Terapia contra el bruxismo
La verdad no recuerdo qué fue lo último que publiqué por acá, lo que sí sé con certeza es que fue hace mucho tiempo y también que lo más seguro es que esta sea mi última entrada viviendo en esta década. Últimamente he estado sufriendo (de nuevo) de un bruxismo severo, amanezco todas las mañanas con dolor de cabeza y tardo buena parte del día intentando que se me quite, a veces (la mayoría) sin éxito.
Estoy segura que lo que me tiene así es la ansiedad que se pasó a vivir conmigo desde hace un tiempo. No me malinterpreten, SIEMPRE ha vivido conmigo, pero al menos ¿antes como que vivía en otra casa? solo me visitaba constantemente, sin embargo de verdad ahora es mi compañera de piso, bueno mía y de Toulouse.
El bruxismo ha regresado fuerte con la ansiedad, y la ansiedad ha venido aumentado con muchos cambios que he tenido en los últimos años, y aunque me niego a decir que tengo una crisis porque estoy a nada de subir al cuarto piso, y porque genuinamente no creo que sea esa la razón de mi condición, creo que tampoco es ilógico pensar que eso esté colaborando última y recientemente en la misión de mi mandíbula de quebrarse mientras duermo, literal. Y es que aunque no culpo a los 40 años que estoy por echarme encima, tampoco los libero de responsabilidad.
Desarrollo.
Me he pasado de casa 8 veces en la última década. He tenido dos relaciones amorosas que me han dejado mucho crecimiento y momentos preciosos, pero también mucha transformación y bastaaantes heriditas (entre algunos otros sentimientos que no valen la pena detallar pero que muchos me entenderán a lo que me refiero). Tuve amigos que pensé, juré y visualicé para toda la vida y que al día de hoy son completos extraños para mí, pero también tengo otros de “vidas pasadas” que han abrazado mi corazón con sus reapariciones, otras caras nuevas que han venido por añadidura o porque así quiso sorprenderme la vida, y otros que se han quedado, que siguen evolucionando conmigo y que aprecio nunca tanto como ahora.
En la última década he sufrido las pérdidas más profundas que ha sentido mi corazón y de las cuales no siento ni un asomo de superación, pero con ellas también ha venido un crecimiento y un aumento en la certeza de que voy a estar bien.
En fin, por supuesto que todo ha cambiado en esta década, creo que es la década más importante del crecimiento y desarrollo adulto de una persona, o al menos de las que he vivido hasta el momento (luego ampliaremos jajaja), pero su final, en mi caso al menos, está marcando y se está juntando con un momento de reflexión máxima donde inevitablemente me pregunto ¿en este punto llegué a donde quería llegar? ¿Soy la que quería ser para este momento? ¿Estoy en el camino correcto? Porque creanme, aunque mi mente entiende perfectamente que mi vida está LEJOS de haberse acabado, en este momento mi mandíbula siente que si no pasa en los próximos dos meses ¡estoy frita! lo cual POR SUPUESTO es mi mente solamente procesando todo lo que la sociedad me ha dicho y vendido por años de años, y CLARO QUE SOY LA QUE HE QUERIDO SER (y he hecho todo lo que me ha dado la gana), seguimos trabajando, pero soy yo, estoy saludable, me he pagado terapia, he evolucionado en muchos sentidos (faltan, claro, listillos), atiendo mis responsabilidad, he logrado sobrevivir sola, ¡sobrevivir a todos los excesos de los 20s (y alguno que otro que sale de vez en cuando), a todas las responsabilidades de los 30, a mi mente, a la puñetera sociedad… Pero claro, como cualquier otro ser humano tengo mis momentos y tengo ideales, objetivos, soy víctima de la sociedad, me duelen algunas cosas, pero cuando lo reflexiono no es por la edad, es porque las cosas duelen, porque las pérdidas dejan heridas, porque los “fracasos” nos hacen crecer pero también nos generan inseguridades que necesitamos procesar, porque con los años y los traumas dejar ir se hace más fácil pero al mismo tiempo más difícil (mi momento Arjona, yo sé), porque la compañía que escogemos es todavía más fundamental y menos fácil de conseguir, porque nos han herido tan profundo y hemos perdido tanto que ya no queremos más de eso, queremos más amor, más seguridad, más certeza (o menos duda al menos), queremos poder romantizar la puta vida en su totalidad, queremos más tiempo de calidad, queremos más tiempo…
En fin, he estado reflexionando en a dónde he llegado y el por qué de mi bruxismo y mi ansiedad últimamente; y sola, con una taza de café, en mi rincón en el mundo, con mi gato al lado y con lágrimas en los ojos quise escribir esto que me hizo sentir muy agradecida conmigo misma por haberme traído hasta acá, por haber llegado hasta el día de hoy, porque aunque la mayoría de los días me siento terriblemente sola y desanimada, también he aprendido a reírme, a sacudirme el polvo de los tropezones, a agradecer y a sentirme orgullosa de quién soy y de todo el trabajo que he hecho y que sigo haciendo por mí, por esta versión que pronto dejará de ser la doñita de 30, pero que evoluciona y que será eternamente mía, eternamente yo, eternamente fabulosa.
Espero que el bruxismo mejore y que mañana amanezca sin dolor de cabeza.
Los quiero, la doñita. <3














