Son asuntos que no te incumben Claire…Créeme, más adelante vas a terminar por agradecerme el que no te haya dicho. Ya sabes, ojos que no ven, y oídos que no escuchan…Corazón que no siente.—Susurró apenas. Y no mentía, Dylan era una persona sincera y sin tacto, una no muy sana combinación. Una de las razones principales por las cuales se alejo de la morocha, eran sus vicios auto destructivos, él podría joderse, una y otra vez, ir por unas virras y fumarse un porro hasta caer inconsciente, volverse mierda sin conciencia…Pero no arrastraría a la persona posiblemente más pura, casta y hermosa que alguna vez conoció. Quería que ella siguiera intacta, porque no soportaría el peso de culpa si la dañase o intoxicara con el propio veneno que degustaba con los días sin pudor. St. James podía ser muchas cosas, pero no se atrevía a ser un maldito egoísta con ella. Si lo fuera, ahora su relación tal vez seguiría estable, pero jodida. Como él. Una débil sonrisa nació de sus labios al escuchar sus palabras, esperando que no fuese su imaginación jugándole una mala partida. Enternecido por la actitud de la chica, supo que justo ese día, no debía dejarla escapar como acostumbraba. Era una señal para poder remediar lo que había hecho meses atrás… Y sí, maldita sea, puede que sí fuese un poco egoísta. Pero no podían culparlo, debía ser ilegal el dolor que su ausencia dejaba. Detrás suyo, y sin mucha dificultad logró tomarla de la muñeca para detenerla, y acercarla a su cuerpo desvergonzado. Apresándola en sus brazos, admirando su rostro perplejo y los rebeldes mechones que caían por su rostro.—Me sé de memoria tu horario Claire…No tienes ningún entrenamiento.—Murmuró observándola con detenimiento.—No me mientas, no hace falta.—Negó despacio y tomándose el atrevimiento, acarició despacio la dulce y tersa mejilla ajena, con la yema de sus dedos, y con la delicadeza de una fina pluma.—Entonces…¿No es tan fácil?