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Todo está bien
Tag de las 20 canciones (parte 4)
Ya estoy casi por terminar este listado. Ha sido divertido escribir respecto a esto. Me gusta la forma en que me pone a recordar sensaciones este tag.
Canción que te gusta para conducir:
Seré breve: “I’m gonna be (500 miles)” de The Proclaimers. ¿Por qué? How I met your mother.
Canción de tu infancia:
En mi infancia no solía escuchar mucha música más allá de lo que pasaban en las caricaturas de Nickelodeon, pero cuando tenía 11 años descubrí a Lu, quienes serían el parte aguas de mi búsqueda musical. “Una confusión” fue el primer paso a enamorarme de la música. Fue mi primer disco y lo escuché tanto que tuve que comprar una segunda copia porque la primera se dañó con los años.
Si Mario Sandoval y Paty Cantú no se hubiera peleado, seguramente Lu hubiera sido la mejor banda de balado pop en español de la historia.
Canción que nadie esperaría que te guste:
Siempre se sorprenden cuando pongo esta canción y la canto a todo pulmón. Ni consumo cocaína ni soy seguidor del movimiento alterado, pero “El taquicardio” del Comander es tan divertida que no puedo evitarlo. Soy mexicano, algo del regional mexicano debió de pegarse.
Canción que quieres que suene en tu boda:
Desde hace muy poco he considerado la posibilidad de que eso suceda, así que no me he sentado a considerarlo, pero debe de ser un vals ¿no? Mi favorito es “Giudizi Universali” de Samuele Versani. La letra, en realidad, no es muy como para una boda, pero me gusta la música. Además, ¿qué chingados? seguramente terminaría escribiendo yo la canción.
Canción que quieres que suene en tu funeral:
Ah, fácil. Descartando “Iris” una vez más, la canción que debería sonar es “Don’t Mourn” de Pantheist. Una canción nada tranquilizadora sobre una muerte recibida con tranquilidad. Quisiera ser eterno para hacer mil cosas, pero ante la fragilidad de la vida, espero haber hecho lo suficiente para recibir a la muerte tranquilo de que mi trabajo en este mundo fue satisfactorio.
La última es “canción que estás escuchando en este momento”, pero no le veo el sentido, así que termino aquí el tag. Hasta yo me quedé interesado en mis respuestas.
Tag de las 20 canciones (parte 3)
Continuando con esto, esta es la tercera parte de mi tag. Dato: Todos estos post los hice el mismo día, pero los programe semanalmente para que se viera más chido.
Canción que amas en secreto:
Si lo dijera, ya no sería un secreto, pero no hay pedo. Bueno, en realidad soy muy abierto en mis gustos musicales, pero quizá mi mayor placer culposo sea “Hello Beautiful” de los Jonas Brothers. Sorprendente ¿no? Hasta yo me sorprendí cuando lo recordé. En realidad me gustan mucho las baladas acústicas. #SorryNotSorry
Canción que te encantaba y ahora odias:
Cuando era un puberto de secundaria escuchaba mucha balada pop, poco a poco fui diversificando mis gustos musicales, pero en aquella época estaba encasilladísimo a ese género.
“Coleccionista de canciones” de Camila es una muy buena canción, pero la escuché tanto que cuando la oigo hasta me marea. Luego cuando la hicieron sencillo y comenzó a sonar por todas partes la cosa se puso peor.
Canción de mi disco favorito:
Aquí tuve que darme un tiro conmigo mismo, porque tengo dos álbumes favoritos: “Phobia” de Breaking Benjamin y “The Melody and the energetic nature of volume” de Evans Blue. Lo más triste es que no tengo ninguno de los dos. Son exageradamente difíciles de conseguir. Para hacérmelo más fácil, pondré una canción de mi álbum favorito que sí tengo, ese debe ser, sin lugar a dudas, “One X” de Three Days Grace. Si alguien cree conocer a alguien con una voz más chingona que la de Adam Gontier dígame para partirnos en toda nuestra madre.
Canción que sepas tocar con un instrumento:
No soy muy fan del hueso y, pese a lo que pudiera parecer, no me sé muchos covers. Decía mi guitarrista Armando: “Vivir de tocar covers es vivir presumiendo la verga ajena”, pero de las pocas que me sé, pondría “River Flows in You” de Yiruma. Me costó un huevo aprendérmela porque mi educación en piano fue muy básica, pero fue un logro muy satisfactorio.
Canción que has cantado o te gustaría cantar en público:
No pues he cantado un chingo, pero que me gustaría cantar en público debe ser mi segunda canción favorita desde mi adolescencia: “Dare you to move” de Switchfoot, mi banda favorita. Esta canción me llena.
Aún me duele no haber ido al concierto en la Ciudad de México :’(
Tag de las 20 canciones (parte 2)
Continúo con esto, no porque quiera hacerlo saga, ni mucho menos, sino porque tumblr no me permite poner más de cinco videos por post. Así que ahí vamos.
Canción que te ponga feliz:
Interesante pregunta. Hay muchas canciones que lo consiguen, pero definitivamente aquí debe de estar “Futuro Eu” de mi compositor favorito: David Fonseca. En lo personal es el álbum que menos me llamó la atención, pero esta canción, tanto en letra como en música, me llena de alegría sin importar qué tan jodido me sienta.
No es tarde... no dudes.
Canción que te recuerde un momento específico:
Tengo mis audífonos puestos. “Eyes Closing” de Two steps from hell no deja de sonar. La brisa cálida del lugar se comienza a sentir mientras el avión está aterrizando. Abren la compuerta y los pasajeros comenzamos a recoger nuestro equipaje de mano. Bajo del vehículo y siento el aire tibio de Nicaragua por primera vez.
Canción que te sabes perfectamente:
Aquí debería repetir “Iris” de los Goo goo dolls, pero el chiste es variar este asunto, así que pondré otra de mis favoritas: “El año cero” de Nek. Esta canción fue la que volvió a este cantautor italiano mi favorito por muchos años (hasta que llegó David Fonseca con “Radio Gemini” y todo valió madres). Tanto en guitarra como en voz, esta es una de mis canciones predilectas y que me sé a la perfección.
Canción que te haga bailar al momento:
Sinceramente no sé bailar, pero me gusta intentar hacerlo de todas formas. Yo creo que como mexicano es obligatorio que “Payaso de rodeo” de Caballo Dorado esté aquí. ¿Me fui por la fácil? Sí.
Canción que te ayude a dormir:
No soy mucho de dormir escuchando música porque termino poniéndole mucha atención a lo que oigo, pero creo que "El sexteto del Atlas de las Nubes” podría ser la ganadora para este puesto. La canción me hace soñar despierto de una manera sin igual, al grado que puedo terminar cediendo y comenzar a hacerlo dormido mientras pareciera que todo tiene esta pieza de fondo. Por supuesto que debe ser la versión en piano. Una gran canción para una de mis películas favoritas.
Tag de las 20 canciones (parte 1)
Me topé con esto en un video y tengo ganas de hacerlo, aunque esté pasadísimo de moda.
Canción favorita:
No es para nada un secreto que mi canción favorita desde que tenía 13 años es Iris de los Goo goo dolls. No sé qué sería de mi vida si John Rzeznik no hubiera escrito esta joya. Pareciera que cada vez que la oigo entiendo algo nuevo, como si me platicara cómo me siento.
La versión en vivo tiene un valor especial por lo emotiva que suena. Se muestra como un ideal de cómo debería de sentirse la música.
Canción que odias:
Creo que mi falta de empatía con los bebés se debe a esta canción. Mi madre la ponía demasiado y el exceso de agudos que genera dolor de cabeza es un hostil recuerdo. Sin duda la canción que más me caga desde que tenía como cinco años.
Canción que te pone triste:
Aquí debo de poner dos, porque es imposible no ponerlas al mismo nivel. Ambas me generan una melancolía sin igual. Una viene de una de mis series favoritas: How I met your mother. La canción es de John Swihart - You’re alone. “Pero no hubiera hecho ninguna de esas cosas... ¿Saben lo que hubiera hecho...?
Junto con ella tiene que estar esta canción libre de derechos de un compositor llamado Chris Lody. La secuencia musical es muy sencilla, pero me parece bastante atinada. Creo que el hecho de que “Week 2″ no tenga más de 400 reproducciones en FB es inaudito.
Canción que te recuerda a alguien:
Todas las canciones tienen un nombre que etiquetamos en nuestra mente, pero si tuviera que elegir únicamente una, debe de ser “Retreat! Retreat!” de 65Daysofstatic. Esta banda marcó mucho de mi preparatoria y recuerdo que el único que disfrutaba de escuchar Math Rock conmigo era mi amigo Hiram. El bato y yo todavía de pronto, cuando nos topamos, recordamos aquella época donde buscábamos música rara y nos la compartíamos.
El halo de luz bajo tu puerta
El silencio que habla bajo el halo de luz bajo tu puerta
Diciendo inintensionadamente que llame
Como si los años que se cuentan por miradas pudiesen resumirse en unos minutos
En una noche sobre tu almohada
Musicalizada por la lluvia y el viento de la ausencia.
Porque las manos me exigen trazar tu perfil de cabeza a pies
Y nuestro aliento nos miente que podemos ser libres
Libres de mentirnos un poco en la mañana
Para fingir que solo tropezamos
Esperando caer de nuevo
Pero todo lo que se ve es un hilo de sombra
Que son tus piernas andando por el cuarto
Mientras yo, a obscuras, me sirvo un vaso de agua en la cocina
Para saberte ahí
Con la luz encendida sin esperar nada
Mirando un mensaje que no es el mío
Sin intriga alguna de lo que ocurre al otro lado de la puerta
Hoy me reuní con INVERSA de nuevo. Nos falta un poco más de constancia, pero creo que cada junta ha sido bastante productiva. Me siento satisfecho con el rumbo que vamos tomando como banda. Estoy en un punto medio entre el optimismo y el pesimismo.
A todos nos veo bien encaminados por el mismo rumbo. Esto puede funcionar bastante bien. Armin y yo tocamos juntos desde hace seis años, pero jamás buscamos madurar y pulir. Ahora con Benji y Joey creo que eso será un proceso posible... Largo porque hay mucho que arreglar, pero no difícil.
Hablé con Benji. Dice que se ha sentido descepcionado de la falta de pasión de otras bandas. Eso me motiva. Quisiera que todos en la banda le echáramos bastante corazón a este proyecto.
Extraño los escenarios y los aplausos. Componer ayuda a discipar esa necesidad, pero no la sacia del todo. Me apasiona la música, pero debo admitir que también adoro el escenario y todo lo que conlleva: gritos, aplausos, ser visto... ¡Qué irónico! Odio que la gente me vea por las calles, pero me fascina cuando me ven en un foro. No creo que eso esté mal, a no ser que lo volviese prioridad; y no la es, pero a más de un año de nuestra última presentación, veo justificable las sobreganas que tengo de presentarme.
Creo que es la primera vez que posteo sobre mi vida aquí, pero de pronto me dio insomnio y quería externar estos pensamientos.
El tiempo de soslayo
Si desde la libertad de la nada hubiese visto posible encontrarte no caminaría ni más rápido ni desaceleraría el paso. Son los versos de ahora en tu espalda que vuelven en silencio cada parte, a mis pérdidas y duelos, cálidos vacían resquemores en tus brazos. Ya acabaron los aires silbantes si ya éstos no vienen de tu boca olvidando condenar las batallas donde fuimos partícipes sin saber. No pudo suceder segundos antes y quizá el después nos descoloca lejos de tu regazo que soslaya las espinas y fogatas de mi ayer.
Mirando
Hoy regresé a visitar a mis padres unos días en Zamora. Esculqué un poco mis viejos cajones y me topé con un viejo cuaderno que tenía un cuento que no recordaba. Por su dedicatoria debe tener más o menos unos tres o cuatro años.
A Claudia.
Desde la otra mesa se les veía juntos, sin tomarse de las manos; solo mirándose a los ojos fijamente. Ella suspiró y le dijo: Por alguna razón siento que debo conquistarte, pero que, al final, jamás podré quedarme contigo.
Él se le acercó para besarle la mejilla y le contestó: Ya me conquistaste. Quizá algún día pueda quedarme como diario espero tus mensajes.
Ella bajó la mirada.
¿Ves esa mesa donde está una rubia mirando y sonriéndole a un tipo sentado junto a ella? Fue en esa mesa y fue ese tipo, quien no contesta a los ojos de su compañera. Ese que no deja de ver su celular como esperando un mensaje desde que llegó.
A años luz
Miro al cielo por la noche y recuerdo las noches buscando Júpiter.
Cuanto más bello es el cielo, más queman los recuerdos.
Sé que ella está en el observatorio buscando los anillos de Saturno
o acariciando al conejo de la Luna,
por eso sigo mirando al cielo estrellado, aunque arda,
porque sé que, en un punto, ambos vemos el mismo astro, fascinados,
y en ese punto del cielo nuestras miradas se cruzan.
A años luz de distancia,
más allá de Betlegeuse,
más allá de la puerta de Tanhäuser...
nosotros ya nos estamos viendo.
Mis zapatos
Mis zapatos están tristes
de mis mundanos pies
abandonados, solos y acomodados
bajo mi cama.
Prefieren cuando caen
si al lado de ellos
caen los tuyos.
Recortes
Y a los estragos me remito
que sin siquiera permitir la entrada
tocaste la puerta y la atravesaste con las manos.
Y metiste tu cara para ver los recortes
las mil hojas rotas dentro
adornadas con colores
como si eso las fuera a disimular
Y entre esos recortes
viste tu nombre unas sesenta veces
pero no me viste a mí
pues fue ahí a donde entraste
Besos vacíos
Un poema que escribí hace unos meses en algún rincón de la gran ciudad. Éste es de mis favoritos. Es de esos chispazos tan súbitos que debes escribir en cualquier lugar, como en el bloc de notas del celular. Esas ganas de hacerte mía, de que no demos el corazón pero sí cada poro cada célula. De meterme en el rincón de tus vicios y convertirlo en mi destino favorito. De no decirnos nada, darnos esos besos vacíos que solo significan deseo que aderezan el sabor sobre las sábanas y no bajo las emociones. Sin manchar historias fingiendo la nada en la mañana. Vistiéndonos, pretendiendo algo de pudor, reírnos hablando de todo, menos de nosotros sin vernos intensamente a los ojos de nuevo salvo cuando el deseo vuelva no a nuestro pecho sino sobre los muslos y repetir una vez más sin garantía alguna de un mañana.
Sin Elisa
No, Elisa,
el Sol de verano en Managua no quema más que tú.
Largo capítulo para iniciar uno nuevo
a veces gélido
a veces cálido
pero siempre hermoso.
Tan efímero como la jacaranda
o como la sakura, ya que hablamos de ti.
No había empezado primavera cuando te fuiste
y ya casi es otoño
y las lluvias chasquean tu nombre
“Elisa... Elisa...”.
La primavera no está tan lejos del otoño
porque no existen días
no hay primavera ni otoño
solo existe la estación donde “Elisa está”
y la estación “Sin Elisa”,
y llegará otra más bella que tú
pero no más grandiosa
y será la estación donde “Ella está”
pero cuando se vaya
será una vez más
“Sin Elisa”.
Atacheo
Un ladrido de despedida
Yo no suelo ser cursi, pero si algo aprendimos del cine es que los perros a veces nos duelen más de lo que imaginamos. Hoy me enteré de la muerte de este viejo amigo, hijo de mi queridísima Bianca (en paz descanse también). El heredero de Hosh, el perro patriarca de la familia, el más bello de los Labradores, Truco, llamado así en honor a su padre. De alguna manera debía rendirle tributo. Alguien dígale a ese hijo de perra que lo extraño.
Un ladrido de despedida
revoloteas la cola con las fuerzas que te quedan
haces un chillido extraño y me hueles la mano.
Todo cuanto temías hoy son bendiciones.
Duerme Truco,
tu madre Bianca te espera.
Duerme Truco
hoy vuelves a correr
pero sobre las nubes.
Njáll
Ya tenía abandonado este sitio, desde lo que pasó con Rossana Reguillo y desde que salí del ITESO apenas si he compartido líneas. Creo que es momento de retomar las líneas públicas, y quiero empezar con un cuento que escribí para una clase de la Universidad. Alguien dígale a Víctor Hugo Ábrego que aún me debe la retroalimentación de este cuento. Como explicación breve, este cuento, todo comenzó como un intento de creación de un mito sobre la post modernidad, pero como la neta, estoy chavo y ni entendí Fausto (el mito de la modernidad), mejor hice un cuento:
Todos querían llegar a Tar, pareciera que todas las mentes se movían en función de esa misión. El hedonismo que prometía la grandiosa ciudad parecía ser la más tentadora recompensa que el mundo inmaterial pudiese prometer a cualquier ser humano. Tar era como las montañas, no siempre estuvieron ahí, pero nadie sabía de dónde salió o quién la creó, algunos creían que Tannhaüser, tras hacer reverdecer el báculo de Urbano IV, tomó un espacio entre los átomos del mundo y creó una ciudad que era como la energía, allí estaba, pero era imperceptible, otros creen que Tar siempre estuvo ahí y que Siddartha fue el primero en llegar a ella. Solo algo era seguro, a Tar había que llegar a pie… a la ciudad sin tiempo ni sitio.
Njáll era un joven erudito que fue educado para encontrar la maravillosa ciudad de Tar, desde muy chico aprendió a vaciar su mente, a meditar y mil cosas más que los mortales y supuestos sabios decían, ameritaban el ganarse un lugar en ese lugar. Se convirtió en un robot piadoso e insensible, su pueblo lo consideraba el elegido, los pocos colonos de Þingvellir no tenían mucho en que creer en el siglo X, así que creían en Njáll, quien ni siquiera creía en sí mismo.
Njáll fue tan idealizado, que no vivía por él, sino por los demás, se había olvidado de que para alcanzar Tar, era necesario desear a Tar, caminar hacia Tar. Cansado de sufrir, tomó la boca de un pescado dentado y dio muerte a sí mismo, sin temer a permanecer en un samsara, él solo quería liberarse de esa vida. Tannhaüser mandó a Liz (una joven parapléjica que alcanzó a la maravillosa ciudad tras una oleada de sufrimiento injustificado por parte de su enfermizo novio) por él y lo depositó junto a la puerta de su habitación. Allí vivió más o menos lo que un humano sentiría como quinientos años.
Njáll siempre se quiso considerar un alma libre, siempre quiso luchar por la libertad, ¿pero era el hedonismo la libertad? Ya había llegado a Tar, había conseguido lo que sus ancestros querían, solo vivía en ese lugar donde todo era belleza y grandeza. Tantos siglos, ya no existía nadie que recordara la historia de Njáll. ¿De qué le había servido dar placer a las súplicas de su gente si al final sería olvidado? Se dio cuenta que estar en Tar no era su decisión, y decidió escapar de la ciudad para decidir el mismo, para vivir y, si así lo decidía, quizá regresar.
-Es una locura- le reiteraba Dante –casi nadie puede entrar aquí y tú, que te dejaron entrar por compasión y no por mérito, quieres irte. Eso no hace ningún sentido-
-Lo hace- contestó Njáll con su peculiar acento islandés –yo no debería estar aquí, soy víctima de compasión-
-Pero si nadie sabe cómo llegar a Tar, mucho menos como regresar de ella
-¿Qué nos trajo aquí?
-Yo busqué Tar en tantas letras y caminé por tantos países y de pronto un día caminando por Venecia me di cuenta de que los canales de la ciudad eran de oro puro y que la gente ya no me hablaba en véneto, decía cosas en un idioma que no conocía pero que por alguna razón entendía, después se acercó un tal Freder a decirme, textualmente “Tar aquí, que con ansias exima tus células más allá de Betelgeuse”.
-Tu siquiera entraste, yo solo desperté para verme en un lienzo blanco que se fue pintando con mi imaginación, yo no llegué a Tar, me trajeron a Tar, y me iré de Tar para yo ser quién decida por mí.
-¿Y si no puedes volver?- Replico Dante mientras arrancaba una manzana que tenía una “g” dibujada en su cáscara.
-Sabré que fue porque yo lo decidí- Contestó Njáll mirando los tres soles de Tar.
Njáll decidió adueñarse de sí, pero enfrentaba un gran problema: Tar no era un lugar ni un momento, era una omnipresencia atemporal, Njáll no era ya del tiempo, no era del mundo, era imperceptible, solo existía un modo de lograr llegar al mundo, la máquina de rayos C de un desconocido científico. Esos rayos, se había descubierto que tenían la capacidad de materializar lo etéreo, siempre y cuando el éter lo deseara.
Entonces, se hizo Njáll sobre una plancha de cobre a la vista del científico quien solo le dijo “Bienvenido ser tú”, el islandés se topó con el problema de no poder comunicarse, años de silencio en la lengua de Tar le atrofiaron las cuerdas bucales, las extremidades, todo el cuerpo…
-Disculpa- le dijo el científico –olvidé que aun no te puedes mover, dame un minuto.
Njáll entró en un ataque de claustrofobia debido a que se sentía atrapado dentro de sí mismo, inmóvil, tan vulnerable. Escuchó una especie de chasquidos y de pronto ocurrió el milagro. Njáll en su mente dio las gracias a la nada y comenzó a mover los dedos de sus manos.
-Listo, eso debería ser suficiente para que te muevas- dijo el científico.
Njáll se levantó del salto, pero al tocar el suelo lo agrietó sin darse cuenta. Entonces encontró una bandeja de acero en la que se vio reflejado.
- Hver fjandinn er þetta?- Exclamó Njáll molesto.
-Espera- contestó el científico -olvidé configurar tu idioma.
Volvió a alejarse y se acercó a una computadora, de ahí venían los chasquidos, de pronto Njáll hablaba una lengua que no conocía, pero podía entender.
-¿Qué diablos es esto?- dijo –soy todo de metal y ese no es mi rostro, es un rostro terrorífico, es el rostro de los demonios-
-¿Querías venir aquí verdad?- le preguntó el científico -¿tú crees que el tiempo te va a estar esperando? ¿Te crees que porque vienes de la nada gozas del privilegio de un cuerpo eterno? No muchacho, ni el nombrado hijo de Dios goza de cuerpo en este mundo.
-¿Qué soy?- contestó un asustado Njáll.
-Eres un robot, una máquina diseñada por el humano, yo creé tu cuerpo-
-¿Cómo es posible? El humano no puede crear vida-
-Tú ya eras vida, tú decidiste vivir, yo solo te facilité el regreso.