Uno vuelve siempre...
Después de mucho, ya mucho tiempo, más del que hubiera querido vuelvo. Hay lugares que, por más que nos alejemos, son objeto de nuestras añoranzas, ni qué decir de esos "no-lugares" que se transforman en un pequeño refugio: libros, cuadernos, cartas o, como en este caso, mi blog personal.
Y no, no fue una crisis (sé bien que he pasado por unas cuantas este tiempo) lo que me motivo a cerrar mi cuenta, es más, no la cerré voluntariamente. Las razones que me tuvieron alejado pueden parecer banales o pueriles a ojos de algún foráneo, mas ellas hablan de mis luchas internas y mis intentos por aplacar las llamas de este infierno que me invade.
Tuve que cambiar de móvil repentinamente, y había olvidado por completo la cuenta asociada al blog de Tumbrl. Ya está, es el único motivo por el que no pude volver a conectarme a esta plataforma. Desde luego, hice todo tipo de intentos por volver a abrirla, incluso consideré crear una nueva; mas lo descarté. "Es una cuenta que casi ni usas, que dejas de lado cada dos por tres... donde no conoces a nadie y nadie te conoce...", llegué a decirme y por momentos parecía convencerme de ello.
Sin embargo, me di cuenta de que era algo más, que mi insistencia casi insana por volver a la misma cuenta decía más de lo que yo quería admitir: disfruto de este lugar, es una partecita de mí, aunque prefiera no admitirlo.
Y es curioso, aquí conozco a muy pocas personas, mis interacciones han sido limitadas a un puñado de individuos que me hablaron casi como por casualidad. Pero hace mucho que dejé de creer el "la casualidad" y entiendo que esas personas también buscaban en mí algo que ofrecía en mis interacciones como un telegrama: comprensión.
El mundo tal como está concebido nos empuja a refugiarnos, a guarecernos en nuestros propios castillos de ilusiones. Vidas increíbles en redes, la serie que se estrenará esta semana, la cotidianidad aplastante o las verdades que callamos y nos duelen al abrir los ojos. Cada uno elige el muro que debe erigir para su palacio y, mientras tanto, bajo esas capas de realidad (porque aunque sean ilusiones representan nuestra realidad) estamos nosotros, esos yoes que buscan salir, hablarnos y hablar a otros, que anhelan una representación (la que sea) y no encuentran cómo salir.
Yo, como tantos otros, encontré refugio en la escritura, en ella doy rienda suelta al yo quizás más auténtico, al que no quiero ocultar de mí mismo porque habla de mis tristezas más profundas, de mis soledades, de mis desesperanzas, mis desencuentros; pero también de mis alegrías escondidas, de mis anhelos reales y mis búsquedas incansables, las que pintan un horizonte difuso en mi paisaje de niebla. Ese es el "yo" que encuentro aquí y al que vuelvo siempre, desconozco si es más real o falso que los otros, pero es un hecho que forma parte integral de lo que soy y le amo. Así que aquí estoy de nuevo, internándome en el laberinto de mis palabras, sin saber hacía dónde me lleva, a lo mejor es lo que más disfruto de este viaje.















