La curiosidad no mató al gato, sólo lo espantó
Algunas veces antes de dormir, dedicamos un tiempo a la reflexión personal, la lectura, etcétera. Ya sea porque no podemos conciliar rápido el sueño o porque tenemos mucho que meditar. Cuando finalmente comenzamos a caer en el estado inconsciente, es decir, nos estamos quedando dormidos; se queda en nosotros un fragmento de la realidad, por llamarlo de alguna manera. El cual, generalmente se trata de una idea, una frase o incluso una pregunta; y no necesariamente viene acompañada de una respuesta.
Precisamente de eso trata mi relato… Hace aproximadamente tres años, siendo alrededor de las 2 a.m, me disponía a dormir después de haber terminado un trabajo de escuela, no muy complicado, pero un tanto laborioso. Se trataba de un mapa mental acerca de la evolución de la informática.
Me encontraba algo cansado, sin embargo no tenía mucho sueño. Lo que hice fue meterme a la cama y encontrar una posición que me resultara cómoda para lograr dormir enseguida. Desafortunadamente el reloj no se detenía, los minutos pasaban y mientras tanto, yo meditaba mis pendientes que haría al otro día y actividades que no realicé por pereza, ya saben, cosas muy triviales y cotidianas.
Cuando por fin estaba cayendo en el estado de somnolencia y pesadez que tanto anhelaba, una idea, mejor dicho, una pregunta abordó mi mente en el último instante antes de quedar dormido. Era la siguiente: ¿Cómo se sentirá hablar con una persona que ya está muerta?
Momentos después, yo dormía y lógicamente perdí la noción del tiempo durante esto; aunque desde mi percepción, el tiempo transcurrió muy rápido. Y es en este punto en donde desearía no haberme dormido con ese pensamiento; porque a una hora incierta, me desperté de golpe, con una sensación muy desagradable. La garganta me quemaba y la sentía totalmente seca, me costaba trabajo respirar y había algo más; una atmósfera pesada, además mis dos perros estaban alebrestados y eso no ayudaba mucho. Yo podía moverme, sin embargo no me levanté de la cama, debido a que no asocié los eventos que acontecían en ese momento, con el pensamiento que tuve antes de dormir. Hasta que finalmente… un hedor del cual no me había percatado, se encontraba esparcido por mi cuarto. Era algo sumamente apestoso, como si un animal muerto, mezclado con tierra mojada estuviera al pie de mi cama. Así es, era olor a putrefacción.











