Siempre fui fácil de reemplazar.
O al menos así se siente.
Las personas llegan a mi vida, dejan muebles, cuadros, ventanas abiertas, terremotos, incendios, y cuando se van, yo sigo encontrando rastros de ellas durante años.
Una costumbre que no era mía hasta que apareció alguien y me la dejó viviendo adentro.
Yo cargo a la gente mucho tiempo después de que se va.
En cambio, nunca pude evitar preguntarme qué queda de mí cuando no estoy.
Porque a veces siento que paso por la vida de las personas como un personaje secundario.
Que enseñó algunas cosas.
Como si cualquier otra persona pudiera ocupar mi lugar sin demasiado esfuerzo.
Como si mi ausencia no dejara un espacio vacío sino simplemente un espacio disponible.
Duele porque yo sí siento los huecos que dejan los demás.
Los siento durante meses.
Hay personas que me cambiaron la forma de pensar.
La forma de mirar el mundo.
Y entonces me pregunto si alguna vez fui eso para alguien.
Si alguna vez alguien se quedó mirando una conversación vieja porque me extrañaba.
Si alguna vez alguien comparó a otra persona conmigo.
Si alguna vez alguien pensó:
"No. Esto no es lo mismo."
Hay personas que nunca pude volver a encontrar en nadie.
Y quizás esa es la diferencia.
Quizás cuando alguien me quiere me deja huellas demasiado profundas.
Y espero que los demás reciban mias igual.
Y cuando alguien empieza a alejarse, cuando siento que estoy viendo el principio del final desde la primera fila, aparece esta sensación horrible.
La de haber sido importante, pero no imprescindible.
Nadie es imprescindible, lo sé, pero me refiero a que no sienten que no van a encontrar otra como yo.
Y entonces pienso pude ser querida, pero no inolvidable.
Pude haber cambiado algo, pero no lo suficiente para que alguien quiera quedarse.
Y entonces me pregunto qué me falta.
Qué tienen los demás que yo no.
Qué hace que algunas personas se vuelvan irremplazables mientras yo sigo sintiéndome una estación de paso.
Un lugar donde la gente aprende cosas.
Mientras yo me quedo mirando cómo se alejan, preguntándome si alguna vez alguien se quedó con una parte de mí tan clavada en el pecho como yo me quedé con partes de ellos.
Porque la verdad es que no me duele que se vayan. O si.
Pero lo que me duele es sospechar que cuando se hayan ido del todo, van a estar bien.
Y yo voy a seguir encontrando su nombre en lugares donde ellos ya no encuentran el mío.
Yo siempre siento que amo más de lo que me recuerdan.