¿Por qué soy un ser humano con todos los tormentos de esta condición tan poco clara y tan cargada de responsabilidad? ¿Por qué no soy el feliz armario de tu habitación, que te contempla cuando estás sentada en la butaca o bien situada ante el escritorio mientras escribes una carta con tus suaves y hermosas manos sosteniendo la pluma o cuando te acuestas y duermes? (¡Bendito sea tu sueño!) ¿Por qué no lo soy yo? Así como en el fondo del mar no hay el menor lugar que no esté bajo enorme presión, eso sucede también contigo, pero otra vida me da náuseas; pensaba hasta ahora que no podía aguantar la vida, ni tampoco a la gente y me avergonzaba por ello, tú me confirmas que no era la vida lo que me parecía insoportable. Tu siempre quieres saber si te quiero, pero es una pregunta difícil, una que no puedo responder por carta. Si nos vemos los dos dentro de un tiempo, te lo diré (si no me falla la voz). Toda mención de eso es una hoguera que me acercas a la piel desnuda, una pequeña pira que no se va apagando sino que arde siempre con la misma fuerza.
Cartas a Milena - Franz Kafka

















