Y mis labios se humedecen con tu recuerdo,
pero mi boca se seca en el silencio de no tenerte.
Estoy maldita con la memoria de tu tacto,
con la sombra de tu lengua que aún arde en mi piel.
con los muslos aún entreabiertos por tu ausencia,
con el cuerpo latiendo en la maldita forma de tu boca.
Te invoco en cada jadeo quebrado,
te grito en cada espasmo vacío.
Eres un fantasma que me posee sin piedad,
un espectro que se aferra a mi carne,
que me deja temblando en la nada.
Te odio porque mi piel aún gime tu nombre,
porque mis dedos no pueden arrancarte de mí,
porque mi cuerpo te recuerda como si fueras su dueño,
como si sin ti sólo existiera el hambre.
Duele hasta el delirio, hasta la locura.
Duele como si me hubieras quemado por dentro
y solo quedaran cenizas goteando deseo.
Duele porque aún te pertenezco.
Porque sigues siendo mi maldición.