¡Te estoy ganando!

祝日 / Permanent Vacation
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@lena-argent
¡Te estoy ganando!
No, mi familia… no está aquí, así que creo que voy a pasarla sola. —confesó un poco nerviosa, no queriendo develar su historia a la chica, en parte por miedo y vergüenza y en parte porque seguramente escucharlo la pondría incómoda. Se acomodó un mechón de cabello, el cual...
Si, tal vez. -respondió mientras asentía, falseando una sonrisa. Sabía que no podría pasar navidad con su familia ningun otro año, puesto a que era imposible revivir a los muertos. Soltó un suspiro casi inaudible, algo frustrada- Bueno, espero que la próxima navidad sea mejor para ambas.
Por supuesto que no lo digo por eso, no hay restricción de nada para los helados. —declaró divertida, con un movimiento de cabeza— Yo voy a cumplir los diecinueve dentro de unos pocos meses. —confesó bajando la mirada, dado que él le llevaba bastantes años— Chocolate. —indicó en…
¿Se supone que eso es bueno? -inquirió, notablemente confundida por la aparente felicidad del contrario, intentando esconder el rubor en sus mejillas detrás de una pequeña sonrisa, haciendo que sus hoyuelos se marquen solo un poco. La caricia en su rostro hizo que el rubor se intensificara, lo que provocó que la castaña maldijera por dentro- ¿Así que yo soy tu cría? -preguntó, notablemente divertida. El chico la trataba realmente bien, lo que le daba muchisima ternura, pero a la vez desataba una multitud de dudas e inseguridades en su interior. "Seguro tiene novia. O millones de chicas detrás. No tienes oportunidad. Eres una más, siempre fuiste una más para todos, este chico no hará la diferencia. Estúpida. ¿Cómo vas a gustarle a alguien, si te especializas en espantar a cualquiera que se te pare en frente? Te está tratando bien porque lo ayudaste a tranquilizarse. No eres especial, nunca lo fuiste. Para nadie." dirigió la mirada a los verdes ojos ajenos, en busca de algún rastro o señal de algo, lo que sea.
—No, de hecho fue mi culpa, iba totalmente distraída— Terminó de ayudarle y le entregó una de aquellas bolsas —Eso es cierto. Ahora con las fechas tienes decorativos sin siquiera pedirlos y mensajes navideños por doquier— Dijo con una leve sonrisa irónica. —¿Y tienes algún plan para esta navidad?— Preguntó acompañada de una sonrisa y algo de curiosidad, pues estar comprando ropa podía significar muchas cosas. Se sintió algo incómoda a los pocos segundos pues no conocía a la chica, pero la pregunta estaba dicha y le quedaba esperar nada más.
No, mi familia... no está aquí, así que creo que voy a pasarla sola. —confesó un poco nerviosa, no queriendo develar su historia a la chica, en parte por miedo y vergüenza y en parte porque seguramente escucharlo la pondría incómoda. Se acomodó un mechón de cabello, el cual obstruía su visión y decidió que lo mejor sería devolverle la pregunta— ¿Y tú?
—Si lo dices por mi pasión por los helados, en mi defensa diré que mi abuela los sigue comiendo y ya tiene su edad —sonríe de lado. Obviamente sabía que la chica no se lo preguntaba por eso—. Cumpliré los 24 estas vacaciones de navidad, ¿tú? —mientras respondía a la pregunta de la chica, había llegado ya al camión de los helados, por lo que pide el suyo, como siempre, de cookies & stracciatella, girándose luego para mirar a la chica— ¿De qué sabor lo quieres?
Por supuesto que no lo digo por eso, no hay restricción de nada para los helados. —declaró divertida, con un movimiento de cabeza— Yo voy a cumplir los diecinueve dentro de unos pocos meses. —confesó bajando la mirada, dado que él le llevaba bastantes años— Chocolate. —indicó en voz alta, para que el hombre dentro del camión la escuche.
¿Seguro que esto es alcohol...?
Al escuchar las palabras de aquella joven, giró su voz, soltando entonces un bufido. — Ni que yo fuera regalando mi vómito así como así… — Dijo entonces en un tono aburrido para después reírse. — Estoy bien.
Bueno, por cómo lo dices tu vómito debe ser bastante deseado. —bromeó, esbozando una sonrisa— Eso espero.
Elliot quería agarrarla de la mano, pero de la vergüenza se limitó a poner las manos en los bolsillos, sonreír tímidamente y comenzar a andar al lado de la chica hacia el parque, el cual no estaba nada lejos. Allí mismo había un pequeño camión de helados. Miró a Lena, sonriente y con un brillo en sus ojos.
—¿Te apetece un helado? Yo invito.
Imito la acción del chico, metiendo las manos en los bolsillos de su chaqueta. Mientras caminaba se deleitaba con el parque, puesto a que había estado ahí una o dos veces. Advirtió el camión de helados cuando escuchó la voz del muchacho. Asintió ante la pregunta— Si, muchas gracias —aceptó, dedicándole una sonrisa— ¿Cuántos años tienes? —inquirió repentinamente, dándose cuenta de que no sabía ese dato.
—Veintitrés. —contestó arrugando la nariz—. ¿Qué hay de ti?
Dieciocho.
¿ Qué tienes entre manos con Elliot ?
Mutilarlo con mi arco y después hacer un guiso con sus tripas y venderlo en navidad, porque estoy loca.
—Oh, lo siento mucho, n-no tenía idea… —negó con la cabeza, algo avergonzada—. También yo, bueno, hace un par de años. —asintió con levedad.
No importa, no es tu culpa... —declaró, encogiéndose de hombros para restarle importancia— ¿Cuántos años tienes?
Miró hacia los lados, como buscando algún lugar cualquiera con el que ir con la chica. Se sentía nervioso todavía, pero no pillaba por qué. Jugó con las mangas de su camiseta, hasta que pensó en llevarla al parque.
—¿Te parece bien el parque? —sonrió ampliamente, mirando a la chica a los ojos—.
Si, ¿por qué no? —sonrió tímidamente, sosteniendo la mirada que aquellas esmeraldas le dedicaban— ¿Vamos? —inquirió bajando un poco la cabeza.
¿Oiga?
Leon susurraba como podía, escondido en una de las habitaciones mientras atendía a un paciente. —Si, hola, por favor, un psicópata armado ha entrado en la zona de urgencias y está pegando tiros a mansalva. No va solo y ya tenemos un par de heridos. ¡Que venga la policia ya!
Había ido al hospital después de la universidad, dado que tenían que recetarle unas pastillas. Se encontraba en la sala de espera cuando un hombre armado entró a la institución, disparando con un revólver. Disimuladamente, sacó el arco que muchos creían inútil de su bolso. Por supuesto que no iba a matar a nadie, solo iba a retenerlos hasta que llegue la policía. Se paró de un salto, tensó una flecha y disparó, dando en la pierna del sujeto que encabezaba la masacre. Continuó con los disparos hasta derribar a todos los delincuentes. Los contó. Seis en total. Había derribado a seis hombres. Se acercó corriendo a los cuerpos en el suelo, quitándoles las armas con rapidez. A deducir por sus caras, los hombres no esperaban que una chica de dieciocho años los venciera así, por lo que se dibujó una sonrisa ganadora en su rostro. Sabía que todos la estaban viendo, pero no le importó. Entró en una habitación al azar para que los desconocidos no tengan acceso a las pistolas, encontrándose con un hombre hablando por teléfono— Si hablas con la policía, diles que el noventa por ciento del trabajo está hecho, así que no les costará apurarse. —indicó, enseñándole las armas ajenas al hombre.
¿Seguro que esto es alcohol...?
— Dijo casi en un susurro mientras seguía dándole tragos a aquel vaso de whisky. Llevaba un buen rato en aquel pub, sin querer llegar a su casa pues en aquellas fechas se sentía demasiado triste estando sola en casa. Ya llevaba varios vasos de whisky ya y aunque parecía no hacerle efecto en realidad si le estaba haciendo. — Seguramente me están timando. — Dijo encogiendo uno de sus hombros.
No creo que eso te haga bien, ya vas como seis vasos, y me gustaría finalizar la noche sin tener vómito encima. —declaró, recordando algunas situaciones en las que borrachos la habían vomitado.
Las fiestas le emocionaban, pero aquella iba a ser la primera vez que la pasaría sin compañía de su familia y aquello no le sonaba muy bien. Más bien corría el riesgo a padecer ataques repentinos de bipolaridad y eso le aterraba. Sin embargo, decidió dar el primer paso y quiso salir a caminar un poco para hallar algo positivo. Estaba en NY, ese era un buen primer comienzo. Caminaba entonces por las calles cercanas a su casa distraída y aspirando aquel aire mañanero de la navidad en NY, cuando chocó con alguien que llevaba algunas bolsas navideñas. —¡Lo siento! Iba distraída y…— Se disculpó con rapidez mientras ayudaba a recoger lo que se había caído.
Oh, no te preocupes. Fue mi culpa. —aseguró, esbozando una amable sonrisa— Además, no es nada frágil, solo es ropa. Pero ahora todo está decorado con motivos de navidad. —resopló, molesta por esto último, dado que iba a pasar la festividad completamente sola.
—Oh Francia, qué hermoso… —murmuró embelesada—. ¿Hace mucho vives aquí? —preguntó con curiosidad.
Exceptuando los incendios intencionales que asesinan a tu familia entera y tiran el mundo que conociste abajo, haciendo que te vuelvas loca y tu retorcida cabeza te obligue a aprender a emplear un arco del que todos se burlan para poder defenderte del causante del fuego; entonces si, es hermoso. —rodó los ojos con sarcasmo. La historia se le había escapado sin querer, pero ya no podía hacer nada más que responder a la pregunta— Me mudé hace unos meses para comenzar la universidad aquí. ¿Y tú?
—Pues… supongo que trabajaré duro… —sonrió ampliamente sin perder el rubor de sus mejillas —. Para nada, estoy libre toda la tarde, ya he hecho todo lo que tenía que hacer para clase, y hasta la noche no entro a trabajar… ¿Te apetece ir a algún lado?
Te conviene... —indicó divertida, con una sonrisa risueña decorando su rostro— Por supuesto. —aceptó, ladeando la cabeza un poco— ¿A dónde quieres ir?
❝ and there's no remedy for memory of faces like a melody, it won't leave my head your soul is haunting me and telling me that everything is fine...❞