No hay un nombre o una figura para mencionar, a veces imagina que si su madre llegó a construir un hogar después de su fuga de casa envidiaría muchísimo a ese hijo, ese que sí escuchó sus cuentos y saboreó sus cenas, aquel que sí llevó a jugar. Durante su infancia la envidia se le salía por los poros, de cualquier niño con una familia que podía llamarse normal hablando del estereotipo clásico, madre de caricias y platos calientes en invierno, padre trabajador que te vaya a ver a los partidos, cualquier compañero contando de sus entretenidas vacaciones fuera del país en verano, era ahí cuando apretaba los dientes y dejaba que el veneno, inocente e imperceptible, fluyera por su torrente sanguíneo. Actualmente es algo semejante, cualquier individuo que pueda mirarse al espejo sin desconocerse será despertador de una sana envidia e inseguridad natural.