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Hani estaba más que emocionada por ir a conocer Jeju, si bien no hacía tanto tiempo que estaba encarrada como algunos, le gustaba ir a conocer nuevos lugares “¿Oppa, estás listo?” le preguntó a Mino, mientras ella se miraba en el espejo del pasillo, tras unos momentos Mino salió de la habitación y ella sonrió “Vamos a ir a comer, yo invito” dijo extendiéndole la mano para luego tomársela con delicadesa. Mino se había hecho uno de sus mejores amigos en este lugar, quizás porque se entendía o porque los dos veían al mundo de una misma manera, a ella le gustaba su compañía, aunque, Mino le gustaba como algo más que un amigo, y no sabía como decírselo.
Luego de comer, fueron con Mino a un parque, donde se sentaron cerca de un lago lleno de patitos “¿Crees que nos van a dejar salir?” preguntó y Mino respondió que no lo sabía, dándole un poco más de pan a los patos al rededor “Que bonito eres” dijo en una voz dulce pellizcandole la mejilla con una sonrisa para luego abrazarle el brazo a Mino “De todas maneras, si nos quedamos juntos, estará todo bien”
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Había pasado un mes que Euna se encontraba en ese lugar, y aunque había hecho algunos amigos como ella, aún no se le ocurría muy bien exactamente como iba a hacer para salir de ahí, claro que podía causar un terremoto o un tornado y demoler todo el lugar pero ¿Y luego qué? “Buenos días Jinwoo, te ves bien” dijo guiñándole el ojo a uno de sus amigos más cercanos en el lugar. Hoy era el primer día que los dejarían interactuar con los pacientes más viejos, y por eso los habían trasladado a la noche al pabellón al que ellos pertenecían, así que luego de desayunar, el doctor Jung les dijo que los veía en cinco minutos en la sala de usos múltiples.
Sin embargo, cuando Euna abrió la puerta que creía que era la correcta para encontrarse a dos chicos besándose apasionadamente “¡LO SIENTO, LO SIENTO!” dijo haciendo reverencias muy rápidas, mientras observaba como de repente, los dos chicos se sentían más acalorados, seguramente porque sin darse cuenta había subido la temperatura de la habitación “¡Lo siento, otra vez!” se disculpó intentando bajar la temperatura, terminado por hacer una nevada en el lugar “Ignoren eso… es parte de su imaginación y… eh… el doctor Jung nos quiere en la sala de usos múltiples” dijo haciendo desaparecer la nevada al fin y yendo al lugar donde los citaron, sentándose en su asiento intentando no mirar a los dos chicos que se había encontrado antes porque, qué vergüenza.
“Les informaré de todo lo que sucede, no se preocupen. Todo va a salir más que bien.” Afirmó mientras Luhan le repetía todas las cosas que no debía olvidar, sólo por si acaso, y Seungyoon suspiró mirando a su alrededor. Había venido al ‘centro residencial’ como el refuerzo final para Kiseok, Jinwoo, y Euna, a ver si así podían sacar de una vez a todos estos chicos que cada vez eran más, aumentando la lista de potenciales víctimas de estos hijos de puta que sólo querían utilizarlos a todos para su propio beneficio. “Soy el nuevo asistente del doctor Jung. Choi Hyun Joon, un gusto.” Le dijo su nombre falso a la seamonkey que se presentó como Kim Taeyeon —alias la loca mayor— y la siguió hasta su oficina, donde Kiseok ya estaba esperándolos porque la doctora Kim tenía que contarles sobre el ‘proyecto’ que pondrían en marcha como prueba para todos estos chiquillos. Por supuesto se suponía que Kiseok ya lo había puesto al tanto de la situación, así que Seungyoon asintió y se puso de pie después de su amigo para luego irse juntos a la sala de usos comunes porque tendrían una reunión con todos estos chicos que en realidad era para que él pudiera verlos y reconocerlos.
“Esa tipa está enferma.” Susurró mientras Kiseok anotaba algo en su tablero después de haber enviado a todos afuera para que hicieran la actividad grupal de la semana, y guardó esto dentro de un cajón que cerró con llave. “¿Qué es lo que quiere hacer, exactamente?” Cuestionó, y su compañero empezó a explicarle con más detalle acerca del plan macabro de convencer a todos de jugar en un laberinto que iba a empezar siendo normal pero progresivamente se iba a poner raro, y hasta perverso. La idea era ver cómo funcionaban sus reacciones de lucha o huida, y si la teoría que tenía Taeyeon de que se buscaban los unos a los otros por naturaleza era real. “Claro que… Dios. ¿Acaso es tan imbécil?” Gruñó apretando con fuerza excesiva la lapicera que tenía en la mano hasta que Kiseok se la quitó y le pidió que se calmara. “Lo que sea.” Rodó los ojos y la enganchó en su libreta, frustrado. “¿Cómo está Euna? Y Jinwoo. ¿Cómo están?” Preguntó mientras miraba hacia afuera y veía a su preciosa Euna corriendo, aparentemente escapándose de un chico dientón que quería sacarla del juego.
Jinwoo estaba cansado de este lugar, más de la cuenta en realidad. Hacía un mes que estaba ahí y sinceramente podía notar como lo único que hacían era buscar cualquier motivo para sacarles sangre, medicarlos, intentar hacer cosas con su cuerpo “Basura” murmuró mientras intentaba concentrarse en las deliciosas galletitas que le había hecho Eunji ayer como regalo por haberla ayudado a mejorar su japonés. Y lo peor de todo, es que ni siquiera podía concentrarse en la actividad grupal que estaban haciendo, porque por alguna razón, Jinwoo sabía que habían juntado los dos grupos, y era obvio que era para algo más que jugar a atrapa la bandera, y en cuanto los llevaron a todos a una planta baja de la cual no tenía idea y los llevaron a una prueba de testeo de miedos, Jinwoo supo que esto iba a terminar mal.
No solo había poca visibilidad, casi nula de hecho, hacía frío, neblina, había agua hasta los tobillos y las paredes del laberinto en que lo habían metido eran casi claustrofóbicas, sin embargo solo tuvo que darle unos momentos a su habilidad para poder ver con claridad y que el frío no le molestara. “¡EUNA!” gritó en voz alta, intentando llamar a su amiga, pero aparentemente, las paredes del laberinto estaban hechas de algún material a prueba de sonido. Jinwoo comenzó a caminar lentamente hasta que un sonido comenzó a reproducirse seguramente desde las paredes… el sonido de la típica musiquita de carnaval y una risa tétrica “No… no…” dijo casi entre risitas porque le estaba por dar un ataque de ansiedad… sabía lo que se le venía. Y mientras empezaba a correr, intentando encontrar a alguien para que no estuviera solo como el, escuchó unas pisadas lo que significaba que estaba cerca “¡Eunji!” llamó a la chica y en cuanto la tuvo cerca la abrazó “Tenemos que llegar al medio del laberinto, allí está la salida arriba ¿Me escuchaste?” le preguntó y la chica asintió con la cabeza “Vamos, no te sueltes” dijo tomando la mano de la chica mientras empezaba a escuchar unos pasos detrás de ellos “¡Subete!” le ordenó mientras hacía que la chica se subiera a su espalda y el comenzaba a correr como si la chica no pesaba nada, porque sabía lo que venía detrás “Payasos… los detesto” dijo corriendo buscando una jodida salida.
No era que estuviera negado a admitir que era feliz, pero Taehyun tenía miedo. Miedo de que supieran que Alecto era su mayor debilidad y quisieran usarlo en su contra, porque no era sorpresa que lo que fuera que estaban tramando todos estos doctores no eran cosas normales. Ellos sabían que él y sus amigos podían hacer cosas que la gente común y corriente no y seguro iban a querer utilizarlos, y quién sabía si no hasta eliminarlos. Hacía cuatro días que Taehyun no dormía por el terror que le provocaba la visión que no podía dejar de tener de él mismo en un lugar que se asemejaba bastante a un laberinto del cual no parecía ser fácil escaparse. ¿La peor parte de todo? Los desgarradores gritos desesperados de Alecto pidiendo por él, algo que lo estaba carcomiendo por dentro desde el momento exacto en que tuvo la premonición mientras tocaba el piano. Una parte de él temía que estos retorcidos estuvieran jugándole truquitos mentales inyectándole alguna estupidez durante todos los estudios que le hacían casi a diario, pero la otra sabía que quizás —más que nada definitivamente— se avecinaba algo oscuro y él tenía que pensar en algo para proteger a su chica, costara lo que costara. “Jagi, ten cuidado.” Dijo entre risas, tomándola del brazo para que ella no perdiera el equilibrio después de haberse resbalado en el piso recién encerado. Obviamente estaba haciendo su mejor intento para no sentirse muy miserable porque sabía que Alecto iba a saberlo sí o sí, y ella era la única que podía hacerlo sentir mejor con tan sólo hacerle compañía, así que había pasado los últimos días constantemente a su lado — no que alguna vez se hubiera separado de ella.
Una pesadilla. Así era como podía describir lo que sintió en cuanto el atrapa la bandera se transformó en una visita a una parte del loquero en el que nunca habían estado — lugar en el que perdió a Alecto sin saber cómo porque un segundo estaba a su lado y al otro… estaba solo en el medio de la nada, sintiendo cómo el agua se metía en sus zapatos y el frío del ambiente le congelaba hasta los huesos. “¡Alecto!” Gritó avanzando, haciendo un par de caras de asco en el proceso porque se le pegaban los zapatos al barro en el suelo. “¡Alecto! ¿En dónde estás?” Inquirió, aunque no obtuvo respuesta por unos sólidos cinco minutos durante los cuales recorrió esta mierda intentando no perder la calma aunque su corazón estaba latiendo con tanta fuerza que en cualquier momento podría explotar de los nervios. Y de repente, oyó el primer grito. Pero no era un grito de Alecto. “¿Qué de…? ¡MAMÁ!” Exclamó al ver bastante a lo lejos a su mamá siendo insultada por el tipo que quería que le vendieran su casa. “¡Hijo de mil puta!” Vociferó agachándose a tantear el suelo para ver si encontraba algo con qué tirarle hasta que dio con una roca y levantó su mano, pero cuando estaba por tirar… “¡ALECTO!” Chilló soltando la piedra y girándose a mirar en dirección al pasillo de donde parecía provenir el sonido del grito desesperado de su novia. ¿Qué se suponía que debía hacer ahora? Volviendo a mirar hacia el frente, Taehyun vio que su madre ya no estaba ahí pero sí el tipo — y con un arma en mano. Así que, no sin antes dudar un poco, hizo lo más razonable y siguió la orden que su mamá le había dado cuando era niño, de salir corriendo lo más rápido posible para pedirle ayuda a alguien si pasaba algo con ella — no que hubiera mucha gente para ayudarlo, de todas formas. “¡ALECTO!” Volvió a gritar con mucha más fuerza, notando cómo la voz de Alecto se iba alejando y como la suya no tenía eco… lo cual no era normal. “Maldita… PERO MALDITA SEA, LOS VOY A REVENTAR A PATADAS A TODOS USTEDES.” Amenazó para nadie en especial, pero también porque sabía que lo estaban filmando o monitoreando. Entonces, con ambos brazos levantados y los dedos del medio en alto, empezó a caminar en la dirección opuesta. Esto no era más que un truco, y Taehyun tenía cosas más importantes que hacer como para quedarse jugando con esta manga de soquetes: por ejemplo, encontrar a su novia, la de verdad.
Jaebum quería decir que no estaba sorprendido por esto, después de todo había logrado escuchar algo cuando había tomado la forma del doctor Jung, pero esto era perverso ¿A quién se le podía ocurrir semejante cosa? Jaebum, simplemente sonrió y comenzó a caminar escuchando el sonido que habían los pasos en el agua, notando que solo podía escuchar los de el “Interesante” dijo apoyando la mano en la pared del laberinto y recordando como la doctora Lee se jactaba de que su tío había perfeccionado la tecnología silenciadora en la que había estado trabajando hacía meses. “Hubiera traído a Norita aquí” dijo mientras se frotaba los brazos con fuerza, porque no toleraba demasiado bien el frío, pero en realidad, eso no fue lo único que le heló la sangre. Su Suzy, estaba gritando por ayuda. Se dio vuelta y la vio, asustada, pidiendo por el, y Jaebum rió mirando hacia arriba “Buen intento, pero mi Suzy jamás me llamaría por mi nombre si está asustada” y era verdad, Suzy hubiera gritado ‘yeobo’ con todas sus fuerzas, por lo que le dio la espalda y comenzó a correr de manera más rápida de lo que se consideraba normal y llegó al centro del laberinto, encontrándose con Jinwoo y Eunji en el, que parecía que acababan de llegar.
“Necesito encontrar a Suzy” murmuró observando las entradas del laberinto “Ustedes quédense aquí, yo ya vuelvo” murmuró, pero Jinwoo le tomó el hombro y dijo que eso era muy gracioso, pero que iban a ir todos juntos, de repente Jinwoo se paró en frente de una salida por unos segundos, y lego hizo lo mismo con otra hasta que la tercera vez señaló y dijo que esa era la de Suzy “Wow, gracias eres el MVP” dijo entre risas mientras comenzaban a caminar los tres en el laberinto, para luego aumentar la velocidad, cuando escucharon a Suzy gritando “¡Jagi, aquí estoy!” gritó, cerrando los ojos con fuerza y cuando los volvió a abrir podía ver con más claridad. No sabia por qué, pero sus poderes se estaban extendiendo un poco más de lo que solían desde que estaba aquí, Jaebum tenía la teoría de que lo que fuera que le estuvieran poniendo con el funcionaba de manera contraria ya que su cuerpo estaba acostumbrado a cambiar. “¡Suzy, aquí estoy!” dijo corriendo aún más rápido para abrazar a su novia “Aquí estoy mi amor” dijo sosteniéndola contra su pecho.
Salieron los cuatro del laberinto para encontrar a Euna, recorriendo el lugar con la mirada “¿Hace cuanto llegaste?” preguntó y la chica se encogió de hombros diciendo que hacía algunos momentos, para luego decirle que Alecto ya había salido, peor que se había metido otra vez a buscar a Taehyun “¿Por donde se metió?” preguntó Jaebum, aún sosteniéndole la mano a su amor “Jinwoo hyung ¿Quieres ir a ver?” preguntó y el chico asintió, mientras comenzaba a correr, volviendo aparecer unos momentos después con los dos chicos. “¿Deberíamos buscar a los demás?” preguntó y Alecto dijo que debían buscar a Bobby primero que nada. “Muy buena idea Alecto, vamos”.
“¡Puedes reírte ahora pero me las vas a pagar!” Exclamó golpeando la pared del lugar donde acababan de dejarla encerrada, y quiso darle una patada también pero el material del que estaba hecho esto era lo suficientemente duro como para romperse el pie si llegaba a hacerlo… y la verdad que no tenía tantas ganas de andar por la vida con un yeso. O peor aún: con una pierna enyesada recorriendo un psiquiátrico en una silla de ruedas. Sin embargo tomó poco para que se le pasara el enojo porque todo ese odio se transformó en genuino pánico cuando miró al frente y vio a Jude, sonriéndole con malicia mientras se reacomodaba su snapback de los Patriots y empezaba a acercarse a ella. “¿Qué es lo que quieres?” Susurró dando un paso hacia atrás, mirándolo a la cara mientras imaginaba mil y una maneras diferentes de matarlo de manera definitiva. Él por su parte no le respondió y continuó acercándose, esta vez sacando de su bolsillo algo que mostró un destello en la oscuridad con la ayuda de la tenue luz que tenían por encima de ellos. Un arma. “¿Me vas a matar? ¿Ésa es tu idea?” Inquirió, sintiéndose demasiado valiente de golpe porque sabía perfectamente bien que lo que él quería ver era su desesperación y no pensaba darle el maldito gusto, pero entonces él sacudió la cabeza y cargó el revólver sin quitar la expresión burlona de su rostro. “¿A qué viniste, entonces?” Amaranta no lo comprendía porque no era normal que él, de todas las personas en el mundo, estuviera tan calmado — hasta que abrió la boca para reírse antes de decir ‘ojo por ojo, Rutherford’ hablando de una vez por todas, y ella frunció el ceño. “¿Qué quieres…?”
Antes de que pudiera terminar de formular la pregunta, escuchó la voz de Jinyoung llamándola y ahí fue cuando sintió el verdadero miedo. “¡Jinyoung, no!” Gritó yéndose hacia adelante para detener a su psicópata ex novio, que tuvo la oportunidad perfecta para disparar segundos antes de que ella pudiera alcanzarlo — y lo hizo en cuanto Jinyoung apareció por la primer salida. Pero Amaranta no gritó, ni hizo un escándalo, no. Simplemente arremetió contra él y lo tiró al piso antes de quitarle el revólver de las manos. “Realmente te quieres morir, ¿no?” Dijo entre dientes y le puso el cañón del arma en la frente con demasiada fuerza, disfrutando de ver en la cara de Jude una expresión que nunca antes le había visto hacer: una de terror. “Tú tendrías que haberte muerto, basura.” Siseó, y justo cuando estaba a punto de jalar el gatillo oyó la voz de Jinyoung una vez más, y el peso debajo de ella desapareció — dejándola sola y empapada en el piso, luchando para levantarse porque estaba temblando. ¿Qué carajo había sido eso? “Jinyoung.” Susurró, y luego lo gritó al verlo aparecer con la misma ropa que tenía puesta la última vez que lo había visto hacía unos minutos, u horas, no estaba segura. Y en cuanto él la abrazó y pudo sentir su calor, Amaranta soltó la respiración que estaba conteniendo porque supo que estaba a salvo e hizo su mejor esfuerzo para ponerse de pie. “Estoy bien.” Asintió ante la pregunta de él y lo abrazó una vez más antes de ponerse en marcha porque tenían que encontrar a Haerin. Ninguno de los dos dijo nada mientras caminaban, pero probablemente estaban pensando lo mismo: tenían que hallarla rápido.
Hani se encontró en un enorme laberinto y lo primero que pensó es que esto era divertido. Miró para arriba y sonrió, para luego sacar de su bolsillo un llavero con una linterna, y una madeja de lana que ató a la punta de la salida donde la habían largado y comenzó a caminar buscando a Mino, que probablemente estaba asustado. Si bien, Hani era una chica bastante inocente, Mino era una persona llena de luz y sabía que estas cosas podían asustarlo, a ella no le importaba, porque sabía que nada de lo que estaba viendo y escuchando era real, pero por otro lado, Mino era diferente, el era tierno y dulce y no entendía que la gente podía ser mala por el simple hecho de serlo, por eso no entendería que lo que estaba viendo no era real.
Al llegar al centro del lugar, saludó a todos los chicos y sacó de uno de sus bolsillos una brújula, y si bien quizás para los demás parecía una brújula normal, había tomado la idea de una película de piratas que había visto, la brújula no señalaba al norte, sino señalaba lo que uno más deseaba. Y en cuanto apuntó hacia la izquierda, tomó la madeja de lana y comenzó a caminar. Hasta que lo encontró, abrazado a sus propias piernas, probablemente asustado por algo. Hani soltó todo menos la linterna y caminó hasta el y lo abrazó acariciándole el cabello para luego mirarlo y sonreírle, aunque sabía que eso no era suficiente “Estoy aquí” habló por primera vez en años “No pasa nada, lo prometo” dijo sacando un patito de goma pequeño de su bolsillo derecho “¿Ves?” preguntó apretando la cabeza del pato que empezaba a brillar, para luego tomarle la mano y caminar hasta donde estaba la madeja de hilo y seguir el camino nuevamente.
Al salir, estaban casi todos los chicos en el centro del lugar, así que Hani simplemente miró a donde estaba Eunji y Jinwoo “¿Falta alguien más?” les preguntó, haciendo que los dos la miraran con cierta sorpresa, y Jinwoo contestó que aún faltaba que llegaran algunos, pero que estaban casi completos “Bien” dijo con una sonrisa acariciando la mano de Mino con el pulgar.
«Quien sea que pelee contra monstruos debería ver que en el proceso…» su madre estaba llorando y todo era demasiado confuso, sentía los brazos de su padre al rededor de ella, y su cabeza estaba caída hacia un costado pero no quería cerrar los ojos porque no quería ver la oscuridad nunca más. Había comenzado hacía algunos años luego de que su novio Seunghoon muriera en un accidente de tráfico, y había comenzado con cosas pequeñas, como manipular sombras, la oscuridad, y fue luego cuando empezó a entrar en el mundo de las sombras, y cuando volvió fue cuando todo comenzó. Su don, se había hecho su perdición. La oscuridad venía de muchas formas pero la que más prevalecía era la oscuridad que había dento de los seres humanos, los escuchaba gritar, los escuchaba llorar. Los monstruos de las personas eran demasiado fueres y no sabían como callarlos. Y así fue cuando descubrió, que haciendo a sus monstruos más sonoros, acallaba los monstruos de los demás; la oscuridad la estaba consumiendo «…ella no se convierta en un monstruo. Y si miras al abismo, por el tiempo suficiente…». El primer corte fue más difícil, y los otros fueron sencillos, hasta había algo de poético en ver su propia sangre correr por el lavabo, era como si la oscuridad se fuera con ella. Pero ya los cortes no eran suficiente, Solbin ya no quería existir, estaba encerrado en su pequeño mundo de sombras, y aunque intentaba hacer que la oscuridad la dejara no sabía cómo ¿Por qué no podía hacer que las voces se callaran? Lo había logrado por un tiempo, pero cuando volvían no lograban callarse, y eso la volvía loca. La primera vez que intentó irse fue cuando ellas la dejaron en paz, como si estuvieran contentas de que hubiera tragado tres tabletas de tranquilizantes. La segunda vez, había intentado irse ahogándose en la bañera pero nada funcionaba, porque siempre había una voz que le decía ‘no’. Y también estaban sus padres, que ya no sabían que hacer con ella.
‘¿Por qué quiere internarse, Señorita Ahn?’ le preguntó el director del establecimiento y Solbin quiso responderle que: ‘porque quería jodidamente morirse pero la muerte le esquivaba y eso la deprimía profundamente’ pero en vez de eso miró a su madre, la cual le comentó de sus estado mental, con lágrimas en los ojos pidiéndole que por favor ayudara a su niñita. Y luego pasó a comentarle que cuando Solbin dormía, mencionaba algo de tenerle miedo a la oscuridad, lo cual era raro, y ahí su madre comenzó a contarle que incluso desde pequeña, siempre había preferido la noche al día, y que disfrutaba ir al jardín en el ocaso bajo las primeras estrellas, Solbin había escrito un poema acerca de las ranas y los grillos, y de como le gustaba la oscuridad porque suavizaba todo, las esquinas puntiagudas del mundo, bajaba la tonalidad de los colores fuertes. El universo se expandía. La noche siempre había sido más grande que el día para Solbin… era gracioso, porque ahora así es como se sentía, en una noche sin fin, sin embargo esta noche estaba llena de estrellas ‘¿Qué es lo que busca, Señorita Ahn?” le preguntó el señor y ella al fin se dignó a contestar “Amanecer sin ganas de matarme sería asombroso” contestó en un tono monótono mientras su madre rompía a llorar aún más, el tipo anotó en su cuaderno para luego preguntarle, ‘¿Por qué quería morir?’ y en cuanto ella le contestó que quería irse al infierno, el le respondió ‘¿Por qué no al cielo?’ ella suspiró diciendo que toda la gente interesante no estaba allí. Solbin había escuchado la expresión ‘Lo que no te mata te hace más fuerte’ pero eso era mentira, porque mientras veía a sus padres retirarse y ella le entregaba sus pertenencias a la señora, Solbin se miraba al espejo y observaba a una hermosa jovencita, pero como bien su madre le decía ‘No había superficie hermosa sin una profundidad terrible’. «…El abismo empieza a mirarte a ti.».
Luego de que la dejaron irse, llevó sus pertenencias a la habitación que le habían asignado, que según entendía compartiría con otra chica “Excelente” murmuró para ella misma, mientras dejaba en su mesita de luz una foto de ella y Seunghoon. Ni siquiera había podido despedirse de el, sus padres no dejaron que ella vaya al velorio. Seunghoon era de Busán, y para verla viajaba todos los fines de semana a Seúl, hacía tres semanas que se había comprado su primer auto y era una noche bastante lluviosa, su auto se desvió y chocó, según lo que le dijeron sus padres murió al instante. No despedirse de el es su peor arrepentimiento “Lo siento tanto” murmuró como si el pudiera escucharla para luego mirar su muñeca y el corte más reciente que se había hecho. Aún le ardía pero algo dentro de ella le gritaba que no era suficiente. “No, Solbin, basta” se dijo a ella misma, para luego salir hacia afuera, donde sin querer se chocó con dos chicos. “Lo siento mucho” murmuró mirando hacia abajo, mientras el chico le preguntaba su nombre “Lo siento, Ahn Solbin, encantada”, murmuró para luego seguir con su camino que la llevó a la biblioteca, donde abrió el libro llamado “God is Dead” “Muy pertinente” dijo haciéndose la graciosa para ella misma.
“Kang Sooyeon, dame eso.” Suzy imitó la voz del inútil del hijo mayor de su madrastra y rodó los ojos, molesta. ¿Cómo se suponía que fuera a estar de acuerdo con que la encerraran en un maldito psiquiátrico sólo porque los imbéciles estaban convencidos de que era una fabuladora? Lo de que estaba medio loca era debatible, ¿pero mentirosa? No, Sooyeon había sido bendecida con una capacidad especial, y se lo tomaba muy en serio — nada de esto era un chiste. ”No te voy a dar nada, vete al demonio.” Espetó metiendo sus cartas en la manga de su sweater y cruzándose de brazos para que Kyungsoo no pudiera quitarle sus cartas de tarot. “Oh, oh, ¡espera! Estoy viendo en las nubes que si sigues haciendo eso te vas a ganar una rodillazo en el estómago y un ojo morado así que déjame en paz.” Amenazó y el chico, quién sabía por qué, la dejó ir mientras rodaba los ojos y decía que ya era hora de que su madre hubiese convencido a su padre de que se deshicieran de ella. “Muérete.” Dijo entre dientes y se abrazó a su mochila, repitiéndose a sí misma que su padre había accedido a enviarla ahí porque pensaba que le estaba haciendo un bien. La ‘psicóloga’ que le habían puesto dijo que sufría de alucinaciones, posible esquizofrenia, trastorno límite de la personalidad y trastorno negativista desafiante, pero Sooyeon sabía que nada de eso era verdad. Poco antes de morir cuando ella tenía catorce años, su madre le había hecho saber que no estaba demente así como también le había dicho que mucha gente iba a envidiarla y querer sacarla de su camino por lo que ella podía hacer y ellos no, pero Sooyeon nunca entendió tan bien las cosas como hasta en el momento en que Kyungsoo básicamente la empujó de la lancha en la que la habían traído hasta la Isla Sin Nombre — literalmente.
Pasaron tres días antes de que la dejaran salir del cuarto en el que la habían encerrado sin nada más que lo que llevaba puesto, y estaba de más decir que Sooyeon se sentía humillada porque no podía creer que las cosas hubiesen llegado a tal extremo, pero no le sorprendía. Aunque bueno, ¿qué podía sorprenderla a ella, que lo veía prácticamente todo incluso si no quería hacerlo? No era como si pudiera evitarlo, porque veía el futuro en donde fuera: las nubes, las borras del té, las líneas en la mano de una persona, en reflejos… no estaba a salvo en ningún lado. “No necesito un espejo, muchas gracias.” Dijo haciendo una reverencia corta y buscó la aprobación de los enfermeros para salir al pasillo de este lugar donde iba a pasar —según su padre— los próximos tres meses — y según Kyungsoo y la zorra barata de su madre Eunsoo, el resto de su patética vida. “Ya dejen de mirarme, me están poniendo muy nerviosa.” Susurró mirando por encima de su hombro por unos segundos antes de continuar recorriendo el camino que le habían indicado que debía seguir para llegar junto a los demás pacientes. Y Sooyeon estaba intentando no mirar las ventanas o las superficies que pudieran devolverle un reflejo, pero por alguna razón esta vez no podía evitar notar estos rostros que seguían apareciéndose en las pequeñas ventanitas del corredor a medida que se acercaba a su destino. Al entrar, escoltada por los dos enfermeros de antes, lo primero que hizo fue localizar a una niña y junto a ella a una pareja conformada por un chico de cabello negro y una castaña que lo miraba como si él fuera lo único que valía la pena ser observado, a los que unos segundos después se le unieron dos chicos con medias de patitos y un último que traía un tupper con lo que parecían ser galletitas. Parecían un grupo de amigos normales… excepto que no lo eran.
Primero y principal, porque no podía verlos con claridad, en el sentido de que si intentaba ver algo sobre ellos simplemente obtenía una molestia en la sien que la dejaba confundida. La única vez que le había pasado algo como aquello se había quedado soltera y sin su mascota Nora, y algo le decía que estaba por enfrentarse a algo raro de nuevo. No sabía con certeza qué, pero sabía que algo. Segundo, la mayoría de ellos eran las personas que Sooyeon había estado viendo desde hacía unos días en sus sueños — los mismos rostros que estuvo intentando ignorar en su camino a esta biblioteca. No le había prestado atención porque soñaba con gente a la que no conocía todo el tiempo, pero ellos… ellos eran diferentes. Y ella tal vez debería haberse ido en vez de quedarse mirando fijo hasta que uno de los chicos con las medias de patitos la señaló y dijo que no la había visto antes, para luego sonreírle. “Hola, mi nombre es Jang Sooyeon. Suzy, para acortar.” Saludó haciendo una reverencia y mirando por accidente el brilloso piso de cerámica, el cual le mostró una imagen que la dejó confundida. De repente sabía quién era este chico, desde cómo se llamaba y cuántos años tenía hasta lo que podía hacer. “Fascinante.” Murmuró dando un paso al frente y tomándole la mano, repentinamente muy interesada en él y en el resto de las personas que integraban este grupito. “¿Hace mucho que están aquí?” Preguntó sentándose en el sillón libre frente a la pareja, incapaz de cerrar la boca por alguna razón que desconocía. Usualmente ella no era una persona muy… sociable, por así decirlo, así que esta confianza repentina era algo nuevo hasta para ella misma. “Qué lindos son. ¿Hace mucho que están juntos?” Sonrió y la chica se puso roja mientras abría los ojos excesivamente y sacudía la cabeza y las manos, pero el chico sonrió mientras le tomaba la mano y decía que sí, que habían estado casados por veinte años y que esta era su segunda luna de miel. “¿En un psiquiátrico? Interesante elección.” Inquirió con una sonrisa, y él asintió y lo confirmó todavía sosteniendo la mano de su novia, mientras le preguntaba si no lo adoraba. Esta vez, en vez de lucir avergonzada ella asintió entrelazando sus dedos con los de él y le contestó que sí, que era el lugar de sus sueños.
Era un psiquiátrico, sí, pero era la primera vez en años que Sooyeon se sentía tan cómoda en un lugar y con gente que dejando de lado el que ya había visto sus rostros un montón de veces eran literalmente extraños para ella. “Parecen felices.” Murmuró sonriéndoles porque de hecho los recordaba felices de sus sueños, y luego miró a los demás — o más bien se puso a mirar al chico de las medias de patitos. Taehyung, si no se equivocaba. “Bonitas medias.” Señaló, sonriendo cuando el otro chico con las medias iguales a las de él lo codeó y le guiñó el ojo, sin mala intención.
‘Puede tratar todo lo que quiera doctor, pero ella no va a hablar’ su madre le dijo al tipo que la estaba observando, no porque ella lo estuviera mirando, sino porque podía sentir como las miradas de los demás estaban clavadas en ella. Su vida nunca había sido sencilla por el hecho de que siempre había tenido un don, y ese don no iba demasiado bien con las creencias de su familia. Todo había comenzado cuando era pequeña, cuando sus padres se olvidaron de ir a buscarla a la escuela, de repente tuvo dinero para un taxi que encontró en su bolsillo cuando era sabido para ella que no tenía dinero encima. Comenzó con cosas pequeñas, un lapiz de labio, ropa linda, y luego escaló a aparatos de tecnología que sus padres no querían comprarle porque ‘el lujo le haría mal’. Aún recordaba la primera vez que su madre le encontró un lapiz labial que ella había olvidado en uno de sus pantalones: la obligó a raparse el cabello largo hasta la cintura que ella tenía, y desde ese entonces, Hansa se negó a hablar. Sus padres se volvieron aún más estrictos, sus horas de meditación se alargaron, su comida se redujo y todo era en el nombre de que ‘El sufrimiento traía iluminación’. Gracias a Buddha que su don le otorgaba simplemente imaginar cosas y luego ellas aparecían en frente de ella porque sino, Hansa estaba segura que hubiera caído anémica o algo por el estilo.
Todo había empezado un día que como siempre, Hansa se fue cerrando la puerta de su habitación, a la Universidad y cuando volvió sus dos padres estaban allí adentro, con una pila de las cosas que ella había creado. Y aunque ellos le pedían explicaciones, ella se negó a hablar, pero de todas maneras se sentía mal: sus padres creían que ella era una ladrona. Y una cosa escaló a la otra, buscaron centros de tratamiento en su Tailandia natal, pero cuando ya se estaban por dar por bencidos, encontraron un lugar en una Isla recóndita y ahí fue donde la llevaron. ‘Transtorno de la personalidad por evitación, kleptomanía, posible mitomanía, posible asocialidad’ fue todo lo que le diagnosticaron y le asignaron una habitación en solitario para luego decirle que la llevaría a una habitación conjunta cuando fuera el momento. Hansa simplemente miró hacia el piso, no quería mirar a nadie porque sentía vergüenza. Vergüenza de que el mundo creyera de que era algo que ella no era.
Luego de ponerse unos jeans, una remera blanca y unas espadrillas (porque para su gusto, ella ya era demasiado alta), salió hacia afuera y comenzó a buscar un lugar cómodo en donde sentarse a leer ‘Las Mil y Una Noches’ en árabe, porque claro, su madre no lo había mencionado en ningún momento del diagnóstico, pero Hansa era una pequeña cerebrito, sabía siete idiomas y muchísima cultura general, y aunque no le iba bien en matemática destacaba en otras cosas. Hansa entró a la biblioteca haciendo una reverencia para cada una de las personas que estaban allí, y se fue a un rincón de la esquina, sentándose en una silla y abriendo su libro para leer. Y mientras escuchaba el cuchicheo ocasional, deseó poder unirse a ese grupo pero ¿Qué les diría sin que la tomen como una rarita? Hacía tanto que no hablaba con nadie después de todo...