—No podía ser de otra forma. Eres una mujer entrañable —sin disimular la sorna en su diálogo largó una risa, entre desganada y sarcástica. —Lo del otro día… —comenzó, y se detuvo en un silencio escarpado, inseguro de cómo continuaría. —Lo siento —sí, tal vez poseía las formas de un hombre altivo, pero sabía disculparse cuando la verosimilitud de errar parecía obvia. —Jamás he sido bueno descifrando a las personas, pero detecto patrones en ellas. Fue así contigo, ¿«el qué», exactamente? No lo sé, pensé que había «algo», ¿y ahora? No estoy tan seguro. Quizá sólo desacerté —con esto justificó su aparente actitud hosca durante el último encuentro que compartieron. Y si se había equivocado, o no, con Audrey, estaba apunto de saberlo. —Lo estoy. ¿Por qué no? —Chasqueó su lengua, emitiendo un suave bufido después. —Ven aquí —indicó, encaminándose para ocupar la otomana y señaló la butaca frente a él. —De acuerdo. Serán 5 rondas, tú me harás una pregunta a mí, y después otra yo a ti. Si no estás dispuesta a contestarme, sin embargo, deberás tomar de la botella por 3 segundos, y viceversa. De ambos, el que omita más respuestas pierde— pausó de manera momentánea. El enfoque del juego consistía en asediar a tu compañero a través del contenido de los cuestionamientos, orillándolos a no responder. —La única regla es no mentir; en tu caso, no sabré distinguirlo, pero he decidido confiar en ti. Tampoco ahondaré en demasiadas especificaciones al respecto porque considero que nos entendemos. En resumen: sin trucos. Si eliges dar una contestación, tendrá que ser directa y clara, no hay cabida para evasiones, subterfugios, tergiversaciones…— enderezó su postura, acentuando en sus últimas palabras. —Al final, el ganador obtendrá lo que quiera del perdedor— y dejó un espacio vacío, aguardando a que la fémina aceptara las condiciones, se negara a éstas o impusiera las propias.
—Lo sé. —guiñó un, mostrando una divertida expresión. Le acabaría dando un pin sólo por cuanto la entretenía el conflicto interno que parecía suponerle al ex militar su persona. Al escuchar sus palabras, se mordió el labio inferior para obligarse así a no soltar una carcajada, no se esperaba aquello para nada. —Cielo, lo dices como si te hubieras escapado de mi cama de madrugada... —bromeó. restándole importancia a lo ocurrido con gesto de la diestra. —Te preocupas demasiado. —se encogió de hombros, ella no había vuelto a darle importancia a lo ocurrido en la improvisada comisaría de policía. Lejos de acatar su orden, se dirigió a la que reconocía como cama de Jaxson y soltó sus cosas: bolso y americana, luego se recogió el pelo en un desordenado moño con una pinza. Tras esto, volvió junto a él y tomó asiento a su lado, observándolo con la cabeza ladeada mientras él explicaba las reglas del juego. Uno muy interesante para hacer hablar al oponente, averiguar sus secretos, algo en lo que ella no caería fácilmente. Audrey Hawk tenía muchos secretos que desvelar sin comprometer a Audrey Rushman. —En pocas palabras, quieres emborracharme para conseguir algo de mí, eso dice mucho de ti Blythe... Según qué, te lo habría dado de habérmelo pedido amablemente... —una pícara sonrisa se extendió en sus labios, sí, iba a jugar. Él lidiaba con Alpha a diario, bien sabía que ninguno rechazaría un juego de dichas características. —Seis horas. El ganador obtendrá lo que quiera del perdedor durante seis horas, ni un minuto más.