La fiesta había llegado a un punto en la que solo habían dos opciones: o te divertías, o te resignabas a estar malhumorada toda la noche por que deseabas estar en otro lugar. La elección de la pelirroja, fue la primera. Después de todo la mayoría la estaba pasando bien y no necesitaba estar con alguien o pertenecer a un grupo para unirse al club y dejar todos los pendientes lejos de su cabeza por una noche. Tal vez había bebido demasiado ponche, ¿pero cómo es que con dos vasos podía sentirse demasiado alegre y relajada? Solo conocía una sustancia que tenía el poder de desinhibir a las personas y sus sospechas fueron confirmadas cuando una chica anunció a gritos que había vodka en dicha bebida. “Genial, ya decía yo que este ponche estaba demasiado bueno.” Rió, sintiendo las mejillas ligeramente entumecidas.
Los efectos del mágico alcohol en algunos cuerpos es claro, pasos tambaleantes, sonrisas adormiladas, de algún modo los envidiaba por ser quien poseía mirada aburrida y cansada, todas las señales de un deseo entrañable por largarse a la primera oportunidad, pero sin embargo sigue ahí, con un codo apoyado sobre una de las barras y la mirada casi suplicando abandonar las luces de neón. Se gira cuando una voz logra fluir a través del ruido y la locura, suave y entre pequeñas risas. “Tienes gotas del famoso ponche en el mentón.” apunta con el índice de manera ínfima, haciendo caso omiso a las primeras sílabas que habían roto su tranquilidad.







