Tu rotundo silencio son como agujas al corazón
Lentamente se clavan
En lo profundo de mi ya rota alma
Perforando aún más, y más
Todo lo bueno que queda en mí.
Me siento podrida por dentro
Mis ojos carecen de ese destello
Y los atardeceres ya no me brindan paz
Sus dulces colores se convirtieron en gris
Un gris que da lugar a la noche, fría y oscura
Donde debo convivir con aquel rostro que miro en el espejo
Y no reconozco.




















