. Kris sintió más ramas clavándose en su cuerpo mientras intentaba cazarlos, pero era imposible. Tampoco podía lanzar fuego, porque podría incendiar el bosque. Maldijo por dentro, gruñó y lanzó centelladas aunque sabía que no servía de nada. Además, había algo en ellos que le resultaba conocido. Los había visto antes, en una situación semejante… ¡eran los mismos que habían atacado a Luhan y lo habrían devorado de no haberlo salvado!
Los dos lobos, de repente, se separaron. Y Kris no tenía ni idea de hacia dónde irían. Hacia los dragones, hacia los ciervos, hacia los suyos, hacia cualquier otro que les sirviera de ayuda para revelar ese secreto a todos… Pero de repente recordó que había dejado a Luhan solo y confundido. Y que éste sabía protegerse con magia, pero de todos modos se sintió inseguro y dio media vuelta.
No sabía qué otra cosa hacer, sin embargo lo que no estaba dispuesto a permitir era que Luhan sufriera. Voló hasta él, con un puzzle sin sentido en su cabeza.
Por suerte, cuando llegó, el chico ciervo seguía esperándolo y había puesto una protección a su alrededor. Convertido en humano, Kris fue hasta él.
—¡Estás sangrando! Vamos a avisar a…—serían heridas provocadas por las ramas. Kris no las notaba, eran demasiado insignificantes. Atrajo a Luhan hacia él y le besó el cuello.
—Lo siento, Luhan. Te quiero y lo siento…
—¿Qué sucede, Kris?
—Me confié demasiado. Creí que si alguien se acercaba demasiado, lo percibiría. Pero estaba demasiado abandonado a los placeres que me ofrecías y me confié… y nos han descubierto. Los lobos nos han visto.
—Pero quizá no…—admiró su inocencia y buenos pensamientos, y le besó. Se separó unos centímetros de él y sujetó su rostro con ambas manos, pegando sus frentes.
—Pase lo que pase, estaré a tu lado. Vamos a enfrentarnos a esto juntos.
—Eso siempre, Kris.
Kris se transformó en dragón justo a tiempo para cubrir con su cuerpo el de Luhan y evitar que la llamarada de uno de los suyos le hiriera. Pudo ver la decepción dibujada en los ojos azules que le observaban.
Se encontraban en medio del bosque, el cual estaba envuelto en llamas. Habían creado un círculo de fuego alrededor, quemando todo lo que estaba donde ellos se encontraban para que poco a poco más dragones pudieran colocarse allí dentro.
El dragón que les había atacado rugió furioso. Pronto, dentro del círculo, se fueron concentrando más seres que les roderaron. Tanto los aliados de los dragones como de los ciervos estaban todos allí reunidos, preparados para pasar al ataque en cuanto fuese necesario. Poco poco, fueron constriñendo el círculo hasta crear una atmósfera claustrofóbica.
De repente, comenzaron a llover objetos sobre ellos. Luhan se pegaba al principio al cuerpo del dragón, mirando hacia todos lados sin saber qué hacer. Pudo ver a su familia, compuesta por miles de ciervos, replegándose por detrás del círculo ígneo, sin poder hacer nada y consumidos por la impotencia. Las aves comenzaban a llenar el cielo. Pronto los buitres y los cuervos cubrieron el cielo por encima del humo y los primeros comenzaron a dejar caer cosas sobre ellos. Los buitres no iban con nadie, ellos y los cuervos sólo esperaban la matanza para comerse sus restos. Kris fue a cubrir de nuevo su cuerpo, pero Luhan no le dejó.
Estaba cabreado. Mucho. No entendía que por amar a Kris tuvieran que comenzar una guerra, ni sabía qué narices tenían que hacer allí las aves carroñeras. No entendía muy bien qué sucedía, pero ya había sentido aquello antes y algo dentro de él le decía que lo usara. No deseaba que los objetos que les lanzaban siguiesen dañando a Kris. Una barrera de protección no serviría, pero de pronto, sin saber cómo, gracias a ese poder interior que había sentido con anterioridad, pudo detener la lluvia de objetos y desviarlos contra aquellos que los atacaban. De esa manera, pudo ver, cómo los que rechazaban su relación, sufrían en sus propias en carnes, el dolor por los impactos que recibían. Eran tan estúpidos, preferían odiar, antes que tratar de entender lo que había entre Kris y él. Los dragones les lanzaron llamaradas de fuego que alejaron a los carroñeros del círculo, pero no se fueron demasiado lejos.
Luhan sonrió con tristeza. Menudo momento para descubrir que tenía el poder de la telequinesis.
Se convirtió en ciervo y se encaró a los dragones que lanzaban llamaradas a su alrededor pero sin tocarlos, esperando todavía una explicación de su rey.
Kris rugió entonces. Rugió con todas sus fuerzas. Fue un sonido que nació desde su corazón y se propulsó hacia el exterior. Luhan tenía calor, mucho calor. Le aturdió ese sonido proviniente de Kris.
De repente, la guerra comenzó. Comenzaron a atacarse unos a otros, y vio a los unicornios llegar y apagar el fuego con sus poderes y entrar con los ciervos a atacar. Reconoció a Chanyeol volar hasta ellos. Mientras se lanzaba a pelear, deseó que ni él ni Yi Xing se vieran envueltos en todo aquello, aunque sabía que era imposible.
Hizo uso de su telequinesis para convertir en sus armas todo aquello que les habían lanzado los buitres, ya fuesen piedras o huesos. Aunque hubo algo de lo que no se preocupó, los seres contra quienes los lanzaba. Le daba igual que fuesen amigos o enemigos.
Algo le golpeó en una pierna y le hizo caer de cabeza. Notó el sabor de la tierra y rodó. Se levantó con dificultad y siguió peleando, perdiendo al final la noción del dolor. Recibía heridas, su cuerpo sangraba. Buscó a Kris con la mirada y vio cómo estaba siendo reducido. Quiso ir hasta él, pero de repente una bola de fuego se precipitó hacia ellos y explotó contra el suelo. La guerra se detuvo. Chanyeol el Fénix apareció pletórico. Parecía más grande, brillante y poderoso que nunca.
Estaba cabreado. Y pronto una luz brillante y poderosa estuvo a su lado. Se sorprendió al ver a un humano descender de Yi Xing.
—¡Escuchadme, me llamo Baekhyun y soy un hijo de la luz!—escuchó gritar al humano. Todos a su alrededor comenzaron a gruñir y gritar dispuestos a seguir atacando, y considerándole a él, la primera víctima de sus ansias de sangre. Aunque esas ansias se vieron reducidas a la nada durante unos instantes, porque ante ellos, Baekhyun se convirtió en un fuerte haz de luz que los cegó. Cuando Luhan fue capaz de mirar de nuevo, Baekhyun jadeaba cansado— ¡¡Escuchadme, esta guerra ha de detenerse!! ¡Si seguís luchando, la tierra morirá con todos nosotros!—Chanyeol y Yi Xing se convirtieron en humanos.
—¡Ni siquiera habéis tratado de entenderlos!—se unió a los gritos Chanyeol, acercándose a su amigo malherido. Luhan corrió hacia ellos y en cuanto pudo pegó su hocico al del dragón verde, sintiendo sus ojos llenarse de lágrimas.
—¡El dragón no ha forzado al Ciervo!—clamó Yi Xing.
—¡Ni el ciervo ha hechizado al Dragón!—respondió Chanyeol a su vez.
—¡Traición!—se escuchó una voz de repente. Algunos habían optado por convertirse en humanos para poder hablar.
—¡Traición!
—¡Matar!
—¡Guerra!
—¡¡No!!—una hermosa dragona plateada apareció volando y se convirtió en una humana de cabello corto y cuerpo menudo. Se colocó frente a ellos con los brazos extendidos— ¡No vais a hacerles daño!
—¡No puedes impedirlo!
—¡Traición!—a pesar de todo, nadie siguió peleando. La situación que estaba desarrollándose ante sus ojos les resultaba interesante.
Kris y Luhan parecieron entenderse sin hablar, convirtiéndose en humanos a la vez. El chico ciervo sintió sus piernas flaquear pero mientras Chanyeol ayudaba al dragón, él sintió a Yi Xing sujetándolo por debajo del hombro.
—Gracias.—musitó, asustado al ver las lágrimas en los ojos de su amigo. Ése era su final… pudo leerlo reflejado en el chico.
—¡Amber! ¡Amigos, hermanos!—a Kris le faltaba el aliento, pero estaba haciendo uso de sus últimas fuerzas para hablar— ¡Entiendo que estéis ofendidos! Por eso… ¡me disculpo! ¡Y nombro a Ámber la nueva reina!
—¡¿Qué…?! ¡No!
—No me van a dejar vivir… ambos lo sabemos…—tras escuchar esas palabras, las lágrimas empezaron a ahogar a Luhan. Los carroñeros volvieron a sobrevolarlos. Quienes se habían convertido en humanos para hablar volvían a transformarse y los rugidos inundaron el ambiente. Se soltó de su amigo y abrazó a Kris.
—Juntos…—susurró.
—Juntos.—respondió Kris, besándole la cabeza. Tenía el rostro cubierto de sangre y Luhan sintió un dolor desgarrándole el corazón.
—Voy a acabar con esto.—dijo, de repente, Chanyeol. No pasaría mucho tiempo hasta que volviesen a abalanzarse sobre ellos sin mostrar el más mínimo signo de piedad. La dragona plateada y Yi Xing el Unicornio, comenzaron a defenderlos de sus atacantes con todas sus fuerzas. Ya no eran aliados de nadie, sólo amigos potegiendo a los suyos y Luhan se lo agradeció en silencio, sin poder evitar llorar.
—Chanyeol, ¿de verdad tienes que hacerlo?—Baekhyun miró al aludido con desesperación. No sabía qué quería hacer el fénix, pero a él no le gustaba. El humano no dejaba de sudar y a duras penas podía mantenerse en pie.
—No pienso dejar que mi amigo acabe muerto en manos de éstos y seré yo quien nos arrebate las vidas para irnos juntos. Si tiene que morir, será yo quien acabe con su vida. Pero me iré con él.
—¿Qué estás diciendo?
—¡No hay tiempo! Ámber y Yi Xing no podrán aguantar mucho más.—y tras decir esto, Chanyeol volvió a convertirse en un fénix. Luhan vio cómo rodeaba su cuerpo y el de Kris entre sus alas mientras los dos caían al suelo, incapaces de sostenerse sobre sus piernas. Alzó el rostro y vio el del ave de fuego surcado en lágrimas. Escuchó a Kris decir el nombre de su amigo y se dio cuenta de que también estaba llorando. Se aferró más a su cuerpo, queriendo consolarlo.
Desde luego, ése era el mejor final que podrían tener, en vez de luchar, morir y ser devorados por los carroñeros. Quizá así al menos acabase la guerra antes de comenzar.
Las llamas de Chanyeol le tocaron la piel cuando se cernió más sobre ambos, envolviéndolos, pero no le quemaron. Sólo le producían una sensación extraña. Hundió el rostro en las costillas de Kris, notando como él lo abrazaba con más fuerza.
De repente dejó de sentir.
Por primera vez en mucho tiempo, Kyung Soo no se sintió capaz de burlarse de su amigo Zi Tao. Éste lloraba sin poder detenerse desde hacía horas sobre esa tumba. El Panda era alguien gracioso y divertido, pero también muy sensible. Y acababa de perder a un amigo.
—No puedo creerme que esto sea verdad—susurró una voz a sus espaldas. Kyung Soo se imaginaba que Baekhyun tendría más amigos y había colgado un anuncio en el mercado por si alguien más quería ir a visitar su cuerpo—. Chen, dime que no es cierto…—el otro chico no pudo responder, ahogándose en sus propias lágrimas.
—¿Pero cómo…?
—Usó demasiado poder. Su luz servía para algo más que leer el futuro. Pero la usó por el bien de otros.—el chico que había hablado se dejó caer de rodillas sobre el suelo. Kyung Soo no iba a contarle que había intervenido en la batalla que había tenido lugar el día anterior. Los humanos habían estado rumoreando sobre eso al ver el humo. Poco después, se encontraron el terreno carbonizado y lleno de restos de cuerpos por todos lados. Tanto él como Zi Tao habían observado la situación desde lejos, y no fue hasta que terminó que pudieron acercarse y coger el cuerpo desfallecido de Baekhyun antes de que los carroñeros se lo comieran. Respiraba con dificultad e intentaron llevarlo a algún lugar para que lo curasen, pero no había nadie. Después de que el príncipe Fénix se sacrificase y se llevase con él al rey Dragón y al chico ciervo, la batalla no había durado mucho más. La causa principal había desaparecido, y comenzaba a haber demasiadas bajas innecesarias. Los unicornios estarían curando sus propias heridas como para preocuparse de las de un humano.
—No lo...dejarán así… —había dicho Baekhyun de repente, sin abrir los ojos—Seguirán peleando pero… no durará mucho. Sólo… sólo lo harán los que…
—¡Deja de hablar, Baekhyun!—le había rogado Zi Tao.
— Los que… ansíen sangre. No… inter… firáis.
—Baekhyun… —había sollozado Zi Tao.
—Maldito Chanyeol…—susurró el joven humano, dando un respingo repentino. Segundos después el chico panda sujetaba entre sus brazos el cuerpo sin vida de su amigo.
Hasta donde sabía Kyung Soo, los dragones estaban discutiendo sobre la decisión de dejar a la chica dragona como reina, mientras que los ciervos estaban demasiado desvalidos y heridos como para querer regresar a la batalla. Los demás aliados se dividían entre los que deseaban seguir peleando y los que lo encontraban inútil.
—Voy a cantarle tu nuevo poema—dijo, de repente, Chen—. Se merece escucharlo, Suho—se limpió las lágrimas de los ojos, y aunque se notaba que le costaba incluso hablar, comenzó a cantar—. ¿Hubo un mejor tiempo antes? Han olvidado cómo amar y han perdido su corazón para cuidar. Están ocupados viviendo con sus espaldas vueltas hacia los demás, todos llenos con el deseo de asesinar con una máscara anónima puesta, incluso después de ver cómo los has llenado de hambre, ¿estás contenta ahora? ¿Por qué ya no nos miramos los unos a los otros a los ojos? ¿Por qué no nos comunicamos? ¿Por qué no amamos? Dejamos caer lágrimas sobre la dolorosa realidad una vez más. Por favor, dice que podemos cambiar las cosas si queremos…—la voz de Chen se alzó hacia arriba, envolviendo todo lo que les rodeaba y fundiéndose con la tierra. Qué letra más bien escogida y acertada para la situación.
Siguió cantando hasta que las lágrimas volvieron a llenar sus pulmones, y pronto un silencio sólo roto por los sollozos, volvió a envolverlos alrededor de la tumba de Baekhyun.
Epílogo
EXO
Notó un brazo colocarse alrededor de su cuello y apretar con fuerza y maldijo al dueño de éste. Siempre que le veía, Chanyeol parecía tener la necesidad de colgarse de él y ahogarlo. Pronto se unían a sus burlas Baekhyun y Zi Tao, encontrando divertido que estuviera a punto de chocar con sus propios pies. A veces era tan torpe que se preguntaba si no debería haber nacido con otro cuerpo, ¿qué tal hubiera sido ser un perrito?
Se encontraban en esa sala esperando al resto de personal. Los doce muchachos que se encontraban en aquella sala estaban preparándose para debutar en Corea como cantantes. Su compañía estaba intentando darles un enfoque especial, diferente, y en aquella sesión acabarían de ultimar detalles.
Él tenía delante de sí un libro con seres mitológicos que había cogido de una biblioteca, intentando encontrar algo especial. Le costó un poco pero al final le dirigió una mirada lo suficientemente seria a Chanyeol como para que cambiase de víctima y fuera a jugar con Baekhyun. Él suspiró y entornó los ojos posando de nuevo la vista en el libro, pasando las hojas con pereza.
—Hyung, ¿estás leyendo? ¿Seguro?—ah, esta vez Sehun y “Kai” (ése no era su verdadero nombre, sino el que la empresa le había dado) se acercaron para ver qué hacía.
—No se me caerán los anillos por leer un poco, ¿vosotros sabéis qué es un libro?—les devolvió la pelota y como si fueran una copia el uno del otro, hicieron el mismo gesto, llevándose una mano al corazón.
—Ésa ha sido buena, hyung.—y riéndose, se marcharon igual de rápido que habían llegado, parloteando sin parar.
Se acomodó mejor en su silla, ignorando los ruidos de alrededor. Los chicos nunca dejaban de hablar, jugar, meterse los unos con los otros, cantar o bailar. Era como encontrarse con un grupo de niños. A pesar de todo, desde el primer momento en que los había visto le dio la sensación de… de conocerlos de antes.
Levantó un poco la vista de las hojas y vio por el rabillo de uno de sus ojos que Luhan se acercaba tras despedirse de Yi Xing y Min Seok. Él tragó saliva y se obligó a posar la mirada de nuevo sobre las hojas. Algo le sucedía con ese chico, que no entendía. Al principio creyó que era porque al conocerlo lo había confundido con una chica, sin embargo Luhan pronto demostró que estaba orgulloso de su hombría a pesar de su aspecto. Debería haberlo visto como un colega más pero no podía evitar ponerse nervioso cuando lo tenía cerca y si por alguna razón sus pieles se rozaban, sentía esas zonas arder.
Para su desgracia, Luhan tomó asiento a su lado y miró por encima de su hombro.
—¿Qué haces?—le preguntó en chino.
—Estoy buscando… algo especial. No sé. Para que me represente…
—¡Suho líder rico hyung, pásame la libreta! ¡Kyung Soo no me cree cuando le digo que la letra no es así!—Kris se vio interrumpido por ese grito y alzó la cabeza, aprovechando para intentar aclarar sus ideas y responder algo coherente si el sonido de su sangre bombeando a toda velocidad se lo permitía.
—¿Pero Chen, por qué a él le llamas por su nombre y a mí no?—se quejó el aludido, lanzándole la libreta a quien se lo había pedido.
—¡Porque tú tampoco me llamas por el mío!—tras decirle esto y antes de pasar las hojas, le sacó la lengua y todos rieron.
—Críos—Luhan lo dijo sonriendo con ternura. No tardó en dirigirse a él de nuevo—. Cuando dices que te represente, ¿te refieres por eso de que quieren darnos un poder o algo así que nos represente? ¡Ah! Yo no tendría que buscar animal.
—Ya, ya lo sé, ya sé que tienes una obsesión con los ciervos.
—¡Porque son preciosos!—rió él— ¿Y tú, has encontrado algo?
—No, bueno… —comenzó a decir, posando de nuevo la vista sobre las hojas del libro— Me interesaría algo relacionado con volar. Creo que alguna vez os he comentado esa afición que tengo desde pequeño por ello… pero he estado mirando animales voladores y ninguno me convencía, así que pensé en buscar en la mitología del mundo... Lo he comenzado hace un rato así que de momento no es que haya visto na…—de repente, sus ojos encontraron una página dedicada a los dragones. Sintió una especie de descarga eléctrica recorriendo todo su cuerpo y suspiró— Vale, lo tengo. Me gusta el dragón.—dijo, paseando sus dedos por un título en la página que rezaba “El amor del rey dragón”. Qué curioso, no sabía que los dragones pudieran amar.
—Oh… el dragón… te queda bien. Quizá fueras menos torpe siendo un imponente dragón— bromeó Luhan. Él apartó la mirada, cohibido y sonrojado. Le gustaba eso de que le llamase imponente—. Lo digo en serio, te queda bien, perdona si te he incomodado. Pero estoy seguro de que habrías sido un dragón genial.—él no respondió.
—Luhan… tú no… nada, nada…—negó con la cabeza, intentando olvidar los pensamientos que habían acudido a ella. Ya debía parecerle lo suficiente estúpido al chico por echarse a temblar cada vez que lo tenía cerca, como para encima preguntarle cosas extrañas.
—Eh, ¿qué pasa?—maldita sea, ¿cómo podía gustarle tanto hasta el sonido de su voz?
—Es que es una tontería…—abrió los ojos sorprendido cuando notó la mano de Luhan sobre su muslo. Se volvió a mirarlo y se encontró con esos preciosos ojos marrones y sus largas pestañas oscuras. Tragó saliva, haciendo más ruido del que hubiera deseado.
—¿Te preocupa algo? Puedes contármelo. Por algo somos amigos.—¿y si le decía que él buscaba algo más que… una amistad?
—Yo… creo que me gustaría pasar mucho tiempo con vosotros.—ah, sus mejillas cada vez debían estar más rojas. Luhan apartó su mano y él deseó que no lo hubiera hecho.
—¿Era eso?—sonrió todavía con más ganas— Yo también espero que sigamos juntos mucho, muchísimo tiempo. Sé que sonará a locura pero… desde que os conocí me dio la sensación de que os había visto antes. Creo que ésa es una buena señal. Y me alegro mucho de haberte conocido, “Kris”.—usó el nombre que le habían dado en la compañía, y de repente le pareció la palabra más agradable que había escuchado decir nunca.
Min Seok llamó a Luhan para preguntarle alguna cosa y éste le dedicó un movimiento de cabeza antes de levantarse e ir hasta su otro amigo. Por su parte, sólo cerró el libro, y desde su posición, observó a los que se iban a convertir en sus compañeros y quizá amigos, durante años.
Y sobre todo, observó a Luhan, y se preguntó cómo podía ponerle tan nervioso y capturar toda su atención de aquella manera. Había tenido relaciones con muchas chicas, sin embargo ninguna, y mucho menos ningún chico, le había provocado ese torrente de emociones que le embargaban cada vez que pensaba en su amigo. Se preguntó hasta cuándo podría soportar sentirse así.
No tuvo tiempo de pensar mucho rato más, porque la puerta se abrió y entró el jefe de la compañía. De repente todos se tranquilizaron y le dedicaron una reverencia como saludo antes de colocarse en sus sitios. El hombre parecía estar contento, y una vez estuvieron todos bien situados les dijo que ya habían escogido un nombre para el grupo en el cual se iban a convertir.
A partir de aquel momento serían EXO.
Bangtan in Hormone War
Maybe I will do chibi version... what do you think about it?
Hope do you like it~ I had fun doing it, and I'm loving so much this performances!
They look enjoying it a lot!
Una de las mejores partidas (JiminxOC, +16)
Una de las mejores partidas
Jimin sabía que le gustaba a las chicas mayores. Algunas se sentían atraídas porque les hacía gracia su cara de niño y su sonrisa traviesa, otras porque sabían el cuerpo que escondía bajo la ropa. A él le gustaba, pero nunca dejaba que le conocieran más lejos que eso. Nunca había tenido tiempo ni ganas de ponerse a pensar en chicas: estaba centrado en hacer lo que le gustaba, cantar y bailar.
Habían pasado dos años desde que había debutado. Se hicieron un nombre en la industria con bastante velocidad, alabados por su talento, tanto musical como en el rap y el baile. Se sentía orgulloso de ello, y les daba la razón porque todos los miembros podían tocar varias ramas artísticas. Las cosas iban bien, y le gustaba estar cumpliendo su sueño.
Esa tarde grababan un programa con una conocida cantante, casi diez años mayor que él. Era especialista en baladas, y era conocido que en las series casi se pegaban por tenerla participando en sus BSO. Kim Eun Bin, cuyo nombre artístico era Hosu (lago), había pedido en especial participar en la radio con ellos, anunciando en varias ocasiones que era su fan. Esa sería la primera vez que se encontrarían y podrían decirle en persona cuán agradecidos y honrados se sentían por sus palabras.
Cuando llegaron a la estación de radio, los guiaron hasta la sala donde tendría lugar la grabación. No era la primera vez que iban allí, pero Jimin se sentía muy nervioso al ir a encontrarse con alguien de semejante categoría.
La mujer se encontraba hablando con el conductor del programa. Era todo sonrisas y amabilidad. Desde lejos, parecía simpática. Iba vestida de manera sencilla, con una camisa sin mangas, blanca, unos pantalones tejanos altos y zapatos marrones de tacón. Llevaba el cabello castaño recogido en un moño alto rebelde, que dejaba escapar varios mechones de manera desenfadada. Unas arrugas se formaban alrededor de sus ojos cuando sonreía. Piel clara y bien cuidada. Pocos accesorios. Y sin embargo, había algo en ella que le confería un aire diferente. Una elegancia a pesar de su sencillez que confundió a Jimin.
Cuando se percataron de su presencia, los dos adultos se acercaron a ellos. Incluso su modo de caminar era elegante. Sus ojos eran grandes y oscuros. Llevaba un maquillaje que le quitaba cinco años de encima.
—Buenas tardes, chicos—saludó el hombre. Siempre era muy amable con ellos y los trataba como a niños pequeños, pero de una manera que en vez de incomodarlos les hacía sentirse a gusto. Se hizo a un lado para presentarles a Eun Bin—. Creo que sobran las presentaciones, pero de todos modos… chicos, ella es Eun Bin. Hosu, ellos son Bangtan.
Se inclinaron todos como saludo y ella hizo un movimiento de cabeza también, sin dejar de sonreír. Era bonita, aunque eso era algo que todo el mundo sabía.
Entraron en la sala donde iba a tener lugar la grabación, la cual fue amena y divertida. Las risas flotaron de un lado al otro y el más joven del grupo, Jungkook, tuvo el placer de cantar “You raise me up” junto a Eun Bin. Jimin no tuvo demasiado contacto directo con ella, por eso no se esperaba para nada lo que sucedería más tarde, esa misma noche.
Se encontraba en casa con los demás. Acababan de cenar algo y estaban repartidos por la casa, algunos jugando en el ordenador, otros viendo la televisión, los demás en sus respectivos cuartos…
Jimin estaba tumbado sobre la cama, subiendo una fotografía al twitter del grupo para desearle buenas noches a las fans, cuando le llegó un mensaje de un número desconocido. Lo fue a ver, curioso. Cuando lo leyó se levantó de golpe y poco le faltó para golpearse con la litera superior.
“Hola Jimin, soy Kim Eun Bin, nos hemos conocido esta tarde, ¿te acuerdas de mí? Supongo que sí. Si te soy sincera siempre me has llamado mucho la atención y hoy he conseguido tu número. Espero que nos podamos volver a ver pronto.”
Releyó el mensaje varias veces, alucinado. Eso tenía que ser una broma, y sin embargo… ¿qué sucedería si era real? Eun Bin acababa de enviarle un mensaje, a él. Las intenciones parecían bastante claras. Si sólo le había escrito a él… era para conocerlo mejor, porque le había llamado la atención y no por trabajo, ya que él esa tarde a duras penas había cantado y rapeado un poco. Todavía tardó unos minutos más en lograr escribir una respuesta coherente. Cuando quiso darse cuenta, había quedado con ella para ir a tomar algo a su casa dos días más tarde.
Mientras esperaba que la cita llegase, siguió con su trabajo con la más absoluta normalidad y sus compañeros no sospecharon nada. No obstante, él no dejaba de darle vueltas en su interior a qué se refería la mujer con que siempre le había llamado mucho la atención.
Cuando les dijo a sus compañeros dos días más tarde que iba a pasar la tarde fuera pero que los vería a la hora de cenar, le echaron la bronca por saltarse los ensayos. En realidad, lo hacían de broma, porque de vez en cuando alguno de ellos se tomaba un descanso. El trato era volver al día siguiente con el doble de fuerzas.
Jimin se puso una gorra y salió a la calle. La gente caminaba de un lado a otro sin reparar en él. Las fans, por suerte, esperaban en otra de las puertas del edificio y él pudo pasar inadvertido. Fue a la dirección que le había dado la mujer, preguntándose qué narices estaba haciendo. Pero era demasiado tarde para arrepentirse, porque ya se encontraba llamando a su timbre y esperando que le abriesen.
—Pensaba que no vendrías—le dijo por el interfono antes de abrir. Un edificio lujoso, con recepcionista trajeado y un suelo tan brillante que se veía reflejado en él. Fue hasta el ascensor. Dorado y brillante también. Parecía el recibidor de un hotel en vez de un edificio de viviendas. Llegó a la séptima planta y las puertas del ascensor se abrieron frente a un pequeño pasillo. Solo había una puerta, donde le esperaba la mujer—.Bienvenido.
Llevaba el cabello suelto sobre los hombros desnudos. Una camiseta de tirantes y unos pantalones cortos negros. Incluso más sencilla que la primera vez que se habían visto. Se acercó despacio a ella, como si fuera a morderle. Se sentía inseguro y desconcertado ante la situación, a pesar de lo agradable que resultaba la sonrisa de la mujer. Ésta se hizo a un lado para dejarlo pasar y él se sacó la gorra. Dentro, el piso era un reflejo más de su dueña. Lujoso, sin ser ostentoso. Brillante y limpio. Olía a perfume de mujer, pero no era empalagoso.
—Ven—Eun Bin cerró la puerta tras él y lo guió hacia el comedor, donde le ofreció asiento—, ¿quieres tomar algo?
—Agua… agua estará bien.
—Tengo más cosas, que no te avergüence preguntar por otra cosa.
—No… agua, por favor.—ella asintió con la cabeza y desapareció un momento para reaparecer al rato con un vaso de agua y una copa de vino. Se sentó frente a él.
—Pareces estar nervioso—él se encogió de hombros, haciéndola reír con dulzura—. Vaya, en persona transmites una actitud del todo diferente. No te imaginaba tan tímido. Supongo que no tienes ni idea de por qué quería verte, pero que si estás aquí arriesgándote a ser descubierto es porque he despertado tu curiosidad, ¿me equivoco? Ah, olvida los formalismos.
—No, no te equivocas…—Era difícil deshacerse de los buenos modales, pero ella lo había pedido expresamente.
—Jimin, ¿sabes que vuelves loca a muchas chicas? Tanto jóvenes, como adultas. Algo tienes que te hace irresistible.
—Yo…—Se sonrojó. Sí que lo sabía y hasta entonces no le había dado mayor importancia, ¿por qué de repente se sentía tan nervioso? No debería haber ido hasta allí. Eun Bin movió el contenido de su copa con suavidad y se la llevó a los labios. Bebió despacio hasta acabarse todo su contenido.
—Tú sabías por qué quería hacerte venir hasta aquí, aunque tu subconsciente te ha hecho ocultarlo. Es demasiado evidente. No le has enseñado mi mensaje a tus compañeros, ¿verdad? Porque ellos te hubieran dicho que no vinieras. Es un peligro que estés aquí, no para mí claro.—Se levantó y se acercó a él. Jimin dejó el vaso que sostenía entre las manos, temiendo temblar de nerviosismo y romperlo. Eun Bin se sentó sobre la mesa frente a él y se inclinó hasta que sus rostros estuvieron muy cerca. Seguía siendo igual de hermosa, a pesar de las arrugadas que se formaban en sus ojos. Tragó saliva, restregando las palmas de las manos en las piernas.
—Creo que… será mejor que yo me vaya…
—¿Tan pronto? Quería tener tiempo para conocernos mejor. No te he hecho venir para darte un poco de agua que, por cierto, ni has probado.—tenía los ojos clavados en los de él, por lo que Jimin no se veía capaz casi ni de parpadear.
—Pero yo…
—Jimin, ¿no has tenido nunca novia? Una novia de verdad.—añadió antes de dejarle responder.
—No…
—¿Has besado a alguna?
—Sí…—¿Era su imaginación, o notaba el aliento de la mujer más cerca de su cara?
—No te estoy hablando de besos de niños. Hablo de besar de verdad. No me mientas, porque estoy a punto de descubrir si aprendiste alguna cosa con ellas—Jimin no dijo nada más. Aunque su cerebro le decía que se retirase y se marchara de allí, su cuerpo no le respondía. Los labios de la mujer se acercaron a los suyos y los rozaron con cuidado. Sintió una descarga eléctrica recorrerle cada punto de su interior—. No me has respondido.—habló en voz baja, separándose un poco de él pero sin dejar de mirarlo a los ojos.
—No… no he besado a ninguna. Vas a ser la primera.—porque sabía que iba a pasar, y que él no podía hacer nada por evitarlo. O más bien, no quería.
Estaba acostumbrado a escuchar que atraía a la gente, pero desde luego nunca había conocido a nadie que lo hiciera como Eun Bin. Estaba seguro. Esa mujer estaba acostumbrada a conseguir lo que perseguía. Lo sabía. Otra de las razones por las cuales era famosa, eran noticias que habían sido tapadas con rapidez sobre relaciones con otros artistas.
Sus bocas se encontraron, y Jimin se sintió tan perdido que dejó que Eun Bin lo guiase. La mujer le pasó una mano por la nuca, obligándole a pegarse más a ella a pesar de que él creía que eso era imposible. Era cierto. Nunca había experimentado un beso como aquel, intenso y voraz. Al separarse estaba sin aliento. Eun Bin tenía las mejillas sonrojadas también por la falta de aire.
—Aprendes rápido.
—No debería…
—Ahora ya te has metido en el juego, Jimin. Estoy segura de que sabes cómo continúa. Yo no tengo nada que perder… pero tú tienes mucho que ganar. No vamos a engañarnos—se separó de él para hablarle con un semblante serio, aunque sereno—. Puedo ayudar mucho a tu grupo a triunfar. Diría que sois buenos y no lo necesitáis pero… ¿hasta cuándo te crees que será así? Yo no tengo problemas, como solista me he ganado un puesto que es difícil que vaya a perder. Pero vosotros… las fans adolescentes son inestables y hay muchos grupos nuevos saliendo al mercado. Los programas acudirán a ellos también. En este mundo, el talento no es lo más importante. Pero me gustáis, así que no quiero que os perdáis en algún punto del camino sin triunfar de verdad. Y sobre todo, me gustas tú. Vamos a ayudarnos mutuamente, Jimin. Dame lo que quiero, y te daré lo que necesitas.
Jimin estaba aprendiendo muchas cosas sobre el arte de amar a pasos agigantados. Eun Bin era diez años mayor que él, y tenía mucha experiencia sobre su espalda que a él le estaba ayudando. No sólo se revolcaban en la cama cuando se encontraban. También cantaban y había lecciones que en todo ese tiempo, a él nadie le había explicado en la compañía. Eun Bin tenía un control sobre su voz impresionante, pero eso no le restaba vida. Jimin lo había sabido de antes porque había escuchado su música, pero era un deleite poder disfrutarla en directo.
No le había contado a sus compañeros a dónde acudía en sus escapadas nocturnas, pero sabía que no podría esconderlo por siempre. A veces, creía que las miradas de los mayores del grupo se cernían sobre él y le observaban con reprobación. A pesar de todo, ya no podía dar marcha atrás.
Habían pasado dos meses desde su primer encuentro, y no habían tardado en ver cómo mejoraban las ventas. Otros artistas famosos habían pedido asistir a programas de radio con ellos. Incluso ofrecieron un papel a Seok Jin, el mayor del grupo, en una mini serie. No era ni siquiera protagonista, pero a nadie se le escapaba la sonrisa de felicidad que no podía borrar de su rostro. Ninguno de ellos entendía qué estaba pasando (a parte de él), pero tampoco iban a poner trabas a esa racha de buena suerte.
Como casi cada día sobre las nueve, se presentó en casa de la mujer. Ni siquiera tenía que llamar, porque le había dado un juego de llaves. Le había dicho que sabía que era incapaz de hacer nada malo con ellas y que sí, confiaba hasta ese grado en él. Jimin se sentía agradecido, a la vez que se preguntaba hasta cuándo podría seguir jugando a aquel juego.
—Pasa, querido—invitó la mujer, cuando le escuchó llegar. A pesar de todo, una vez abría, se quedaba en el umbral esperando ser invitado—, ¿nadie te ha visto hoy tampoco, verdad?—iba cubierta con una bata de color carne y llevaba su querida copa de vino en la mano. En la mesa de la cocina, reposaba ya su vaso de agua.
—Descuida—musitó, acostumbrado a la pregunta. A ninguno de los dos le interesaba que descubrieran su relación—, nadie sabe que estoy aquí.
—Bien, porque hoy tenemos mucho que hacer.—dejó la copa de vino y lo guió hasta el cuarto de música. Era una habitación insonorizada con todo tipo de aparatos musicales y de grabación. Acarició el piano, mientras se sentaba frente a él, comenzando a tocarlo. Jimin se quedó de pie, disfrutando de la melodía, hasta que la identificó. Se trataba de su canción debut.
—¿Te has aprendido “No more dream” para piano?
—Porque quiero que acompañes al piano. Canta, Jimin. Pero no cantes la canción como te han enseñado. Quiero que la cantes como acompañamiento del piano.
Cuando la mujer acabó de hablar, él todavía no estaba seguro de qué quería que hiciera. Pero sus dedos se deslizaron de nuevo sobre las teclas y cuando quiso darse cuenta, Jimin ya estaba cantando. Sin embargo, la mujer dejó de tocar, se levantó y fue hasta él. Le pasó una mano por el cabello y se lo estiró, obligándole a echarla hacia atrás. Era bastante más alta que él.
—¿Qué mierda es ésa, Jimin? Nos conocemos, puedes hacerlo mucho mejor que eso. No estás cantando con los otros, lo estás haciendo tú, estás preguntando al mundo… ¡no! Te estás preguntando a ti mismo cuál es tu sueño. Y si la respuesta es cantar, no la cagues así.
Las clases de música con la mujer nunca eran fáciles. En ese momento, no sólo tenía que hacer su parte. Era la canción entera, dándole su esencia. Jimin se esforzó en hacerlo, y se disculpó cada vez que el piano se detenía y venían los gritos. Lo dio todo, hasta que la música salió de él sin esfuerzo y al acabar, notó las lágrimas golpeando sus ojos para salir.
Estaba exhausto. Y feliz, porque Eun Bin estaba aplaudiendo y le felicitó diciendo que tenía una voz maravillosa. Él nunca había pensado que ninguna parte de sí fuera maravillosa, pero escucharla decir eso le hizo no poder resistir más la fuerza de sus lágrimas.
La mujer lo estrechó entre sus brazos riendo con júbilo y le besó la cabeza. Le llamó su pequeño talento, y le besó la mejilla. Jimin la besó en la boca, sin esperar a que ella llegase hasta la suya.
Después de las clases de música, venía la otra parte. Al principio, Jimin se decía que era el pago que le hacía por las lecciones. Sin embargo, sabía que él también disfrutaba y que quería mantenerlo.
El cuarto de la mujer siempre olía a canela, a aire limpio. Se tumbaron sobre las sábanas que instantes antes, no habían mostrado ni una arruga en ellas. Jimin nunca había besado a nadie, si besar era igual que lo que le ofrecía Eun Bin. Y desde luego, nunca había mantenido relaciones sexuales. Esa manera de sentir su piel rozando la de la mujer, y notar sus manos acariciándolo con más suavidad que al piano. Había aprendido a saber si había tenido un buen o mal día según cómo actuaba en la cama, y entonces, la complacía como más creía que le apetecería esa noche.
Era una relación extraña, intensa, aunque sin casi palabras. Jimin, al principio, había pensado en acabar con ella, que no podía continuar, que eso estaba mal… pero el tiempo pasaba, y las sonrisas que regalaba a las fans durante el día, no eran nada en comparación con la aventura salvaje que le ofrecía a Eun Bin por las noches.
Fue cuando el calor ya había desaparecido y se cubrían el cuello con las bufandas, que las cosas comenzaron a ir mal. Eun Bin le decía que no fuera a verla. Tenía cosas que hacer. Y él esperaba otro día, y otro… hasta que al fin, volvía a sus brazos. Pero la notaba distante, casi desganada. No le dio mayor importancia. Ambos estaban cansados, esa época del año era muy dura en cuanto a programas y la mujer estaba preparando un nuevo álbum.
De todos modos, las noches que se encontraban, gemía entre sus brazos como si no existieran los problemas, así que él no iba a crearse fantasmas que quizá, no existían.
Estaba en el sofá, con los ojos cerrados y escuchando música en los cascos, cuando notó que alguien se sentaba en el espacio que había dejado a sus pies. Abrió los ojos, enderezándose. El líder del grupo le miraba, serio.
—Jimin, ¿estás bien? Quería esperar a que nos dijeras tú algo pero… llevo demasiado tiempo esperando.—el aludido notó un escalofrío, ¿había descubierto su relación con Eun Bin? Se sentó, intentando mostrarse lo más tranquilo posible.
—Estoy bien, hyung, ¿por qué me preguntas eso?
—No, Jimin, estás raro—Nam Joon se pasó una mano por el cabello para echárselo hacia atrás. Se lo habían devuelto a su color original, pero lo llevaba un poco largo—. No es sólo cosa mía, Ho Seok me dijo el otro día que fallaste un montón en el ensayo de la coreografía que estáis haciendo, y Yoon Gi y Tae Hyung te han visto muy pendiente del teléfono últimamente. Mira—dijo, impidiéndole responder aún—, aunque sea vuestro líder, eso no significa que quiera inmiscuirme en vuestra vida. Aunque esté preocupado por vosotros—estaba hablando en voz baja, para que sólo Jimin le escuchase, pero aún neutralizó más su tono de voz para aquella frase—. Sin embargo, tus despistes pueden afectar a todo el grupo, y no quiero eso. Estabas haciendo grandes progresos en tu música, Jimin, tu voz y… todo, estabas mejorando a pasos agigantados, ¿pero qué está pasando ahora?
Jimin notó su rostro perder la sangre, y en su mano, el teléfono vibrar para avisarle de que le estaban llamando. Lo apretó con fuerza, sabiendo quién era y queriendo responder.
—Hyung, no pasa nada, y no voy a hacer nada que afecte negativamente al grupo. En serio.—se notaba a leguas que el líder no quería dejar las cosas así, pero Jimin se levantó de golpe y dándole unas palmadas en el hombro, le dijo que iba al baño. Notó los ojos del otro chico sobre su espalda hasta que desapareció por la puerta de la sala y en dos zancadas, llegó hasta el cuarto de baño.
Una vez allí dentro, se sorprendió al ver la cantidad de mensajes de la mujer y las dos llamadas perdidas. Le dio al botón verde mientras cerraba la puerta con el pestillo y esperó que la mujer respondiera.
—Jimin…—su voz sonó ahogada a través del teléfono— Ven… ven…—musitó. El chico se alarmó. Era la primera vez que le escuchaba esa voz, y se dio cuenta de que estaba borracha.
Cuando llegó al piso, por primera vez no esperó en la puerta. Fue a buscarla, y tal y como esperaba, la encontró en la cocina, sentada en el suelo con la botella de vino vacía a su lado y otra empezada.
—Mi pequeño talento… ven aquí—alargó el brazo y movió unos largos y finos dedos. Jimin obedeció, sentándose a su lado. La mujer apoyó la cabeza en su hombro—. Jimin… creo que vamos a tener que acabar aquí con lo nuestro… no, por favor, no te muevas—le pidió, cuando él fue a levantarse, sorprendido e indignado, ¿qué significaba aquello?—. Sabías que esto no era para siempre. Te he enseñado cuanto he podido y has aprendido muy rápido. Eres un chico increíble, aunque a ti a veces te cueste entenderlo.
—¿Pero por qué dices…?
—¿Sabes qué, Jimin? Eso de lago me viene ni que pintado. Porque dentro de mí, escondo muchas cosas, cosas oscuras Cosas de las que no me siento orgullosa, y de las que pretendía huir. Pero una de ellas, una de ellas no puede hacerse invisible… y nunca he sabido si quería que se mantuviera oculta por siempre.
—No entiendo de lo que me estás hablando.
—Cuando tenía tu edad, cuando estaba logrando algo en la industria musical, me quedé embarazada. La compañía me prohibió dar a luz, pero les amenacé y al final lo hice… la niña, durante todos estos años, se la han quedado mis padres. El padre nunca dijo nada, ya has podido comprobar que soy una maldita ninfómana, ¡ni siquiera sé quién es el padre! Pero Jimin… mis padres están mayores, mi madre ha enfermado y ahora, tengo que hacerme responsable de mis actos—Jimin escuchó en silencio, mientras cada palabra se le clavaba en el estómago como un puñal envenenado—. Voy a contárselo al público, y cuidar de ella. Esta vez, voy a ser una buena madre. No sé qué será de nosotras, pero esa pequeña se merece que empiece a comportarme como debo, antes de que me odie. Jimin, tú no pintas nada en esto. Así que… se ha terminado todo.
—¡No!—esta vez se levantó, haciendo que Eun Bin estuviera a punto de caerse.
—¡No voy a marcharme de tu vida! No así… no ahora. Claro que pinto algo, Eun Bin. Todo lo que he aprendido de ti… no es eso…—se había prometido no hacerlo, porque entonces, estaría perdido en aquel juego de música, sexo y seducción— Eun Bin, yo…
—¡No lo digas, pequeño!—exclamó la mujer. Dejó la copa a un lado y con ayuda del mueble, se puso en pie. Tuvo que sujetarse, porque aunque su conciencia y su boca funcionaban para hablar, su cuerpo no estaba en condiciones adecuadas para sostenerla— No te estropees la vida así, Jimin. Olvida cualquier sentimiento que albergues por mí, porque no debes tenerlo.
—¡Pero lo tengo!—dijo, llevándose la mano al pecho y agarrando la chaqueta que todavía llevaba— ¡No puedo dejar de quererte de repente!
—¡Escúchame!—Eun Bin lo agarró por los hombros y posó su frente en la de él. Le apestaba el aliento a vino y Jimin tenía ganas de besarla y absorber esa esencia para emborracharse también— Debes olvidarlo, porque yo no te quiero, ni te querré nunca. Vivirías en un engaño. Y está decidido, que esa niña va a ser lo principal en mi vida. Antes que tú… antes que… antes que…—por primera vez, pareció que las palabras se atascaron en su garganta y los ojos se le humedecieron— La música. Ahora, vete—dijo, recomponiéndose y empujándole. Jimin trastabilló y estuvo a punto de perder el equilibrio y caerse, no obstante logró mantenerse en pie—. Vete, Jimin. Quiero estar sola.
Jimin quiso decirle que no, que se quedaba, que estaría con ella… Pero Jimin se fue, porque su corazón roto sabía que no pintaba nada allí.
Jimin no quiso ver las noticias cuando sus compañeros le hablaron de la impactante historia que Eun Bin estaba relatando en los medios de comunicación. El público se dividía entre las críticas y el apoyo, y lo único que estaba claro es que tras el lanzamiento de su álbum, no iba a volverse a saber nada de ella en una buena temporada.
El chico, por su parte, fingió estar enfermo esos días. Le dijeron de ir al médico, pero puso las suficientes excusas y tenía tal aspecto, que dejaron de insistir y le permitieron descansar. No acudió a los eventos y se disculpó por las redes sociales ante los fans, fingiendo una enfermedad física. Ojalá lo fuera, porque al menos las medicinas ayudarían a que se encontrase mejor.
Jimin no recordaba haber querido así a nadie antes, ni tampoco comprendía del todo el dolor que sentía. Desde el principio, sabía que iba a ser algo temporal, donde saldría ganando conocimiento en diferentes ámbitos. Eun Bin pretendía ayudarle a él y a su grupo, y él había aceptado el trato de buen gusto sin la creencia de ir a sucumbir. No tendría que haber metido a sus sentimientos de por medio, eso siempre queda fuera de los juegos.
—Jimin, no puedes seguir así, ¿qué narices te pasa?—los demás estaban esperando su turno en la ducha, viendo la televisión o preparando la cena. Pero Nam Joon se había escapado para ir hasta el cuarto, donde él se encontraba tumbado en uno de los colchones del suelo. El aludido le dio la espalda— No me jodas con el rollo ese del resfriado. O me lo dices, o registraré tu teléfono móvil.—la amenaza le hizo destaparse y levantarse.
—¡No puedes hacer eso!
—Claro que puedo. Ya te dije que si tu comportamiento afectaba al grupo, me metería de por medio. Me mentiste, Jimin, tus problemas ahora son mis problemas también. Y sé que en tu teléfono está la respuesta. Es una chica, ¿verdad? Por eso te escapabas por las noches. No dije nada porque no se os descubrió y ni siquiera ha habido rumores, a pesar del tiempo que hace que estáis juntos, pero…
—¡No hay ninguna chica, ni estamos juntos…! ¡Ya no!
—¿Es un chico?
—¡Es una mujer! Una mujer hecha y derecha, con mucha vida hecha antes de conocerme, vida que nos ha separado…—Nam Joon se quedó callado, comenzando a entender lo que su compañero le estaba diciendo. Abrió los ojos… no lo había visto venir, porque le parecía del todo improbable que ellos dos…
—¿Eun Bin? Jimin… ¿te estabas viendo con ella? ¿Estás así por lo de su hija?
—No te preocupes, hyung. Ya no tendré nada que ver con ella—musitó el joven, con la intención de dar por zanjada la conversación y queriendo meterse de nuevo en la cama. Nam Joon lo detuvo, sujetándolo del brazo. Cada día que pasaba, su líder parecía crecer, volverse más fuerte, más hombre. Jimin le envidió, porque quizá, si hubiera sido más como él y menos… menos niño, podría tener a Eun Bin todavía a su lado.
Luego recordó, que nunca la había tenido a su lado. Que sólo se encontraban a veces, y se ayudaban.
—¿Que no me preocupe? No sé qué pasó entre vosotros—tiró de su brazo para que ni se le ocurriera darle la espalda de nuevo—, y puede que ella lo haya acabado, pero veo que tú no lo has hecho. Jimin, estás irreconocible e inútil, ¿hasta cuándo piensas dejar que dure esto?—las palabras del líder, directas, frías, crudas y reales, le golpearon con más fuerza que una bofetada.
—No soy un inútil. Sólo necesito… descansar.
—Jimin, no estás descansando. Te estás pudriendo en tu propia miseria, revolcándote en tu propio dolor. No sé lo bien que has vivido hasta ahora y las pocas veces que has tenido que encararte a la vida, pero sin lugar a dudas, ésta no es la manera—le soltó—. Jimin, antes que tu líder, o tu compañero, soy tu amigo. Por eso, odio verte en este estado. Y sé que tú solo no vas a salir, y que ella no puede ayudarte porque bastante tiene con lo que tiene… así que estoy aquí, ¿vale? No olvides que estoy aquí.
Y esta vez sí, se fue, dejando que Jimin cayera de rodillas al suelo. Le vio cerrar la puerta, y golpeó el colchón bajo sus pies con los puños cerrados. Cada una de las cosas que Nam Joon le había dicho resonaba en sus oídos junto al recuerdo de los besos y las caricias de Eun Bin, acompañado de su voz y las lecciones musicales. Tenía que olvidarse de ella, desearle lo mejor, esperar que no la apartasen de su pasión y mantenerse en un rincón porque él… porque él no era nadie, sólo la pieza en un juego que había llegado a su fin sin ningún ganador.
Le dolía el pecho. Le dolía el cuerpo. El recuerdo le atormentaba y necesitaba dejarlo salir, gritar. Y lo hizo, dejó escapar un aullido y fue hasta la puerta. Al otro lado, Nam Joon y el resto de sus compañeros y el mánager se reunían al haber salido disparados a ver qué sucedía. Jimin los miró uno a uno, con los ojos húmedos, preguntándose qué había estado haciendo todo ese tiempo, y qué quería hacer a partir de entonces.
Caminó hasta el líder y se apoyó en él, comenzando a llorar.
—Hyung… estoy mal… no quiero superar esto solo…
—Jimin, no estás solo, nunca lo estarás, ¿vale?—le susurró el otro, sonriendo y sujetándolo con más fuerza— En el juego de la vida, nos tienes a tu lado. En cada partida, estaremos ahí. Si caes, te levantaremos… ¿necesitas hablar, Jimin? Vamos a hablar.
Y lo hicieron. Jimin les habló durante horas de lo que sentía, de cuánto la había llegado a querer y de lo doloroso que era darse cuenta de que tenía que dejar de hacerlo. Los otros escucharon, los más jóvenes estupefactos ante algo que ni se imaginaban. Tras horas de charla, vinieron otras historias, y risas, y sueño.
Al día siguiente, Jimin se levantó para ir a trabajar. Le pesaban los ojos y los tenía enrojecidos, pero nada que una buena base de maquillaje y unas gotas no pudieran mejorar. Sus compañeros, incluso el mánager, le dijeron que si quería, podía descansar. Pero él no quería.
Al fin lo entendía.
“Vamos a ayudarnos mutuamente, Jimin. Dame lo que quiero, y te daré lo que necesitas.”
Se habían ofrecido lo prometido, y ya no les quedaba nada más a ninguno de los dos.
Jimin cogió su teléfono móvil, y envió un último mensaje a Eun Bin antes de borrar todas sus conversaciones y su número de teléfono, sabiendo que ella no respondería:
“Gracias por todo lo que me has enseñado. Gracias por descubrirme cómo vivir la música, y dejarme conocer y sentir eso que sólo había visto en las películas. Esto no era un juego, era sólo una partida. El juego es la vida, y conocerte ha sido sin duda una de las mejores partidas que podría haber jugado.”
Thaaaaank you, thank you all so much!
I'm so happy and thankeful.
I did a BTS fanart again. This days I'm to into it so I'm sorry because I know not all followers are their fans. But I did this little fanart just for say thank to you <3
I hope you still with me and I can improve my art and fics. And I hope you can talk to me in my ask box or something because I will be so happy reading u all ^^
Lof lof!!
(Fanart based on this photo)
El chico de las fotos (DaeHyunxOC)
(Para mayores de 16 años... más o menos)
Era la primera vez que iba a pasar tanto tiempo separado de sus compañeros de grupo. Dae Hyun había sido escogido para grabar una mini serie donde sería el protagonista, y por eso se encontraba en un crucero de 4 días entre Busan y Yokohama, grabándolo. Al principio el chico quiso rechazar el papel, sintiéndose poco preparado para ello, pero sus compañeros estuvieron animándole hasta que, al fin, aceptó.
Así pues, el chico se encontraba en el Princess Cruise, un crucero alucinante que tenía pinta de ser sólo para millonarios (o, como en su caso, para grabaciones). Era la noche del segundo día y aunque estaba cansado, no quería irse a dormir porque estaba disfrutando de las vistas que le ofrecían la luna y el mar en perfecta consonancia. Se apoyó en la barandilla, sacando parte del cuerpo, dejando que el viento frío golpease su rostro. No podía dejar de sonreír ante esa sensación.
-Si te caes, les dejarás sin protagonista-dijo una voz de mujer, obligándole a abrir los ojos. Se volvió hacia la dueña, y se encontró con una mujer de más o menos su altura. No le sonaba del equipo de grabación-. No me mires así, no busco nada de ti, aunque seas una estrella-le dijo, poniéndose a su lado a observar el paisaje azulado también-. Pero eres la primera persona con la cual puedo hablar. Me estaba aburriendo, y todo el mundo está acompañado, así que aún sería más raro entrometerme. Por cierto-dijo, tendiéndole la mano-, me llamo Kate. Tú eres Dae Hyun, ¿no? Vamos-tenía la boca pequeña, pero el labio inferior grueso y al sonreír, mostró unos dientes alineados y blancos-, ¿cómo no iba a conocer a un miembro de B.A.P? Mis alumnas enloquecieron cuando debutasteis, ¿sabes?
-¿Eres profesora?
-De un instituto privado, sí-entonces, debía ser mayor que él, aunque parecía de su misma edad-. He confiscado muchas fotografías tuyas porque no se centraban en clase, que lo sepas.-bromeó.
-¿Lo siento?-su tímida respuesta la hizo echarse a reír. Su risa era alta, pero no estridente. Se notaba que reía de verdad, sin falsedad. Eso le gustó.
-No tienes que disculparte, no es tu culpa ser guapo-fue tan sincera y un halago tan repentino, que el chico no supo cómo responder-. Si te soy sincera, tenía ganas de hablar contigo, supongo que en parte porque eres el chico de esas fotos. Nunca esperé verte en persona, y vamos, mucho menos hablarte.
-De coincidencias está llena la vida-dijo él, al recuperarse de la sorpresa-, ¿te parezco igual que en las fotos?
-No-dijo, desilusionándolo durante unos instantes. Entonces, alargó el brazo y le acarició la mejilla. Sus ojos de por sí oscuros remarcados con el delineador brillaron-, todavía lo eres más-Dae Hyun notó la mano de la mujer detrás de su nuca y, entonces, la presión que ejerció sobre él para acercar sus rostros-. No hay nadie por aquí cerca, ¿pasa algo si te beso?-hablaba a media voz, con la boca peligrosamente cerca de la suya. El chico no pudo evitar dirigir la mirada a sus labios, relamiéndose.
Había estado tan ocupado desde el debut del grupo, que no recordaba cuándo había sido la última vez que había notado los labios de una mujer sobre los suyos. Y comenzaba a cansarse de las películas y usar las manos y la imaginación.
-Estaré en problemas si nos pillan.-dijo, sin apartarse. Los dedos de la mujer acariciaron su nuca, tentándolo. Su cuerpo se movió solo, acercándose más al de la desconocida.
Le quedaba otra noche, además de ésa, y un día para llegar a su destino y seguir con la grabación. Cuando acababan de grabar las escenas, se quedaba tan solo como hacía unos minutos. La noche anterior se había dedicado a explorar el crucero, y eso que habían acabado bien entrada la madrugada. Pero quería disfrutar de aquello, a pesar del cansancio. Echaba de menos a sus compañeros, era muy aburrido ver un lugar tan increíble sólo con sus ojos.
Quizá Kate fuera lo que buscaba para distraerse de aquella monotonía. Dae Hyun decidió pasar también sus dedos por el corto cabello negro de la mujer.
Sus labios se unieron en un beso de prueba. No había pasión, pero no fue desagradable. Al separarse, ella seguía dibujando una sonrisa en su rostro. Se separó de Dae Hyun, sin embargo le paseó la yema de los dedos por los labios.
-No ha estado mal. Dime, ¿quieres seguir con esto?-no, no debía seguir con eso. Era un terreno peligroso. No la conocía, había muchas cámaras a bordo y cualquiera podría descubrirlos. Pero no se veía a nadie alrededor, y sólo se les podría ver accediendo por uno de los lados que daban al lugar.
-¿Quieres acostarte conmigo para vender la exclusiva a algún sitio? Porque si es así, ni soy tan famoso, ni lograrás pruebas o...
-¡Venga! Qué desconfiado. Olvida quién eres, muchacho. Porque para mí, sólo se trata de una aventurilla para hacer todavía más interesante este viaje. No sabes qué mierda es que te dejen tirada unos días antes y no poder recuperar tu dinero. Pero me alegro de que pasara, así he podido conocer al chico de las fotos… y he podido probar esos labios que tanto tientan incluso en papel.-la voz de Kate era seductora, inteligente, atractiva. Dae Hyun se preguntó qué mal haría divirtiéndose después de un duro día de trabajo. Además, el sexo es sólo sexo, se dijo.
-Pero vamos a tu camarote. Mi pasillo está lleno de cámaras.
Kate reía mucho, y esa vez no fue una excepción. Con una simple conversación, el chico se daba cuenta del tipo de mujer que era. Segura de sí misma, con todo bajo control. Pisaba en la vida con fuerza y sin temor, si ganaba las partidas que se proponía, era divertido. Si las perdía… perdía no entraba en sus planes, porque nunca lo hacía. Sabía manejar a los hombres. No utilizarlos, porque era sincera en sus intenciones.
Dae Hyun no estaba acostumbrado a tratar con mujeres, y mucho menos tan inteligentes. Sin embargo, le pareció interesante. Al menos, no le daría problemas. O eso esperaba, porque si tras regresar a Corea se encontraba noticias respecto a sus relaciones sexuales con una desconocida, iba a estar en problemas, y se había dado cuenta de eso demasiado tarde.
Se hicieron los locos de camino al camarote de la mujer, que resultó ser muy parecido al suyo. Nada más entrar, Kate se lanzó a sus brazos y esta vez, sí, El beso fue pasional. Dae Hyun abrió la boca como si fuera a tragarse los labios de la mujer. La ayudó a impulsarse para que le rodease la cintura con las piernas y le desgarró las medias que llevaba bajo la falda negra. No tuvo tiempo para disculparse, porque ella estaba ya desabrochándole la camisa. La guió hasta la cama y la dejó caer sobre ésta, acabando la faena. Dejó su torso, de piel blanca y suave, al descubierto. Aunque no estaba tan ejercitado como otros ídolos, el esfuerzo en el gimnasio le había dado una agradable tableta de chocolate que agradeció tener en un momento como aquel.
Al parecer, a Kate le gustaba lo que veía, porque recorrió con los ojos su abdomen y se enderezó, besándole el ombligo.
-Interesante. Si mis alumnas supieran que no sólo tu cara es apetecible…
-No puedes contarles nada de esto.-su voz sonó más asustada de lo que pretendía.
-Venga-la mujer estaba poniendo ya las manos sobre la cremallera de su pantalón-, ¿de verdad te crees que voy a contarles mi vida sexual? Ya te he dicho que te olvides durante un rato de quién eres. Ahora lo único que tienes que hacer, es disfrutar.
Dae Hyun se sonrojó. La última vez que había tenido sexo, había sido con una compañera de clase. Ella era muy tímida e inocente, y era su primera vez. Él se ocupó de todo, vigilando no hacerle daño ni provocar incomodidad. Le había gustado ser quien lideraba la situación y había intentado portarse como un caballero.
En ese momento era del todo diferente, y Kate era una mujer hecha y derecha, mucho más experimentada que él.
Cuando le desabrochó los pantalones, le arañó el bajo vientre con la uña. Un fino hilillo de sangre comenzó a brotar, y ella lo lamió, haciéndole cosquillas.
Dae Hyun suspiró. No habían comenzado y él ya estaba desesperado por tumbarse sobre ella. La mujer debió descubrir sus deseos, porque dejó sus manos tranquilas, echándose hacia atrás en la cama y mirándose, de manera seductora. Es tu turno, le estaba diciendo.
Por eso, Dae Hyun, sin terminar de sacarse los pantalones, se encaramó, gateando sobre ella. Con la boca, comenzó a levantarle el jersey. Le besó el vientre y después, se ayudó de las manos para ponérsela sobre el pecho. Lo cubría un sujetador aquamarina con delicado encaje blanco.
-Ya sé que no son demasiado grandes, pero espero que te sirvan.-bromeó ella, al notar que el chico se detenía. Tragó saliva. No era el momento adecuado para sentir pudor llegados a ese punto. Por eso, introdujo una mano por debajo del sujetador y apretó con suavidad uno de sus pechos. Kate gimió con placer, y eso le dio valor para seguir. Dado que él estaba ocupado, la mujer se dedicó a quitarse el jersey del todo y lo lanzó al otro lado del cuarto. No habían encendido las luces, sin embargo la ventana del camarote dejaba entrar la suficiente luz de luna para poder ver a la perfección su cuerpo estremeciéndose con ganas de más.
Poco después, la falda, las medias rotas, los pantalones del chico y la ropa interior de ambos descansaba desperdigada también por todo el lugar, y el calor comenzó a subir poco a poco en el camarote.
Despertar a causa de la alarma del teléfono fue una auténtica mierda. Tanteó con la mano para buscar el teléfono móvil, pero lo que tocó su mano fue carne. Entonces, recordó de golpe todo lo que había sucedido la noche anterior, y abrió los ojos. Se enderezó, descubriendo su cuerpo desnudo bajo las sábanas de una cama que no pertenecía a su camarote. A su lado, Kate todavía descansaba con el corto cabello negro desordenado y la pequeña boca entre abierta.
Se apresuró a salir de la cama de un salto y apagar el despertador, antes de que perturbara el sueño de la mujer. Desde luego, no parecía la misma que durante horas le había hecho disfrutar de sexo placentero y salvaje. Se acercó a observar de nuevo su rostro dormido y resolvió ir a ducharse y vestirse. Lo que no sabía era qué excusa daría por llevar la misma ropa que la noche anterior.
Por suerte, nadie le dijo nada al respecto, porque total, debería vestirse como le mandasen. Así que se dejó cambiar, como un muñeco, deseando que no hubiera marcas liláceas a la vista. Pasó el día intentando centrarse en su personaje y en el papel, y aunque temía haberlo hecho peor que nunca, el director le felicitó. La noche, la cena y la soledad llegaron de nuevo. Y sin darse cuenta, sus pies le dirigieron donde la noche anterior. Tal y como esperaba (deseaba), Kate estaba allí.
Al verle llegar, la mujer apoyó la espalda en la barandilla, sonriendo.
-¿Vienes a por más?-dijo.
Si Dae Hyun había pensado que la noche anterior había tenido un sexo increíble, no tuvo palabras para la segunda.
No hizo falta que sonase el despertador, porque aunque estaban todavía en la cama, ambos tenían los ojos abiertos. Kate descansaba entre sus brazos, diciéndole que tenía un pecho muy cómodo sobre el cual dormir.
-Es una lástima que para volver vayáis en avión.-le dijo ella. El chico sonrió con tristeza. La verdad era que le hubiese gustado disfrutar un poco más de momentos como aquel antes de volver a la rutina.
-Tu nombre real no es Kate, ¿verdad?
-Eres guapo y listo, increíble-la mujer estaba acariciándole un pezón mientras hablaba-. No, pero es mejor que no sepas mi nombre real. Así te olvidarás antes de todo esto.
-¿Y tú? ¿Tan fácilmente me olvidarás que te da igual saber mi nombre real?
-¿Tú? Para mí, seguirás siendo sólo el chico de las fotos. No te preocupes, sabré volver a mi vida sin problemas. No pienso volver a cruzarme en tu camino, no te molestaré.
Dae Hyun le acarició la mejilla antes de besarla por última vez.
La próxima vez que le dijeran de hacer algún trabajo en solitario, preguntaría si podía volver a ir sobre el mar y bajo el oscuro cielo. Estaría bien volver a dejar de ser durante unas noches Dae Hyun, el ídolo, para ser Dae Hyun, el chico de las fotos.