Un nuevo año comenzaba, un nuevo año lleno de promesas que al final se quedarían en el limbo esperando alguna especie de milagro para ser cumplidas. ¿Por qué los humanos creían en cosas tan estúpidas? La lista de propósitos únicamente estaba llena de metas que llevarían a cabo unos cuantos meses, ¿pero al final qué quedaba? Absolutamente nada. Las clases de Sociales cada vez se volvían más tediosas, el maestro definitivamente aburría a todos sus alumnos con el simple hecho de abrir la boca para abrir. Nicole estaba asqueada de sus compañeros, pues en vez de aportar temas que hicieran más interesantes la clase, comentaban puras estupideces que los dejaban en ridículo.
La rubia estaba en la cafetería tratando de terminar su informe sobre el comportamiento humano. Hasta ahora no había fijado una víctima que le sirviera como conejillo de indias. Era sencillo observar el comportamiento de los individuos dentro y fuera de su hábitat natural. Bastaba con prestar atención a los individuos que se paseaban por el edificio creyéndose los reyes del universo. Lía continuó escribiendo inerte en sus pensamientos tratando de plasmar palabras que se leyeran de forma coherente. Mientras que su lápiz se movía pudo escuchar menos bullicio del que anteriormente había.
Nicole alzó la vista y cerró su libreta notando que alguien le tocaba el hombro. Con su típica sonrisa fingida alzó una ceja y comentó. —¿Qué decías? Estaba muy ocupada trabajando. —agregó tratando de no sonar grosera, pues a pesar de ser una chica muy selectiva, muchas veces se perdía en sus propios pensamientos e ignoraba todo a su alrededor.











