Nos encontramos de frente una vez más, nos miramos a los ojos y sí, el tiempo no pasa en vano, hemos madurado un poco, ambos nos vemos un tanto más cansados; quizá sean los golpes de la vida, o solo el paso del tiempo, el caso es que nuestro camino hoy nos ha cruzado de nuevo.
Ten la certeza que en todo este tiempo te he recordado, que los días en que ambos nos tomamos de la mano, nuestras charlas y esos atardeceres vividos se quedaron conmigo, que las noches que nos amamos siguen intactas en mi memoria.
Y si preguntas si al verte se mueve algo en mi interior, si mi corazón se acelera, la respuesta es sí, aunque habría que descubrir si el tiempo y la distancia han reforzado aquellos lazos que alguna vez tejimos o sólo quedarán en ese bonito recuerdo.
También debes tener por seguro que he besado otros labios y que otras lenguas han saciado mi sed, que han habido otras manos acariciando mi piel y han sabido llenarme de placer… si, no tengo porque mentir, aunque bien sabes que no soy de ir a la cama sólo por una noche de placer.
Pero ¡vamos! No soy de palo, también sabes que la sangre me hierve en las venas cual braza difícil de apagar, que la piel se me eriza al contacto con otra piel, que no soy casquivana, pero tampoco me gusta usar el disfraz de santa… si, tú me conoces bien.
He caído en la tentación y me he dejado llevar por el placer de danzar en otra piel, me he embriagado con otros besos y mi vientre se ha saciado de placer en otro cuerpo; me he refugiado los días de invierno en otros brazos y he llorado en otro pecho, me han ofrecido amor y he decidido tomarlo; me han llenado de orgasmos y he decidido disfrutarlos… si, todo lo que he vivido han sido elecciones mías y no simples circunstancias, a nadie culparé de mis decisiones.
Y no me arrepiento, porque cuando te fuiste, la piel me reclama caricias y mis labios quedaron sedientos de besos… porque fuiste mi todo y me dejaste en la nada, porque soy hija del pecado, descendiente de Eva… y no ¡no te equivoques! Mi fin no es justificarme, sólo quiero ser honesta y que tengas claro que así como tú, yo también he vivido y he disfrutado.
Así que, una vez puestas las cartas sobre la mesa dime ¿estas dispuesto a intentarlo? Sin reproches ni preguntas de por medio, sin indagar en el pasado del otro, sin temores ni expectativas… O quizá prefieras que cada uno siga su camino, preguntándose lo que hubiera pasado si decidimos intentarlo, una vez más.