Me mataste, te entregué mi ser, mi cuerpo, alma y corazón. Me usaste, me traicionaste y aún así permití que te quedaras, aún así te rogué por un poco de amor… Cuando ese amor debí entregármelo yo misma. Cuando debí abandonarte el día que me fallaste, mirándome a los ojos, mientras justabas y repetías que no me debías nada, me mentiste y heriste. Traicionero, ¿cómo confiar? ¿cómo confiar cuando el supuesto amor de mi vida me mató el alma y aún no muero?
Nunca seré suficiente para que alguien decida amar cada parte de mi.











