"En la terminología taurina, se denomina porta gayola al lance en el que el torero espera al toro de rodillas enfrente de la puerta de toriles"
Aquella primera cita de cafés y museos fue la segunda vez que nos conocíamos, estaba tan segura. "El amor de alguna otra vida" recuerdo que pensé. De aquel primer pero segundo encuentro nacieron instantáneamente mariposas al conocer al verdadero toro de Lidia.
Un hombre al cuál ya le habían besado todos los lunares, le habían cantado todas las promesas y arrullado todas las lunas. Sus rodillas llevaban cicatrices de caídas y levantadas y su desconfianza delataba la historia de algunas malas jugadas.
¿Alguna vez viste un toro comiendo flores?
Yo llegué con mis girasoles, ideas del amor libre, sonrisas y caricias a querer entrarle al rodeo. Pero mi toro tiene todo el mundo ya en el entrecejo. Le aseguré que no quería ser poseída ni poseerlo.
Al el le gustaba dar pero a cuentagotas. Me enamoré de la sed. De los pequeños rituales, de sus manos preparándome el café, de las pláticas a media luz, de la bestia gigante que tiene como mejor amigo, pasar mis manos por el pelo de su pecho me volvía loca. Amaba poder platicarnos sobre nuestros otros amantes y después beber del vino infinito que me daban sus copas y manos.
El brillo de ambición que iluminaban sus ojos al hablar de cómo quería comerse al mundo me encandiló, el mismo brillo con el que me miraba cuando me quería comer a mi.
Pero me sentí estafada cuando me encontré embelesada ante aquél bobino nada bobo que estaba robando toda mi atención mientras que yo no tenía la de el. Que mi jarrón se llenaba de flores de otros amantes y las dejaba secar por que las únicas que quería eran las suyas. Que los halagos y besos no me sabían a gloria como antes, si no provenían de sus labios. Y no es que quisiera privatizarme a las manos de quien les platico, pero sus atenciones eran mi plato fuerte y lo demás simple aderezo.
Mi toro era tan necio que entre mas amor y atención pedía mas a cuentagotas me la daba. No se si intencionalmente o las heridas que les platiqué en modo de defensa lo boicoteaban. Me comenzó a matar la sed y la falta de sol.
"Los girasoles se despiertan y se mueven hacia el sol, siguiendo al astro en su ruta de este a oeste, como agujas de un reloj."
Al relacionarme siempre busco que se trate sobre el amor y esta ansiedad por que me diera su sol empezó a nublarme el querer. Ya no se trataba sobre su hermosa sonrisa, el pelo de su pecho, de su mano en mi cuello o cuando me platicaba sobre sus heridas, si no de lo abandonada que me sentía sin los mensajes de buenos días, básicamente sobre todo aquello de su atención que no obtenía.
Así que a puerta gayola llegué con el corazón en la mano y las rodillas en el piso, a recibir la ultima embestida de mi toro. Le hice el amor con pasión pero con abandono, disfruté cada beso sabiendo que era el último.
Quemaban pero era la última vez que dolían.