Hoy te hablo no con la voz de mi mente, sino con la verdad de mi corazón.
Quiero que ya nuestras miradas no se crucen con dolor.
Quiero que sanemos el pasado y el presente.
Quiero que en esta vida tú seas feliz y veas al hombre maravilloso que eres.
Quiero que entiendas que quizá no era esta nuestra vida —como yo ya lo he entendido—,
pero eso no borra lo mucho que te quiero.
Quiero que nos veamos en paz, mientras haya suspiros en esta vida,
con la promesa de buscarte en la próxima vida
y reconocernos…
para por fin ser un amor bonito, una vida juntos,
sin dolor, sin karmas ni rencores.
Me dolió que te fueras sin palabras claras.
Me dolió verte llegar de noche, sin saber si venías a buscarme o a esconderte en mí.
Me dolió que jamás supe si en verdad me querías o si solo era un pasatiempo después de la peda.
Me dolió quererte y decirlo sin recibir una respuesta.
No pedía un “sí” definitivo... solo quería un “sí” o un “no”, para saber dónde pisaba.
Me dolió tenerte cerca y tener que guardarme las ganas de mimarte o abrazarte,
por miedo a que no fuera correcto.
Me dolió no poder demostrar lo mucho que te quería, y lo mucho que quería cuidarte.
Hubiera preferido un “no” que me rompiera el corazón
a vivir con la duda de si fui algo para ti.
Gracias por las veces que llegaste, aunque no supieras por qué.
Gracias por ser mi lugar seguro cuando el mundo se venía encima.
Por llegar justo esos días en que no quería a nadie más cerca.
Por darme paz con tu presencia,
por esa sonrisa tan contagiosa y coqueta que siempre alegró mis días.
Gracias porque esos pocos momentos me enseñaron a querer sin esperar nada a cambio.
Gracias por dejarme dormir a tu lado,
por esos silencios llenos de música que me dieron paz en medio del caos.
Gracias por los besos sinceros y apasionados.
Por dejarme creer, aunque fuera por un instante, que había algo más.
Nunca supe cómo, ni por qué, te conformabas con dormir en el auto a mi lado.
Nunca supe si tenías expectativas o si solo te bastaba estar ahí.
Pero gracias…
porque a tu manera, me diste lo que podías.
Hoy, con esta carta, dejo ir lo que no fue.
Suelto la esperanza que me dolía,
y cierro el ciclo que mi corazón aún abrazaba con nostalgia.
Ya no te espero.
Ya no me pregunto si un día entenderás lo que significaste para mí.
Hoy decido amarme más que la duda.
Hoy decido elegir la paz, en lugar del “qué hubiera pasado”.
Te libero de mis pensamientos constantes,
de mis preguntas sin respuesta,
de mis noches en vela y mis lágrimas escondidas.
Y también me libero a mí,
de esperarte, de imaginarte, de compararte.
Si nuestras almas se vuelven a encontrar,
que sea desde la conciencia,
desde un amor limpio, sin karma ni dolor,
solo con gratitud.
Y si no nos volvemos a ver en esta vida,
te prometo que donde quiera que estés…
te deseo luz, te deseo paz,
y sobre todo, te deseo un amor que no te duela.
> Hoy te pido perdón por haber continuado sin ti.
Y aunque esté mal decirlo, una parte de mí guardó esperanza hasta el año pasado
de vivir una historia contigo, de escuchar un “te quiero” de ti.
Busqué respuestas, busqué la forma de acercarme,
me esforcé por que me vieras y por que me quisieras,
pero no encontré la fórmula.
Sé que fui egoísta y te pido perdón por no decirte que estaba avanzando con mi vida.
Te pido perdón por despedirme de ti en silencio tantas veces.
Perdón por no soltarte aún.
Por seguir enviando indirectas,
por buscar formas de estar presente en tu vida.
Perdón por no soltarte…
pero de corazón quiero verte feliz.
Quisiera —y sé que es mucho pedir— conservarte en esta vida,
cerca, sin violar las leyes.
Es que no sé cómo explicar el cariño que hay para ti,
la felicidad que le da a mi corazón saber de ti.
Solo quiero que comprendamos ambos
que en esta vida no era el destino.
Que sanemos para ser felices cada uno por su lado,
y en la próxima…
saldar todo ese amor que nos debemos de tantas vidas.
Con amor, desde mi alma,
yo te dejo ir.
Y me abrazo a mí misma por quedarme.










