Te voy a poner en una cajita. Chiquita, bonita, de madera. La voy abrir cuando ya no duela. Chiquita, profunda, sincera. Juguemos, juguemos: todo se vale. Aunque las paredes hablen, suden y bailen, de mí el secreto no sale. De casualidad, ¿conocés a mi amiga? Chiquita, bonita, con dignidad. No tímida, sí seria, sobre todo, leal. A veces me regala estrellitas. Entonces las meto en una cajita. Chiquita, bonita, de cristal. Así van saliendo gotita a gotita. Chiquitas, de agüita, con sal. Juguemos, juguemos: todo se vale. Callemos lo que todos ya saben. De mí el secreto no sale. Todo se vale. El secreto (de mí) no sale. Veamos si aguanto estos viajes por mares. Todos ya saben. El secreto (de vos) no sale. Al final ignorándonos venceremos triunfales. Un día abriré la cajita. Chiquita, bonita, de madera. Esperaba con ansias la marea. Conchitas, cangrejos, arena. El secreto, ¿viste?, no lo cuenta.
.uno. No te reconozco todavía. Quizás ya te conocí, quizás no. Mis ojos siguen sin verte y los tuyos están igual. Me hacés falta, sabés. No siento culpa al admitirlo. Pasé mucho tiempo esperándote para sentirme completa, real, admisible. Luego me olvidé de vos y me encontré. No entera ni coherente pero consistente, congruente. Tengo a qué aferrarme. Sin embargo, a veces (como en esta noche oscura), te pienso y este nudo en la garganta no se quita pensando en la nada. Me da miedo quererte solo porque quiero querer. Me da miedo querer al amor nada más. Me da miedo confundirme. Me da miedo que busqués en mí la confirmación de tu existencia. Tengo muchos miedos. También tengo muchos sueños. Me hace falta soñar más... Sé que estás ahí con tus miedos y tus complejos, con tus sueños y tus deseos, justo como yo estoy aquí con el corazoncito chiquito, encogido, pero irradiando un calorcito inquieto. . .dos. Me canso, sabés. Me canso. Claro que me siento cómoda con quien soy. Disfruto de mi compañía. Pero el cielo, sabés, el cielo es inmenso. Las flores bailan con el viento y la lluvia se ríe con el suelo. Y yo estoy aquí. Sin buscarte. Sin esperarte. Estoy aquí. Aquí estoy. .. .tres. Un día pasará. Vendrás y vendré. Vendremos. Más que la conjugación verbal ocurrirá esa complementación que ni imaginábamos. No será necesaria tanta cosa. Entenderemos que estás vos, estoy yo y estamos nosotros. Lo demás es adorno. Y fluirá como fluyen los ríos y las lágrimas. ... .cuatro. En el borde del mar nos daremos un beso, un suspiro y un secreto. Esa fina línea del horizonte es tan noble que podría detener el curso de las olas. No obstante siempre vienen y van, vienen y van, vienen y van... Venís y vas, vas y venís... Voy y vengo, vengo y voy... .... .adiós. Por favor, contesta en tu carta mi pregunta que no me atreví a preguntar. Hasta pronto, mi amor. Yo.
Crecí en una casa acolchonada de colores pastel, mucha luz blanca artificial y papel tapiz alegre cubriendo las ventanas. ¿Para qué necesitar la claridad? No era muy grande pero bastaba para ser mi pequeño gran universo. Había música, risas, lágrimas y gritos. Había gente, había amigos. Ahí nunca distinguí entre bien y mal. ¿Para qué necesitar la claridad? En mi casa de peluche mis sueños se hacían realidad. Muy raras veces me pasaba que sentía dentro de mí algo como cuando parapadean los focos ya viejos o como cuando las alas del colibrí se mueven tanto que no se distingue más que un borrón inestable. Dicen los de fuera que se llama miedo. No sé si existe y tampoco sé si es bueno o malo. ¿Para qué necesitar la claridad? Un día, sin embargo, el papel tapiz de una de las ventanas se despegó. Al parecer todo se desgasta, todo tiene su tiempo. Vi una luz que no era blanca. Vi una luz que era real. ¿Para qué necesitar la claridad? Vi un jardín. Supuse yo que era jardín aunque le faltaba bastante verde. Vi hojas secas. Vi flores blancas. Vi hormigas ayudando a su colega con la pata quebrada. Vi un árbol sin hojas, puras ramas. Vi una pequeña rosita saludándome de buena gana. ¿Para qué necesitar la claridad, entonces? Ya no estoy en mi casita y la costumbre es mi sombra. Tiendo a estrellarme contra paredes ásperas y duras, tiendo a encontrarme con luces que no se parecen en nada a la luz blanca artificial. Hay grietas en el suelo de cemento mojado y esta cosita diminuta que llaman polvo. Me parece que el polvo son universos desgastados. Sigo sin saber distinguir entre bien y mal, siguen apareciendo focos y colibríes en mi interior de vez en cuando. La lavadora gira y gira con tal de conseguir la ropa limpia, ¿para qué necesitar la claridad? Los de fuera también ríen, lloran y gritan. Hacen algo que no existía en mi casita: aman. El aire es frágil, así como esta mercancía que llaman amistad. En otra ocasión (y lo escribo para terminar) me dijeron que lo que me estaba pasando se accionaba como colisionar. Al parecer los focos y los colibríes, así como las lavadoras, no coexisten solo dentro de la cabeza de uno. Pueden afectar también el papel tapiz y las paredes acolchonadas. Pueden hacer que crezcan rositas en la grieta del cemento mojado. Pueden dejarte sin aliento y con mariposas en la tripa, bailando muy quietos. Incluso, las imágenes se vuelven difusas y... ¿Para qué necesitar la claridad?
Ingredientes: -vos, recién salido del horno. -yo, recién sacada del congelador. -sal al gusto. Instrucciones: Te acercaste con familiaridad tomándome entre tus brazos como si viviste en mí toda tu existencia, y eso que nunca nos habíamos permitido ese lujo de tocarnos. Menos en medio de toda la gente. Inclinando tu cabeza, rozaste esos labios tan tuyos y me besaste en ese lugar que nadie más se ha atrevido a tocar, creo que es porque solo vos sabés dónde está. Inmediatamente se desató una descarga eléctrica en el centro de mi ser que ascendió con una fuerza descomunal y arrasadora desconocida hasta mi nuca, saludando mis mejillas con ese rojito de manzana de anuncio publicitario. Te apartaste un poco, manteniendo el agarre y miraste hacia abajo para ver si tu estrella no se te había escapado. ¿El otro siente cuando te ha matado de amor? Vos sabrás la respuesta. Sonreíste, mon coeur, sonreíste. Triunfalmente cocinamos la receta. Serviste con tanta sal como quisiste y te repetiste.
Salud, compadre, porque ahora nos desconocemos. Salud porque finalmente me deshice de todo lo que podría ligarme a ti. Salud, colega, porque sos feliz sin mí y me alegro. Quizá siempre estuvimos destinados a hacernos daño. Salud, amiga, porque ahora nos ignoramos. Salud porque me harté de tanto lamentarme por nuestro colapso. Salud, compañera, porque parece ser que finalmente le encontraste el rumbo a tu existencia. Quizá siempre íbamos a ser al final una relación superflua y superficial. Salud, camarada, porque ahora nos olvidamos. Salud porque te recordaré cariñosamente aun con el acabose que tuvimos. Salud, estimado, porque estás cumpliendo tus sueños y fui parte del precio a pagar por ellos. Quizá siempre terminaríamos antes de terminar. Salud, a todos, porque me destrozaron el corazón. Salud porque mi salud mental es un asco y prefiero dormir que seguirlos pensando. Salud, desgraciados, porque siguen con sus vidas como si nada. Quizá siempre seré insignificante y desdichada.
Hola, siempre es un placer volver a leernos. Estoy escribiendo esto porque no sé quién soy. No, no me malentiendas, sé que tengo un nombre y una identidad, sé que hay una cama donde puedo descansar todas las noches y es solamente mía, sé que la laptop donde estoy escribiendo este desahogo me pertenece... Sin embargo, nada de eso me tranquiliza, nada de eso me calma, nada de eso me hace sentir mejor. ¿Estaré perdiéndome de nuevo? Esta vez sí es mi culpa (quizá todas lo fueron). Una vez más, estoy volviendo a esperar cosas de tu parte, estoy volviendo a ilusionarme, estoy volviendo a perderme en tu ser y quizá no salir nunca más. Todas las noches me imagino nuestro futuro juntos. Yo, que no quiero nada, hoy lo quiero todo. Una vida a tu lado, una casa, un perro, un hijo, una cama, un anillo... todo, todo siempre y cuando sea contigo. No sé qué estoy diciendo... Había logrado dominar la felicidad, el bienestar, la independencia, la autonomía... Había construido todo esto sin tu ayuda y descubrí que soy excepcionalmente fuerte y que el mundo me pertenece (sin nada de soberbia por supuesto). Y otra vez me aburre el mundo, otra vez me sumerjo en tus ojos y me hundo en tus brazos y me embriago con tu risa porque nada me emociona o me alegra más que tu persona. Tengo miedo, mucho miedo. No me preocupa que se cumplan los presagios de los demás, quienes me adviriteron que tuviera cuidado con él; me preocupa que no me advirtieron que tuviera cuidado conmigo. Creo que la verdadera amenaza en toda esta situación siempre fui yo. No estoy hecha para el amor. No puedo mantener algo estable, algo seguro. Soy demasiado egoísta y lo quiero todo del otro, todo (y detesto darme entera al otro). Quizá solo tengo ganas de jugar, de pasar el rato, de desaburrirme de mi rutina tediosa de la soltería. No sé quién soy y me doy asco. Toda la vida critico las mismas conductas patéticas que estoy teniendo en este instante de mi vida y no puedo evitar que estas críticas a mi persona las tome como si se tratase de alguien más, alguien lejano, alguien distante, alguien desconocido... Pero no, nada que ver. Soy yo. Son mis demonios. Y no sé cuánto tiempo me queda para que me consuma otra vez.
Estiro el brazo hasta llegar al extremo de la cama. No estás. No te siento.
Abro los ojos desganada. Detesto levantarme después que vos porque desparecés y no te veo hasta que se pone el sol. Tanto tiempo sin tenerte conmigo me hizo mucho daño, tanto, que a veces despierto y no sé si sigo soñando o si estoy de veras en la realidad.
Salgo de la cama. Bostezo. Camino hacia la cocina y ahí está la taza que compramos en una escapada a un pueblito sin nombre. La cafetera está encendida. Hay café recién hecho. También hay una caja de pan dulce que has de haber comprado justo antes de partir.
Nunca fuiste de los cursis que dejan notas. Nunca fuiste de los detallistas. Nunca fuiste de los atentos. Nunca fuiste de los expresivos. Nunca fuiste lo que siempre quise para querer a alguien.
Sin embargo, aprendí a leerte, a entenderte, a cuidarte. Mi amor por vos dejó de ser un sentimiento, un "te amo" que se le dice a cualquiera y un beso que se le da a cualquiera. Se volvió una elección. Soy tu cómplice, tu mejor amiga, tu compadre, tu camarada, tu socia, tu mamá, tu hermana, tu novia, tu esposa, tu amante, tu concubina... Soy tuya, toda tuya.
¿Que si me siento plena?, ¿que si me hacés bien?, ¿que si contigo mis días son más lindos?, ¿que si me arrepiento de haber vuelto?, ¿que si le veo un final a lo que tenemos?
Me quemo la lengua con el café negro. Agarro un banquito y me subo en él para agarrar el azúcar del estante más alto. Me sirvo tres cucharadas y revuelvo.
Mirá, no voy a mentirte. Tengo mis dudas. La otra vez nos destrozamos el alma y el destino fue quien nos dio el otro chance. Dudo que nos vaya a dar un tercero.
Pero venís y sos tan bueno. Siempre te he dicho que soy desastroza y malvada, una bruja personificada.
Si en las noches me despierto llorando, ahí estás al otro lado de la cama, con tu pulgar secándome las lágrimas y cantando las canciones que tus amigos creen que no escuchás. Si estamos en el parque y empieza a llover, me jalás el brazo hasta llevarme a un charco de lodo recién formado para embarrarnos los dos y luego llegar a casa por un baño de burbujas en la bañera. Si un día la callada soy yo (porque asumí el rol de ser la que lleva la batuta en las conversaciones), hacés las cosas más ridículamente posibles para que me ría hasta que me duela la panza. Si me enfermo en la madrugada y te digo que no es nada, me arrastrás por toda la ciudad hasta que encontrás un doctor que acepte revisarme, pagás por las medicinas y todo, incluso no me dejás salir hasta que esté completamente recuperada...
Abro la caja. Saco el pastelito con cubierta de chocolate y dulcitos de colores. Le quito el papelito. Muerdo. Mastico. Trago. Arranco un pedacito y lo sumerjo en el café.
A veces sí me canso de nosotros, de vos, de mí. Es normal. El ser humano, naturalmente, se cansa. Tiene que reposar para sentirse mejor. Claro que he pensado en dejarte. Una vez casi lo hago. Lo que pasa es que no me veo empezando de nuevo con otro. No me veo viéndote como un extraño. Para mí siempre serás mucho más que eso. Ya lo intenté y fallé esa noche que explotó el cielo y la grama estaba recién podada...
Suena el teléfono. Vuelvo a la habitación. Un mensaje. Es tuyo. Ojalá no te hayas comido el de chocolate con dulcitos, es mío. Le tomo foto al papelito y se lo mando con un emoji de diablito. Respondés con un emoji de suspiro. Coloco el teléfono de nuevo sobre la mesa.
No me subestimés. En nuestro exilio aprendí mucho de mí misma. Me di cuenta que era increíblemente fuerte. Una campeona de la vida. Que era capaz de aguartar la basura del mundo y salir indemne. Es una sensación indescriptible, pero vale completamente la pena.
¿Por qué, entonces?
Suena de nuevo. Una nota de voz. Ten un lindo día, cosa fea. Hoy invito la cena. Te quiero, no sabés cuánto. Sonrío. Contesto de una forma que solo yo puedo hacer.
Porque fue nuestra elección. Porque compartir a su lado no tiene precio. Porque confío en él como en nadie. Porque si algún día me canso y ya no quiero seguir se lo dejo bien claro y viceversa. No podemos volver a mentirnos. Fue la única cláusula del acuerdo.
Regreso a la cocina. Guardo la mitad del pastelito. Saco una galleta de la caja. La parto en cuatro trozos. Sumerjo uno en la taza. Abro el periódico y me dirijo a bienes raíces para ver si hay una nueva casa...
Mi madre es la persona menos idealista que conozco, los cuentos de hadas y los príncipes azules no existen para ella; aunque le encanta que le cuenten las historias para soñar un ratito. Cuando habla de mí, con toda sinceridad, afirma con una ternura inconcebible que soy una persona independiente y que no necesito de nadie en la mayoría de las situaciones. Creo que quiso decir (en mis términos): "hija, lo poco que te conmueve, realmente significa algo para vos". Aunque he de reconocer que no es agradable siempre andar de cínica e insensible, desatinada o desorientada, perdida, mal ubicada... el adjetivo que se te ocurra. No es bonito. La mayoría de las veces lo agradezco. Me resulta bastante útil. Pero hay otras donde solo quiero dejar fluir las lágrimas y gritar y embarrarme la cara de mocos (por muy fino que se lea). Seguramente me vendría bien. Desde que te fuiste (y fue culpa mía, por cierto), no he podido llorarte, darte el luto merecido. Dejarte ir en otras palabras. No sé, no he podido. La amargura me consume poco a poco y la vida sigue, avanza a la velocidad de la luz y en los pocos parpadeos donde vislumbro la nitidez, estás vos con esos tus ojos negros, viéndome como si estuviera en la cuerda floja debajo de un tanque de pirañas y tuvieras la decisión de salvarme o verme caer. Hoy es uno de esos días donde anhelo poder vaciarte de mi ser para poder seguir adelante. Como sé muy bien que no me extrañas y que no estábamos destinados a terminar juntos, deseo fervorosamente que pueda llorar cascadas enteras hasta que el último residuo tuyo se vaya de mi cuerpo. Además, los crueles dioses se carcajean de mi impotencia, saben que no podré hacerlo nunca. Se aseguran de ponerte en mi camino cuando menos lo espero y me cosen alas de papel, haciéndome creer que finalmente vuelo hacia la libertad. Agregando (para rebajar aún más mi dignidad), fantaseo ocasionalmente con que vos serás quien seque mis lágrimas (que, irónicamente, derramé por vos) y recoja esta carita maltrecha entre sus manos para poner todo en su lugar de nuevo. Qué cosa tan patética. Pero una buena fantasía mantiene la mente activa y en movimiento. Entonces, ¿qué carajos quise decir con toda esta redundante y enredada publicación? Mi idealización (oh, sí) hacia ti (sigo creyendo que fuiste el más bueno, cuando estabas de buenas, por supuesto) y mi enfermiza adicción a los besos que nos dimos en el bosquecito (derritieron el iceberg que alberga mi corazón), me han nublado la mente, haciéndome creer que no voy a estar bien sino te tengo de vuelta. Mentira. Sé que es una mentira, lo sé, lo siento en los huesos. Probablemente la cosa sea mucho más fácil y lo único que realmente necesite es abrir la llave y dejar correr el torrente de recuerdos (y risas, y caricias en el pelo, y memes sin sentido) para dejar de agriar el limonero. Lástima que todavía no sé cómo hacerlo. Lástima, lástima.
Hola, otra vez. ¿Alguna vez te dije el efecto tan marcado que tenías en mí? No sé cómo no te lo dije antes. Ahora me encuentro en un lugar donde no quisiera que nadie más estuviera, porque tendríamos que comunicarnos, que entretenernos mutuamente; para no caer en el aburrimiento que bien puede evitarse fingiendo que te importa hablar con el que tenés al lado. No quiero fingir que alguien me importa. Pero es horrendo estar acá sola, viéndote reír como nunca lo hiciste conmigo y hablando con otras como que si yo no fui la que te puso el mundo al revés. ¿A quién engaño? Vos pusiste al revés el mío y por eso es que estoy hecha un desastre. No hay día que pase sin que el mundo me recuerde tu existencia. Y realmente no quiero volver a quererte porque estoy muy cansada como para esforzarme e intentar de nuevo. Sólo quería hacerte saber que me dolés como nunca y que quizá todo hubiese sido mejor si no te hubiera hablado aquella tarde en las mesas amarillas. Pero, ¿qué sabía yo?, ¿cómo iba a darme cuenta que estaba coqueteando con el diablo y que lo sabía desde el inicio, pero no podía dejarlo porque era tan adictivo? Qué tonta. Ceder tan fácil. Espero con ansias el día en que despierte y no sea necesario pensarte, o que el mundo me dé una tregua y pueda continuar mi curso en paz. Simplemente quiero eso. Paz. Es tan apremiante que sólo verte me cause un hondo dolor en el estómago, un sudor frío en las manos y un sofocante nudo en la garganta. Es tan triste que nuestros caminos se cruzan y no podemos decirnos "hola" porque sería entrar en territorio enemigo. ¿Por qué tuvo que acabar así?, ¿por qué no viniste por mí?, ¿qué fue eso tan malo que nos impidió funcionar y durar toda la vida? Perdona, seguramente nuestras vidas son mejores así. Seguramente. Es que la duda me carcome y no me deja seguir. Sí, lo sé, suena infantil. Sé también que no estábamos destinados a ser. Y sabiendo todo eso no sé por qué permití que esto fuera más allá de lo que debía para terminar acá, en este lugar sin nombre, deseando que todo acabe de una vez. Ha de ser fácil la respuesta. Sin creerme la gran cosa, creo que te quise tan pura, auténtica y genuinamente; que me será imposible dejarte ir porque a nadie más volveré a querer así (obvio, no sos vos). Pero me tomará toda la vida aceptarlo. Así que lo dejo aquí, esperando tontamente que lo leas, que lo entiendas y que vengas aquí e ilumines este lugar oscuro y gris.
¿Recuerdas cuando me lo dijiste, mon coeur? Estaba enferma, te dije que quizá me moría por lo mal que me sentía. Entonces lo dijiste: "No vas a morirte, conmigo sos inmortal". Y mi corazón dio otro vuelco de los muchos que viví a tu lado. ¿Sabés qué es gracioso? En realidad, es al revés: Vos, conmigo, sos inmortal. Quedaste plasmado en mí y una vez empecé a escribirte, quedaste para la eternidad... Y es tan triste, ¿sabés? Es tan triste que nunca pude escribir lo lindo que fuimos, lo increíble que fuimos, lo grandiosos que fuimos. Porque ahora no queda nada de eso. Me acabé la dignidad, después el orgullo y por último el sentido común. Quedé destrozada, como si una lanza de treinta centímetros de grosor me hubiera atravesado el corazón. Cantan nuestra canción y mis ojos se cierran sin querer. Veo que los demás utilizan nuestro emoji y sé que nunca será tan majestuoso como vos lo hiciste ser. Reviso antiguas conversaciones, buscando algún fragmento de cuánto nos queríamos... Todavía me cuesta respirar al escuchar al oído tus te amos por notas de voz. Solo con esos te amos tan genuinos sucumbo tan patéticamente. ¿Has logrado superarme así de fácil? Te envidio. Yo no puedo. Solo quiero llorar, hacerme bolita y que los días pasen. Pero sin olvidarte. Y quizá eso es lo peor, no poder dejarte ir y ver que vos ya lo hiciste. No sé, mon coeur, pensé que tuve algún significado, alguna importancia; que no era tan reemplazable como el papel higiénico, tan desechable como las baterías, tan ordinaria como un par de calcetines. Porque vos fuiste mi suéter favorito en esos días lluviosos, fuiste el azúcar que endulza mi café matutino, incluso fuiste la pequeña cascada caliente que se precipita en mi espalda cuando me ducho de noche... Debería odiarte. Me hiciste un daño irreparable. Y ahí estás, todos los días, con tu maldita sonrisa de imbécil que me encanta. Sos realmente despreciable. Pero como ya dije, solo ha permanecido mi cariño roto hacia ti. Y todos los que me rodean parecen seguir como si nada, como si no estuviera muriendo. Quizá así querían ayudarme. Si tan solo no se contradijeran haciéndole caso también a él... (Eso me confunde, ¿sabés? ¿Por qué dicen que "soy fuerte" y "podré superarlo" si al mismo tiempo gastan las bromas gastadas que aprendí cuando estábamos juntos?) Ya no sé qué estoy diciendo. Simplemente odio a todos, sí, me incluyo en el paquete. Quedemos en que sos inmortal. Y vivirás por los siglos de los siglos en mi mente. Fin.
Sé que no vas a leer esto, así que voy a decir lo que pienso tal cual, sin importarme tu bienestar. Ha pasado mucho desde que no me importa el mío. Me lo merezco. Hace un mes, yo estaba a punto de irme de una vez por todas. Me hacías daño y no podía continuar mis días esperando algo que nunca iba a llegar: tu correspondencia, tu afecto, tu cariño, amor, como quieras llamarlo. Resultó que lo imposible se hizo posible. Pobremente me confesaste lo que sentías por mí y empezó lo que yo en un principio consideré "un sueño hecho realidad". Me equivoqué. Han sido unas semanas intensas. Primero, un problema tras otro. Imparable. Sin embargo, también hemos tenido nuestros momentos lindos que nadie nos podrá quitar. Imparable, también. Ha sido un disfrute placentero estar a tu lado. A pesar de todo. Ahora bien, yo no quiero un disfrute. Algo que es "para mientras". Me rehuso firmemente. Conmigo es todo o nada, los intermedios no existen. Nos adentramos a la boca del lobo y salir no es cosa sencilla. No voy a permitir que todos los ideales que tengo respecto a las relaciones y el amor se esfumen solo porque no querés colaborar. Y ya no sé qué pensar de nosotros si puedo serte sincera. Estoy cansada de ser yo la que se esfuerce una y otra vez por no caer en la monotonía ni en el mero placer físico de nuestro contacto. Ya no sé si valés la pena. Ya no sé. A pesar de todo eso, no me voy. Soy masoquista. No sé. Quizá también egocéntrica. Quizá pienso que me necesitas, que sin mí nadie más te querrá. No sé. He de quererte demasiado. Ni siquiera sé por qué, no tenés nada que destaque de los demás. No me entiendo. En fin, estamos cumpliendo un mes y se siente como si llevásemos tres años juntos. Aunque repito, no sé si seguir. Perdí toda motivación, todo interés, toda esperanza. Así que solo estoy viendo qué pasa, ver si logras arreglar este desastre y mientras tanto, trabajo conmigo misma para poder ser capaz de sonreírle a la vida sin tu ayuda. Me costará un mundo pero seguro que es más fácil que vos tratando de salvarnos. Ojalá, no sé. Ojalá que esto termine bien. Si no me he ido es porque me encanta como se ven nuestras manos juntas, me derriten tus besos en la frente y cuando me aprietas a mitad del abrazo; es porque me creo todas las cosas bonitas que dices de mí, que nadie me dijo jamás. Parece ser que esto es puro capricho. La verdad no lo admitiré, si lo es o no, no me importa. Prefiero asquearme y morirme en nuestra miseria que llegar a reconocer que nuestra relación está basada en mentiras, en apariencia, en cualquier cosa despreciable que no sea amor y nada más que amor. ¡Qué difícil dejarte ir! Cuesta todavía más porque sacarte del caparazón de tu verdadera personalidad es casi imposible y cuando lo hago, simplemente me enternezco con el niño interno que tiene miedo del mundo real y no puede reconocerlo. Me recuerda la bondad que vi y nadie más pudo ver. La dualidad en mi mente no me permite decidirme. ¿Viste? Te quiero más que a mí misma y no te importa en lo más mínimo. Por eso lo escribo, esperando que lo lea en un futuro, me decida y empiece de nuevo. Contigo o sin ti.
Si decidí darnos una oportunidad, es porque confío en que no vamos a terminar de una forma tan desgraciada. No quiero un amor que se vuelva monótono; quiero una lucha diaria, que tanto vos como yo ideemos cómo enamorar al otro, cómo mantenerlo a nuestro lado un día más. No quiero un amor insípido, superficial; quiero que conozcas mis demonios y que no les huyas ni los ahuyentes, sino que los enfrentes conmigo. Sobre todo, no quiero un amor pasajero (aunque no sería amor en primer lugar). Si quieres pasar un buen rato, búscate a otra. Si no quieres responsabilidad y compromiso, búscate a otra. Si piensas que siempre seré luz, búscate a otra. Te ofrezco lo que soy: un desastre intenso. Cada cosa que hago la vivo intensamente; me deprimo intensamente, defiendo mis ideas intensamente, disfruto la comida intensamente... También te amaré intensamente. Ya te estoy amando, no debería. Todavía no confío en que te vayas a quedar, creo que es porque me conozco y no es bonito lo que hay para ver. Sin embargo, si aún así te animas, te prometo que seré aquella chica que nunca jamás pudiste imaginar. Seré real, seré loca, seré tu confidente, tu amiga, tu madre y tu hermana. Seré todo lo que necesites. Por favor, sé todo eso por mí también. ¿Pido demasiado? No sé. Solo sé que soy compleja, pero buena en el fondo. Trato de demostrártelo. Trato de hacerte saber cuánto significas para mí. Ayúdame. Me cuesta mucho quererme. Demasiado. Quizás es mi culpa, quizás es de la vida. No importa. Estoy confiando en ti como en nadie, me estoy arriesgando como nunca. Estás siendo mi mayor apuesta y poco a poco, entrego partes de mí hasta que un día me quedaré sin nada. Ojalá que sigas ahí para entonces. Ojalá que no te vayas. No seré perfecta, tampoco lo eres. Me quedé porque sabía que tenías algo que valía la pena. Me hubiera ido en caso contrario. Ahora que me estás conociendo y te adentras en esta oscuridad que me consume, espero que no huyas, aunque puedes hacerlo. La puerta está abierta. No te obligo a nada, el amor es libre. No obstante, no es desechable. Quizá me apresuro. Es decir, todavía no eres "mío". Todavía. Lo único que quiero es que funcione, que sea real y que dure, mucho. Esforcémonos mon coeur, se puede. Lo valemos. No te rindas con esta loca. Como yo no me rindo con este tonto.
Oh, quién diría. Es casi seguro que llueve... y que la tierra se moja, las calles se inundan, las ventanas lloran... Pero no, existe otro 30% que se opone con firmeza, que afirma con todo su ser y su esencia; no puede ser, no será, no puede ser. Quizá así fuiste conmigo, le aposté al 70%, asumí la victoria sin haber siquiera luchado, ¿por qué? o... ¿Será que sí lo hice? ¿Será que perdí al primer golpe? ¿Será que no estaba destinada a ser tuya y vos mío? o... ¿Será que simplemente no me querías? ¿Será que sólo te gustaba sentirte querido? ¿Será que soy otra de las muchas que has de tener bajo la manga? Como dije, aposté al 70%. Olvidé el otro 30%. No podría ser, no sería, no podría ser. A fin de cuentas, sólo podría haber ganado, si desde un inicio hubiera sabido que mis probabilidades eran, nada más, nada menos, que el 100%. Pero no, no fue, no pudo ser, no fue; no pudo ser, no fue, no pudo ser. Y parece que va a llover...
Voy a empezar afirmando que efectivamente, el concepto que tenemos de tiempo es relativo. Contigo las horas eran minutos y los minutos segundos, todo se desvanecía antes de que pudiera darme cuenta. Sin embargo, los días fueron meses y los meses fueron años. Y pasé de conocerte a tomarte como un total desconocido. Soy una tonta. Perdóname. Creo que pensabas que estábamos jugando, que nadie iba a caer en una estupidez como el amor. No obstante, una vez más (aunque ya no estés) lo repito; si te enamoras de una loca, ella te amará locamente, desde el inicio hasta al final. ¡Y tenías que decidirte por esta loca! De todas las que hay, las tranquilas, las extrovertidas, las divertidas, las seductoras... Te fijaste en la que simplemente está loca. Y claro, la loca, ¿cómo no te iba a querer? su sanidad no está despierta, hiberna desde hace mil años, su sentido común se extinguió cuando nacieron las estrellas. Sólo tenía espacio para una cosa, y esa fue amarte locamente; perdonando tus metidas de pata y todas las veces que le dijiste que "no querías nada serio". Es que esta loca se creyó que podía salvar al mundo y tu alma corrupta. Se equivocó por enésima vez. Necesito reunir todas las pocas fuerzas racionales que todavía existen en mí para poder armarme de valor y dejarte ir. Necesito olvidar que te quiero y que me hacías sentir que era dueña del mundo y los planetas. Necesito poder sobrevivir mi día sin sentirme vacía porque todo fue un juego de niños. Aunque te aseguro que los niños no son, ni serán, tan imbéciles como fuiste conmigo. Así que te odio por todo lo anterior, porque no podré dejar de quererte y quién sabe qué pase, para que lo olvide todo y regrese mi amor.
Puedo luchar toda la vida. El resultado será el mismo, está plasmado en piedra y es tan antiguo como el tiempo. No nos quieren juntos. Eres el sol y soy Ícaro tratando de alcanzarte, tan feliz de poder tocarte que no puedo darme cuenta de mis alas derritiéndose. Eres Narciso y soy Eco buscando formas de decirte lo que siento, y me ignoras, me pasas de largo, así que no me queda más que encerrarme en mi cueva y llorar. Oh, puedo seguir. Claro que sí. Allá arriba, han de estarse riendo de mis ocurrencias, inútiles contra todos sus planes, tienen mi vida colgando de un hilo y conocen a la perfección todas sus fibras. Seguro que no estás en ellas. Creo que lo sabes. Es por eso que actúas de esa manera. Y estoy tratando de que no me importes, estoy intentando creer que no te necesito. Oh, lástima. Me he vuelto adicta a tus brazos. Ése es el problema. No puedo evitar sentirme mal si no me has dicho que soy linda, o que te encanta mi risa, o que me quieres, o si no me has atraído hacia ti mientras reposo mi cabeza en tu hombro y tu mano acaricia mi cabello. Me das diabetes, lo reconozco. Es que no puedo sacarte, no sé cómo lo hice la primera vez. Oh, sí. Ya estuviste aquí. Y logré salir. Y volví a caer en la trampa. Oh, miserable existencia sólo quiero alguien que me quiera como lo estás haciendo. Pero en serio. Asegurándome un futuro juntos. Me voy a morir de tanto devaneo. Aunque la carne quiera, el espíritu sufre brutales golpizas y la mente trata de mantenerse firme en la tempestad. Poco a poco, me volverás loca. Tú, producto de los chistes privados del Olimpo. Yo, víctima fatal de sus sádicos juegos. ¿Alguna vez podrán dejarme en paz o estaré condenada a vivir así todos mis días como su cotidiano pasatiempo?
Qué me alegra saber que no vas a leer esto. Porque definitivamente no será bonito. Estoy decepcionada, y créeme que por primera vez en mi vida esa palabra significa lo que es. Me creí (o quizá me hiciste creer) que yo era alguien importante, valioso, indispensable en tu vida. Me creí que les hablabas de mí a tus amigos y por eso no me contestabas los mensajes. Me creí tantas cosas con tal de no enfrentar lo que tenía frente a mis ojos: La gran mentira, el fiasco estruendoso, la estafa maestra, como se llame en esta vida y en las siguientes; que me querías pero te daba pena demostrármelo. Jamás quiero volver a cegarme por alguien con una vida tan insípida, jamás quiero volver a caer tan bajo como para idealizarlo como si fuera un dios, jamás quiero volver a clavarme tanto en alguna persona que mi sentido común se reduzca a inexistente. Es obvio que te daba vergüenza, que era para ti una "niñita que qué va andar sabiendo de amor". ¿Cómo ibas a permitirte acabar saliendo con una persona así? No podías. Yo tampoco podía (puedo) estar con alguien tan cerrado de mente, arrogante a sus ideales, cobarde hacia los desafíos y descubrimientos del mundo. Entonces, no sé, lo sentí un día. A veces pasa, siento las cosas y sólo sé que son lo correcto. Lo que debería haber sido desde un inicio. No sé qué va a pasar de ahora en adelante pero no me voy a molestar en hacer algo para evitarlo. Lo intenté durante mucho tiempo y lo único que hice fue desperdiciar energías y cansar mi mente soñando, una vez más, con que tú sí eras, al fin, el indicado. Mea culpa. Quién sabe dónde estaríamos, si tan sólo... si hubiera... si en lugar de eso... Frases con verbos del tiempo ya no se puede. Perdona que no pude ser lo que buscabas. Te perdono porque resulta que tampoco lo eras para mí. Con esto me despido, hasta nunca, hasta siempre...
••• Para mi yo del futuro: Mis disculpas por descuidar tanto el blog, ambas sabemos lo difícil que es reunir la fuerza de voluntad (influye también la intensidad de tu estado de ánimo) para decidir escribir algo y estar lo suficientemente convencida para publicarlo. Te quiero. ••• Soy mala. Pocas veces me logro encontrar las virtudes que llevo. No sé, quizá esa es la respuesta a todas mis preguntas incómodas (¿qué tengo de malo?, ¿por qué no pueden ser los demás así conmigo?, ¿acaso todos mis esfuerzos son en vano?…) que seguirían conmigo toda la vida. Simplemente “porque eres mala, no lo mereces y definitivamente a nadie le importa lo que haces por ellos”. En cambio, vos sos todo lo contrario. Sos bueno. Espectacular y majestuoso como el sol, la luna y las estrellas en un solo ente mortal. Sos tan bueno. Y no te das cuenta… Siempre me estás recordando todo lo que hago por ti. El noventa y nueve por ciento de las veces no tomo el crédito. Sin embargo, sos la única persona en el mundo que realmente me hace sentir así. Ya sabes; ese “así” que me permite levantarme, mirar tu rostro dormido, salir afuera a comerme el mundo y saber que, al volver, en mi cama estarás viéndome hasta que cierre los ojos, susurrando lo mucho que me quieres. Gracias a vos es que tengo días buenos, gracias a tu voz que me calma, gracias a tu risa que contagia, gracias a tus labios que calientan, gracias a tus brazos que se aferran con fuerza, gracias a tus dedos que producen sin ningún problema música feliz, gracias a tu pulgar que seca las lágrimas gordas que salen cuando salen de su cueva las preguntas para atacarme; gracias a tus palabras, tus consejos, tus chistes, tus quejas, tus berrinches… Gracias a todo tu ser. Sin ti me es imposible creer lo contrario a lo que me considero, una mala persona. Y es terriblemente dañino ser tan dependiente de otro individuo. Pero es inevitable. Quizá te idealice, quizá sea mutuo. Quizá ambos somos malos después de todo y nos necesitamos para estar en paz con el mundo. Sólo estoy segura de que no puedo imaginarme el día de mañana sin pensar en ti, en qué harías para hacerme reír, para hacerme feliz. Porque en caso contrario es certero que vuelvo al pozo y no regreso. Y eso me da mucho miedo.