He ido al entierro de tu ausencia. Había un grupo de flores llorando pétalos sobre tu epitafio. Las golondrinas traían romero de las cumbres como gigantes dolientes. Las nubes asistieron con su lánguido lamento de plañideras grises. Los cipreses crujían a la caída de tus ojos sobre la tierra húmeda. Las gabardinas ondeaban a la intemperie de tus susurros extintos. Los nichos se ensanchaban para que entrasen todas tus mentiras. Entonces, comenzó a llover. (en Brussels, Belgium)











