Domingo de Niebla
Qué extraña soledad se siente hoy, entre las nubes que se deslizan por los cerros, y esa frialdad difusa que poco a poco invade mi alma, como el preludio del vacío.
No soy, no me encuentro. Solo queda la soledad de este domingo frío, el alma tambaleante que busca palabras y gestos vacíos. El desconcierto surge, inesperado, en medio de la confusión, mientras la neblina se arrastra por las montañas, como si también recorriera mi piel, como si el gris intenso reflejara el dolor, la oscuridad.
Qué complejo es volver a esos domingos, al peso en el alma, a las palabras entrecortadas y las manos heladas. Mi espíritu, gélido, parece congelado en el tiempo. Y quizás, cuando unas manos temblorosas, tibias, tocan ese mismo espíritu, lo que parecía muerto cobra vida.
Qué extraño es este momento, qué particular es el recuerdo: es la vida la que termina, con lo que un día parecía totalmente cuerdo.
Krigardrottning
















