"I'm Dorothy Gale from Kansas"
DEAR READER

★
KIROKAZE
macklin celebrini has autism
Cosmic Funnies
hello vonnie

blake kathryn
tumblr dot com
Jules of Nature
Peter Solarz
RMH
occasionally subtle
NASA

JVL
cherry valley forever

Product Placement
Lint Roller? I Barely Know Her

roma★
taylor price

seen from Malaysia
seen from United States

seen from Germany
seen from Bangladesh
seen from Germany

seen from Türkiye

seen from Germany

seen from Indonesia
seen from United States

seen from Australia
seen from United States
seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from United States
@le-cirquedusoleil
*
Pasó sus manos por su rostro en clara señal de frustración. Encima de todo el cargo prometido, terminarían tachándolo de pervertido, acosador, y quién sabe qué más. Una sardónica sonrisa, exhausta, surcó sus facciones antes de añadir: —No es que quiera verte desnuda, además, sin ofender, pero tampoco hay demasiado que ver —enarcó una de sus cejas, podían culpar al cansancio por su actitud tan arisca y sincera. Relamió su labio inferior con pereza— No fue idea mía. Sólo estoy produciendo la estupidez. El director es también el guionista y, bueno, necesita todo esto. No pensé que sería tan complicado, la mayoría aquí es una fiera en la privacidad. Me sorprende que ahora todas se vuelvan monjas —soltó, negando con la cabeza.
Sus pequeños labios franceses se fruncieron dibujando una mueca de molestia. No es que la hubiera ofendido el comentario, lo último que la morocha tenía eran problemas de autoestima. Se trataba de que, justamente, el gitano tenía razón. Era plana y blanca como mesa de mármol, y no tenía forma de replicarle. Cerró el tema con un pretencioso movimiento de cabeza y una sonrisa sarcástica. Mientras él soltaba palabras, los ojos verdes viajaban hasta el folleto y lo tomaban de vuelta, esta vez con la intención de analizarlo-- ... No es lo mismo mostrarle un cuerpo a un hombre que mostrárselo a una cámara, cariño--Respondió sin quitar los ojos del anuncio. Mentiría si dijera que no se sintió tocada por las palabras que emanaron del castaño, pero fue gracias a ellas que se permitió analizar al situación. Si había algo que ella no tenía era pudor, de hecho, más de una vez había utilizado su cuerpo para fines bastante externos al propio placer, sin embargo ¿se desnudaría frente a una cámara? ¿siquiera se pararía frente a una? No, no era algo que llamara su atención o que mereciera su tiempo libre (que en aquellos momentos era inmenso). Le devolvió, otra vez, el papel a su dueño, aunque ahora con cierta amabilidad--Como sea, no soy tu chica. El cine no es lo mío.
Como siempre, el estudio era algo primordial para italiano y nada mejor que aire fresco para acompañarlo. Porque quizá pueda ser un poco asocial, pero disfrutaba de la naturaleza tanto como el futbol en las mañanas. Caminó hasta encontrar un lugar perfecto, alegado de la gente y aquel árbol tan grande, envidia de los otros que lo rodeaban, parecía el lugar perfecto. Tomó asiento apoyando su espalda en el, y saco sus libros, apuntes y comenzó con los ejercicios. Un rato paso hasta que su tonto tic se hizo presente, su lapicero golpeando constantemente la hoja de sus escritos, como si aquella acción atrajera la respuesta a sus dilemas. La voz cercana lo desconcentró un poco, y giró sobre sus hombros hasta que encontró a la francesa, justo a su lado, ¿Cuándo había pasado eso? Su labio hizo una mueca torcida, como si su sola presencia le molestara. — Poder… sí puedo. Que quiera es otra cosa. —Replicó tajante, ahora volviendo sus orbes a sus hojas.
Si el repiqueteo de aquella lapicero molestaba su descanso, entonces esa voz le había robado por completo las posibilidades de sueño. A veces no importa qué sea exactamente lo que sientes hacia una persona, o si quiera si sientes algo, lo importante puede llegar a ser lo que esa persona representa para cada uno. Ese inglés decorado con un acento italiano, con un timbre y una sonoridad en particular la remontaban a un conjunto de meses en los que su vida no había sido precisamente un paraíso. Lo que tampoco significaba que producía mariposas (ni siquiera un malestar) en el duro estómago de la francesa. A diferencia de él (y sólo porque le gustaba llevarle la contraria) ella sonrió al verlo. De más está decir que su expresión no era del todo sincera, con Soleil jamás lo era-- Nunca cambias. ¿eh, Paciello?--Complicidad y sinceridad extrema se mezclaban en su respuesta. El sonido no paró y muy poco tiempo pasó hasta que eso logró irritarla. Dejó que su sentimiento se mostrara en su rosto, cuando, con violencia, aplastó el bolígrafo contra las hojas del morocho, buscando detener el sonido--Que pares--El costado amenazante de Soleil había aflorado. Podía llevar meses apartada de su padre y sus trabajos sucios, lo que no significaba que la menuda muchacha había terminado con esas actitudes tan propias de ella.
Le incomodaba ver aquella mueca en el rostro de la morena, no pretendía despertarla de esa forma y se sentía terriblemente culpable. ¿Cómo podía compensar aquello? Trató de hallar en su mente una respuesta y actuar enseguida, pero nada, no lograba nada. Nuevamente su tono hizo que la mirada verdosa de la británica se posara en el boceto que tenía plasmado en aquel cuaderno, sonrojándose al instante. ¿Le gustaba? — Ah… ¿Por esta zona? —Señaló la parte de la falda, haciendo un gesto con la punta del lapicero sin llegar a pintar, señalando una zona abierta por la parte de la pierna.
Casi sin notarlo dejó de lado el tema de la siesta y se concentró en el boceto de la rubia. Lo miró desde varios ángulos, moviendo su cabeza para lograrlo. El diseño era bueno, hasta quizás ella se pondría algo como eso. Se relamió los labios--No, no, ahí está perfecto, Yo diría algo más--La francesa no precisó enderezarse porque ya llevaba una postura casi perfecta. Con ambas manos señalo un camino de ida y vuelta desde sus hombros hasta el centro de su pecho-- ...por aquí--Frunció la nariz y volvió a mirarla a ella-- ¿Eres principiante? La ley primera es mostrar pero no demasiado. Sólo lo suficiente. A nadie le gusta cuando una mujer parece prostituta. Un pequeño detalle puede pasar la linea entre un vestido seductor y con clase a un vestido completamente obsceno--La seguridad predominaba en sus palabras. Había dos cosas de las cuales había aprendido, y muy bien en la vida: una era manipular a la gente para conseguir lo que quiere, y la otra eran los vestidos.
Bella durmiente, cenicienta, un abanico de estereotipos de princesas habitaba esa jodida universidad. Zackary colocó sus ojos en blanco, sin sonido particular emitió un lo que sea, no iba a gastar tiempo. Volvió a fijar su mirada en las letras, el fantasma del tiempo acariciando cada una, perjudicando la comprensión directa (bastaban segundos de concentración para comprender por fin las fabulas o relatos quebrantados por el mismo rubio). Volvió a sonar, se arrastró, alcanzó el teléfono móvil y, a diferencia de la francesa, él respondió. —Lo siento, el dueño no puede atenderte, una europea ha decidido que sus horas de sueño y belleza son, sin duda alguna, mucho más importantes que tu emergencia. Puedes comunicarte pronto en otro momento. —y no, el mensaje empapado en acidez no se basaba únicamente en aquella joven de facciones delgadas, también se lo ganaba la por la persistente interrupción de lectura. Colgó, como si nada, volviendo a abrir el pequeño libro.
Encontrar nuevamente una posición cómoda se transformó en una tarea más difícil, e incluso hasta más interesante, que el objetivo que había tenido al llegar allí: estudiar. En un intento algo desesperado por adaptar su cuerpo a la madera, Soleil pensaba en qué etiqueta social encajaría el chico. Por lo poco que había visto y escuchado había llegado a pensar dos manearas de caracterizarlo: desalineado y molesto, muy molesto. En menos de un minuto había logrado irritarla. Cuando el teléfono sonó, ella miró hacia otro lado, cerrando los ojos e intentando ignorar el sonido. Las palabras que llegaron a su oído luego de que fuera él quien atendiera dibujaron la ofensa en su rostro, solo había logrado enfatizar el pre concepto que había creado. Rápidamente cambió su expresión, esperando que el rubio hubiera estado demasiado concentrado en su lectura como para notarla. Se relamió los labios--No fuiste de mucha más ayuda de lo que yo fui, ¿lo sabes, verdad?--Sólo por esa soberbia propia de la francesa fue que no se molestó en siquiera levantar la mirada hacia el muchacho.
Una colorida hoja de grueso papel era situada en una de las paredes universitarias, en ella podía leerse fácilmente la búsqueda de personas con determinadas características físicas para un casting. Apresadas en el brazo derecho del gitano se encontraban, al menos, unas cien copias similares a esa, en espera de la misma acción. Cuando volteó, se encontró de frente con otro estudiante, y aprovechó una instancia de promoción— Ah, que bien que estás pasando por aquí. Estaba pegando estas —y le entregó una de las hojas anteriormente mencionadas— cosas en las paredes. Es un casting, por si te interesa. De hecho, cumples las características que estamos buscando, sólo debes hacer unos… tres desnudos —torció una sonrisa, pues conocía el impedimento que aquel detalle ocasionaría.
En el interior de su mente sabía que tenía que correr de una clase a otra, pero no era algo que le importara mucho, por lo que la morocha se lo tomó con calma. A su tiempo, ella caminaba con tranquilidad en sus pasos y los libros en sus manos. Su próxima clase era del otro lado del edificio, por lo que tampoco le tomaría tanto tiempo llegar. Una linea de pensamientos banal y sin real importancia fue interrumpida por una voz masculina. Con la atención depositada en el papel y en las palabras que salían de aquél desalineado gitano su rostro se transformó en una mueca de incredulidad con una pizca de desagrado. Levantó la mirada y con algo de violencia que devolvió el papel a su dueño--Prefiero caminar sobre brasas ardiendo antes que dejarte verme desnuda, gitano.
Cualquier lugar apartado, lejos del bullicio, era suficiente para que la rubia se concentrara e n su labor. Diseños, mágicos trazos que parecían volar por la suavidad del blanco papel, marcando con pautas rectas, curvadas, triangulares, distintas formas geométricas que se unían entre sí para dejar a la vista un hermoso y futuro traje, un vestido. ¿Para ella? Quizá, es lo que hacía casi siempre, diseñar para sí misma su propio vestuario. El repiqueteo del pie contra el suelo, algo nerviosa, sentada en aquel césped con la espalda apoyada en el tronco. Un poco más,s ólo un poco más… ¿Qué colores debía usar? ¿Rojo? ¿Rosa? ¿Quizá un fucsia? Aquella indecisión hacía aumentar aquel golpeteo, logrando que algunas hojas crujieran. Y esa voz sacó su mente de otro mundo, volviendo a la realidad.— ¿Eh? —No creyendo que hubiese alguien allí, inclinó su cuerpo por un lateral para encontrarse a una joven recostada al otro lado.— ¡Oh, lo siento mucho! —Al instante se puso en pie, alarmada.— N-no pretendía despertarla…
Refunfuñando, Soleil se incorporó sobre su propio cuerpo, abandonado esa cómoda posición por una sentada con el peso apoyado sobre la áspera madera. Sí, tenía un sueño bastante liviano, pues su siesta había sido vilmente arruinada--Ya lo hiciste ...--Respondió, con la molestia evidenciada, no sólo en su voz sino también en su rostro. Se quedo observando a la muchacha un segundo. Sus ojos se encontraron con un diseño, para nada malo, de un vestido, entre sus brazos. Lo analizó atentamente--Es bueno--Con un movimiento de cabeza, señalo el dibujo que su cuerpo apresaba--El vestido. Sólo ... Yo mostraría un poco más de piel.
Operación despegue, despegue de las atareadas clases empapadas de rutina que, con milagros atraídos vaya a saber de dónde, lograban, de vez en cuando, alguna chispa diferencial que lograría hacerlas sobresalir del montón. El síndrome de bella durmiente atacando sus intentos de proseguir con la lectura de un diario (bastante parecido de manera visual a los otros, tapas de color chocolate, hojas careciendo de nitidez, y lo más conocido). Arrugó el ceño, y giró su cuello por cada rincón de la habitación, no listo para seguir las palabras adormiladas de la molesta menuda joven, al contrario, quería ser cómplice y aumentar el volumen— Uh. —gran vocabulario el que manejaba, poco el que terminaba efectuando. Fortuna o mala fortuna, su mirada terminó clavándose sobre su móvil ajeno que no dejaba de sonar. Se aclaró la garganta, sin querer despegarse de su libro, y claramente no lo haría— Está igual de lejos para ti que para mí, dormilona. Lamento mi inutilidad.
Sus ojos se abrieron con lentitud y con aquella mueca de molestia que quizás ya era hasta característica de la morocha. Una mirada fulminante se desprendió de ellos y terminó en aquél rubio sentado cerca de ella. Sin correr la vista del muchacho, emanando rencor y todo lo contrario a buenas vibras, se aproximó hasta el teléfono que, probablemente, alguien había dejado ahí. Lo tomó y con rapidez cortó la llamada, sin tener la consideración de que podía ser el dueño del aparato en un intento de dar con una persona con la voluntad de devolverlo. De forma tosca casi que lanzó el celular al lugar onde se encontraba antes. Una sonrisa casi sarcástica se dibujó en sus labios a la vez que volvía a dirigirse al desconocido--Gracias por el favor--Soltó, de una forma mil veces más seca de lo que había sido el pedido en primer lugar. Dicho esto, la francesa intentó volver a acomodar su cuerpo en el árbol, cosa que le resultó imposible.
Se apoyó sobre el árbol tranquilamente, dejó su mochila a un lado sin querer prestarle atención a las obligaciones que le esperaban para el fin de semana. Le habían enviado bastante tarea y realmente se había propuesto pasearse por la Universidad para hacerlas, pero la idea de hacer tareas un día sábado no le agradaba ni en lo más mínimo. Cogió su móvil y comenzó a mover sus dedos por la pantalla táctil, soltando pequeñas carcajadas al leer los comentarios de sus amigos en alguna que otra publicación de las redes sociales. El sonido de los mensajes recibidos inundaba el silencio de aquel lugar y no pudo evitar sobresaltarse cuando oyó una voz a su lado. Giró un poco el rostro para poder observar a la persona que le había hablado y formó una mueca. —Lo siento, pensé que estaba solo. La gente no suele venir aquí un día sábado. —Frunció un poco los labios, bajando el volumen de su teléfono y marcando la opción de vibrador. Dejó el móvil a un lado y miró a la muchacha con interés—. ¿Estás estudiando? ¿Hoy, sábado? —Preguntó, atónito. No sabía por qué, pero imaginarse estudiando un día sábado se le hacía imposible y ver a alguien haciéndolo le parecía admirable, ya que ninguno de sus encargados se ponía a leer un día sábado. Ninguno.
Aún sin abrir los ojos, soltó un suspiro al escuchar aquella voz masculina. Es verdad, era extraño encontrar a una persona prácticamente durmiendo junto a sus libros un sábado por la tarde. Sus labios apenas se movieron para luego abrirse y hablar con suavidad poca emoción--Merci--Dicho esto, apenas movió su cabeza y su cuerpo, guiándose por el sonido de la voz. Recién ahí abrió los ojos, encontrándose con la figura del muchacho sentado al otro lado del árbol. Una risa nasal se escapó de su cuerpo, junto con un pequeño movimiento de hombros--Eso intenté--Admitió, dejando que su particular acento se apoderara de su propia voz--. Es un buen lugar para venir a estudiar, incluso un sábado. Sin embargo ...--Su cabeza se ladeó levemente--Es bastante difícil considerando que es fin de semana, y sobretodo cuando ni siquiera estás segura de que estudias la carrera correcta--Dicho esto, la francesa dejó escapar un suspiro a la vez que su pie derecho pateaba el libro que se encontraba en la cima de la pila que había llevado con ella.
¿Cansada? Si, estaba cansada. La gran Soleil Dominique estaba cansada. Para ella más que para nadie resultaba algo increíble. Volver a la Universidad teniendo en cuenta cómo había ido su último año resultaba cansador hasta simplemente pensarlo. De estar en segundo año de Farmacología había pasado al primero de Derecho, y ni siquiera sabía si había hecho una buena elección. ¿Desde cuando ella se encontraba indecisa e insegura? Eso la frustraba aún más. De repente tenía miles de cosas para estudiar y sentía que su cabeza no se encontraba en posición de agregarle ni un problema más, y mucho menos si se trataba de Leyes Civicas y Morales. Sin siquiera pensarlo, la morocha dejó caer sus cosas al pie de un árbol, y luego cayó ella, sentándose y apoyando la cabeza en el tronco. Cerró los ojos, esperando conseguir al menos un minuto de paz. Sin embargo, un ruido, no sabía si se trataba de música, de un ritmo hecho por un pie o unos dedos nerviosos, quebró su pequeño paraíso--¿Crees que podrías parar eso?--Preguntó, secante como siempre, sin dignarse a abrir los ojos.
THL ATACA INSTAGRAM
Soleil Dominique
Era posible que su vida personal no estuviera en las mejores condiciones, ¿pero desde cuándo lo estaba? Al menos había alcanzado un punto estable, en medio de tanto caos. No había dejado de pasar por su mente que, quizá, debería dejar de ser tan terriblemente posesivo con su ahora prometido, pero era parte de su naturaleza, el no querer que nadie más tuviera lo que él. Era egoísmo, también, pero ¿qué se podía pedir cuando había sido criado de esa forma? Iba camino a una galería de arte contemporáneo que le había sido recomendada por tener una exhibición de un artista francés que podría ser de ayuda en futuros eventos en la embajada, con su guardaespaldas y sirviente Pierre siguiéndolo a apenas un metro. Él, en tanto, mantenía una rápida conversación en su idioma natal con su madre. O al menos eso hacía hasta que alguien le llamó. Se volvió sin demasiado entusiasmo hacia la chica y, al ver de quien se trataba, esbozó una media sonrisa antes de pronunciar en el teléfono: —Sí, tendré que llamarte en un rato, ¿bien?— y colgó, antes de caminar de vuelta hacia le castaña que sostenía algo que, aparentemente, se le había caído. ¿Qué era? Ah, claro… Las direcciones que acababan de darle. —¿Quién te habría imaginado tan preocupada por evitar las pequeñas desgracias ajenas? Definitivamente yo no,— admitió, extendiendo la mano. —Ahora sé buena chica y dame eso, s’il te plaît.
Una inminente sonrisa se extendió por el rostro de la muchacha, ¿hacía cuanto que no sonreía de esa forma? Dado a los hechos de los últimos meses, se podía decir que bastante. Se encontraba en los Estados Unidos, uno de los últimos lugares en los que desearía estar y venía a cruzarse nada más y nada menos que con aquél fantasma de su pasado que parecía haber olvidado completamente--. Pero miren a quién tenemos aquí ...--Miró de arriba a abajo al rubio y abrazó en la palma de su mano el papel que había rescatado--. Pero si es Auden DeVilliers-- Finalizó. No podía negar que le agradaba verle, bastante. Era casi como recuperar a Étinnie, aunque, claro, no tenía punto de comparación. Eran dos personas completamente diferentes en su vida, pero ¿hacía cuanto que no veía al rubio francés? En realidad, le había visto en televisión en el mes que pasó en Francia, sin embargo no podpia recordar cuando fue la última vez que lo tuvo frente a frente--. ¿Cuándo he sido una buena chica, eh Auden?--Preguntó divertida, mientras le mostraba su puño cerrado que guardaba aquél papel que los había reunido. Apenas corrió la vista del muchacho para observar a su sirviente--. Pierre ...--Lo saludó, con un movimiento de cabeza. Sí, a él también tenía tiempo sin verlo. Volvió la mirada al chico, volviéndo a recorrerlo con la mirada desde la punta de los pies a la punta de la cabeza, como si necesitara estar segura de que lo tenía en frente--. Es bueno verte, aunque, voy a ser sincera, no esperaba verte por aquí--Admitió, pues la verdad era que no se había detenido a pensar a cuantas personas de Dartmouth la secta se había molestado en amenazar para que se instalen en Washington, además su nuevo trabajo al lado de su padre no le había permitido pensar en la posibilidad de cruzarse con el rubio DeVilliers. Por un momento se preguntó cómo éste reaccionaría cuando supiera que, ahora efectivamente trabajaba para Gustav Dominique. Supuso que no tardaría mucho en averiguarlo, si es que este no lo sabía ya.
MSSG//Soleil
Raffa: Primero que nada, he informado con anterioridad que tengo errores con mi teclado. Segundo, ¿si han jugado mejor, porqué no los vi en la final? Concuerdo en lo de brasil, pero no es nada nuevo teniendo en cuenta todos los buenos jugadores que en mundiales anteriores los han sabido llevar y este año ya no estaban con ellos. Era algo obvio. Y Alemania sólo supo defenderse, metieron pocos goles, y ganaron con pocos goles. El mundial fue pésimo en sí. Genial, al menos no eres tan tanto o tonta...
Raffa: He de suponer cómo cada ser humano que tiene un móvil, pero si sabría tú nombre lo hubiese escrito. Como veras, no lo escribí. Y no, no quiero saberlo.
Soleil: ¿Y por qué habría yo de saber que tienes problemas con tu teclado? Tú mismo lo dijiste, la FIFA lo tiene todo arreglado. Además, nos tocó jugar en cuartos de final contra Alemania, actual campeón, la posibilidad se salir perdiendo era palpable. ¡Oh, eso no tiene nada que ver! No supieron enfrentar un partido contra un rival de verdad, eso es lo que sucede. Sabiendo cómo juega Alemania, deberían haber jugado a defender, no a atacar. Para el momento que podían cambiar de estrategia ya tenían cinco goles hechos en su contra. Pero aún así ganó, ¿o no?. Yo no veo que haya sido pésimo, pero allá tú. Claro que no lo soy.
Soleil: Sin embargo me sigues respondiendo los mensajes, ¿por qué será? No, de verdad me lo pregunto, quiero decir, si ni siquiera te interesa saber mi nombre.
MSSG//Soleil
Raffa: Y los franceses fueron una decepción en éste mundial, esperaba más de ellos. Y no, Alemania no se merecía la copa, y ¿Messi el balón de oro? La Fiffa esta más que arreglada, todo el mundo lo sabe, no sé porqué me vienes con estas estupideces.
Raffa: Lo siento quién quieras que seas, error de tecleado.
Soleil: Primero que nada, se escribe " FIFA" y segundo ¿decepción del mundial? ¡Por favor! Jugamos mucho mejor que otros equipos. La gran decepción de este mundial fue Brasil y su horrible defensa, pentacampeones mis polainas. Y Alemania sí merecía la copa, jugaron como los dioses, aunque flaquearon bastante en la final. Lo de Messi lo comparto.
Soleil: Tengo nombre, gracias.
Una nueva anotación mental; comprar unos auriculares que logren un sonido ligeramente decente al menos, sus oídos se lo agradecería con creces de por medio, no era sano ni justo escuchar en tan asqueroso nivel la voz de Robert Smith, pero sin dudas era mucho más preferible que los insoportables sonidos emitidos por los urbanos entes que abundaban en las calles en esos momentos y en cada minuto habido y por haber. Un vaso blanquecino, de los chiquitos, mordido en los bordes por simple aburrimiento en sus manos, el café restante era casi nada, en el camino ya había sido consumido, por supuesto, mentalmente ya estaba intentando enlazar algún que otro plan del día, llegando a la conclusión de que no existía nada muy organizado— ¿Eh? —cuestionó al aire, girando su cuello ante la voz femenina, y bajando la mirada que reflejaba cierto aire de confusión, eso pasaba cuando a uno le tiran un buen balde de agua fría en plena lluvia de pensamientos vacilantes— Oh… sí. —una pequeña sonrisa se trazó por encima de su boca— Gracias, ¿sabes? Hacen muy buena pizza, sí, lástima suben los precios día por medio.— soltó en un murmuro, el número de un delivery cercano a casa, ¿qué más? Lo importante estaba a un costado, el número de la comisión de becas par la universidad nacional, ¿qué importaba igual? Las posibilidades de que llamase eran cero. Ladeó su cabeza con un semblante algo pensativo— ¿Yo a ti te conozco? Tu cara es… conocida o familiar.
El pensamiento de que un número de teléfono de una pizzería se encontraba en ese papel hizo que la francesa entrecerrar los ojos y mirara al muchacho con confusión. ¿Por qué alguien guardaría así el número de un delivery? Pensó que bien se podía encontrar frente a un extremo perfeccionista o a un amante de la comida de delivery, y algo en el ser del castaño le decía que era lo segundo--. Si es así, más vale que realmente sea buena pizza--Extendió sus labios formando una sonrisa apenas perceptible a la vez que le tendía el papel a su dueño. Al escuchar la pregunta, sus ojos volvieron a entrecerrarse, pero ahora en gesto de curiosidad. Sí, el rostro del muchacho le sonaba de algún lado, podía asegurar que lo había visto antes--. Sabes, tu rostro también me suena de algún lado pero ...--Dejó la frase incompleta y se detuvo a mirarlo, en menos de un segundo el recuerdo vino a su mente. ¡Dartmouth! Claro, de ahí lo conocía. La verdad es que no le sorprendía, si aquella secta la había invitado tan poco cordialmente a volver a Washington, no le extrañaba pensar que también lo había hecho con otros estudiantes, o antiguos estudiantes, para ser más precisos--. Oh, ya lo recuerdo. ¿Ex-estudiante de Darmouth, verdad?--Preguntó, casi como si fuera una pregunta de rutina o algo parecido--. Espera, ya recuerdo quién eres ...--Ladeó la cabeza y una sonrisa, típica de ella, que mezclaba malicia y diversión, se le dibujó en el rostro---Eres el amigo del rubio al que arrestaron el día antes del ataque, ¿o me equivoco?--Preguntó sólo para estar segura, porque conocía la respuesta. Sabía todo y reconocía fácilmente al norteamericano Quentin Blanchard, le venía siguiendo la huella desde bastante tiempo antes de que tuviera la oportunidad de enviarlo a prisión. Sí, pasaban mucho tiempo juntos esos dos, quizás más de lo moralmente recomendable. Ahora reconocía con exactitud al, ¿ruso? sí, estaba casi segura que era ruso.