Nº1 - 2 de Julio
Un día, una mirada, una sonrisa, una caricia, ahí empieza todo, ahí empieza lo que inconscientemente te va matando poco a poco hasta que lo único que queda de ti son las lágrimas que cayeron en un papel y lo arrugan quedando las huellas de los sufrimientos que un día alguien provocó.
Empezó todo un 2 de Julio, un alegre 2 de Julio, ¿cómo pensar que todo cambiaría tan rápido? ¿Cómo pensar que un día no me mirarías a la cara? ¿Cómo pensar que todo lo que soñamos quedó en solo eso, sueños?
Me mirabas, me escribías, me hablabas, y éramos 2, tú y yo, imaginábamos que en algún momento el mundo sería nuestro escondite, que todo iría sobre ruedas y dejaríamos de lado a nuestros padres, a los problemas, nos iríamos los dos, seríamos felices, felices como nunca nadie lo había sido.
Pero, algo pasó, no quiero echar la culpa a nadie, no quiero culpar a nadie porque si nos pusiésemos a culpar nosotros seríamos los principales, y todo vendría causado por nosotros, y ese algo empezó a torcer todo, ya no eras el de antes, admitámoslo, te estabas volviendo arrogante, el chico que conocí era especial, particular y totalmente raro, y eso me encantaba, pero poco a poco te estabas volviendo el chico que la sociedad quiere que seas, un chico arrogante, chulo, prepotente, a día de hoy cumples al 100% con los estándares marcados por la sociedad, eres exactamente lo que el mundo quiere que seas, no lo que tú quieres ser, y empezaste a cambiar, a pasar de todo, a pensar en ti, pero solo en ti, nadie más existía, ni si quiera yo, “¿dónde va esto?” te preguntaba día tras día, y tu respuesta siempre era la misma, “yo te quiero, te quiero muchísimo”, pero sigo sin entender como pudiste permitir que me marchase, no puedo comprender como dejaste que me fuese. Pasaban los días, yo cada día sufría más, porque quería estar bien contigo y todo lo que recibía era todo lo contrario, eran ascos, eran malas palabras, eran momentos desagradables, y empezó la transformación.
A mi se me juntaba todo, mis padres se habían ido a vivir a Barcelona y yo me quedaba sola, te necesitaba más que nunca, pero te fuiste, no estabas tú tampoco, y decidí hacer una locura, una locura de la que me arrepiento enormemente, y si no es por lo que en aquel momento era un gran amigo hoy no estaría contando esto, ese gran amigo me salvó la vida, sí, me salvó la vida, y cuando tú te enteraste pues, no sé como reaccionaste, pero viniste a verme al hospital, creía que estabas volviendo a cambiar, me equivocaba.
Se acercaba el momento del final, y como siempre, las personas no estamos preparadas para afrontar los finales de la manera en la que vienen, de golpe, sin esperarlo, y siempre acompañados de malas noticias, y el día se acercaba, ¿quien predice eso? Tú, tú lo sabías, consciente o inconscientemente sabías que eso iba a pasar, y nunca jamás llegaste a despedirte, pero el día se acercaba y yo te lo decía, “te noto raro”, “va a pasar algo”, “siento que se va todo a la mierda”, ¿tu respuesta?, “no”, “¿algo raro?”, “que va, no se va a ir a la mierda”, y me lo creí, y seguí pensando que podíamos llegar a solucionar todo, absolutamente todo, y un día, así porque sí, llega el final en forma de llamada, eran las 15:02, y esa llamada no es precisamente para darme las buenas tardes, en esa llamada me entero de todo lo que dijiste, de todo lo que pensabas, y no me lo estaban diciendo tus labios, ni si quiera estabas para saludarme. Esa llamada dura 6 minutos, 6 minutos interminables en los que lo único que oigo son gritos, voces, amenazas, insultos, y todo eso venía de la misma persona, tu madre, pero, ¿por qué? ¿qué está pasando? ¿a qué viene esto? No entendía nada y hoy todavía no tengo una explicación.
Seré sincera cuando digo que intento ser amable con todo el mundo, agradable, solidaria con la gente, cariñosa... Y seguiré siendo sincera si digo que esa forma de ser nunca le ha caído bien a nadie...
Y entonces llega el día en el que tienes que cambiar, aceptas que si sigues como eras antes la vida va a hacer de todo menos sonriente, ni con cosquillas lo hace... Aceptas que siendo como eras lo único que vas a hacer es llevarte hostias, porque la vida me ha demostrado que cuanto peor te portas con la gente más te valoran, cuanto más pasas del mundo más quieren estar contigo...
Estamos de acuerdo en que la vida es una montaña rusa, que nunca vas a tener todo lo que quieres en el momento en el que lo quieres, pero, ¿tan complicado es que te valoren tal y como eres? No quiero que me desprecien por algo que no soy o me halaguen por algo que no he hecho, quiero que me valoren por lo que soy, no por lo que aparento ser, que me den una oportunidad, que me conozcan, que me aprecien y quieran estar conmigo, ¿a caso es mucho pedir?














