BAHAMUT
J.D. Zárate
En el pantano se respira cierta pureza que solo los sapos y su croar podrían explicar.
Debajo de las piedras estoy en contacto con lo más profundo de mi confuso exhalar, algo que solo las serpientes podrían capturar.
Contemplando el abismo me dispongo a rumiar mis ideas, una y otra y otra vez, cómo los cabríos después de pastar.
Bajo las entrañas ácidas de la basura, la enfermedad me alienta a sobrevivir, cómo solo las ratas saben navegar.
¿Y por qué debo aprender todo esto? ¿La tortura de mis cadenas colgantes no basta?
La voz dice desde mis adentros:
Tenemos que ir más allá del insoportable espacio entre lo vivo y lo muerto, pasando el arco del Báratro.
“Dios creó la tierra, pero la tierra no tenía sostén y así bajo la tierra creó un ángel. Pero el ángel no tenía sostén y así bajo el ángel creó un peñasco hecho de rubí. Pero el peñasco no tenía sostén y así bajo el peñasco creó un toro con cuatro mil ojos, orejas, narices, bocas, lenguas y pies. Pero el toro no tenía sostén y así bajo el toro creó un pez llamado Bahamut, y bajo el pez puso agua, y bajo el agua puso oscuridad, y la ciencia humana no ve más allá de ese punto.”
- Edward William Lane













